CUENTO EN VARIOS TIEMPOS
La cena había sido abundante, quise rehusarme
a la invitación, pero tu cara me dijo que no podría hacerlo.
Últimamente las invitaciones que me haces
no sirven nada más que para hacerme sentir peor. Trato de no llevarte
el apunte pero ya sabes como manejarme y gozas sabiendo que lo que estoy
haciendo es totalmente en contra de mi voluntad, te sientes más
poderoso, más fuerte, y aunque sé que eres un gusano, no
puedo menos que obedecerte.
Yo - Siempre tienes la maldita costumbre de entrar sin avisar y gritando como un marrano, (le digo gritando más fuerte que él)
Él - ¿Qué carajo estás haciendo?, (me pregunta otra vez)
Yo - Nada, ¿no ves?, no estoy haciendo nada, es más, no quiero hacer nada.
Él - ¿Te das cuenta la hora qué es?
Yo - No me importa una mierda,
que sea la hora que sea.
Yo - ¿De qué manera? ¿acaso no hice lo que querías que hiciese? El baboso de tu jefe me miraba, no hacía otra cosa que mirar mi escote. ¿No me habías puesto a la venta?
El - Sos una puta, una reverenda puta.
Yo - Y eso a vos te emociona,
o vas a negarme que te emociona ver como me tocan y como me miran.
Yo - ¿Así qué ahora invento historias?, ¿ no es cierto lo que te digo?,
¿ puedes negarme mirándome a los ojos qué lo que te digo no es cierto?
Él - Claro que puedo negarlo mirándote a los ojos, y mirándote, me doy cuenta que cada día estás más loca.
Yo - Será tu desgraciada compañía la que me enferma; eso te lo puedo asegurar y vos serás el culpable de lo que me pase.
Él - Dejate de
melodramas y empezá a trabajar, mirá la hora que es y todo
está sin arreglar, ni guardaste lo del día de ayer.
Él - ¿Ahora me harás creer que lo haces pensando en mí?
Yo - Ya ni sé en quien pienso cuando lo hago, pero de algo estoy segura, mi vida hubiese sido distinta de no haber tenido la desgracia de cruzarme contigo.
Él - Tarde para
lamentaciones, ¿cómo te crees que me hubiese ido a mí
sin el estorbo tuyo a mi lado?
Beatriz Martinelli