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CALCETINES BLANCOS (Silsh)


A media voz, desde el cordón de la vereda lo presiento ambiguo.
Sombra de amianto que me desata los cordones con sus dedos cargados
de reproches, que prejuzga la insolencia de quien busca valor en sus
palabras.
Se sabe equivocado, se sabe cazador sin cantimplora aunque mastique
sal arrepentida. No acepta la renuncia incontrolable que confunde
con metrallas de ironías. Se flagela de grises para no darle la mano
a la nostalgia.
Descalza, frente a frente, de una estocada abro la piel para
mostrarle mis rincones. Vuelco la honestidad en la ranura del
molinete con pasaje de ida a la confianza. Borra sus huellas con voz
de agua sobre desiertos ateridos que acumula dentro de granos de
arroz, para evitar que escapen.
No hay razones que expliquen el misterio que cierra el círculo hasta
alcanzar la completud. Ambos sabemos de esta extraña simbiosis
nunca dicha y del color que ilumina a la certeza hasta volverse
atemporal.
Ya no busco entorpecer trayectos. Por esquivar sonidos, visto mis
calcetines blancos tejidos con horas de tinieblas, para atrapar los
pájaros que habitan su camisa. Cansado de olvidarme, limpia el lodo
acumulado en sus gastadas suelas. Sin romper el silencio, me pide
que le anide en su pelo mariposas exiliadas del otoño, que le
devuelvan el reflejo a sus pupilas donde poder mirarme. Oculta sus
temores en las curvas de una lágrima que sucumbe ante mis lanas
blancas. Busca en su abrigo un rastro de osadía y la remonta hasta
verla explotar en oleajes de estrellas que danzan al ritmo de la
sangre.
Un huérfano latido cobra vuelo cuando mis verbos se deshacen en su
boca, retornándole las notas que esperaban dormidas en mi cuerpo.

Silsh

 

LA HORA EN QUE LA LLUVIA... (POEMA)


A la hora en que la lluvia lanza su canto de suave voz,

me cobijo en tu cuerpo y tus brazos

son los leños cariñosos que me protegen

del viento del otoño melancólico...

y me quedo así, arrobado entre tus senos tibios y calmos,

aletargado por el roce de tu mejilla en mis labios

mientras la noche sigue con su misión

de traer la penumbra necesaria

para realizar el pacto de amor y besos de dos locos

que se escapan del mundo y del tiempo,

y la luna ausente lamenta

no poder bañar nuestros cuerpos envueltos

en el calor primordial de la vida...

A la hora en que una hoja distraída se da cuenta de que debe caer

con su destino de otoño predecible,

tú duermes junto a mi

mientras las gotas siguen lánguidas resbalando por el cristal...


©
Juan José Mestre



 


SIN TI


Como un río invisible y puro donde mueren los veranos,
sinuosa llama líquida con lacres de azogue en las bocas,
el inconstante vaivén de un indeciso paisaje sujeto
de aires agonizantes, se convierte en voces llenas
de arterias que constelan limaduras de tristeza en espacios
sin memoria y húmedo vacío. Son parte del festín de dos
[cuerpos
solos, selvas andantes de astros en las manos hendidas
por un rayo de luz que golpea, en la inocente y promiscua
palabra abandonada al sol con los ojos abiertos. No es posible
redimir al recuerdo en este fragor de muros desgajados sobre
nuestras cabezas en llamas, huir de las claridades, de las piedras
tatuadas de signos por donde pasan los rostros olvidados
y las horas ya vividas. Comienzo el camino que andará el mundo,
en las espigas sin noche, desnudo, embadurnado por los rayos de ojos
minerales, como una pregunta hecha a lo lejos. Continuo sin cuerpo
cubierto de una manta de latidos, tanteando el perfil de los ademanes
petrificados por la luna, buscando el gesto triste de arcángeles
[malignos.

Nos hemos unido a bandadas de cometas que escriben
tu nombre en la espalda desnuda del tiempo.


Juan Antonio Molina

 


SABÍA

sabía que tu voz
que tu piel
que el claro de tus ojos

sabía que las tardes
con un sol despertando de su siesta

sabía que el arroyo
cuando quiere trae cantos

sabía del dorado
de los miles girasoles al pasar

sabía que el mar
deja sus palabras de espuma

que el bosque
aquieta los arrullos

que la luna azula los esteros
el rocío era tenue en la piel

sabía...
sabía tantas cosas
que en verdad
¿porqué tanto buscar?


Beatriz Martinelli

 


Encuentro

Tu risa se escapa por las calles
como un perro travieso
buscando compañía. La sigo con mis gritos
llamándote
hasta encontrarte.
El gris de Buenos Aires
resplandece en la tarde del otoño
pintando color sepia las húmedas paredes
y doradas las veredas.
En uno los dos
la alquimia perfecta, piedra filosofal que estrena temblores
desconocidos,
las eléctricas descargas viscerales nos aislan
para crear un microcosmos exclusivo.
Nuestra ciudad invisible empieza a tomar forma
de rosa
sus pétalos se abren y un cortejo de luciérnagas
ilumina nuestra noche.


Carlos Ponce


 

RASTROS


sombrías palabras
llegan a puerto
asesinando atardeceres

aceradas
sólo dicen
no iré

derroto miedos
bebo angustias

reanimo
con pausas
mis azules

armo mi cofre
y lo abandono
en tu playa


rehago mi rastro
andando sola

razón de tiempos
el camino hacia el olvido
----

Ana Buquet - Montevideo, Julio 17, 2003


 

Otro Paisaje

Ojos de mirada pura
acarician nubes.
El llanto protege
liberando sueños.

(Acuna el árbol el arrullo del viento)

Soplan dulces sembrados
mariposas vuelan
forman arco iris
y renacen en flor.

Gladis (16/07/03)


 

Hoy te trajo la lluvia...

Hoy te trajo la lluvia.
Entre truenos, relámpagos y melancolías
escuché tu risa invadiéndolo todo.
Despoblados mis charcos te esperaban,
también el sillón del viejo parque
y mis fábulas de triste marinero.
Me impregnó tu olvido de nostalgias azules,
pero estás aquí...

Abruma saber que saldrá el sol.


Gustavo Tisocco
Derechos registrados

 

SUS MANOS ME CONTARON...

A pesar de la inconmensurable extensión del territorio, ella lograba
recabar algunos datos para orientarse.
Sabía de sus puntos cardinales. La ansiedad de quien releva una
tierra para conquistarla determinaba el primer mojón.
Un Norte...
Esa primera marca alteraba, en segundos, toda su topografía y la
textura de esa superficie inventada, forzaría el "paso a paso".
Ya nada pasaría inadvertido.
La diminuta y mágica brújula indicaba que el camino se bifurcaba,
allí, justo al Norte, en un Este y un Oeste.
Caminada en ambos sentidos, simultáneamente, se sintió de arena.
La abrasó el desierto y adivinó, sin padecerlo, el frío de sus noches
escurridizas.
Algo se detuvo para no rodar y quedar atrapado en las palmas de sus
manos.
Un regreso tibio hacia el centro, pocos grados, arriba, y en línea
recta hacia abajo.
Dos surcos le dibujaron la piel. Un camino circular, perfecto,
terminó en el abismo de su ombligo para retroceder al punto de
partida y nuevamente al centro, hacia abajo, la sorpresa de sutiles
umbrales, con un destino incierto.
Peldaños, cada vez más estrechos, trazaban un sinuoso
desfiladero que iba contándole de su oscuridad y de su misteriosa
naturaleza.
Un deseo de sal le cruzó la mirada y respiró los datos de la
intempestiva humedad del sur.
Ya nada se detuvo; tacto y palabra la enfrentaron cara a cara al
océano para naufragar en él.

Así es como fui conquistada y nombrada, la primera vez que sus
manos me hablaron de mi espalda.

© Cristina Chaca

 

Piedra en la noche...

Piedra en la noche, piedra fría.
Los cristales crecen en la boca
tejiendo torres encarnadas.

Del tiempo brotan las agujas,
penetran los muros
desatando un insomnio imponderable.

Como una esfera negra entre las huellas,
el temor, suena a incógnitas de barro.
Todo se ciega eternamente.

María G. Piccini

 

A Ud


quiero contarlo todo

lo que por mi ser

ocurre

cuando a su dicha

la acuesta en mi angustia


Venero lo que hace

dios mujer hombre poesía

porque esa dicha

hace de mi angustia

añicos


Mirta Liliana Urdiroz
Derechos registrados



 

A veces soñar desde un lugar oculto a su órbita
implica perderse en los bosques del olvido macabro.
Trepas las enredaderas del silencio inmóvil- depresivo
que fue tomado en antesala por los garrotazos de la farsa.
Recordar no es parte del equipaje que llevamos conforme,
si el tiempo como pestaña de esqueleto fósil y ermitaño
ha perdido en su caverna el parpadear de la esperanza.
Bostezo el rugido de la tierra con ganas reales de desprenderme,
sacudo el aserrín que a golpe de madera, voluta por los aires mendiga
arrinconando una excusa cualquiera para ser vida o tanathos.
Liberada en el traspié de la montaña que, sabia, nunca se inmuta.
Emergente mis manos excavan de la piedra el agua del ocaso,
destilada es la lluvia que guarda el canto ágil de las aves.
Y yo arrebujada en mí, en el temblor del lamento de la carne,
sacrifico al miedo, por atrapar la clave que me exilie del tormento.
Abro mis alas y caigo al vacío, para dormir el Sueño de los sueños.

Fany G. Jaretón

 

DONDE VIVE EL OLVIDO

Donde las almas pagan culpas,
fracasan los dilemas, y brotan espinas.

Cuatro estaciones sucumben
y no me tocan, nada me conmueve,
sólo tú.

Donde mueren las voces,
existen colores en sombras.

Permaneceré quieta, donde el sol
bebe al nocturno espejo.

No te opongas sin rozarme,
no demandes con silenciosa memoria,
porque me aferraré a la esperanza.

Te esperaré...
donde vive el olvido.

Karina Sacerdote

 

COSAS MÍAS

Palabras mías,
ni dentro ni fuera,
mi propio ser
ajeno a mí mismo,
como forma de la otredad constitutiva.

Poema que trasparenta
la condición del poeta,
en irregulares vocablos e ideas,
saltando incesantes,
sumisos a la destrucción
y a la creación del hombre.

Musa regular -imaginación falsa-
cuya regularidad controla,
mientras en el más allá
se interpela la trascendencia
hacia nosotros mismos.

Lo bueno, lo malo y lo regular...
¿qué es lo irregular: bueno, malo, diferente,
fuera de la norma, estrafalario?

Apunto la irrealidad que nos sustenta
como el mundo intangible de Ariosto con Orlando
o de Kafka metamorfesante
o del irónico Hegel
descubriendo la inserción de lo subjetivo
en la presunta objetividad.
Lo más irregular del mundo es la creación de sueños
que nos permita vivir la existencia.

Mañana, cuando me muera,
expiraré regularmente sin palabras...
seré
descifrador
de lo secreto, que afluye
en un espacio cubierto
de
jeroglíficos...seré normal.

Ahora, soy soy poeta "anormal": "sin norma fija".


Siul

 

De "Guerrera" / 3

inevitable música que me circunda

mientras bailo en la desnuda piedra

mientras tallo la sangre

que expelen mis arterias

(2003)

Analía Pinto
http: //ar.groups.yahoo.com/group/lagrandamilito

 

ABISMO

Ningún eco

ningún sonido

ningún movimiento

ninguna luz

nada se percibía

nada respiraba.

La ínfima hendija

la mínima recóndita

posibilidad de lo posible

eran factibles.

Nada.

El absoluto abismo

se tragaba todo

el universo se perdía

en su propio ombligo.

GUSTAVO CANN


 

CESARIÓN

Los sabios,
como Lucrecio, escrutando variaciones,
avecinando lo que, mañana tanto inquietará,
hoy les deja indiferentes.

Los vates,
como Artemidoro, vadeando multitudes,
presagiando futuros clamores, acallados
por los vítores presentes.

Mas la muchedumbre, ensordecida,
escenificando palestras fascinantes,
entusiasmada aclama a Cesarión con todo lujo de detalles.
No saben, olvidaron, que Cesar ha muerto.

A. Garmar

 

PIRATA VI


Y dice: "Compañera",
como quien dice clavel,
o pétalo...
o fuerza que impele el caminar.

Me iré con él a sus infiernos, beberé los elixires de su dicha,
sus lágrimas, su sudor de alcohol y cocaína.

Estallará el dolor entre nosotros haciéndonos jirones;
todas mis impotencias romperán contra su pecho.

Dique de mi rabia contenida, mis heridas abiertas claman
la pureza de tu boca.

Puñales opuestos,
acero contra acero,
llanto contra llanto...

Cera derretida que encuentra su cauce.


María Rosa García

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