
Tradicionalmente, los autores de finales del siglo XIX y
principios del XX han sido divididos en dos grupos: modernistas y noventayochistas.
Esta supuesta separación en dos grupos o escuelas se considera hoy superada, y
tanto el Modernismo como la Generación del 98 se contemplan como dos aspectos
de un mismo movimiento literario: la renovación poética de principios del
siglo XX.
Pedro Salinas (1970) considera que tanto Modernismo
como Generación del 98 son términos indistintos que designan al mismo
movimiento cultural. El primero se iniciaría en América y el segundo en
España, ambos a finales del siglo XIX. La separación entre ambas
denominaciones se ha mantenido a lo largo de los años más por razones
didácticas que científicas. No podemos olvidar que algunos autores
supuestamente pertenecientes a la Generación del 98 –como Antonio Machado o
Ramón María del Valle-Inclán– participan igualmente de las preocupaciones,
intereses y estilos propios del Modernismo, ya que las circunstancias
históricas y ambientales fueron las mismas para todos ellos.
El término Modernismo es anterior al de Generación del 98.
Desde finales del siglo XIX se llamó modernistas a todos los autores que
querían renovar el panorama literario anterior: se oponen al Realismo, agotado,
y a la poesía prosaica de finales del siglo XIX (salvo Bécquer y Rosalía de
Castro, que serán tomados como modelos). Este movimiento de renovación nace prácticamente
a la vez en Europa y en América. De todos modos, podemos afirmar que los
primeros fueron los autores hispanoamericanos, representados fundamentalmente
por Rubén Darío.
En un principio el término modernista era despectivo,
es decir, los contrarios a la renovación literaria calificaban de esta manera a
los seguidores de Rubén Darío. Con el tiempo, este término ha perdido el
matiz peyorativo y, como hemos dicho, se utiliza para designar un gran
movimiento de innovación literaria.
El Modernismo –considerado en muchos casos un
neorromanticismo– busca un nuevo lenguaje basado en una nueva sensibilidad, y
rechaza el prosaísmo y la retórica vacía de la literatura anterior. Para
ello, vuelve sus ojos hacia Francia, en concreto hacia dos movimientos
literarios de la segunda mitad del siglo XIX:
> El Parnasianismo,
representado por Théophile Gautier, tiene como lema: el Arte por el Arte,
es decir, la búsqueda de la perfección poética desde un punto de vista
formal, olvidando los contenidos más humanizados. Los temas predilectos de
este movimiento son los mitológicos, la Edad Media o los ambientes exóticos,
que aparecen frecuentemente en la poesía de Rubén Darío y los demás
autores modernistas.
> El Simbolismo,
representado por poetas como Verlaine, Rimbaud o Mallarmé, busca ir más
allá de la realidad, de lo sensible. Pretenden encontrar las
significaciones profundas u ocultas de la realidad, lo que no vemos, los
aspectos correspondientes a los estados de ánimo. Para lograr esta
finalidad aparentemente tan complicada, recurren a los símbolos
(imagen física que sugiere algo no perceptible físicamente). Por ejemplo,
el atardecer simbolizaría la muerte, el agua será la vida, el camino se
correspondería con el paso del tiempo, etc. Además de en Rubén Darío,
estos símbolos aparecen en Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez.
De esta doble vertiente surgen buena parte de las características fundamentales de este movimiento de
renovación poética :
# Culto a la belleza sensorial:
la luz, el color y los efectos sensoriales.
# Gusto por la estrofa pulcra y cuidada. Pretenden que sus poemas tengan una gran musicalidad, y recurren a
ampliar los ritmos y las formas métricas. Siguen usando los metros clásicos
(endecasílabo u octosílabo), pero introducen medidas poco usadas hasta
entonces: el alejandrino, el dodecasílabo (6+6) o el eneasílabo. Además,
utilizan el ritmo de los pies acentuales: dáctilos (óoo), anfíbracos (oóo)
o anapestos (ooó).
# Expresión de lo subjetivo: el
mundo de los sentimientos íntimos, el mundo de los ensueños de la fantasía.
Aun así, temáticamente podemos distinguir dos polos en el Modernismo: la
expresión de lo exterior ajeno al poeta y la intimidad sentimental.
En relación con el primer tema, los autores escriben sobre paisajes,
mujeres hermosas, reyes y príncipes, desfiles, paisajes exóticos. De aquí
podemos deducir la insatisfacción que sienten hacia el mundo en el que
viven, y su afán por escapar y evadirse mediante su poesía. Profesan una
gran devoción por París. El otro polo temático sería la intimidad
sentimental del poeta, una veces vitalista y alegre, y otras triste y melancólica.
El paisaje se corresponderá simbólicamente con el sentimiento del poeta.
Este segundo tema enlaza directamente el Modernismo con el posromanticismo
de Bécquer o Rosalía de Castro.
# Tono aristocrático y exquisito.
# Búsqueda del “Arte por el Arte”, de lo bello como
fin fundamental, lo cual, según Juan Ramón Jiménez, significará “el
encuentro de nuevo con la belleza, sepultada por un tono general de poesía
burguesa”.
Como hemos dicho más arriba, el principal representante del
Modernismo es el nicaragüense Rubén Darío
(1876-1916). De todos modos, no fue el primero, ya que tuvo importantes
antecedentes como el cubano José Martí, los mexicanos Díaz Mirón y Gutiérrez
Nájera, el cubano Julián del Casal y el colombiano José Asunción Silva, pero
sí fue el autor que fijó definitivamente este movimiento a partir de la
publicación, en 1888, de Azul..., obra de gran influencia, compendio de
poemas y pequeños cuentos, que refleja todas las características del
Modernismo repasadas más arriba. Otras dos obras podemos destacar de Rubén Darío:
Prosas profanas (1896), su libro más vitalista y alegre, y Cantos de
vida y esperanza (1905), dividido en tres partes. En la primera, titulada
como el libro, aparecen los poemas de temática hispánica y política, basados
en autores anteriores (Cervantes, Góngora), pintores (Velázquez, Goya) o
hechos históricos (pérdida de las colonias en 1898). La segunda parte,
titulada “Los cisnes”, recoge poemas contrarios al poder que EE.UU. estaba
tomando ya a principios del siglo XX. La tercera parte del libro se titula
“Otros poemas”. La temática es melancólica, triste y amarga.
La influencia de este autor sobre los autores españoles de
principios de siglo es decisiva, e incluso los autores del 27 lo tenían como
uno de sus modelos.
Afirmamos más arriba que el término Modernismo, aplicado
desde el último tercio del siglo XIX, es anterior a la denominación Generación
del 98. Ésta fue aplicada por José Martínez Ruiz, Azorín, a una serie de
autores en cuatro artículos publicados en el diario ABC (después reunidos en
su obra Clásicos y modernos, de 1913). Según Azorín, los autores más
importantes que formarían parte de esta pretendida generación serían: Pío
Baroja, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Valle-Inclán, Antonio Machado y él
mismo. Como vemos, algunos autores, como Antonio Machado o Valle-Inclán,
participan igualmente de las características del Modernismo, lo cual refuerza
la tesis de que en realidad no pueden ser separados Modernismo y 98.
Juan Ramón Jiménez, en un artículo publicado en La voz
el 18 de marzo de 1935, opinó sobre la amplitud del Modernismo: “no fue
solamente una tendencia literaria: el Modernismo fue una tendencia general”.
Ricardo Gullón (1963 y 1969) opina que no pueden ser enfrentadas las denominaciones Modernismo y Generación
del 98, y en todo caso el 98 formaría parte del Modernismo, más complejo y
rico que el noventayochismo. En 1898 Cuba, Puerto Rico y Filipinas, las últimas
colonias de ultramar que aún poseía España consiguieron su independencia,
tras varios años de guerra, con la ayuda de EE.UU.. Este hecho histórico será
reconocido desde entonces como el Desastre del 98 y da lugar a la
decadencia definitiva de España. Se analizan las causas y se intentan buscar
soluciones. A esto se dedicarán los autores encuadrados en el movimiento
modernista denominado Generación del 98.
De todas maneras, y aun entendiendo el Noventayochismo como
un aspecto particular del movimiento general denominado Modernismo, hay algunas
características propias de la Generación del 98 que la individualizan y le dan
personalidad propia.
Nació en Sevilla, aunque en 1883 toda su familia se trasladó a Madrid. Tuvo una formación liberal ya que estudió en la Institución Libre de Enseñanza. A finales del siglo XIX estuvo en París, ciudad en la que conoció de primera mano las nuevas corrientes literarias del momento: Simbolismo y Modernismo. Desde 1907 ejerció como profesor de francés en Soria, donde se casó con Leonor Izquierdo, una muchacha de dieciséis años que murió cinco años después de la boda. Antonio Machado, desesperado, se traslada a Baeza (1912-1919), Segovia y Madrid. Partidario de la República, a medida que las tropas nacionales de Franco avanzaban hacia el este durante la Guerra Civil (1936-1939), vivió sucesivamente en Valencia, Barcelona y, finalmente, Collioure (Francia), un pueblecito cercano a la frontera española, donde murió.
Su
obra poética representa el Modernismo, la superación del mismo, el
noventayochismo poético y la poesía de compromiso social.
1899-1902.
Periodo modernista. Soledades.
Estancia en París. Conoce a Rubén Darío.
1903-1907. Abandono progresivo de los elementos modernistas. Mayor introspección. Soledades. Galerías. Otros Poemas.
1907-1912. Traslado a Soria como catedrático de francés. Conoce a su futura esposa Leonor. Etapa de "noventayochismo tardío". CC. Se casa en 1909. Nueva estancia en París, donde conoce al filósofo Bergson. Leonor muere en 1911.
De
1912 a la Guerra Civil.. Traslado a Baeza Creciente preocupación filosófica
y folklorista. Dedicación casi exclusiva a la prosa. En poesía escribe
Nuevas
Canciones
(1924) y Poesías de guerra
(1936-39) y reedita varias veces sus Poesías
completas (1917, 1933 y 1936). En 1917 se traslada a Segovia. Conoce en
Madrid a "Guiomar". Desde 1924 se enfrenta a Juan R. Jiménez, a la
"Generación del 27" y al llamado "arte puro" vanguardista.
Desde 1931 se compromete públicamente con la II República Española y después
con el Frente Popular. En prosa escribe De
un cancionero apócrifo, Juan
de Mairena y Los
complementarios. En 1937 comienza su huida a Francia, donde muere en
febrero de 1939.
Su primer libro es Soledades
(1902), que perderá su fisonomía original al ser refundido en Soledades.
Galerías.
Otros
Poemas
(1907), es un libro en la línea modernista de las primeras obras de Juan
Ramón Jiménez, que poco tiene que ver con el núcleo de escritores (Unamuno,
etc.) de la "Generación del 98". La posible relación de A.M. con el
Modernismo es una cuestión debatida todavía hoy por la crítica. Al parecer,
su poesía modernista está relacionada con la primera visita de A.M. a París
(ciudad en pleno fervor parnasiano y simbolista) y la amistad que traba allí
con Rubén Darío. Soledades
(1902) se caracteriza por el fuerte cromatismo en su poesía (hay quien
relaciona este libro incluso con Van Gogh y los pintores fauvistas...), las
metáforas típicamente simbolistas y parnasianas (Verlaine como referente
básico). Aparecen, ya aquí, algunos de los símbolos clásicos de A.M.:
jardines, fuentes, el camino, el sueño, etc. Pero el modernismo de A.M. muestra
una peculiaridad: la tendencia a la fusión entre el paisaje y la intimidad del
"yo" poético (el "paisaje del alma", la técnica del
"diálogo" en el poema, etc.). Este fuerte intimismo está sin duda
influenciado por Bécquer y Rosalía de Castro.
Soledades. Galerías. Otros poemas
Éste
segundo libro se caracteriza precisamente por mostrar a un poeta que ha superado
el Modernismo e inicia una evolución más personal. en la que el elemento
característico será la temporalidad.
"Galerías".
Son los poemas que muestran al A.M. con una concepción de lo poético más
personal, que ya ha superado el Modernismo. Por lo general, el tono es mucho más
vago e indeterminado. Suelen hablar de un proceso de introspección que el
hablante ha emprendido en busca de si mismo. Aparecen seres misteriosos (hadas,
manos, etc.) de naturaleza simbólica (pueden significar, por ejemplo, la amada,
la madre, etc.) que guían al hablante en dicha introspección o búsqueda de lo
esencial. Buen ejemplo de ello son poemas como los LXIII, LXIV, LXIX, LXXIX,
etc. Otros símbolos son el del camino (que significa la interiorización, el
autoconocimiento) o el jardín / huerto (dependiendo de si se sale o se llega a
él significa la madre o la tierra de promisión), el agua (con el significado
que ya le dio Jorge Manrique -uno de los poetas preferidos por A.M.- en el s.
XV), las estaciones, el día y la noche, el crepúsculo, etc.
"Otros
poemas".
En estos poemas la perspectiva del hablante se "ensancha". A.M.
comienza a superar el "yo" y comienza a dar paso a lo exterior (la
realidad social, los demás). Se incluyen, además, algunos poemas breves de
naturaleza reflexiva y tonalidad irónica ("Varia",
"Humorismos"). Esta parte del libro enlaza perfectamente con Campos
de Castilla, su siguiente libro. Como ejemplo, proponemos los XLVIII,
LVII y siguientes o el XCVI.
Con este libro, en definitiva, A.M. inicia un camino personal caracterizado por:
La
búsqueda de la esencialidad de las
cosas en los poemas, nunca el esteticismo o el culto gratuito a lo bello. El
tema obsesivo de A.M. a partir de este momento será el
tiempo, pues para A.M. todo está abocado a la muerte.
El
uso de los recursos estilísticos sin
exageraciones, dando al lenguaje poético una apariencia casi coloquial, muy
sencilla y espontánea: imágenes no muy numerosas (y, por cierto, muy
repetitivas), adjetivacón no excesiva, rimas asonantes, etc.
El
uso de las metáforas y otras imágenes poéticas como expresión
de lo inefable, lo intuitivo o emotivo, lo puramente emocional.
La práctica de la poesía como comunicación con los demás, no como mera expresión del "yo" del poeta. Ello le llevará, desde este momento, a enfrentarse con los "poetas puros" vanguardistas (Juan R. Jiménez y los jóvenes del 27), aunque éstos últimos lo reivindicarán como modelo a seguir a partir de 1930. En este sentido, la de A.M. es una poesía "humanizada", frente a las tendencias "deshumanizadoras" (según Ortega y Gasset) del momento.
Campos
de Castilla
En
1911-1912 publica Campos de Castilla [CC], aunque con menos de la
mitad de poemas de los que contiene en la edición de 1917, (ya dentro de las Poesías
Completas).
1.-
El "Autorretrato" en alejandrinos rimados (forma muy extendida en el
libro).
2.-
Una serie de poemas (los más "noventayochistas" del libro)
descriptivos y reflexivos sobre Castilla y su problemática: "A orillas del
Duero", "Por tierras de España", "El hospicio",
"Fantasía iconográfica", "Un criminal" (esbozo de "La
tierra de Alvargonzález"), "Amanecer de otoño", "En
tren", "Noche de verano", "Pascua de resurrección", el
poema en 9 partes titulado "Campos de Soria" y "La tierra de
Alvargonzález".
3.-
La serie "Proverbios y cantares", formada por breves poemas,
reflexiones gnómicas y coplas populares.
4.-
Dos "Elogios".
Campos de Castilla, en definitiva, supone la superación total del "primer" A.M. por una doble vía:
-
la contemplación de un paisaje, que ya no sólo es una prolongación
subjetiva del "yo", sino que también es expresión de la realidad
nacional e histórica y
-
una reflexión teórica
sobre la vida/muerte, el hombre, la poesía y otros grandes temas.
Campos
de Castilla representa, pues, la definitiva apertura de A.M. a la realidad
circundante, olvidando pasado subjetivismos románticos y modernistas. En la
contemplación del paisaje castellano, A.M. contempla también la PRESENCIA
HUMANA, la "otredad" (a partir de ahí se puede explicar el "noventayochismo"
tardío de A.M.). Representa también un aumento de la "actividad
pensante", filosófica, de A.M. (actividad que supera ya ampliamente al
Regeneracionismo y al 98).
Juan
R. Jiménez siente el distanciamiento estético que supone este nuevo libro de
A.M. respecto a sí mismo y lo acusa de apartarse "del
simbolismo y de Bécquer", de "cantar
los campos de Castilla con descripción excesiva y anécdota constante"
(maliciosamente, J.R.J. interpreta esta cambio en A.M. como resultado de sus
ansias por conseguir un sillón en la Real Academia...).
Su
actividad personal se desarrolla en Baeza. El "Poema de un día" nos
lo retrata en su quehacer cotidiano en la ciudad andaluza. Al mismo tiempo, A.M.
se dedica a los estudios, por libre, de Filosofía, examinándose en la
Universidad. de Madrid (donde imparte clases Ortega y Gasset). "España, en
paz" es el poema con el que A.M. saluda por estas fechas la neutralidad
española en la I G. Mundial.
En
esta época, A.M. comienza a manifestar abiertamente su desacuerdo respecto
ala poesía española de aquellos años (especialmente en el caso de JRJ, a
quien acusa de demasiado barroco y exagerado en el uso de las imágenes...).
En
1917 publica una 2ª edición de Campos
de Castilla dentro
de las Poesías completas que
supuso un enriquecimiento formal y temático respecto a la edición primera de
1912: poemas como "El dios ibero", "Un loco", "Orillas
del Duero" o "Las encinas" suponen una prolongación del tema
soriano (tema ya presente en la edición de 1912). Se añaden poemas como
"En tren", "A José Mª Palacio", etc., que continúan el
tema de Soria y de Leonor ya muerta. "Recuerdos" y "En estos
campos dela tierra mía..." suponen la entrada del paisaje andaluz en el
libro. "Noviembre 1913", "Poema de un día", "La
saeta", etc., suponen la recreación poemática de la vida cotidiana de A.M.
en Baeza. "Del pasado efímero" y "El mañana efímero" son
los poemas más claramente "políticos". Además, se añaden en esta
2ª edición. algunos "Elogios", las series "Proverbios y cantares"
y las "Parábolas".
El
poema inicial del próximo libro de A.M. (Nuevas
Canciones), titulado "Olivo del camino", supone, según J. Mª
Valverde, una reflexión del poeta sobre un hecho fundamental: el triunfo de la
revolución soviética (es un poema escrito en estas fechas).
A.M.
va concienciándose, cada vez más, del "anacronismo" que rodea su
figura en los ambientes literario-culturales de la España de la época
(vanguardismos crecientes, etc.). Residirá en Baeza hasta el año 1919,
alternando el trabajo, la poesía y la filosofía (es entonces cuando comienza
el cuaderno filosófico titulado Los
complementarios), que, a partir de ahora, irá llenando más y más la
actividad intelectual de A.M. en detrimento de la poesía...
INTERESANTE ARTÍCULO DE Geoffrey Ribbans SOBRE SOLEDADES Y CAMPOS DE CASTILLA
Nuevas
canciones
Desde
el curso académico 1919-20 hasta 1932 (año en que será destinado a un
instituto madrileño), A.M. reside y trabaja en Segovia.
"Si
vino la primavera
volad
a las flores;
no
chupéis cera".
La
estructura del libro sería ésta:
1.-
Poemas en forma de canción tradicional: "Apuntes", "Hacia tierra
baja" (con algún toque de hai-kai japonés...), "Canciones de tierras
altas", "Canciones".
2.-
La serie "Proverbios y cantares", con reflexiones sobre temas
variados en formas populares.
3.-
El trío de sonetos titulado "Glosando a Ronsard" que, para J.Mª
Valverde, son una presentación de la que luego será "Guiomar"
(negativa del poeta ante la invitación amorosa de una señora desconocida...).
Obra
en prosa
En
estos años de Segovia, A.M. sigue escribiendo, pero en su próximo libro,
titulado De un cancionero apócrifo,
la prosa ya será el elemento dominante sobre el verso. Mientras, el cuaderno Los
complementarios va también creciendo.
En
1925 comienza sus Reflexiones sobre la
lírica, en las que no dejará de fustigar las nuevas concepciones poéticas
que se practican en España.
En
Los complementarios (nótese
el simbolismo del título), A.M. crea dos filósofos apócrifos: Abel
Martín y su discípulo Juan de
Mairena. Con ellos, A.M. desarrolla un amplio discurso filosófico del que,
irónicamente, el propio A.M. no se hace responsable: así, A.M. se distancia de
la filosofía sin dejar de filosofar (su actividad central a partir de ahora).
Juan de Mairena es el discípulo, biógrafo y contradictor de su maestro Abel
Martín... Abel Martín fue ideado por Machado como una síntesis de varios filósofos
del s. XIX, mientras que Mairena nace de diversos pensadores del s. XX. A su
vez, Mairena inventa otro filósofo apócrifo -Jorge Meneses- para que diga
cosas que el propio Mairena/Machado considera propias del futuro. Estos textos
no son sólo filosóficos, pues operan fundamentalmente para la crítica como
glosas de los poemas de A.M.
Poesía
de guerra
Con
la Guerra Civil, A.M. viaja de Madrid a Valencia y a Barcelona, manteniendo
siempre su adhesión al gobierno republicano (pero a ningún partido político
en especial), haciendo beligerantes comentarios sobre la situación
republicana, cada vez más desesperada. A.M. dice aceptar el socialismo, pero
nunca el materialismo marxista.
Nacido en Moguer (Huelva), se autocalificó como Andaluz Universal, título con el que firmó algunas de sus obras. Estudia en El Puerto de Santa María y comienza a pintar y a escribir poesía desde muy joven. Muestra síntomas de una salud débil, lo cual se agrava con la muerte de su padre. En 1900 fue a Madrid a luchar por el Modernismo. De aquí que sea considerado uno de los iniciadores del Modernismo en España. Poco a poco se convierte en un maestro para los demás poetas, que lo admiran y lo siguen. En 1916 se casa con Zenobia Camprubí. Al comenzar la Guerra Civil, se exiliaron a diversos países hispanoamericanos y Juan Ramón Jiménez impartió clases en diversas universidades. Se establecen en Puerto Rico en 1951. Allí, recibió el premio Nobel de literatura en 1956, pero ese mismo año murió su esposa, lo cual sumió al poeta en una profunda depresión. Murió en 1958.
Toda
la poesía de JRJ responde a una sola y misma búsqueda de belleza;
en este sentido puede afirmarse que, a pesar de su muy variada extensión, no
cambia, pero sí evoluciona. Esto es, que puede hallarse un núcleo unificador
de esta evolución Ya en la primera etapa aparece perfilado el carácter metafísico
y también con cierto fondo de tristeza que
marca toda la obra poética de JRJ:
a) su poesía tiene un tono metafísico porque se construye a partir del
intento por hallar una palabra que le permita la entrada a su yo íntimo y a lo
que hay en el exterior (el misterio existencial que envuelve al universo);
b) su poesía tiene un fondo triste
porque más que un intento es una lucha permanente consigo mismo buscando, como
dirá él mismo años más tarde, "el nombre exacto de las cosas",
pero las palabras halladas no le satisfacen, no aciertan a describir la
experiencia vital que él quiere expresar, y se convierte entonces en lo que el
poeta francés Arthur Rimbaud llamaba un "gran enfermo" de la poesía
(coincidente, además, con sus frecuentes estancias en sanatorios
debido a su continuamente delicado estado de salud).
El propio poeta establecía en sus últimos años estas etapas en su producción:
Época sensitiva, época intelectual
(a partir de 1916) y época suficiente o
verdadera (a partir de 1936).
En
esta época se observan a su vez dos etapas:
a) Etapa intimista (Poesía "pura"
en el sentido de sencilla; modernismo intimista y simbolista): Se
observa la gran influencia de Bécquer: visión enigmática, misteriosa de la
existencia humana que envuelve un permanente "diálogo" entre el sueño
creador del poeta y la realidad que le rodea. De este diálogo surge un análisis
de sentimientos que se concibe como una mirada hacia el exterior y hacia su
propia intimidad. Nos presenta cuadros descriptivos, pequeñas escenas
visuales—pero también musicales, a causa del ritmo
del verso— en los que se aprecian los siguientes posibilidades:
Escenas
de la naturaleza y/o recuerdos de experiencias del pasado
1. El poeta se
recrea en contemplaciones de la naturaleza en que la luz del amanecer o del
atardecer, la niebla o la decreciente luminosidad, o incluso la noche, envuelve
el paisaje. Este paisaje, muchas
veces, es símbolo del estado interior del poeta, de su triste "soledad
existencial": el miedo a la muerte, la soledad, la nostalgia, la melancolía,
etc. Contraposición entre dos
extremos: belleza y tristeza
2. La escena presentada en el
poema significa un acto de memoria o recuerdo de experiencias (sobre todo
sentimentales, ¿amorosas?) pertenecientes al pasado. El recuerdo constituye un
síntoma de su nostalgia: desde el presente intenta recuperar ese pasado en que
fue ¿feliz?.
Escenas
"populares"
1. JRJ construye una
ligera estructura narrativa en la que unos personajes sustituyen su yo lírico,
se convierten en protagonistas paralelos de experiencias vitales idénticas a la
suya propia.
2. Mediante estribillos
"populares" construye canciones al modo de la poesía tradicional en
los que dialoga con la naturaleza. La novedad con respecto a los poemas de grupo
1.1. consiste es que el paisaje no es simbólico, sino rural, el correspondiente
a su Moguer natal.
Métrica y
estilo. Abundante empleo de formas arromanzadas (rima
asonante en los versos pares), de formas cancioneriles tradicionales (estribillo
más glosa), etc. Pero también del verso endecasílabo y otras combinaciones métricas
pertenecientes al esquema patrimonial de la poesía española cuartetos,
tercetos, etc. En cuanto al estilo poético: uso matizado de los adjetivos epítetos,
el diálogo con seres de la naturaleza, el paralelismo y sobre todo el empleo de
símbolos y las imágenes sensoriales (colores, luminosidad, sonidos, etc.) _
comprobar si hay sinestesia
(mezcla de términos que se refieren a sensaciones distintas: "dorada música"
dulce verdor", etc).
Los libros principales son "Arias
tristes" (1903). y "Jardines
lejanos"(1904)
b. Los "ropajes modernistas" (1908-1916)
En
realidad asistimos a una segunda depuración de su estilo poético. JRJ intenta
una "nueva visión y nueva expresión de mí mismo y del mundo que me
rodea"; para lo cual parte de los siguientes principios:
Intensificación
del clima espiritual, del fondo "triste" de sus poemas:
poseído por la nostalgia de un tiempo diferente, intenta mediante el recuerdo y
el ensueño la creación de un mundo ideal que le salve de la vulgaridad
cotidiana y cuya idealidad se identifica a menudo con el deseo sexual. Sin
embargo, este mundo ideal se enfrenta casi siempre con la amenaza de la muerte.
Influido por el pensamiento krausista, pone en escena un
nuevo bucolismo
que une dos tradiciones: la clásica pastoril (el locus
amoenus)y la del simbolismo francés (el jardín y el paisaje
que le rodea como representaciones de estados de ánimo), con la conciencia de
que esa naturaleza simbólica lleva dentro un mensaje para ser nombrado, pero
que no encuentra el lenguaje, las palabras adecuadas para ello.
En esta etapa JRJ se inicia paulatinamente en la dirección
metafísica de su poesía que ya no abandonará nunca; más
concretamente, el conflicto entre lo eterno e inmutable y lo temporal y
mutable. Esta dirección metafísica presenta tres variantes, algunas de las
cuales, en cierto modo, continúan una línea trazada también en Platero
y yo:
1. La
preocupación religiosa que le hace oscilar entre la oración
y el lamento.
2. La
preocupación erótica hacia experiencias ya vividas, debatiéndose
entre el recuerdo nostálgico y el arrepentimiento.
3. La
preocupación social que apunta hacia lo histórico y político
(denuncia de la vulgaridad burguesa) y hacia una solidaridad humanitaria contra
la pobreza y la enfermedad.
Métrica y estilo. La métrica de
los poemas de esta etapa presenta una gran heterogeneidad:
a)
uso frecuente del típico verso alejandrino de los modernistas en variadas
combinaciones como sonetos serventesios y tercetos o incluso en formas
arromanzadas con rima asonante en los versos pares).
b)
Pero tampoco se abandona el uso del octosílabo ni el verso de arte menor.
c)
JRJ construye combinaciones originales como en el poema El
viaje definitivo (verso sin medida fija pero monorrimo asonante,
imitando el esquema del Poema de Mío Cid).
En cuanto al estilo se intensifica en muchos poemas el uso de los adjetivos epítetos,
de las sinestesias (mezcla de términos alusivos a sensaciones diferentes), de
las imágenes coloristas, etc.
De esta época son "La
soledad sonora"(1911), "Poemas
agrestes" (1910-1911), "Sonetos
espirituales (1914-15)", y también el libro de
prosa poética "Platero
y yo" (1914).; "Laberinto"
(1913) muestra ya el camino metafísico que seguirá luego la poesía de JRJ, y "Estío"
de 1916 marca ya un cambio hacia la poesía conceptual y formalmente sencilla.
Época intelectual: la "poesía desnuda" o "pura"(de 1916 a 1936)
El regreso a Madrid
y el noviazgo-boda con Zenobia Camprubí marcan el comienzo de una nueva etapa
en la que abre paso, como solución al conflicto estético, metafísico y ético
que latía en JRJ: la irrealizable armonía entre el mundo interior (yo) y el
mundo exterior. Por influjo de Ortega y Gasset, JRJ evoluciona hacia un nuevo vitalismo
poético consistente en:
# Modificación
expresiva de la relación yo-mundo: del cuadro
descriptivo, de la escena pictórica se pasa a la "realidad desnuda".
Es decir, el mundo pasa de ser "objeto", que expresaba estados
sentimentales del mundo interior del poeta, para convertirse en
"sujeto" o portador del misterio profundo de la existencia.
#
Nuevo simbolismo: partiendo del simbolismo francés, las cosas
son un "universo de símbolos" que había que descifrar e interpretar
mediante la poesía. La novedad consiste en que JRJ da un paso más hacia
delante en la búsqueda de ese más allá desconocido: las cosas son el vestido
y JRJ busca el desnudo que hay tras ellas, después de haberlas liberado del
tiempo y del espacio que las rodean.
De este vitalismo
poético surgen nuevos mecanismos de expresión poética:
>
"El nombre
exacto de las cosas". Invención de la palabra
"desnuda" que simbolice el desnudo" que las cosas ocultan.
>
La
"desnudez"
de la palabra se extiende a todos los niveles de la expresión poética:
fónico-rítmico, léxico temático...
Como la esencia de la nueva realidad ya no radica en las cosas, sino en la
experiencia del yo descubriendo la verdad oculta y desnuda de las cosas, y como
esta experiencia sólo es posible mediante cada acto de creación poética o
poema, éste
evoluciona de ser un cuadro o escena para convertirse en un
fragmento de realidad donde se expresa el resultado de cada
experiencia-poema: consecuencia: breve extensión de los poemas que
tratan cuatro realidades:
1.
Poemas-fragmentos
que aluden a la vida urbana y que "desnudan" el caos de
objetos de la sociedad tecnológica de las ciudades.
2. Poemas-fragmentos
que aluden a su
experiencia amorosa y que consideran el amor de pareja en un presente
continuo, casi eterno.
3.
Poemas-fragmentos que
aluden a experiencias vitales de
conocimiento con las cosas-símbolos
(el mar. la rosa).
4. Poemas-fragmentos
que aluden a
experiencias "irracionales": sueños, fantasías sobre la eternidad,
la lucha continua entre la brevedad de la vida y la inevitable muerte.
El poema como medio de crear una "realidad invisible" pero que supera
la amenaza del tiempo y de la muerte.
Métrica
y estilo. Empleo del verso
libre y de la prosa
también. Ausencia casi total de adjetivos, de metáforas y demás artificios poéticos.
Aunque abundan repeticiones, paralelismos, la
apóstrofe (dirigirse a un tú real o imaginario) y las exclamaciones.
La nueva etapa viene marcada por la publicación en 1916 de "Diario
de un poeta recién casado".
En él quiso recoger todas su experiencias y contar sus impresiones, sin
ocultarlas bajo ningún ropaje. Es el camino hacia la poesía desnuda. Prefiere
los poemas breves y sin rima: surge así el verso libre. De esta época es también
"Eternidades"
(1918) y "Piedra
y cielo" (1919), "Poesía"
(1923), "Belleza"
(1923); "La
estación total", publicada en Buenos Aires en
1946, recoge los poemas escritos entre 1923 y 1936, recoge poemas de índole
metafísica, lo que será la característica de la última etapa.
A
partir de 1936 avanza hacia una poesía cada vez más compleja y metafísica en
torno a los grandes temas: la poesía, Dios y la eternidad (unidad profunda de
todo lo existente, la visión panteísta de la realidad, la conciencia del poeta
como dios que da sentido al mundo). De esta época es "Animal
de fondo" (1946),y "Dios
deseado y deseante" (1948-1949).
Se llega a algo así cono una lógica simbólica de la poesía en la cual
las cosas, los objetos de la realidad –cada vez– más abstractos. piedra,
cielo, mar– están representados por signos que apuntan a la conciencia de lo
real La realidad misma desaparece, pues del poema, queda abstraída en la
palabra y el concepto Esta poesía no nos enfrenta con la realidad sino con la
contemplación intelectual de la realidad (y cuando el tema de la poesía es la
poesía misma, con la contemplación de la contemplación).
La dificultad aumenta pues el mismo Juan Ramón escribe "Para mí la poesía
ha estado íntimamente fundida con mi existencia y no ha sido poesía objetiva
casi nunca". Una poesía así no es, en rigor, filosófica. Y su
subjetivismo e inmanencia hace difícil su intelección, puesto que se halla
despojada de argumento y de la anécdota ("Yo he desdeñado siempre y cada
día más el asunto…") y habla directamente al espíritu. En Juan Ramón
la realidad se resuelve en subjetividad, la trascendencia en imanencia. El
"dios deseado y deseante" de Juan Ramón no es otro que el propio
poeta o su conciencia o la plasmación de ella en su obra: "¿Qué es Dios
sino un temblor que tenemos dentro, una inmanencia de lo inefable?".
Los temas de esta poesía son muy pocos; en esencia se reducen a uno, ya que su
actividad contemplativa de poeta –la obra–, ya sea el ansia de totalidad, de
eternidad que empareja a Juan Ramón con Unamuno, por distinta que resulte su
respectiva concepción de lo eterno, ya sean en fin, los principios universales
–mar, cielo, luz, aire, agua, tierra, fuego–, o las "criaturas
afortunadas" de un modo paradisíaco con que el poeta comulga en un acto de
religiosidad panteísta: "¿Y cómo no había de estarlo en lo místico
panteísta la forma suprema de lo bello para mí? No que yo haga poesía
religiosa usual;
al revés, lo poético lo considero cono profundamente
religioso…"
Signo de misticismo poético de Juan Ramón en su última época es el uso de
muchos neologismos y términos compuestos que complican el lenguaje, pero que
resultan la única expresión apropiada para exteriorizar una experiencia
religiosa.
Entre su bella prosa poética, destaca el delicioso libro Platero
y yo (l914), emocionada alegoría a un borriquillo, escrita en un estilo
musical, durante los años de su etapa modernista. Lirismo, ternura, comunión
con la naturaleza son las notas de esta obra tan célebre en todo el mundo. Es
una obra impregnada de hondo amor por la naturaleza y por las humildes
criaturas. Este libro es una grácil "alegría andaluza". No hay que
olvidar que Juan Ramón fue el "descubridor de Andalucía", como la
generación del 98 lo fue de Castilla.
Juan Ramón también escribió tiernas Historias para niños sin corazón
y otros inolvidables poemas infantiles. Todo ello acompañado de su vasta
producción poética, hace de nuestro autor un poeta humano, que no vuelve la
espalda a la vida.
En prosa se halla la colección de certeros retratos literarios titulada Españoles
de tres mundos y El Modernismo.
Publica Alma en 1902. Enlaza su poesía con la de Rubén Darío y Verlaine. Representa el andalucismo tradicional y, dentro del Modernismo, fundamentalmente el Simbolismo. Encarna la corriente vagamente intimista y melancólica del Modernismo. Entre sus poemas encontramos temáticas ligeras y desenfadadas, folclóricas, además de una poesía de gran perfección técnica sobre temas pictóricos. Es un maestro en la mezcla de lo culto y lo popular, lo clásico y lo moderno. Otras obras destacadas son El mal poema (1909), Apolo (1911), Cante hondo (1912) y Ars moriendi (1921).
Es uno de los iniciadores del Modernismo en España. Al ser amigo de Rubén Darío, pudo introducir en nuestro país sus novedades literarias de primera mano. Representa el Modernismo tópico, sistematizado en las principales revistas y en una gran cantidad de obras, entre las que destacamos La musa enferma (1901) y Tristitiae rerum (1906).
Publica su primer libro en verso en 1907, titulado Aromas de leyenda, de influencia modernista, en concreto de Rubén Darío. En La pipa de kif (1919) aparecen temas esperpénticos, con rima estrambótica y deformación caricaturesca, aunque aún bajo los supuestos modernistas.
No ha sido valorado suficientemente en lo que a su poesía se refiere. El propio Antonio Machado se mostró en deuda con él. Los temas fundamentales de su poesía son los mismos que los de su prosa: la preocupación religiosa, el paisaje castellano, la regeneración nacional. Entre sus obras destacan Poesías (1907), El Cristo de Velázquez (1920), Teresa (1924) y su Cancionero (1928-1929).
Otros poetas modernistas destacados son Salvador Rueda, Ricardo Gil y Manuel Reina.
Salinas, Pedro (1970): Literatura
española del siglo XX, Alianza, Madrid
Gullón, Ricardo (1969): La
invención del 98 y otros ensayos.
Gredos, Madrid.
Gullón, Ricardo (1963). Direcciones
del modernismo. Gredos, Madrid.
Cernuda, Luis (1957): Estudios sobre poesía
española contemporánea, Guadarrama, Madrid, 136-152