EL TEATRO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

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Fotografía de una representación 
de "Historia de una escalera"

 

El teatro comprometido
    ANTONIO BUERO VALLEJO
> La generación realista. Teatro de protesta y denuncia
> El teatro a partir de 1975
> COMENTARIO DE HISTORIA DE UNA ESCALERA DE BUERO VALLEJO

 

>- El teatro comprometido

Se nos presenta como la contrapartida al teatro costumbrista y de evasión que hemos analizado hasta ahora.
A finales de los 40 años, con el estreno de Historia de una escalera (1949) de Buero Vallejo, se produce una inflexión en el curso del teatro de posguerra. Un año más tarde se representa En la ardiente oscuridad, primera obra de Buero. Se estrena, además, en Madrid, La muerte de un viajante, de Arthur Miller. En 1953, el Teatro Popular Universitario representa Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre.
Surge la polémica entre posibilismo e imposibilismo. El iniciador es Alfonso Paso, al que se le acusó de haberse vendido al teatro comercial. Afirmaba que, en sus obras, intentó alternar la crítica con la frivolidad (más admisible por el público), como forma de luchar desde dentro. Esta idea está en la base del posibilismo.
Alfonso Sastre le replicó y, de paso, incluyó a Buero Vallejo en la polémica. Para Sastre no hay un teatro imposible, sino "momentáneamente imposibilitado". Buero intervino para apostar por un teatro "lo más arriesgado posible, pero no temerario". Critica el hecho de que Sastre hace un teatro abiertamente imposible para contar en su currículum con mayor número de prohibiciones oficiales.

ANTONIO BUERO VALLEJO
Buero Vallejo nació en Guadalajara, en septiembre de 1916. Se traslado a Madrid para estudiar Bellas Artes. Sus ideas republicanas provocaron su detención en 1939 y su condena a muerte, posteriormente conmutada por la de cadena perpetua. Consiguió la libertad condicional en 1946, momento en que cambió su vocación artística por la literaria. En 1949 ganó el premio Lope de Vega con Historia de una escalera (VER COMENTARIO al final de la página) que alcanzó un rotundo éxito. Desde entonces, Buero no ha dejado de escribir. En 1986 recibió el Premio Cervantes. Buero es el autor de un teatro ético; sus obras se basan en la negación de la existencia de un destino ciego y caprichoso: todo tiene su causa y, por tanto, remedio. Es un teatro con frecuencia ambiguo y polivalente; invita a la reflexión (recordemos los investigadores de El Tragaluz).
Uno de los temas centrales en sus obras es la dialéctica entre acción y contemplación. Su producción tiene un matiz trágico: desde Lorca no se había cultivado la tragedia. Buero consigue aunar pureza, crítica y éxito popular.
En su primera obra, En la ardiente oscuridad (1946, estrenada en 1950) aparece la ceguera como símbolo de las limitaciones humanas, bien sea por su propia condición existencial o por las circunstancias sociales. También se observa la preocupación de Buero por las taras físicas.
La crítica divide la obra de Buero en tres etapas:
1) Primera época. Teatro en esencia convencional, respetuoso con alguna o todas las unidades dramáticas (la más clara es Madrugada). Se ha hablado de realismo simbólico, procedente de Ibsen. Se observan técnicas modernas: el espacio escénico (Historia de una escalera) o la luminotecnia (En la ardiente oscuridad).
2) Segunda época. Teatro histórico, con un tema central: el destino del pueblo en una sociedad injusta. Por lo tanto, se insiste más en la faceta social del ser humano. Destacan Un soñador para el pueblo (1958), sobre Esquilache o Las Meninas (1960), sobre Velázquez. Como obras de transición, camino de la inmersión, se cita El tragaluz, con rasgos tomados del teatro épico (narradores que sirven de intermediarios entre la historia y los espectadores).
En El tragaluz, estrenada en 1957, se presenta una historia de ciencia ficción en la que dos seres del futuro, Él y Ella, invitan a los espectadores a participar en un experimento: volver al pasado y revivir la historia trágica de una familia española. Durante la guerra civil, unos padres con sus tres hijos: Vicente, Mario y la pequeña Elvirita esperan para coger un tren. Vicente, el mayor, lleva las provisiones de toda la familia. Cuando llega el tren abarrotado de gente, sólo él puede subir, y aunque el padre le ordena que baje y los guardias intentan hacerle descender, él forcejea y no lo hace. Esta realidad no ha sido admitida por la familia: según la «versión oficial» fueron los guardias quienes no dejaron bajar a Vicente. Como consecuencia de esta acción, Elvirita muere por falta de alimentos y el padre enloquece: todo su afán es recortar figuras humanas y preguntar constantemente. ¿Quién es este?
La familia habita en un semisótano, alumbrado por un tragaluz a través del que ven pasar las piernas de los transeúntes. Sólo Vicente vive en un apartamento y ocupa un puesto de responsabilidad en una empresa editorial. Para él trabaja Encarna que, además de su secretaria es su amante, aunque está profundamente enamorada de Mario, quien la ama y quiere casarse con ella. Al final, la familia se enfrenta con la verdad: Mario acusa a Vicente y el padre, en un ataque de locura, lo mata con las mismas tijeras que usa para recortar figuritas.
3) Tercera época: la inmersión. El espectador no ve la realidad, sino una versión de un personaje. Desaparecen los intermediarios. El espectador ve la historia desde dentro, desde el punto de vista de un personaje. Aunque trate de un personaje histórico (Goya), incluimos aquí El sueño de la razón (1970) o La Fundación (1974), una de sus cimas dramáticas.
Para saber más sobre Buero Vallejo, pincha primer enlace y segundo enlace 

Alfonso Sastre
Concibe el teatro como un medio de concienciación y de agitación. El autor debe actual como si no existiera un teatro imposible de estrenar; hay que actuar como si hubiera libertad.
Sastre se propone investigar la condición del Hombre actual y examinar sus relaciones con la sociedad. Crea un teatro trágico, de protesta y que invita a reflexionar sobre la necesidad de un cambio social.
 Dividimos su producción en tres etapas:
1) Dramas de la frustración: el individuo se ve superado por una sociedad injusta (Uranio 235, Cargamento de sueños -ambas de 1946-). Es una etapa vanguardista. Uranio 235 no se estrenó hasta 1964.
2) Dramas de la posibilidad. Son obras donde lo social adquiere especial relevancia: La mordaza (1954), Guillermo Tell tiene los ojos tristes (1955).
3) Realismo distanciador, de raíz brechtiana: destaquemos La sangre y la ceniza (1965) y Crónicas romanas (1968). Son obras de estructura extremadamente fragmentaria y decorados esquemáticos. Su autor las define como "tragedias complejas".

La generación realista. Teatro de protesta y denuncia

Se usa a veces este nombre para hacer referencia a una serie de autores que se inician sobre los años 50, tras las huellas de Buero o Sastre. Los temas que tratan son las injusticias sociales (la explotación del hombre por el hombre, la vida proletaria, la hipocresía), la marginación, los nuevos esclavos de la sociedad contemporánea, etc. La aparición de estas obras de contenido crítico y denunciador es posible gracias a tres razones:
a. La necesidad de que el teatro exprese los problemas del momento. Esta necesidad fue general para todos los autores españoles del momento, independientemente del género literario que cultivaran.
b. Aparición de un nuevo tipo de público –joven y universitario- que pide un nuevo concepto de teatro, crítico con la situación histórica que vive España.
c. Y, por supuesto, la relajación de la censura, que permite el estreno de estas obras políticamente comprometidas.

Los temas principales de este período serán dos: la denuncia de la injusticia y la desigualdad social, y la alineación de los seres humanos en el nuevo orden social.
También se caracterizan estos autores por poseer un lenguaje violento, incluso desafiante, directo, sin eufemismos, claramente opuesto al lenguaje biensonante y neutro del teatro "oficial". Estas actitudes les impiden estrenar la mayoría de sus obras.
 El "teatro de protesta y denuncia" tiene sus correlatos en otros autores europeos y norteamericanos:
> En Inglaterra, el grupo denominado Angry Young Men, o "jóvenes airados": Osborne, Wesker...
> En EE.UU, una línea similar siguen autores como Arthur Miller o Edward Albee. También se sitúa en estos parámetros (aunque con mayor hondura y complejidad) la obra de Tennessee Williams.

Lauro Olmo.
Es, probablemente, el autor de esta tendencia que más ha estrenado. Es autodidacta; se cría en orfanatos y trabaja en oficios humildes, de los que extrae experiencias para sus dramas.
Conoce el éxito en 1962 con La camisa, que presenta la mísera vida de unos chabolistas condenados a buscar trabajo en el extranjero o a soñar con las quinielas. La camisa es el símbolo de la máscara burguesa, que habría dado empleo al protagonista y que termina convirtiéndose en símbolo de la frustración. Su obra logró, como se propuso, "ampliar el censo de personajes del teatro español".
English spoken (1967) trata del retorno de los emigrantes al Madrid castizo. Esta obra y otras similares han sido consideradas "dramas populares" o "sainetes políticos".
El cuarto poder (1963-67) son cinco piezas en un acto sobre el tema de la prensa.
José Martín Recuerda
Comenzó en el realismo con El teatrito de don Ramón (1959, premio Lope de Vega). Al año siguiente anunció que sus personajes "se rebelarían siempre". Entra así en un realismo con frecuentes tonos esperpénticos, que se observa perfectamente en Las salvajes en Puente San Gil (1963), en la que se critica tanto el puritanismo como la brutalidad de un pueblo andaluz que se ceba contra las actrices de una compañía de revistas. Es uno de sus mayores éxitos comerciales, junto con Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca (1974), sobre la figura de Mariana Pineda. Ambas obras introducen el personaje coral.
Otros autores
 Dentro de esta tendencia se incluyen, además:
-José María Rodríguez Méndez, uno de los más radicales en la defensa del realismo socialista como única vía expresiva posible. Destacamos Los inocentes de la Moncloa (1960), donde analiza los estrechos horizontes de la España del momento; El círculo de tiza de Cartagena (1963), con elementos de Brecht; o Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga (1965), de marcado carácter esperpéntico.
- Carlos Muñiz es el autor del El tintero (1961), obra montada por el Grupo de Teatro Realista, fundado por Sastre. Es la tragedia irrisoria (Lázaro) de un burócrata; una obra contra la alienación.
-Ricardo Rodríguez Buded gana el premio Acento en 1960 con La madriguera, sobre los realquilados.
-Antonio Gala es el más importante de los jóvenes dramaturgos nacidos durante la República. Su teatro se resiste a ser clasificado (Lázaro). Su primera obra trata el tema de la marginación: Los verdes campos del Edén, Premio Calderón de la Barca en 1963. Destacaba ya por su dominio del lenguaje en los distintos registros y por su fuerza crítica. Sus obras más importantes son Anillos para una dama (1973, basada en el personaje de doña Jimena, viuda del Cid), ¿Por qué corres, Ulises? (1976), Petra regalada (1980), Carmen, Carmen (1988) o Los bellos durmientes, último estreno. No todo son elogios. Doménech define sus obras como estéticamente rezagadas e ideológicamente reaccionarias.
Sería imposible hablar de todos los dramaturgos españoles de las dos últimas épocas. El problema fundamental es la falta de conocimiento (publicaciones, estrenos) sobre algunas de estas obras. Incluso se ha hecho un estudio del teatro español actual para el que su autor (George Wellwarth) ha tenido que leer directamente algunos manuscritos pedidos a los autores, a falta de cualquier otra posibilidad. Si el teatro hay que entenderlo en su doble faceta de texto y espectáculo, es evidente que algo está fallando. Citaremos sólo aquellos autores que han obtenido renombre:
Fernando Arrabal
Su primera obra Los hombres del triciclo (1958) fue rechazada por público y crítica. Decidió marcharse a Francia, donde ha vivido, escrito y publicado. Hoy en día posee un alto prestigio internacional como renovador de la escena dramática.
Arrabal proclama las raíces hispánicas de su teatro: Quevedo, Valle, Postismo... además de otros elementos de fuera. Cultiva el absurdo, el esperpento y, sobre todo, es conocido por la creación del teatro pánico: "conciliar lo absurdo con lo cruel e irónico, identificar el arte con el acto vivido (de ahí el enlace con los happenings de Allan Kaprow) y la adopción de la ceremonia como forma de expresión". Obras en esta línea son Pic-Nic, Cementerio de automóviles, Los dos verdugos... Posteriormente (tras su paso por Carabanchel), su teatro adquiere tonos políticos de lucha: Teatro de guerrilla (1969). Estuvo terminantemente prohibido en España hasta la llegada de la democracia.
Francisco Nieva.
Aunque fuese conocido en el mundo teatral como escenógrafo, no lleva una obra suya a los escenarios hasta 1975 (escribe desde 1952): Sombra y quimera de Larra. Con La carroza de plomo candente y El combate de Opalos y Tasia crea el teatro furioso, caracterizado por "la libertad imaginativa, lindante con lo surrealista, y su intensidad expresiva". Además, en una segunda línea, escribe un teatro de farsa y calamidad: Funeral y pasacalle, La señora Tártara o Coronada y el Toro (1986).
El estilo de Nieva se caracteriza por su carácter culto; integra arcaísmos populares junto con largos periodos barroquizantes. También es un autor que destaca por su ironía, la agudeza de ingenio y la brillantez léxica, unido a su desbordante imaginación para crear situaciones dramáticas
José Luis Alonso de Santos.
Actor, miembro de varios grupos de teatro independientes, destaca por algunas piezas de éxito, con enfoque realista e ingredientes sainetescos, en las que trata temas actuales: juventud, droga... Citemos La estanquera de Vallecas (1981) y Bajarse al moro (1985). Recientemente ha estrenado una obra monologada, La sombra del Tenorio.
El teatro underground
Con este nombre denomina G. Wellwarth a aquellas obras que no se llegan a representar. Citemos sólo los nombres de los autores: José María Bellido, Ángel García Pintado, Manuel Martínez Medeiro, José Ruibal, Antonio Martínez Ballesteros, Jerónimo López Mozo, Miguel Romero Esteo, Luis Matilla, Alberto Miralles Grancha, Diego Salvador, Ramón Gil Novales, Miguel Rellán...

El teatro a partir de 1975

A.- Teatro colectivo
Surge como forma de combatir los elementos literarios del espectáculo teatral. Así, en los años 70 surge el Grupo Tábano, La Cuadra, de Salvador Távora, Els Joglars, de Albert Boadella, Els Comediants, de Joan Font...

B.- El teatro español de los ochenta

 -Subsisten los grupos independientes y surge alguno más, como La Fura dels Baus, La Cubana
 -Se crea la Compañía Nacional de Teatro Clásico, bajo la dirección de Adolfo Marsillach, en 1983.
 -Se representan por primera vez obras como El público de Lorca o Voces de Gesta, de Valle-Inclán.
 -Se da a conocer como dramaturgo Fernando Fernán Gómez: Las bicicletas son para el verano (1982), y algunas obras sobre el género picaresco: una versión monologada del Lazarillo de Tormes (1990) y la Vida de Lucas Malara (1992).
 -José Sanchís Sinesterra alcanza en 1987 una amplia fama con ¡Ay, Carmela!
 -Se adaptan con enorme éxito algunas novelas de Delibes: Cinco horas con Mario (1979), Las guerras de nuestros antepasados (1989).
 -Dentro del teatro histórico se da a conocer María Manuela Reina, con Lutero o la libertad esclava (1987). Posteriormente evoluciona a la comedia con ingredientes de crítica social: Alta seducción (1989) y Reflejos con cenizas (1990). En una línea similar podemos citar a Ana Diosdado con Los ochenta son nuestros (1988).

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COMENTARIO DE HISTORIA DE UNA ESCALERA DE BUERO VALLEJO
1.- Significación del teatro de Buero Vallejo
Casi toda la producción de Buero aborda los problemas fundamentales del hombre: su destino, el sentido de la vida y la muerte, el dolor, etc. El teatro de Buero Vallejo es un teatro de texto y de gran calidad literaria; su forma es la de una tragedia, pero en la que subyace la esperanza, la posibilidad remota de resolver los problemas que afectan a la sociedad humana. Junto con Alfonso Sastre y Miguel Mihura renovó el teatro español tras la Guerra Civil española. No obstante, mantuvo una notoria polémica con Sastre sobre los fines del teatro durante la Dictadura. La postura de Buero defendía el posibilismo, es decir, aprovechar cualquier resquicio que permitiera la censura franquista. Sastre, por el contrario, consideraba esta actitud como una claudicación y optó por un teatro radical que encontró grandes dificultades para llevar a los escenarios. Para hacer viable su posibilismo Buero integra varios planos que se van entremezclando en toda su producción: el simbólico, el realista, el existencial y el social. Algunas veces predominará algún elemento sobre los otros, pero siempre los cuatro aparecen expresados de manera más o menos explícita.
Desde un punto de vista exclusivamente teatral —sin entrar en el fondo ideológico, político o moral de las obras de Buero—, el autor parte de modelos ajenos a las grandes tendencias innovadoras o vanguardistas de la escena contemporánea: teatro del absurdo (Beckett), teatro de la crueldad (Artaud), teatro épico(Brecht, al que tradujo al español), teatro experimental (Grotowski, etc.) que pusieron en cuestión el decimonónico drama realista-naturalista y el viejo sistema aristotélico de creación dramática. Buero parte de Henrik Ibsen, Galdós, Bernard Shaw, porque da preferencia al contenido, al mensaje en su intención de desenmascarar la mentira social del sistema clasista y burgués en que vivimos. Así, Valle-Inclán con sus esperpentos y Lorca tanto en su lenguaje dramático como en obras del tipo de El público son mucho más "modernos" que Buero Vallejo.
Sin embargo, el teatro de Buero, a partir del premio concedido y del estreno de Historia de una escalera en 1949, supuso toda una conmoción en la sociedad española. Frente al teatro convencional, amparado por el franquismo y basado en comedias de evasión al estilo de Benavente o en dramas ideológicos, que defendían un sistema de valores tradicional, y una confesionalidad católica (José María Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena, Joaquín Calvo Sotelo y Agustín de Foxá); frente al teatro de humor en el que predominaban las situaciones sorprendentes e inverosímiles, los episodios desconcertantes y divertidos de Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura, se plantea una concepción trágica de la existencia humana que cuestiona el fondo mismo de la injusticia social, de la opresión y de la falta de libertad (temas pertinentes en la España de Franco).

Por otra parte, el posibilismo, en cierto modo, origina la gran aportación escénica de Buero Vallejo: sobre una base realista se superpone un elemento simbólico a través de personajes con taras físicas como la ceguera (En la ardiente oscuridad, El concierto de San Ovidio, La llegada de los dioses), la sordera (El sueño de la razón, Hoy es fiesta), la mudez (Las cartas boca abajo) o la locura (el Padre en El tragaluz, y La fundación) como símbolo de las limitaciones y debilidades de la condición humana; pero también se superpone el elemento histórico sobre todo en la segunda etapa de Buero (1958-1970, aprox.) gracias a lo cual consigue un necesario distanciamiento a través de figuras del siglo XVII como Velázquez (Las Meninas), y del siglo XVIII: el marqués de Esquilache (Un soñador para el pueblo) , Goya (El sueño de la razón), y El concierto de San Ovidio. El elemento simbólico y el histórico permitirán a Buero plantear su especial concepción dramática, que casi siempre chocaba frontalmente contra el sistema de valores imperante bajo el franquismo: los seres humanos que luchan, protestan o se rebelan, junto a otros que se resignan ante una situación injusta (el entorno familiar sórdido o las estructuras sociales abusivas) para conseguir realizarse en la vida. Así tenemos un ministro que intenta en vano sacar a los españoles de su ignorancia y superstición, dos pintores que quieren reflejar cómo es en realidad la vida humana, unos músicos ciegos que se rebelan contra la explotación humillante a la que son sometidos.

2.- La obra Historia de una escalera
Historia de una escalera es un drama en tres actos y treinta años de vida en un tramo de escalera de una casa de vecinos. En ese reducido espacio se proyectan, en un perpetuo e inexorable fluir de ilusiones y fracasos, los destinos entremezclados de tres generaciones de individuos de clase baja que no logran salir de su pobreza. A través de sus tragedias, entre el desaliento y la esperanza, asistimos a la gran tragedia del paso del tiempo y la frustración social.
En palabras de Francisco Ruiz Ramón, "en 1949, con el estreno en el Teatro Español de Madrid de Historia de una escalera, comienza no sólo la obra dramática de Buero, sino el nuevo drama español, fundado en la necesidad insoslayable del compromiso con la realidad inmediata, en la búsqueda apasionada pero lúcida de la verdad, en la voluntad de inquietar y remover la conciencia española, y en la renuncia tanto a la evasión lírica como al tremendismo ideológico". Aquel estreno fue un éxito incontestable. Cuatro meses antes, el 12 de junio de 1949, la obra había sido distinguida con el Premio Lope de Vega, lo que convirtió al entonces desconocido autor en la gran revelación de la temporada.
Historia de una escalera se estrenó el 14 de octubre de 1949, en el Teatro Español de Madrid, bajo la dirección de Cayetano Luca de Tena. Entre 1949 y 1951 varias compañías la llevaron a escena tanto en la capital como en gira por toda España.
En 1950 se presentó la producción cinematográfica de Historia de una escalera, rodada bajo la dirección de Ignacio F. Iquino.
El argumento de la obra gira en torno a la pobre vida material y espiritual de varias familias de trabajadores en una humilde casa de vecinos. Es una crítica social de las difíciles condiciones de vida de las clases modestas pero, también, de la debilidad de éstas para superarse.  Los protagonistas principales son cuatro jóvenes, vecinos en el último piso de una vieja casa, que luchan por mejorar y salir de ese ambiente. Urbano, obrero de una fábrica; Fernando que es dependiente de una papelería y está enamorado de Carmina; y Elvira que tiene una situación económica más desahogada gracias al negocio de su padre y pretende, a su vez, a Fernando. Diez años después (segundo acto). Fernando y Elvira, que se han casado y acaban de tener un hijo, apenas se hablan con el resto de los vecinos. Urbano, ante la situación  en que queda Carmina al morir su padre, le declara su amor, que ha mantenido oculto, sabiendo que Carmina amaba a Fernando. Carmina acepta ser su novia. Pasan veinte años más (tercer acto). La creciente amistad entre los hijos de ambas parejas, Fernando y Carmina, provoca el enfrentamiento de sus padres. Y los hijos, de nuevo, intentarán salir de ese ambiente...
Formalmente, sigue los cánones el drama realista y su lenguaje es sencillo y directo;  objetivamente, es un retroceso  sobre los logros alcanzados por las obras de Valle o Lorca, pero en el ínfimo teatro español de la época supone un revulsivo.

 

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