LA POESÍA ESPAÑOLA POSTERIOR A 1936
MIGUEL HERNÁNDEZ
MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)
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Dibujo de Antonio Buero Vallejo |
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Epígono del 27 o el primero
de la Generación del 36. Nacido en Orihuela en 1910, participó como
soldado junto al ejército republicano durante la guerra civil. Al
acabar la contienda fue encarcelado en diversas ciudades españolas y
condenado a muerte; aunque la sentencia fue conmutada por treinta años
de reclusión su vida se vería truncada definitivamente en 1942, en la
cárcel de Alicante, a consecuencia de la tuberculosis:
"¿Qué hice para que pusieran /a mi vida tanta
cárcel?".
La
figura y la obra de Miguel Hernández se presentan a caballo entre el
grupo del 27, del que es
considerado por muchos críticos como "epígono genial",
y la Generación del 36, en la que influyó significativamente.
Tres temas se pueden distinguir en su poesía (él
habla de tres “heridas”: "con
tres heridas yo, la de la vida, la de la muerte, la del amor"):
a) El
sentimiento trágico de la vida (la
pena y el sufrimiento son los protagonistas del la vida);
b)
El amor;
c)
El compromiso social y político
Aunque no lo aparente la poesía de Miguel Hernández es una poesía muy
elaborada en la que aparecen paralelismos, antítesis, anáforas,
repetición de palabras clave, y sobre todo símbolos. Utiliza los
versos tradicionales (endecasílabos, dodecasílabos, alejandrinos) y
también el verso libre.
SÍMBOLOS EN
SU POESÍA
#
Símbolos eróticos. El vientre y el sexo femenino constituyen el
centro de la vida, la plenitud amorosa, el refugio seguro. Aparecen
nombrados con un sinfín de metáforas en las que predominan los
elementos de la naturaleza.
# Símbolos del dolor. Como las armas (“carnívoro
cuchillo”), los puños, comparaciones animales (“como
los tiburones”).
# Símbolos de la muerte. Esta aparece unida a la figura del toro,
a la oscuridad, a la noche.
En su producción poética se han establecido CUATRO ETAPAS:
a) Etapa
caracterizada por una poesía de tono barroco, que se refleja en
“Perito en lunas” (1934). son
cuarenta octavas reales de influencia gongorina y vanguardista. Sobresalen las metáforas y los símbolos como medios
poéticos para transmutar y enriquecer la realidad (la luna, el toro, la
noria, el labrador...).
b) En
1936 publica “El rayo que no cesa”. El centro vital de
la obra es la pasión amorosa hacia la que sería su mujer, Josefina
Manresa, pero una pasión impedida por los convencionalismos de una
moral provinciana: el amor es un "rayo" que se clava en el
corazón con trágicos presagios de muerte. En cuanto al estilo, Miguel
Hernández ha abandonado el barroquismo de su obra anterior y presenta
una poesía más desarraigada, instalada en la corriente abierta por su
amigo Pablo Neruda de la "Poesía impura" y
en la concepción del amor como fuerza telúrica, propia de Aleixandre.
La obra se compone sobre todo de sonetos, aunque en ella se incluye en
tercetos encadenados su célebre "Elegía a Ramón Sijé",
muerto en 1935, un canto sincero y emocionado al amigo.
c) Durante
la guerra,
Miguel Hernández emplea su
POESÍA PARA LUCHAR por la causa republicana y escribe "Viento
del pueblo", obra con la que se suma al romancero de la
guerra civil. Como el viento, la voz del poeta alienta a los soldados en
las trincheras, arenga a la lucha, mantiene viva la esperanza. Son
poemas que lloran la muerte de Lorca, de los hombres en el frente de
batalla, que cantan al niño yuntero, al sudor de los campesinos, a la
compañera, esposa y amante lejana... En esta tercera etapa también
escribe Miguel Hernández “El hombre acecha”, la
palabra es todavía símbolo de resistencia, pero la muerte del primer
hijo y la derrota de la guerra sumen al poeta en la desolación.
d) Poesía
desnuda y profunda (Las
metáforas se han reducido sensiblemente en busca de una expresión
directa y esencial). Son los poemas,
escritos la mayoría en la cárcel, que se recogen en “Cancionero
y Romancero de ausencias” (1938-1941): el
poeta se duele de la ausencia de los suyos y escribe intensos poemas de
amor a su mujer, también recuerda una guerra que sólo ha provocado
odio y destrucción; pero aun así no renuncia a la esperanza.
Uno de los poemas es “Nanas a la cebolla”, dedicado a
su segundo hijo: "Tu risa me hace libre/ me pone alas. / Soledades
me quita, / cárcel me arranca".
Para saber más
sobre Miguel Hernández, pincha aquí.
Puede decirse que una
fecha clave en el inicio de la poesía española de posguerra es 1944.
En este año se publican dos obras de capital importancia: Hijos de
la ira, de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente
Aleixandre. Los dos maestros reconocidos ejercerán el papel de guía y
conmocionarán el panorama poético existente en ese momento
Las principales tendencias poéticas de la posguerra española se
articulan en torno a cuatro revistas literarias:
1) GARCILASO (1943) será la primera revista literaria
importante de la posguerra española. En ella escribirán unos autores
siguiendo una línea clásica (a imitación del poeta-guerrero,
Garcilaso, que da nombre a la publicación). Utilizan moldes clásicos
para una literatura clásica, de belleza formal, una poesía "bien
hecha" y que, muy a menudo se desentiende de los problemas del
hombre. Se habla de "POESÍA ARRAIGADA" y se
llama "garcilasistas" a estos autores que opinan que "el
mundo está bien hecho". García Nieto (fundador de la
revista), Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, y poetas
pertenecientes a la llamada GENERACIÓN DE 1936: Dionisio
Ridruejo y, sobre todo, Luis Rosales (La casa encendida,
1949 y 1967), serán los máximos exponentes de esta poesía. Se ha
hablado de "la poesía de los vencedores". Esta revista tuvo
un precedente en Escorial (1940). El Escorial era un
símbolo: "religioso de oficio y militar de estructura: sereno,
firme, armónico, sin cosa superflua, como un estado de piedra".
Son reveladoras palabras de su creador, Ridruejo. “No todo es
triunfalismo y optimismo. También habrá dolor y tristezas, aunque
expresadas con serenidad, con mesura. Los temas fundamentales son el
amor, el paisaje (Castilla y el tema de España) y el sentimiento
religioso (hacia un Dios que da sentido al mundo)”.

2) ESPADAÑA nace como respuesta a Garcilaso.
Es una poesía rehumanizada, desarraigada (a veces con tonos cercanos al
tremendismo), donde el Hombre (y sus tristes circunstancias) es el
principal tema poético. También hay poemas religiosos, pero de una
religión difícil y problemática, del hombre que se rebela y se
enfrenta a un Dios que guarda silencio ante los problemas de la
Humanidad. Las formas son más libres, menos clásicas (con
honrosísimas excepciones); los poemas son más broncos; el estilo, más
sencillo. Victoriano Crémer, Eugenio de Nora, Angela Figuera,
Leopoldo de Luis, GABRIEL CELAYA, BLAS DE OTERO y JOSÉ HIERRO son
los principales representantes de esta línea.
La poesía desarraigada parte del convencimiento de que el mundo
"es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda
de ordenación y de ancla" (DámasoAlonso, que se
autoincluye en el grupo de los poetas desarraigados; su libro Hijos
de la ira impactó en 1944). Es esta una poesía existencial; el
hombre está angustiado por el tiempo y la muerte. Y más en aquellos
años: represión, injusticias, hambre... Todo ello nos llevará,
posteriormente, a la poesía social. Garcilasistas y Espadañistas
estaban más enfrentados en la teoría que en la práctica. Si
estudiamos la nómina de autores que publican en ambas revistas, es
prácticamente idéntica. La realidad nunca es tan simple ni tan
fácilmente estructurable como pudiera parecer.
3) CÁNTICO (1947) es la revista de la poesía
pura. Su nombre, muy significativo, procede de Jorge Guillén. Muy
influidos por Cernuda. (intimismo; refinamiento) Pablo García Baena
es el principal representante del grupo Cántico. El amor es el tema
fundamental. Habitualmente se trata de amores prohibidos.
4) POSTISMO (1945).También hay lugar para las
Vanguardias. Surge la revista Postismo que da nombre al último
de todos los ismos. Se autodefine como el "surrealismo
ibérico". Carlos Edmundo de Ory es su fundador. Se
reivindica la libertad creativa, lo lúdico. Sólo se permitió un
número. El movimiento no se estudiará y valorará en su plenitud hasta
los años 70.
BLAS DE OTERO.
Es el poeta más
importante de la poesía desarraigada, y después lo será en sucesivos
movimientos. En 1950 y 1951 publica Ángel fieramente humano y Redoble
de conciencia, fundidos en 1958 en Ancia.
Impresionan los poemas en los que Blas de Otero se interroga por el
sentido de la existencia. El se sabe vivo y mortal a un tiempo, y con
frecuencia se enfrenta a Dios pidiéndole respuestas. Pero Dios calla.
El poeta clama a Dios y sólo escucha el silencio. Dos sonetos
("Hombre" y "Basta") son muy significativos:
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HOMBRE |
BASTA Imagine mi horror por un momento que Dios, el solo vivo, no existiera, o que, existiendo, sólo consistiera en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento. Y que la muerte, oh estremecimiento, fuese el hueco sin luz de una escalera, un colosal vacío que se hundiera en un silencio desolado, liento. Entonces ¿para qué vivir, oh hijos de madre, a qué vidrieras, crucifijos y todo lo demás? Basta la muerte. Basta. Termina, oh Dios, de malmatarnos. O si no, déjanos precipitarnos sobre Ti -ronco río que revierte. |
También se anuncia, desde esta primera etapa, el paso del "yo al nosotros" que se producirá en la poesía española de los 50: "Cántico", "Canto primero", "Hijos de la tierra" y muchos otros poemas están en esta línea. Formalmente, es uno de los poetas que mejor domina la lengua literaria y todos sus recursos. Su estilo impresiona; cuida desde la fonética hasta el léxico. La perfección es muy alta. Es uno de los mejores poetas de nuestro siglo.
JOSÉ HIERRO.
Imposible de
encasillar, José Hierro (fallecido en el 2002) es uno de los más
significativos poetas españoles actuales. En mayor o menor medida,
tiene poemas existenciales, sociales... pero nunca llega a identificarse
totalmente con ninguna de estas líneas. Es un poeta tremendamente
humano y de gran rigor artístico. Ganó el premio Adonáis en 1947. Sus
poemas son de dos tipos: reportajes (visiones, testimonios directos) y
alucinaciones (en los que "se habla vagamente de emociones").
En su obra se enfrentan el profundo amor a la vida y la conciencia del
dolor y las limitaciones. Destaca su obra Alegría, y su poema
"Fe de vida":
Sé que el invierno
está aquí,
detrás de esa puerta. Sé
que si ahora saliese fuera
lo hallaría todo muerto,
luchando por renacer.
Sé que si busco una rama
no la encontraré.
Sé que si busco una mano
que me salve del olvido
no la encontraré.
Sé que si busco al que fui
no lo encontraré.
Pero estoy aquí. Me muevo,
vivo, Me llamo José
Hierro. Alegría. (alegría
que está caída a mis pies.)
Nada en orden. Todo roto,
a punto de ya no ser.
Pero toco la alegría,
porque aunque todo esté muerto
yo aún estoy vivo y lo sé.
Sus dos últimas obras, Agenda (1990) y Cuadernos de Nueva York (1998) lo han reafirmado como uno de los poetas cimeros de este siglo.
En los años 50,
coincidiendo con la aparición de la novela social también surge la
poesía social. En 1955 se publican Cantos iberos de Gabriel
Celaya y Pido la paz y la palabra de Blas de Otero. Se advierte
un paso de lo individual a lo colectivo, a lo social (ya anunciado antes
en Otero). Se rechazan los problemas íntimos como tema poético;
también se produce un rechazo del esteticismo (afortunadamente no en
todos). El poeta debe dejar de lado sus problemas personales y
comprometerse, tomar partido ante la situación del momento. Se
pretende crear una poesía para mayorías, una poesía clara, que llegue
al pueblo. A veces se cae en el coloquialismo y en el prosaísmo. Muy
significativo es el título de un poema de Pido la paz y la palabra:
"A la inmensa mayoría". Celaya nos dirá que "la poesía
es un arma cargada de futuro". Todo esto tendrá los límites que
impone la censura. Blas de Otero publicó algunos libros en París por
este motivo (En Castellano (1959) y Que trata de España
(1964). Poco a poco estos autores descubrirán que la poesía no llega a
la mayoría y reorientarán su tarea, buscando nuevos caminos
estéticos.
Sin embargo, un grupo de autores, surgidos en los años 50 dentro
de la poesía social, se encargarán de renovar el ambiente poético: Ángel
González, José Ángel Valente, Francisco Brines, Jaime Gil de Biedma y
Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad). Especialmente
destacables son estos dos últimos. La poesía en los 60 vuelve a
preocuparse por el Hombre; se recuperan los tonos intimistas. Se rechaza
el patetismo de la poesía anterior. Es una poesía inconformista y
escéptica (dudan de la utilidad de la poesía para transformar el
mundo). Prestan una gran atención a lo cotidiano. Se ha hablado de una
"poesía de la experiencia". En general observamos una
depuración estética y un mayor rigor poético, un esfuerzo por lograr
una obra bien hecha, aunque no por ello se reniegue a veces del
prosaísmo o del coloquialismo. Claudio Rodríguez nos dirá que el
estilo es lo único realmente importante. Para él la poesía es una
forma de conocimiento, de descubrir en la vida los sentidos más ricos e
inesperados. En definitiva, asistimos a una reacción contra la poesía
social. Un tema frecuente será la reflexión sobre el propio lenguaje.
Las palabras habituales están gastadas y no se pueden volver a usar;
ello es especialmente notorio en el tema amoroso. Son autores que buscan
el poema bien hecho, y continúan en esta línea hasta nuestros días.
Lo podemos observar en Prosemas o menos (1985) de Ángel
González o en la obra de Claudio Rodríguez: Alianza y
condena (1965) o El don de la ebriedad (libro que empezó a
escribir con 17 años, en 1951).
La crítica es prácticamente unánime al considerar esta
promoción como un punto de giro en el curso poético español. Su
actitud es de crítica y de extrañamiento a la vez, a través del humor
o la ironía que evitan todo patetismo o adhesión sentimental a su
clase, su país, su realidad, aunque también en su poesía tengan un
lugar la evocación y la melancolía del tiempo y la fidelidad a la
amistad. Se ha hablado de poesía "meditativa", como rasgo que
más acerca a todos estos autores entre sí. La influencia de Luis
Cernuda también es patente, sobre todo en los más jóvenes, Francisco
Brines y Claudio Rodríguez.
José María Castellet
publica en 1970 la antología Nueve novísimos poetas españoles. De
ahí procede el nombre. Hoy se incluyen otros autores. Los más
significativos son Manuel Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Pedro
Gimferrer, Guillermo Carnero, Ana María Moix o Vicente Molina Foix.
Estos autores aporten una nueva sensibilidad; su educación
incluye elementos nuevos: cine, tebeos, nuevas músicas (jazz, pop). Son
frecuentes sus viajes al extranjero. Admiran a Aleixandre, Cernuda;
redescubren al grupo Cántico y al Postismo. Rechazan la poesía social.
Su formación intelectual es muy amplia. Esto marca algunos de sus
poemas (se ha hablado de "culturalismo"). Preside esta
poesía un íntimo malestar vital. Otras veces, la poesía se vuelve
frívola; otras, sarcástica. Lo importante, desde el punto de vista
poético, es el estilo: "poetizar es ante todo un problema de
estilo", nos dirá Carnero. No es el tema lo que hace literaria una
obra, sino el estilo. Para renovar el lenguaje poético vuelven sus ojos
al surrealismo. Crean una poesía con frecuencia hermética, de gran
dificultad de lectura. Gimferrer es el más significativo (en su
obra en castellano). A los veinte años obtuvo el Premio Nacional de
Poesía por Arde el mar (1966): surrealismo, culturalismo,
riqueza imaginativa, culto a la palabra, dominio del ritmo. Muy famosa
es su "Oda a Venecia ante el mar de los teatros" Su segunda
obra es Muerte en Beverly Hills (1968), muy influida por las
técnicas cinematográficas.
Según la crítica, las características de este grupo se pueden resumir
así:
# Preocupación máxima por el lenguaje y por el poema como creación
autónoma.
# Esteticismo (en lo que enlazan con el grupo Cántico y los del 27),
revalorizando lo lujoso, decadente, al mismo tiempo que lo lúdico. Este
esteticismo se relaciona con el culturalismo y el exotismo de que hacen
gala.
# Sus poemas a veces se presentan como literatura de la literatura:
citas, referencias intertextuales, variaciones...
# La presencia de los mass media como referente cultural y fuente de
mitos populares en los que inspirarse o a los que tergiversar. El cine
enseña también una forma de mirar la realidad y de componer los
poemas.
# Uso frecuente de procedimientos experimentales: ruptura del verso,
disposición gráfica no normal, supresión de signos de puntuación,
collages con textos, refranes, recortes de anuncios...
# Presencia
del surrealismo; recuperación de los valores irracionales del lenguaje.
Gusto por la sorpresa y lo inusitado.
# Muchos de estos autores llegan a separar completamente realidad y
poesía; se proclama la autonomía del mundo poético respecto de
cualquier referente externo. El más claro ejemplo es la multitud
de poemas de metapoesía.
Dentro de este grupo podemos distinguir dos líneas
1) Autores que comienzan a escribir en los inicios de la década de los
60. Muy influidos por la cultura pop. (Vázquez Montalbán, A
la sombra de las muchachas sin flor, 1971, sería un buen exponente
de esta línea)
2) Una segunda Generación que se da a conocer en los años finales de
la década o ya en los 70, influidos por el decadentismo de Kavafis. Son
más esteticistas. Citemos a Guillermo Carnero (Dibujo de la muerte,
1967; su esteticismo se puede resumir en uno de sus versos: "raso
amarillo a cambio de mi vida") o a Antonio Colinas (Sepulcro en
Tarquinia).
Como rasgos generales, podemos destacar la importancia de la
ironía y el carácter rompedor. Admiten en lo poético una nueva
imaginería que va desde Mickey Mouse hasta Humphrey Bogart. Son autores
que se abren a la cultura foránea (la mayoría son, al menos,
trilingües) y realizan estudios en el extranjero. Se proponen romper la
estructura rítmica de los poemas. Para ellos no hay alta o baja
cultura, sino simplemente conocimientos que se pueden usar en el poema.
Señalemos algunos nombres, los más significativos: Antonio Colinas, Antonio Carvajal, José Miguel Ullán, Jenaro Talens, Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena. Hay diversas tendencias:
· Experimentalismo (Ullán): poemas vanguardistas, collages, poemas visuales...
· Culturalismo (Colinas): influencia del mundo clásico grecolatino. El poeta manifiesta un vasto dominio cultural.
· Clasicismo (De Cuenca, Siles, Villena): vuelta a moldes estróficos clásicos (sonetos, endecasílabos). Influjo de autores renacentistas.
· Neobarroquismo (Carvajal)
· Metapoesía (Talens): poesía sobre la poesía.
· Minimalismo: la estética de lo cotidiano, de lo mínimo.
· Antirretoricismo.-Poética del silencio (Valente, Siles, Jover): hablar por hablar para callar lo único importante, lo que el hombre busca pero ignora.
· En una línea surrealista se encuentra Blanca Andreu.
· POESÍA DE LA EXPERIENCIA realizan Andrés Trapiello, Justo Navarro, Luisa Castro, o FELIPE BENÍTEZ REYES. Es, en nuestros días, una de las líneas más cultivadas, la que más premios poéticos acapara. Se basa esta poesía en los recuerdos de la infancia o adolescencia, con unos temas y un lenguaje siempre apegados a la realidad. Frente al pop de los novísimos, que consideran demasiado trivial, vuelven sus ojos a la infancia, a los orígenes; realizarán una poesía que ha sido definida como lárica (del latín LARES). Son poetas que cuidan el lenguaje, sin que ello se convierta en una obsesión.
De estos últimos
poetas, destacamos a Felipe Benítez Reyes. Nacido en Rota
(Cádiz), en 1960; ganador de importantes premios poéticos (Luis
Cernuda, Ojo Crítico, Fundación Loewe, Nacional de la Crítica en
1994; Nacional de Poesía en 1996). Sus obras más conocidas como poeta
son Los vanos mundos, La mala compañía, Sombras particulares y
las dos últimas, Vidas improbables (1994) y Equipaje abierto (1996).
En la primera de ellas, el autor crea una serie de apócrifos que
manifiestan diversos tipos de poesías (tradicional, culta,
vanguardista, de la experiencia...), mostrando un hábil dominio de los
diversos registros, con frecuencia con un alto grado de ironía. Equipaje
abierto nos presenta las reflexiones del autor tras regresar de su
viaje por la vida. Los poemas suponen un "pequeño catálogo de
ruinas".
También dentro de esta tendencia los poetas granadinos que suelen
agruparse con el título de una antología común: “La otra sentimentalidad” (1983); Álvaro Salvador, Miguel D’Ors y LUIS
GARCÍA MONTERO (Diario cómplice, 1987)