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Las vanguardias literarias europeas y española. Relaciones

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Término de carácter militar aplicado en Francia a un movimiento literario que da origen a sucesivos ismos (Dadaísmo, Cubismo, Surrealismo, Futurismo, Expresionismo, etc.) interrelacionados con las artes plásticas, la música, el cine, etc. Su denominador común es el carácter combativo y de ruptura con la tradición estética anterior (Realismo naturalista, Simbolismo, etc.) y el espíritu pionero en la búsqueda de nuevas formas de expresión artística y literaria: así como el deseo de liberación (y de rebeldía iconoclasta: Futurismo, Dadaísmo, Surrealismo) de las trabas morales, políticas y religiosas que impiden la emancipación y desarrollo integral del hombre. Dicho movimiento se desarrolla a partir de 1910 (Futurismo) y tiene su mayor auge en la década de los años veinte, aunque algunas de sus manifestaciones continúan en la década de los treinta y aún después de la Segunda Guerra Mundial. En cuanto al ámbito geográfico, se trata de una corriente internacionalista, que si en algunos casos se circunscribe a un espacio más reducido, en otros se extiende a una amplia comunidad lingüística (el Ultraísmo se produce en España y en otros países de habla hispana como Argentina, Uruguay, Chile, México, etc.), y en otros se desarrolla en países culturalmente tan dispares como Italia y Rusia. Finalmente, en el caso del Surrealismo, se trata de un fenómeno que se implanta en múltiples países de España y América.
Un rasgo común a los vanguardismos es la citada interrelación de artes plásticas, música, cine y creación literaria. Un ejemplo de esta interacción lo ofrece el Surrealismo, cuya producción abarca la lírica y la narrativa, la pintura, el cine, etc. Otro ejemplo significativo lo ofrece el Cubismo: los pintores Picasso, Braque, J. Gris, Metzinger conviven con poetas como Apollinaire, Cocteau, Salmon, Max Jacob y Reverdy, lo que explica el influjo de éstos sobre la estética cubista y las analogías entre ciertos poemas y ciertos cuadros de la mencionada estética. En cuanto a los géneros literarios, aunque la poesía es la más intensamente cultivada y donde se advierte una renovación mas llamativa, sin embargo, como se ha indicado a propósito del Surrealismo, también hay una notable creación teatral y narrativa.
En el Vanguardismo aparecen los siguientes rasgos comunes:
a) Búsqueda de un arte autónomo y cerrado en sí mismo por el que se crea un mundo de ficción poblado de ultraobjetos (Ulltraísmo y Creacionismo).
b) Eliminación de la anécdota y la narración, de lo didáctico, confesional y sentimental.
c) Ruptura de las relaciones de causalidad y del concepto tradicional de espacio y tiempo, con lo que surgen en estos poemas mundos fantásticos y caóticos con imágenes fragmentarias, sorprendentes, contradictorias y absurdas.
d) El instrumento creador de estos mundos autónomos es la fantasía a través de la palabra, a la que se concede un valor mágico y demiúrgico que transforma los objetos en ideas y esencias (poesía pura) y que evoca contenidos misteriosos a través de la sugestión fónica del lenguaje poético.
e) Culto a la imagen creada y a la metáfora insólita.
f) Desdén por el arte del pasado.
g) Actitud lúdica, agudeza y humor, concepción de un arte intrascendente.
h) Admiración por la técnica, el progreso y los descubrimientos científicos (Futurismo), cosmopolitismo y fraternidad universal.
i) En cuanto a los géneros cultivados, la poesía lírica es predominante; también se crea una prosa vanguardista en narrativa.

Por lo que respecta al Vanguardismo español e hispanoamericano, los movimientos europeos que mayor incidencia han podido tener en él son el Surrealismo (cuya creación en España ha sido de una gran calidad y originalidad), el Expresionismo y, en menor mecida, el Futurismo y el Dadaísmo. Una característica de la literatura española en este período de los años veinte es, precisamente, su apertura al mundo exterior a través de la vanguardia europea. Se ha apuntado que por primera vez desde el siglo XVIII España participa con voz propia en las corrientes intelectuales europeas a partir del Ultraísmo, <<movimiento en el que se juntaron el Dadaísmo, Futurismo y Cubismo literario o Creacionismo>>.

Principales movimientos vanguardistas en Europa

Cubismo

El cubismo literario nace del cubismo pictórico, y así se llama por simple fraternidad de los artistas de uno y otro bando; y también porque hay muchos puntos de semejanza en sus doctrinas de abstracción o evasión artística. Apollinaire, Cendrars, Max Jacobs, corifeos de la pintura cubista, fueron hermanos en inquietudes artísticas de Picasso, Juan Gris y Delauny. Esto explica en parte, que la poesía cubista, abandonando los elementos musicales tan caros al simbolismo, se haga poesía puramente visual.
En el poema cubista, no es la realidad externa la que se plasma, sino su poliédrica y acelerada proyección en nuestro espíritu, con todas las predilecciones y deformaciones que le impone la originalidad de nuestro modo de captarla. La imagen cubista no es simple como la de una flor en un espejo, sino intrincada y polifásica como un mosaico.
El poema cubista es una yuxtaposición instantánea de imágenes autónomas, desligadas. Se recrea en lo visual y desprecia lo auditivo. No hay anécdota, ni argumento, ni historia.
Cada verso o doble verso es una célula independiente, pero confederada con las otras para dar un poema que tiene por centro unificador al poeta mismo.
El poema cubista atrae a un solo plano, simultáneamente, los elementos de la realidad que la imaginación, como un imán central, congrega en un punto de convergencia, que es la mente del poeta. Pero su enfoque, las fracciones de realidad que la inspiran, no están en el pasado, sino en el presente, en la vida y no en el sueño; en la vida moderna con su afiebrada velocidad y dinamismo.
En general se alude, a un importante sector de la poesía francesa, cuyo punto inicial podría situarse en 1896 y que hacia 1917, confluye con el Dadaísmo. La amistad, a menudo íntima, y la mutua colaboración entre los pintores de este movimiento (Picasso - Bracque ) y los poetas a que se extiende esta denominación, a la vez que un ideal estético común, son razones más que suficientes para justificarla.
La figura principal de este movimiento es sin duda el poeta Guillaume Apollinaire, quien en 1913 junto con su libro "Alcoles", publicó un importante manifiesto donde se encuentran las siguientes exhortaciones: "Palabras en libertad"; "invención de palabras"; "destrucción"; "supresión del color poético, de la copia en arte, de la sintaxis, de la puntuación, de la armonía tipográfica, de los tiempos y personas de los verbos, de la forma teatral, del sublime artista, del verso y de la estrofa, de la intriga en los relatos, de la tristeza".
Al lado de Apollinaire podemos citar a Max Jacob; Jean Cocteau y Pierre Reverdy, quien funda en 1917 la revista Nord-Sud, que disputará luego la paternidad del Creacionismo al poeta chileno disputará Vicente Huidobro, y que será, junto a Apollinaire, uno de los poetas más admirados por la nueva generación en la que se encontraban los futuros surrealistas: André Breton y Paul Eluard.

FUTURISMO

Movimiento literario y artístico surgido en Italia en el primer decenio del siglo XX. Nació con un manifiesto, y varió y fijó sus propios enunciados en una serie de manifiestos. El 20 de febrero de 1909 F.T. Marinetti publicó en  «Le Figaro» de París un primer Manifiesto en el que proclamó como formas de expresión del futurismo la agresividad, la temeridad, el salto mortal, la bofetada, el puñetazo.
En 1912, el mismo Marinetti, con el Manifiesto técnico de la literatura futurista, apuntó como medio específico de expresión literaria las «palabras en libertad», que eran capaces de traducir, por analogía y sugestión, los mecanismos psíquicos y el frenesí de la vida moderna. Esto comportaba la abolición de la sintaxis, de la puntuación, de las partes calificativas del discurso (adjetivos, adverbios). Las nuevas teorías se aplicaron también a la pintura (1910: Primer y segundo manifiesto de la pintura futurista, firmados por Balla, Boccioni, Carrá y Russolo), a la música (1910: Manifiesto de los músicos futuristas, firmado por Pratella), a la escultura (1912: Manifiesto de Boccioni, en el que se afirma que la escultura debe convertir el infinito plástico aparente y el infinito plástico interior), al teatro (1915: Manifiesto del teatro futurista sintético, firmado por Marinetti y Settimelli, y Manifiesto de la escenografía futurista, firmado por Prampolini; el primero recomendaba 2 sorprender al público con cualquier medio, p. ej. con la 1 concisión, reduciendo las escenas al tiempo fulminante ( de pocos segundos) e incluso a otras formas artísticas todavía por nacer, pero destinadas a nacer en el futuro.
Esta gran cantidad de programas revela una exasperada proyección hacia el futuro; y si por un lado expresa la voluntad de romper con la tradición, por el otro demuestra una cierta incapacidad de realizarse en formas menos hipotéticas y más actuales. Uno de los aspectos más llamativos del futurismo es, en suma, lo veleidoso, que se enmascara de triunfalismo para rechazar el mito de la derrota propio de cierto romanticismo y del decadentismo. Los fu turistas cultivan, por el contrario, el mito de la victoria: victorias tal vez ficticias, coronadas no por una gloria aristocrática y solitaria (como en D'Annunzio), sino por el escándalo en los cafés, en la calle, en las salas de conferencias.
De todos modos el futurismo fue, buena o mala, una escuela de polémica y de moral; y si usó con eficacia la técnica publicitaria, admitiéndola de golpe en la expresión artística, lo hizo con una finalidad básicamente pedagógica. Pero ello no impidió a los futuristas transformar, con el tiempo, los temas iniciales de la máquina, la velocidad, la técnica en exaltación de la violencia, del imperialismo, de la guerra, «higiene del mundo», y, por lo menos con Marinetti, del fascismo.
En el ámbito literario, el futurismo italiano tuvo sus mejores exponentes, además de en Marinetti, en A. Palazzeschi, C. Govoni y A. Soffici; pero los resultados más importantes del movimiento se alcanzaron, probablemente, en el campo de las artes figurativas, con la introducción (sobre todo por obra de Boccioni) de un nuevo sentido del espacio que tuvo consecuencias importantes en la vanguardia europea contemporánea y posterior: cubismo, dadaísmo, surrealismo.

El deslumbramiento de los futuristas ante el «mundo moderno», ante una «nueva era maquinística en que parecían multiplicarse los poderes del hombre, no -dejaba de tener justificación. Además, no eran ellos solos quienes lo - experimentaban, aunque lo expresasen más ruidosamente, llevando su entusiasmo a las últimas y desaforadas consecuencias. Múltiples signos parecían darles la razón. En 1909 exactamente —al filo del primer manifiesto futurista— Blériot realiza la primera hazaña aérea: da un salto sobre el Canal de la Mancha; la producción de Ford supera los diez mil coches anuales; Lee de Forest hace los primeros ensayos de radiotelefonía, transmitiendo la vqz de Caruso desde el Metropolitan de Nueva York; se ensaya la transmisión de imágenes por radiotelegrafía y se hacen los primeros intentos de televisión; se presentan los Ballets rusos en París. Dos años antes, en 1907, se habían botado dos grandes transatlánticos, el Lusitania y el Mauritania; se lanzan los primeros «superdreadnoughts»; el cinematógrafo en mantillas quiere —aunque equivocando el camino— ser un nuevo arte. En 1913, Elster y Gertel crean la fotocélula, de la que se derivan a la vez la televisión y el cine hablado. Aunque metida en una cuna ambiental de rasgos muy opuestos —el «grutesco» del art nouveau, la secessión vienesa y las casas de Gaudí—, la arquitectura funcional, que ya desde 1900 con Lloyd, Wright, Tony, Garnier y otros se había insinuado, da sus primeros brotes: en 1909 exactamente se construye la primera ciudad jardín en Hellerau, Alemania.

DADAÍSMO

El movimiento Dada surgió a la vez en Suiza y Estados Unidos en 1916. Desde Zurich se expandió hacia Alemania y hacia Francia. En París es ya el movimiento de moda en 1923. El movimiento Dada tiene la particularidad de no ser un movimiento de rebeldía contra otra escuela anterior, sino que se funda en un cuestionamiento de todo el marco conceptual del arte y de la literatura de antes de la Primera Guerra.

El grupo de Zurich

Suiza, a partir del estallido de la guerra en 1914, se convierte en un centro de refugiados pacifistas de toda Europa. Allí se encontraron todos los disidentes de otras escuelas previas, tales como el expresionismo alemán, el futurismo italiano o el cubismo francés. En 1916, en Zurich, un grupo de artistas instalaron en una cervecería un pequeño cabaret, al que bautizaron como "Cabaret Voltaire". Allí se reunieron el filósofo Hugo Ball, el poeta Tristan Tzara, el pintor marcel Janco, ambos refugiados rumanos, y el pintor alsaciano Jeans (Hans) Arp. A partir de ese encuentro comenzaron una serie de actividades en el cabaret así como editaron la revista que llevaría el nombre de "Dada"
Tristan Tzara pronto se convirtió en el promotor y principal exponente del movimiento Dada. Entre él y Hugo Ball dieron sustancia a la teoría dadaísta. 
El origen del término Dada es confuso y controvertido. De acuerdo con la versión de Tzara y Ball, la palabra surge de la casualidad: abriendo las páginas de un diccionario con la ayuda de un cuchillo, el primer término señalado fue ese: dada. De acuerdo con otras versiones, fueron los camareros del Café Terrasse, lugar donde se solían encontrar estos artistas centroeuropeos, quienes identificaron primeramente al grupo como dada: para esos camareros, las lenguas habladas por aquellos emigrados eran incomprensibles, salvo la sílaba "da-da" ("sí, sí", en ruso y otras lenguas)
En pocos meses los espectáculos del café Voltaire fueron famosos en la ciudad Suiza. El espectáculo dadaísta había nacido, cargado de provocación, tendencia agresiva, propuestas ilógicas y absurdas.
En 1917 Francis Picabia, un pintor francés, refugiado también en Suiza entra en contacto con Tzara. Ambos darán sentido al Manifiesto Dada de 1918, posiblemente el documento más importante del movimiento dadaísta de Zurich. Tras el fin de la guerra, el dadaismo cautiva a los artistas vanguardistas de París, produciéndose un resurgimiento del mismo. El Zurich dada, con la diáspora de sus refugiados, se había acabado.

El grupo de Nueva York

También la declaración de guerra llevó a la ciudad americana a grupos de artistas refugiados. Entre ellos hay que destacar a Duchamp y Picabia. Allí se integraron con las corrientes vanguardistas que desde comienzos del siglo se estaban gestando en Harlem, Greenwich Village y Chinatown. Aunque Nueva York no era Zurich, ni existía ese clima de refugiados políticos de la ciudad suiza, el espíritu iconoclasta, recalcitrante y nihilista fue idéntico. En marzo de 1915 nace la revista "291", nombre tomado del número de la casa ocupada por una galería de arte en la Quinta Avenida. Duchamp, Picabia, Jean Crotti, como europeos refugiados, junto con los americanos Man Ray, Morton Schamberg y otros dan vida al dada neoyorquino.

El grupo de Berlín

Tras la guerra, Alemania entra en una crítica situación. Tras la revolución bolchevique, el partido Espartaquista alemán -la izquierda socialista- ensaya también la revolución en Alemania. En toda esa agitación social un grupo de artistas van a incorporarse a las tesis izquierdistas: será el Movimiento dadaista.
Procedente del grupo de Zurich, Richard Huelsenbeck, trae a Berlin el espíritu dadaista, pero mucho más radical contra las anteriores escuelas vanguardistas (futurismo, cubismo). Junto con el poeta Raoul Hausman promueve declaraciones y manifiestos a partir del "Dada Club". Junto a los anteriores destacarán el pintor Georg Grosz, agudo crítico del militarismo y del capitalismo alemán de aquellos años, y los hermanos Herfelde, uno famoso  divulgador de la técnica artística del fotomontaje, otro indispensable editor de las obras dadaistas de aquellos años.
El movimiento dada berlinés pasará a la historia por la incorporación de las nuevas técnicas artísticas de difusión de ideas entre las masas, principalmente el fotomontaje. La constitución de la República de Weimar en 1919 marca el fin de los proyectos políticos dadaistas y la resituación de este grupo en los marcos artísticos.

Carácter del Dadaísmo

El dadaísmo se puede considerar el primer movimiento artístico que se basa en el desarrollo de lo ilógico, de lo absurdo. Su vigencia fue corta, pero ayudó a arraigar una serie de actitudes y reflexiones que luego se plasmarán en el Surrealismo. El artista dada es productor de arte pero, asimismo,  actitud humana. Tzara decía que el dada era "una fórmula de vida".
Sus principales notas pueden ser éstas:
 > Dadá es el punto final de una evolución en el arte
 > No se trata de seguir desarrollando nuevas propuestas a partir de lo anterior, sino conciencia del fin del camino y actitud de "saltar la tapia" hacia algo nuevo, de ahí su profundo rechazo incluso de las vanguardias previas (Futurismo, Cubismo)
> Idea del primitivismo, de la creación espontánea de la obra de arte.
> El vitalismo dadaísta pasa por la reivindicación del nihilismo, de la duda sistemática: "Todo es dadá - Desconfiad de dadá". El artista dadá opta por la locura, la burla, el humor, el exhibicionismo, incluso el terrorismo cultural como juego.Oposición a las clásicas nociones de gusto y producción artística.
> Integración del artista en el mundo circundante. Para ello expondrán frecuentemente sus ideas a través de manifiestos y revistas, subrayando los aspectos de denuncia de la guerra, del capitalismo, de las ideas burguesas, de todo lo que para ellos es un mundo caduco.
 > El lenguaje como fuerza natural del hombre, el lenguaje como arma de provocación. Desde esa perspectiva la poesía no puede existir para el placer sino para la provocación y la agresión. La técnica de Tzara plasmada en su texto Para hacer un poema dadaísta es bien ilustrativa de esa actitud.

EL SURREALISMO

El Surrealismo puede dar sentido por sí solo al movimiento vanguardista. La capacidad imaginativa y la sugerencia de sus construcciones mentales significaron, sin duda, una verdadera revolución en el arte posterior a la Primera Guerra.
Aunque se haya dicho muchas veces que el Surrealismo viene directamente del Dadaismo es importante destacar los orígenes autónomos y propios del primero. Lo cual no quita que tengan entre sí líneas de contacto y reflexiones comunes. Pero si el dadá es un arte que propugna destruir, provocar el caos y aniquilar, el Surrealismo construye de veras una concepción del arte y de la vida.
Freud ejerce una influencia decisiva en el movimiento. Sus teorías acerca del mundo autónomo de los sueños, de la capacidad automática de la psiquis, del profundo y oscuro mundo interior de la mente -el subconsciente o inconsciente- aparecen como reveladoras de una nueva naturaleza del arte humano. Breton comienza a estudiar al psicoanalista vienés ya en 1916 -tres años antes de que se conocieran él y Tristan Tzara- y desarrollará un amplio caudal de conocimientos sobre dichas teorías.
Consecuencia de aquel conocimiento y del encuentro de varios artistas será el nacimiento de la revista Littérature fundada por André Breton, Louis Aragon y Philippe Soupault, nacida como consecuencia de la crisis del Dadá. Igualmente, en 1919 Breton y Soupault publican la que puede ser la primera obra surrealista: Champs magnetiques.  Pero será 1924 el año decisivo: en ese año nacen las revistas Surréalisme y Révolution surréaliste y Breton redacta el Primer Manifiesto del Surrealismo. Ya para entonces se les han añadido  nombres como Artaud, Éluard, Péret y otros.
El concepto surrealismo ya había sido citado por Apollinaire. Sin embargo, Breton aporta un nuevo contenido y una nueva significación.
A partir de 1925 el movimiento se expande y politiza. Se publican cartas-denuncias dirigidas al papa, al dalai lama, contra la guerra, a favor de libertad para los delincuentes y para los locos. Su inclinación izquierdista no es óbice para sufrir la desconfianza del comunismo estalinista. La voluntad de los artistas surrealistas de militar en el comunismo se encuentra con la férrea burocracia del dogmatismo del partido francés (PCF). Ello no impide que el "Papa Breton" redacte su Segundo Manifiesto del Surrealismo en diciembre de 1929, donde criitcará a aquellos surrealistas "puros", que no han apoyado la revolución marxista. Como consecuencia de aquella batalla dialéctica de varios años, con crisis en el grupo y cambios de posicionamientos, Breton, Éluard y Crével  serán expulsados en 1933 del PCF. Quedan así dos tendencias surrealistas: una, identificada con el partido comunista francés, y otra, encabezada por Breton que se agrupa en torno a una tendencia de tipo trotskista.
Con la segunda Guerra Mundial el movimiento llega a América. Breton, exiliado en los Estados Unidos, funda allí la revista V.V.V., conoce a Trotski en México y propicia y apoya el efecto surrealista por todos esos países.
A su regreso a Europa en 1945 insiste en difundir el movimiento surrealista. Pero ya Francia, y Europa, han entrado en la onda del existencialismo y del arte comprometido desde otros presupuestos. Son Sartre y Camus los nuevos creadores de opinión literaria. Sin embargo, Breton, respetado y elogiado, lleva su actitud de denuncia social hasta rebelarse contra la guerra de Argelia (1958).

FUNDAMENTOS DEL SURREALISMO

EL VANGUARDISMO EN ESPAÑA

el novecentismo: generación del 14
En torno a 1910 los poetas modernistas y los hombres del 98 han dado ya sus mejores frutos. Una nueva promoción de escritores se dispone a entrar en escena: son los llamados novecentistas. Con este nombre englobamos a ciertos escritores que tanto por su edad como por las fechas claves se hallan entre las generaciones del 98 y del 27.
No poseen conciencia de grupo pero sí tienen rasgos coincidentes: intelectuales, vocación de formar a las minorías del país, sus reflexiones sobre España resultan más serenas que las del 98.
Este grupo literario representa un paso adelante sobre el del 98. Si en el 98 había un espíritu de renovación y de independencia, en el de 1910 este espíritu se plasma y cierra en métodos más científicos, en normas estudiadas, reflexivas y modernas. Lo que antes era libertad bravía, ahora es libertad sistemática y científica. No supone una radical innovación con respecto a la generación anterior, es tan sólo un desarrollo natural de formas noventayochistas. El apasionamiento del 98 da un paso a un tono más sereno, frío y hasta irónico. Es una generación más consolidadora. Se ha señalado el año de 1914 como el del nacimiento histórico de la nueva generación, debido a la 1ª Guerra Mundial que divide a los aliadófilos y germanófilos. En 1914 el representante máximo el Ortega y Gasset, que publica Quijote. Esta conferencia fue patrocinada por la Liga de Educación Política fundada en el año anterior.
En su nómina están incluidos: Ortega y Gasset, Manuel Azaña (fundadores), Américo Castro, Ramón Pérez de Ayala, Salvador de Madariaga, etc. Hay que incluir también a Eugenio D'Ors, a Gabriel Miró y a Ramón Gómez de la Serna, aunque a estos dos como figuras de excepción dentro del novecentismo, pues no participaron en general de las mismas preocupaciones y sobre todo queda muy distante R. G. De la Serna.
La revista España fue el órgano de expresión en el que pudieron publicar y difundir sus escritos. Fue fundada por Ortega en 1915.
# Características peculiares de la generación novecentista
* Es la primera generación de grandes universitarios españoles. Esta circunstancia va a propiciar que frente al didactismo del 98 se propugnen métodos sistemáticos que aprenden en colegios religiosos.
* Sustitución de los medios autodidactas y bohemios del binomio Modernismo-98, por métodos rigurosos y sistemáticos, que parten de la enseñanza y de la Universidad española y europea.
* Conexión constante con las corrientes en vigor de la cultura europea. El europeísmo es ahora rotundo, pero visto sin traumatismos ni exageraciones.
* Realizan un análisis más objetivo de su propio paso histórico.
* Aparece la exaltación de lo hispánico como una actualidad plenamente viva, no como nostalgia.
* Adoptan una visión científica, cultural, teórica y razonada de la vida. Se impone el predominio de la razón sobre el sentimiento. También les lleva a hacer un análisis del pasado histórico.
* De ahí que los formantes de la generación del 14 tiendan al ensayismo. Ortega, D'Ors, Madariaga, Marañón...
* Los procedimientos estilísticos de la generación del 14 proceden en buena medida de los noventayochistas, si bien aumenta la preocupación por la palabra. Afán por crearse un estilo propio, nuevo y peculiar, que conserve sólo en parte la musicalidad modernista y la esencialidad noventayochista.
* Teorizan sobre la política, con influencias filosóficas que los del 98 habían tenido: Niezshe, Schopenhauer, Bergson, aunque con posturas más moderadas.
* Frente a los sentimientos del 98, los del 14 adoptan una visión optimista con predominio de la razón. El género que cultivan es el ensayo.
* Adquieren importancia las revistas: España, Revista de Occidente y Sol.

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En síntesis, pueden distinguirse las cuatro etapas siguientes en el desarrollo del Vanguardismo español:
1. De 1908 a 1918. Primeras manifestaciones de una literatura de Vanguardia, protagonizadas esencialmente por "Ramón".
2. De 1918 a 1925, es decir, desde la llegada de Huidobro hasta los primeros contactos con el Surrealismo. Son los años presididos por el Ultraísmo y el Creacionismo. Predomina el optimismo vital, el juego, la exaltación de la modernidad y la deshumanización.
3. De 1925 a 1930. Influjo dominante del Surrealismo y, con ello, se inicia un proceso de rehumanización. Comienza a observarse cierto pesimismo y hasta una angustia ante los efectos deshumanizantes de la civilización moderna.
4. De 1930 a 1936. Las inquietudes del momento llevan a un nuevo Romanticismo. Las urgencias llevan al ocaso del Vanguardismo español.

Ramón Gómez de la Serna nació en Madrid en 1868 y murió en Buenos Aires, donde residía desde la Guerra Civil, en 1963. Vivió entregado exclusivamente a su trabajo de escritor. Tanto su obra como su vida son una perpetua ruptura con las convenciones. En las revistas de la época o en su tertulia del «Pombo» defendió y difundió el arte nuevo, al que había de dedicar todo un libro, Ismos. Su extensísima obra tiene como base y eje la greguería. Humorismo+Metáfora=Greguería; que puede ser: como un chiste, máxima filosófica, de profunda gravedad, denso lirismo, pura y caprichosa relación verbal. Escribió multitud de relatos breves y varias novelas. Compuso biografías, memorias, ensayos y teatro de Vanguardia.

Este autor no puede incluirse dentro de ningún movimiento, sino que tomará rasgos del Cubismo, Futurismo, Dadaísmo y Surrealismo.
El pensamiento artístico de Ramón parte de la idea de que el mundo es un absurdo, un circo ridículo que sólo puede describirse en términos de humor, en muchas ocasiones con un toque de amargura: “mi obra está, desde luego, al margen del honor y de la moral burguesa”, dijo en 1923.
Veamos algunos caracteres que definen el Ramonismo:
A. Comparte con los movimientos de Vanguardia la antipatía por la interpretación tradicional de la realidad. Por tanto, en su obra adivinamos constantemente el deseo de romper con el arte anterior.
B. Su literatura pretende preocuparse de la realidad observada desde puntos de vista no
habituales. De esa forma provocará la sorpresa en el lector.

C. Elimina de sus obras el sentimentalismo. Las herramientas para conseguirlo serán el humor y la exaltación de los aspectos más divertidos de la vida.
D. Entre las aportaciones más curiosas de Ramón está la creación de un género literario nuevo al que denominó greguería y que definió con una igualdad matemática:

Greguería = Humor + Metáfora

Ricardo Senabre ha clasificado las numerosas greguerías de Ramón Gómez de la Serna en cuatro grupos:
§ Basadas en una falsa etimología: “Bisabuelo parece querer decir una pareja de abuelos”.
§ Basadas en una paranomasia: “Cuando contamos por lustros nuestra edad es que queremos dar lustre a nuestros años"”
§ Basadas en la parodia de frases hechas: “¿De cuerpo presente? No. De cuerpo pretérito pasado”.
§ Basadas en una dilogía: “El defecto de las enciclopedias es que padecen apendicitis”.

 ULTRAÍSMO Y CREACIONISMO

El Creacionismo y el Ultraísmo son dos movimientos vanguardistas netamente españoles. Su proceso  evolutivo lo podemos situar entre 1918 y 1923. Conectado con las tendencias vanguardistas provenientes de Francia, se caracterizarán por el rechazo de lo sentimental, de lo trágico, de lo subjetivo y de lo íntimo. Ya no es época -dicen los ultraístas- de cantar al amor, a la muerte, a Dios, ni siquiera al hombre.
El poeta, como creador que es, debe purificar la literatura de toda la carga moral, filosófica o política que, proveniente desde el Romanticismo, la había impregnado. La poesía, como el arte, se convierte en fin en sí misma. Frente a otras tendencias que todavía mantienen la carga humana de la literatura -fijémonos en la fuerza social que tendrá el surrealismo- estos cortos movimientos poéticos son quizás los que más se distancian de la literatura como reflejo de la realidad del mundo circundante.

El Ultraísmo 

Origen del Ultraísmo 

Guillermo de Torre

Ultraísmo.  El  vocablo calificador de una tendencia literaria no existía. No había por qué buscarlo en el Diccionario de la Academia. Tampoco relacionarlo con el plus ultra de Carlos V y de las naves colombinas. Utraísmo era sencillamente uno de los muchos neologismos que yo esparcía a voleo en mis escritos de adolescente. Cansinos-Asséns se fijó en él, acertó a aislarlo, a darle relieve. En torno al autor de El pobre baby (una de sus narraciones poemáticas más felices) se agrupaban entonces algunos de los escritores movidos por un afán ayor de novedad -no digo los mejores-. Su amable entusiasmo, su benevolencia con lo nuev o hacían afluir a su tertulia nocturna (alternando on la de Ramón Gómez de la Serna en Pombo), e la madrugada más bien, en un café céntrico de Madrid, entre hampones de la bohemia y galeotes del periodismo, a algunos poetas jóvenes. Quizá en aquellas reuniones -yo no era asiduo- comenzó a cundir la voz ultraísmo. El hecho es que Cansinos-Asséns se posesionó del término. Y Ultra tituló un breve manifiesto escrito por él, a cuyo pie un buen día del otoño de 1918 encontré con sorpresa mi firma -pues nada se me había anunciado o consultado- junto con la de otros siete jóvenes, de tres de los cuales (Fernando Iglesias, Pedro Iglesias Caballero y J. de Aroca) nunca se tuvo ninguna noticia literaria, pues se limitaban a ser contertulios de las reuniones de Cansinos-Asséns. Otro, Xavier Bóveda, llevaba y siguió llevando distinto rumbo literario; solamente los tres restantes (César A. Comet, Pedro Garfias, J. Rivas Panedas) sí escribieron en las revistas uItraístas. Cansinos-Asséns, por su parte, se inhibía como firmante, pero con el fin de destacar en primer plano su ambicionado papel de guía, nombrándose en el primer párrafo del documento, redactado con estilo de gacetilla anónima.  

Historia de las literaturas de Vanguardia. Guadarrama

El Ultraísmo tiene varios aspectos en común con el Creacionismo y, desde luego, contó con una gran aceptación entre las minorías literarias: participan en su gestación personas como Cansinos-Asséns, Eugenio Montes, Isaac del Vando, Adriano del Valle, Rafael Lasso de la Vega y Jorge Luis Borges, en aquel momento presente en España. Asimismo serán numerosas las revistas que difunden sus principios poéticos: Grecia, Cervantes, Ultra, Plural, Alfar, etc. Prescisamente en la revista  Grecia apareció el primer manifiesto en 1919, donde ya se vislumbraban las relaciones de esta tendencia con el futurismo italiano y el dadaísmo. Su corta vida no impidió que se exportara a Hispanoamérica, donde tuvo una buena acogida por el ya citado Borges, además de González lanuza, Piñero y Ortelli, entre otros. En cuanto al término Ultraísmo, Guillermo de Torre apunta a su autoría y al papel de Cansinos-Asséns.

Es una corriente literaria española e hispanoamericana de vanguardia, desarrollada entre 1918 (fecha del primer manifiesto) y 1922, año en que deja de publicarse la revista ULTRA. El neologismo con que se reconoce este movimiento (del latino ultra: más allá), puesto en circulación por G. de Torre, fue tomado por R. Cansinos-Assens para titular el mencionado manifiesto de 1918 en el que se esbozan los objetivos de su grupo:

"Proclamamos la necesidad de un ultraísmo, (...) nuestra literatura debe renovarse, debe lograr su ultra, como hoy pretende lograrlo nuestro pensamiento científico y político. Nuestro lema será ultra, y en nuestro credo cabrán todas las tendencias sin distinción. Más tarde estas tendencias lograrán su núcleo y su definición. Por el momento creemos suficiente lanzar este grito de renovación y anunciar la publicación de una revista que llevará este título: Ultra, y en la que sólo lo nuevo hallará acogida". (G. de Torre, 1974)

En este manifiesto se enuncia el propósito fundamental del grupo: crear un arte nuevo que supla la última evolución literaria: el novecentismo, lo cual implica el abandono de las técnicas de expresión poéticas del modernismo decadente y la apertura a los movimientos de vanguardia europeos. Los iniciadores de esta corriente, aparte de Cansinos-Assens, son G. de Torre (el gran teórico y estudioso de los movimientos vanguardistas) y G. de Diego, entre los españoles, y Jorge Luis Borges y E. González Lanuza, entre los hispanoamericanos.

El ultraísmo surge en un contexto europeo de renovación artística y literaria que es seguida en España con gran interés gracias a la información de ciertas revistas, entre las que destaca Prometeo (1908-1910), dirigida por R. Gómez de la Serna. En esta revista se publican los manifiestos futuristas de Marinetti, traducciones de los poetas ultrasimbólicos SaintPol Roux, T Klingsor, Paul Fort, etc., y proclamas del mismo Gómez de la Serna en contra de los convencionalismos estéticos y sociales y a favor de las nuevas tendencias, en un tono que preanuncia los manifiestos dadaístas y ultraístas. Ramón G. de la Serna comparte el objetivo renovador de este movimiento y colabora con sus greguerías y artículos en revistas ultraístas como Frecia, Ultra y Tableros. Y, sobre todo, se adelantan en su obra algunos rasgos característicos de la futura poesía de ultraísmo: riqueza de imágenes y metáforas sorprendentes, sentido lúdico de la creación estética, un profundo lirismo, agudeza conceptual y sentido del humor. La greguería prefigura un nuevo modelo de escritura, cuyo influjo se advierte en algunos poemas ultraístas de G. Diego, E. Montes, P. Garfias y J. Rivas Panedas.

Entre las influencias ejercidas sobre esta corriente de vanguardia, hay que citar la de V. Huidobro, el poeta creacionista chileno, que en 1918 viene de París a Madrid y entra en contacto con un grupo de poetas a quienes comunica sus ideas e inquietudes estéticas y les facilita información (libros y revistas) sobre las nuevas tendencias y escritores europeos, con quienes les pone en relación.

Sin embargo, el promotor inicial del grupo ultraísta, al menos como inductor de entusiasmos es R. Cansinos-Assens, que hacia 1915 asiste a la tertulia de R. Gómez de la Serna en el Café de Pombo y más tarde fundará su propia tertulia en El Colonial. A ella asisten P. Garfias, J. Rivas Panedas, C.A. Comet, etc., firmantes del citado manifiesto de 1818. La nueva corriente contará con dos revistas: Grecia (publicada en Sevilla y en la que aparecen traducciones de G. Apollinaire, P. Reverdy, F. T. Marinetti, Tristan Tzara, etc.) y Cervantes, fundada por F. Villaespesa en 1917, y que, al pasar su dirección a Cansinos-Assens, se convertirá en portavoz del Ultraísmo, entre 1919 y 1920. En ella publicará G. de Torre sus primeros estudios sobre las vanguardias europeas y J. L. Borges traducirá a los poetas expresionistas alemanes.

G. de Torre ha dejado, como protagonista y crítico, un precioso estudio sobre los orígenes, objetivos, contenido teórico, innovaciones técnicas y valoración final del Ultraísmo. El objetivo primordial de esta corriente era la modernidad, previa la liquidación del modernismo decadente. Los rasgos más salientes de la nueva estética serían, de acuerdo con las reflexiones de G. de Torre y J. L. Borges, los siguientes: 

El movimiento ultraísta ha dejado una producción literaria, aunque escasa, de considerable valor, en varios libros de los principales creadores: Helices (1923), de G. de Torre; Imagen (1922), Manual de espumas (1924) y Limbo (1951, con poemas de 1920-21), de G. Diego; El ala del sur (1926), de P. Garfias; Espejos (1921), de J. Chabás; Poemas póstumos (1924), de J. de Ciria y Escalante, etc.

En Latinoamérica, el Ultraísmo cuenta, además de la creación personal de Borges, González Lanuza, O. Girando, etc., con revistas relevantes como Proa, Prisma y Martín Fierro, en Argentina; La Cruz del Sur y Alfar, en Uruguay; Revista de Avance, en Cuba; Contemporáneos, en México, etc.

A pesar de su corta duración, el ultraísmo cumplió un papel fundamental en la renovación de la poesía española de los años veinte y treinta de nuestro siglo. A su talante iconoclasta se debe la ruptura con las formas del Modernismo decadente y el ímpetu innovador y abierto a las vanguardias europeas: Sirvió para purificar el ambiente literario y dar paso a las novedades vedadas entonces para España: el cubismo, el futurismo, el imaginismo y demás ismos (G. de Torre). Se han apuntado deficiencias: haberse reducido al género lírico y no haber contado con las conquistas formales de la poesía tradicional, al contrario de lo que hicieran los poetas del 27, que supieron aunar revolución y tradición. Sin embargo, en estos mismos poetas es perceptible el influjo del Ultraísmo en el culto de la imagen y la metáfora.

El Creacionismo

Rasgos del Creacionismo

  • Se suprimen los signos de puntuación 
  • Yuxtaposición gratuita de imágenes, sin referente claro
  • Ilaciones semánticas de las imágenes, sin un hilo conductor aparente, donde a veces la fonética juega ese papel unitario.
  • El poeta debe crear el poema tal como la naturaleza crea el árbol 
  • Prescinde de lo anecdótico, de lo descriptivo.

El Creacionismo es una de las vanguardias más interesantes aparecidas en Latinoamérica, aunque lo cierto es que, exportada por el propio Vicente Huidobro, tuvo grandes representantes en España, como Gerardo Diego y Juan Larrea. Además, en este caso, venía a simultanearse la existencia de una estética y una poética formuladas desde el plano teórico con las altísimas cotas literarias logradas en el plano de la escritura poética. Quizá el lugar donde Vicente Huidobro recopile de una manera más detallada y sistemática todos los principios de este movimiento sea en su manifiesto "El Creacionismo", aparecido por vez primera en francés en su libro Manifestes (1925). Allí, en primer lugar, justifica la existencia del Creacionismo antes de su llegada a París: "El creacionismo no es una escuela que yo haya querido imponer a alguien; el creacionismo es una teoría estética general que empecé a elaborar hacia 1912, y cuyos tanteos y primeros pasos los hallaréis en mis libros y artículos escritos mucho antes de mi primer viaje a París". Pero, después de esa justificación, no tarda en presentar su receta particular de lo que ha de ser un poema creacionista: "El poema creacionista se compone de imágenes creadas, de conceptos creados; no escatima ningún elemento de la poesía tradicional, salvo que en él dichos elementos son íntegramente inventados, sin preocuparse en absoluto de la realidad ni de la veracidad anteriores al acto de realización". Sin embargo, lo que más interesa de la formulación teórica de Huidobro es su propuesta de poesía universal, y, por tanto, traducible, lo que nos permite comparar esta concepción poética con la defendida por Ezra Pound, quien, al igual que Huidobro, aunaba la aportación teórica con la producción poética: "Si para los poetas creacionistas lo que importa es presentar un hecho nuevo, la poesía creacionista se hace traducible y universal, pues los hechos nuevos permanecen idénticos en todas las lenguas". De todas maneras, es al final de este manifiesto donde Huidobro se ratifica en su idea del poeta como creador "equiparable, por tanto, a Dios-, de ahí que tome las palabras que ya había publicado en Horizon carré: "Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol".

El grupo del 27 y la Literatura de Vanguardia.

 El grupo de 1927 aparece doble situación histórico-litera, la española y la Europea, hacia 1920. En esa fecha, el Modernismo, que nunca tuvo en España la importancia que suele dársele, está definitivamente superado. Sólo siguen cultivándolo algunos poetas —los «posmodernistas»— que no están a la altura de los tiempos. En su mismo momento de sazón, el Modernismo no había atraído profundamente a ningún gran poeta, excepto Manuel Machado: ni a su hermano Antonio, ni a Unamuno, ni  Juan Ramón Jiménez. Este ultimo, sobre todo, se siente pronto impulsado por un afán innovador que lo convierte en el inmediato maestro de la generación del 27.
Junto a este magisterio está el de Ramón Gómez de la Serna. Si el famoso autor de Platero y yo bebió en fuentes extranjeras, que a través de él influyeron en sus seguidores, el inventor de las “greguerías” fue uno de los primeros autores que en Europa, no sólo en España, practicaron el arte de vanguardia.
De otro lado, lo mismo Juan Ramón que Gómez de la Serna deben mucho a la tradición literaria española, con lo cual la nueva poesía que trae consigo la generación de 1927, aunque en conexión y con dependencia respecto a Europa, toma rumbos propios. España se comporta en esta coyuntura como en tantas otras de su historia: sin extremar la posición novedosa, conjugando tradición y revolución, desarrollándose a su modo, aunque el impulso inicial venga, en parte, de fuera.
En Europa, en Francia sobre todo, soplan aires nuevos. La expresión arte de “vanguardia” expresa bien la actitud combativa de su corifeos. El movimiento se escinde en numerosos “ismos”: tras el futurismo italiano vienen cubismo, dadaísmo, surrealismo, en Francia; adanismo o acmeísmo, en Rusia; imaginismo, en Inglaterra (y en los Estados Unidos); ultraísmo y creacionismo, en España (y en Hispanoamérica).
El común denominador que subyace en el fondo de todas estas tendencias no excluye buena dosis de contradicción y de confusión. La literatura se entrega a un continuo ejercicio de experimentos creadores que coexisten en pugna o se suceden rápidamente. Hoy, pasado ese frenesí, cuando la vanguardia de antaño es ya retaguardia, resulta evidente que si tales ismos produjeron muchos manifiestos y teorías, crearon pocas obras perdurables. Pero resulta no menos evidente que la esforzada experimentación vanguardista fue fértil y alumbró enseñanzas que aún siguen en vigor.
Históricamente, la literatura de vanguardia es la que corresponde a la posguerra que siguió a 1918, aunque algún movimiento, corno el futurismo o el cubismo sea inmediatamente anterior. Durante unos diez años, el viejo continente disfruta, como suele ocurrir tras los grandes conflictos bélicos, una visible prosperidad y reina el optimismo. Se siente el deseo de olvidar los horrores pasarlos y se practica una literatura de «evasión». Estamos en el momento de lo que Ortega llamó la deshumanización del arte. El clima es semejante en España, que había permanecido neutral en la contienda europea.
Esta situación dura, aproximadamente, hasta 1930: la depresión económica de Occidente coincide con una honda crisis espiritual en la que naufragan el optimismo y los ideales que habían nutrido a la década anterior. La crisis afecta también a España, país cuya secular descomposición política no favorecía precisamente alegres evasiones. No es que haya división tajante; pero, a partir de la citada fecha, la poesía, manteniendo algunas adquisiciones de los «años veinte», perderá extremosidad y, a la vez, tomará otra trayectoria.

 


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