La renovación de la lírica española: final del siglo XIX y principios del XX

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Modernismo y Generación del 98

Tradicionalmente, los autores de finales del siglo XIX y principios del XX han sido divididos en dos grupos: modernistas y noventayochistas. Esta supuesta separación en dos grupos o escuelas se considera hoy superada, y tanto el Modernismo como la Generación del 98 se contemplan como dos aspectos de un mismo movimiento literario: la renovación poética de principios del siglo XX.
Pedro Salinas (1970) considera que tanto Modernismo como Generación del 98 son términos indistintos que designan al mismo movimiento cultural. El primero se iniciaría en América y el segundo en España, ambos a finales del siglo XIX. La separación entre ambas denominaciones se ha mantenido a lo largo de los años más por razones didácticas que científicas. No podemos olvidar que algunos autores supuestamente pertenecientes a la Generación del 98 –como Antonio Machado o Ramón María del Valle-Inclán– participan igualmente de las preocupaciones, intereses y estilos propios del Modernismo, ya que las circunstancias históricas y ambientales fueron las mismas para todos ellos.
El término Modernismo es anterior al de Generación del 98. Desde finales del siglo XIX se llamó modernistas a todos los autores que querían renovar el panorama literario anterior: se oponen al Realismo, agotado, y a la poesía prosaica de finales del siglo XIX (salvo Bécquer y Rosalía de Castro, que serán tomados como modelos). Este movimiento de renovación nace prácticamente a la vez en Europa y en América. De todos modos, podemos afirmar que los primeros fueron los autores hispanoamericanos, representados fundamentalmente por Rubén Darío.
En un principio el término modernista era despectivo, es decir, los contrarios a la renovación literaria calificaban de esta manera a los seguidores de Rubén Darío. Con el tiempo, este término ha perdido el matiz peyorativo y, como hemos dicho, se utiliza para designar un gran movimiento de innovación literaria.
El Modernismo –considerado en muchos casos un neorromanticismo– busca un nuevo lenguaje basado en una nueva sensibilidad, y rechaza el prosaísmo y la retórica vacía de la literatura anterior. Para ello, vuelve sus ojos hacia Francia, en concreto hacia dos movimientos literarios de la segunda mitad del siglo XIX:
> El Parnasianismo, representado por Théophile Gautier, tiene como lema: el Arte por el Arte, es decir, la búsqueda de la perfección poética desde un punto de vista formal, olvidando los contenidos más humanizados. Los temas predilectos de este movimiento son los mitológicos, la Edad Media o los ambientes exóticos, que aparecen frecuentemente en la poesía de Rubén Darío y los demás autores modernistas.
> El Simbolismo, representado por poetas como Verlaine, Rimbaud o Mallarmé, busca ir más allá de la realidad, de lo sensible. Pretenden encontrar las significaciones profundas u ocultas de la realidad, lo que no vemos, los aspectos correspondientes a los estados de ánimo. Para lograr esta finalidad aparentemente tan complicada, recurren a los símbolos (imagen física que sugiere algo no perceptible físicamente). Por ejemplo, el atardecer simbolizaría la muerte, el agua será la vida, el camino se correspondería con el paso del tiempo, etc. Además de en Rubén Darío, estos símbolos aparecen en Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez.

De esta doble vertiente surgen buena parte de las características fundamentales de este movimiento de renovación poética :
# Culto a la belleza sensorial: la luz, el color y los efectos sensoriales.
# Gusto por la estrofa pulcra y cuidada. Pretenden que sus poemas tengan una gran musicalidad, y recurren a ampliar los ritmos y las formas métricas. Siguen usando los metros clásicos (endecasílabo u octosílabo), pero introducen medidas poco usadas hasta entonces: el alejandrino, el dodecasílabo (6+6) o el eneasílabo. Además, utilizan el ritmo de los pies acentuales: dáctilos (óoo), anfíbracos (oóo) o anapestos (ooó).
# Expresión de lo subjetivo: el mundo de los sentimientos íntimos, el mundo de los ensueños de la fantasía. Aun así, temáticamente podemos distinguir dos polos en el Modernismo: la expresión de lo exterior ajeno al poeta y la intimidad sentimental.  En relación con el primer tema, los autores escriben sobre paisajes, mujeres hermosas, reyes y príncipes, desfiles, paisajes exóticos. De aquí podemos deducir la insatisfacción que sienten hacia el mundo en el que viven, y su afán por escapar y evadirse mediante su poesía. Profesan una gran devoción por París.  El otro polo temático sería la intimidad sentimental del poeta, una veces vitalista y alegre, y otras triste y melancólica. El paisaje se corresponderá simbólicamente con el sentimiento del poeta. Este segundo tema enlaza directamente el Modernismo con el posromanticismo de Bécquer o Rosalía de Castro.
# Tono aristocrático y exquisito.
# Búsqueda del “Arte por el Arte”, de lo bello como fin fundamental, lo cual, según Juan Ramón Jiménez, significará “el encuentro de nuevo con la belleza, sepultada por un tono general de poesía burguesa”.

Como hemos dicho más arriba, el principal representante del Modernismo es el nicaragüense Rubén Darío (1876-1916). De todos modos, no fue el primero, ya que tuvo importantes antecedentes como el cubano José Martí, los mexicanos Díaz Mirón y Gutiérrez Nájera, el cubano Julián del Casal y el colombiano José Asunción Silva, pero sí fue el autor que fijó definitivamente este movimiento a partir de la publicación, en 1888, de Azul..., obra de gran influencia, compendio de poemas y pequeños cuentos, que refleja todas las características del Modernismo repasadas más arriba. Otras dos obras podemos destacar de Rubén Darío: Prosas profanas (1896), su libro más vitalista y alegre, y Cantos de vida y esperanza (1905), dividido en tres partes. En la primera, titulada como el libro, aparecen los poemas de temática hispánica y política, basados en autores anteriores (Cervantes, Góngora), pintores (Velázquez, Goya) o hechos históricos (pérdida de las colonias en 1898). La segunda parte, titulada “Los cisnes”, recoge poemas contrarios al poder que EE.UU. estaba tomando ya a principios del siglo XX. La tercera parte del libro se titula “Otros poemas”. La temática es melancólica, triste y amarga.
La influencia de este autor sobre los autores españoles de principios de siglo es decisiva, e incluso los autores del 27 lo tenían como uno de sus modelos.

Afirmamos más arriba que el término Modernismo, aplicado desde el último tercio del siglo XIX, es anterior a la denominación Generación del 98. Ésta fue aplicada por José Martínez Ruiz, Azorín, a una serie de autores en cuatro artículos publicados en el diario ABC (después reunidos en su obra Clásicos y modernos, de 1913). Según Azorín, los autores más importantes que formarían parte de esta pretendida generación serían: Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Valle-Inclán, Antonio Machado y él mismo. Como vemos, algunos autores, como Antonio Machado o Valle-Inclán, participan igualmente de las características del Modernismo, lo cual refuerza la tesis de que en realidad no pueden ser separados Modernismo y 98.
Juan Ramón Jiménez, en un artículo publicado en La voz el 18 de marzo de 1935, opinó sobre la amplitud del Modernismo: “no fue solamente una tendencia literaria: el Modernismo fue una tendencia general”.
Ricardo Gullón (1963 y 1969) opina que no pueden ser enfrentadas las denominaciones Modernismo y Generación del 98, y en todo caso el 98 formaría parte del Modernismo, más complejo y rico que el noventayochismo. En 1898 Cuba, Puerto Rico y Filipinas, las últimas colonias de ultramar que aún poseía España consiguieron su independencia, tras varios años de guerra, con la ayuda de EE.UU.. Este hecho histórico será reconocido desde entonces como el Desastre del 98 y da lugar a la decadencia definitiva de España. Se analizan las causas y se intentan buscar soluciones. A esto se dedicarán los autores encuadrados en el movimiento modernista denominado Generación del 98.
De todas maneras, y aun entendiendo el Noventayochismo como un aspecto particular del movimiento general denominado Modernismo, hay algunas características propias de la Generación del 98 que la individualizan y le dan personalidad propia.

Antonio Machado (1875-1939)

Nació en Sevilla, aunque en 1883 toda su familia se trasladó a Madrid. Tuvo una formación liberal ya que estudió en la Institución Libre de Enseñanza. A finales del siglo XIX estuvo en París, ciudad en la que conoció de primera mano las nuevas corrientes literarias del momento: Simbolismo y Modernismo. Desde 1907 ejerció como profesor de francés en Soria, donde se casó con Leonor Izquierdo, una muchacha de dieciséis años que murió cinco años después de la boda. Antonio Machado, desesperado, se traslada a Baeza (1912-1919), Segovia y Madrid. Partidario de la República, a medida que las tropas nacionales de Franco avanzaban hacia el este durante la Guerra Civil (1936-1939), vivió sucesivamente en Valencia, Barcelona y, finalmente, Collioure (Francia), un pueblecito cercano a la frontera española, donde murió.

Su obra poética representa el Modernismo, la superación del mismo, el noventayochismo poético y la poesía de compromiso social. La obra de A. Machado parte de una tradición cultural heredada en su infancia: el liberalismo del s. XIX. En general, podrían verse las siguientes etapas en la vida y obra de A.M.:

 1899-1902. Periodo modernista. Soledades. Estancia en París. Conoce a Rubén Darío.

 1903-1907. Abandono progresivo de los elementos modernistas. Mayor introspección. Soledades. Galerías. Otros Poemas.

 1907-1912.  Traslado a Soria como catedrático de francés. Conoce a su futura esposa Leonor. Etapa de "noventayochismo tardío". CC. Se casa en 1909. Nueva estancia en París, donde conoce al filósofo Bergson. Leonor muere en 1911.

 De 1912 a la Guerra Civil.. Traslado a Baeza Creciente preocupación filosófica y folklorista. Dedicación casi exclusiva a la prosa. En poesía escribe Nuevas Canciones (1924) y Poesías de guerra (1936-39) y reedita varias veces sus Poesías completas (1917, 1933 y 1936). En 1917 se traslada a Segovia. Conoce en Madrid a "Guiomar". Desde 1924 se enfrenta a Juan R. Jiménez, a la "Generación del 27" y al llamado "arte puro" vanguardista. Desde 1931 se compromete públicamente con la II República Española y después con el Frente Popular. En prosa escribe De un cancionero apócrifo, Juan de Mairena y Los complementarios. En 1937 comienza su huida a Francia, donde muere en febrero de 1939.


Su primer libro es Soledades (1902), que perderá su fisonomía original al ser refundido en
Soledades. Galerías. Otros Poemas (1907), es un libro en la línea modernista de las primeras obras de Juan Ramón Jiménez, que poco tiene que ver con el núcleo de escritores (Unamuno, etc.) de la "Generación del 98". La posible relación de A.M. con el Modernismo es una cuestión deba­tida todavía hoy por la crítica. Al parecer, su poesía modernista está relacionada con la primera visita de A.M. a París (ciudad en pleno fervor parnasiano y simbolista) y la amistad que traba allí con Rubén Darío. Soledades (1902) se caracteriza por el fuerte cromatismo en su poesía (hay quien relaciona este libro incluso con Van Gogh y los pintores fauvistas...), las metáforas típicamente simbolistas y parnasianas (Verlaine como referente básico). Aparecen, ya aquí, algunos de los símbolos clásicos de A.M.: jardines, fuentes, el camino, el sueño, etc. Pero el modernismo de A.M. muestra una peculiaridad: la tendencia a la fusión entre el paisaje y la intimidad del "yo" poético (el "paisaje del alma", la técnica del "diálogo" en el poema, etc.). Este fuerte intimismo está sin duda influenciado por Bécquer y Rosalía de Castro. El tema dominante de este primer libro es el de la primavera (posiblemente por oposición al otoño típico de Verlaine). Sobre todo, el mes de Abril con tonos melancólicos. En definitiva, este libro de 1902, refundido en 1907, tiene  importancia para la crítica por mostrar la etapa plenamente modernista del poeta en esos poemas que, precisamente, luego eliminará en su siguiente libro: Soledades. Galerías. Otros Poemas (1907).

Soledades. Galerías. Otros poemas

Éste segundo libro se caracteriza precisamente por mostrar a un poeta que ha superado el Modernismo e inicia una evolución más personal. en la que el elemento característico será la temporalidad. La estructura del libro es la siguiente:

  "Soledades". Son los poemas "salvados" por A.M. de su primer libro. Los salva, precisamente, por ser los menos modernistas, pero aún así podemos ver en ellos rasgos típicos de tal movimiento estético: variedad métrica, fragmentario, lo momentáneo, lo sensorial (colorido, luz, etc.), los paisajes inanimados (estatismo, quietud, etc.). Son poemas muy visuales, fácilmente calificables como estampas impresionistas. Composiciones todas ellas muy teñidas de subjetivismo (el paisaje no es más que una objetivación del estado anímico del hablante), en las que se utiliza más a menudo la sugerencia que los símbolos o las imágenes (que en A.M. pueden ser monosémicas o disémicas). Se trata de poemas donde se huye de todo tipo de exceso. Este tipo de poemas reaparecen muy aisladamente en las otras partes del libro. Poemas típicos son los X, XV, XXIV, XXXII, XXXIII, etc.

 "Galerías". Son los poemas que muestran al A.M. con una concepción de lo poético más personal, que ya ha superado el Modernismo. Por lo general, el tono es mucho más vago e indeterminado. Suelen hablar de un proceso de introspección que el hablante ha emprendido en busca de si mismo. Aparecen seres misteriosos (hadas, manos, etc.) de naturaleza simbólica (pueden significar, por ejemplo, la amada, la madre, etc.) que guían al hablante en dicha introspección o búsqueda de lo esencial. Buen ejemplo de ello son poemas como los LXIII, LXIV, LXIX, LXXIX, etc. Otros símbolos son el del camino (que significa la interiorización, el autoconocimiento) o el jardín / huerto (dependiendo de si se sale o se llega a él significa la madre o la tierra de promisión), el agua (con el significado que ya le dio Jorge Manrique -uno de los poetas preferidos por A.M.- en el s. XV), las estaciones, el día y la noche, el crepúsculo, etc.

"Otros poemas". En estos poemas la perspectiva del hablante se "ensancha". A.M. comienza a superar el "yo" y comienza a dar paso a lo exterior (la realidad social, los demás). Se incluyen, además, algunos poemas breves de naturaleza reflexiva y tonalidad irónica ("Varia", "Humorismos"). Esta parte del libro enlaza perfectamente con Campos de Castilla, su siguiente libro. Como ejemplo, proponemos los XLVIII, LVII y siguientes o el XCVI.

Con este libro, en definitiva, A.M. inicia un camino personal caracterizado por:

La búsqueda de la esencialidad de las cosas en los poemas, nunca el esteticismo o el culto gratuito a lo bello. El tema obsesivo de A.M. a partir de este momento será el tiempo, pues para A.M. todo está abocado a la muerte.

El uso de los recursos estilísticos sin exageraciones, dando al lenguaje poético una apariencia casi coloquial, muy sencilla y espontánea: imágenes no muy numerosas (y, por cierto, muy repetitivas), adjetivacón no excesiva, rimas asonantes, etc.

El uso de las metáforas y otras imágenes poéticas como expresión de lo inefable, lo intuitivo o emotivo, lo puramente emocional.

La práctica de la poesía como comunicación con los demás, no como mera expresión del "yo" del poeta. Ello le llevará, desde este momento, a enfrentarse con los "poetas puros" vanguardistas (Juan R. Jiménez y los jóvenes del 27), aunque éstos últimos lo reivindicarán como modelo a seguir a partir de 1930. En este sentido, la de A.M. es una poesía "humanizada", frente a las tendencias "deshumanizadoras" (según Ortega y Gasset) del momento.

Campos de Castilla

En 1911-1912 publica Campos de Castilla [CC], aunque con menos de la mitad de poemas de los que contiene en la edición de 1917, (ya den­tro de las Poesías Completas). La estructura del libro en 1912 era la siguiente:

1.- El "Autorretrato" en alejandrinos rimados (forma muy exten­dida en el libro).

2.- Una serie de poemas (los más "noventayochistas" del libro) descriptivos y reflexivos sobre Castilla y su problemática: "A orillas del Duero", "Por tierras de España", "El hospicio", "Fantasía iconográfica", "Un criminal" (esbozo de "La tierra de Alvargonzález"), "Amanecer de otoño", "En tren", "Noche de verano", "Pascua de resurrección", el poema en 9 partes titulado "Campos de Soria" y "La tierra de Alvargonzález".

3.- La serie "Proverbios y cantares", formada por breves poemas, reflexiones gnómicas y coplas populares.

4.- Dos "Elogios".

Campos de Castilla, en definitiva, supone la superación total del "primer" A.M. por una doble vía:

- la contemplación de un paisaje, que ya no sólo es una prolongación subjetiva del "yo", sino que también es expresión de la realidad nacional e histórica y

 - una reflexión teórica sobre la vida/muerte, el hombre, la poesía y otros grandes temas.

Campos de Castilla representa, pues, la definitiva apertura de A.M. a la reali­dad circundante, olvidando pasado subjetivismos románticos y moder­nistas. En la contemplación del paisaje castellano, A.M. contempla también la PRESENCIA HUMANA, la "otredad" (a partir de ahí se puede explicar el "noventayochismo" tardío de A.M.). Representa también un aumento de la "actividad pensante", filosófica, de A.M. (actividad que supera ya ampliamente al Regeneracionismo y al 98).

Juan R. Jiménez siente el distanciamiento estético que supone este nuevo libro de A.M. respecto a sí mismo y lo acusa de apartarse "del simbolismo y de Bécquer", de "cantar los campos de Castilla con descrip­ción excesiva y anécdota constante" (maliciosamente, J.R.J. interpreta esta cambio en A.M. como resultado de sus ansias por conseguir un si­llón en la Real Academia...).

Su actividad personal se desarrolla en Baeza. El "Poema de un día" nos lo retrata en su quehacer cotidiano en la ciudad andaluza. Al mismo tiempo, A.M. se dedica a los estudios, por libre, de Filoso­fía, examinándose en la Universidad. de Madrid (donde imparte clases Ortega y Gasset). "España, en paz" es el poema con el que A.M. saluda por es­tas fechas la neutralidad española en la I G. Mundial.

En esta época, A.M. comienza a manifestar abiertamente su desa­cuerdo respecto ala poesía española de aquellos años (especialmente en el caso de JRJ, a quien acusa de demasiado barroco y exagerado en el uso de las imágenes...).

En 1917 publica una 2ª edición de Campos de Castilla dentro de las Poesías completas que supuso un enriquecimiento formal y temático respecto a la edición primera de 1912: poemas como "El dios ibero", "Un loco", "Orillas del Duero" o "Las encinas" suponen una prolongación del tema soriano (tema ya presente en la edición de 1912). Se añaden poemas como "En tren", "A José Mª Palacio", etc., que continúan el tema de Soria y de Leonor ya muerta. "Recuerdos" y "En estos campos dela tierra mía..." suponen la entrada del paisaje andaluz en el libro. "Noviembre 1913", "Poema de un día", "La saeta", etc., suponen la recreación poemática de la vida cotidiana de A.M. en Baeza. "Del pasado efímero" y "El mañana efímero" son los poemas más claramente "políticos". Además, se aña­den en esta 2ª edición. algunos "Elogios", las series "Proverbios y can­tares" y las "Parábolas".

El poema inicial del próximo libro de A.M. (Nuevas Canciones), titulado "Olivo del camino", supone, según J. Mª Valverde, una reflexión del poeta sobre un hecho fundamental: el triunfo de la revolución soviética (es un poema escrito en estas fechas).

A.M. va concienciándose, cada vez más, del "anacronismo" que ro­dea su figura en los ambientes literario-culturales de la España de la época (vanguardismos crecientes, etc.). Residirá en Baeza hasta el año 1919, alternando el trabajo, la poesía y la filosofía (es en­tonces cuando comienza el cuaderno filosófico titulado Los complementarios), que, a partir de ahora, irá llenando más y más la activi­dad intelectual de A.M. en detrimento de la poesía...

 

 

INTERESANTE ARTÍCULO DE Geoffrey Ribbans SOBRE SOLEDADES Y CAMPOS DE CASTILLA

 

Nuevas canciones

Desde el curso académico 1919-20 hasta 1932 (año en que será destinado a un instituto madrileño), A.M. reside y trabaja en Segovia. En 1924 publica Nuevas canciones [NC] (último libro compuesto predominantemente en verso), escrito entre los últimos años de Baeza y los primeros de Segovia. En él, A.M. reafirma su opinión contraria (y "anacrónica", pero también profética) respecto a la naciente "poesía pura" vanguardista , al arte como "sport" inútil y como re-elaboración de materiales previamente artísticos y no naturales... Ello queda resumido en este breve poemilla:

"Si vino la primavera

volad a las flores;

no chupéis cera".

La estructura del libro sería ésta:

1.- Poemas en forma de canción tradicional: "Apuntes", "Hacia tierra baja" (con algún toque de hai-kai japonés...), "Canciones de tierras altas", "Canciones".

2.- La serie "Proverbios y cantares", con reflexiones sobre te­mas variados en formas populares.

3.- El trío de sonetos titulado "Glosando a Ronsard" que, para J.Mª Valverde, son una presentación de la que luego será "Guiomar" (negativa del poeta ante la invitación amorosa de una señora desco­nocida...).

 Obra en prosa

En estos años de Segovia, A.M. sigue escribiendo, pero en su próximo libro, titulado De un cancionero apócrifo, la prosa ya será el elemento dominante sobre el verso. Mientras, el cuaderno Los com­plementarios va también creciendo.

En 1925 comienza sus Reflexiones sobre la lírica, en las que no dejará de fustigar las nuevas concep­ciones poéticas que se practican en España.

En Los complementarios (nótese el simbolismo del título), A.M. crea dos filósofos apócrifos: Abel Martín y su discípulo Juan de Mairena. Con ellos, A.M. desarrolla un amplio discurso filosófico del que, irónicamente, el propio A.M. no se hace responsable: así, A.M. se distancia de la filosofía sin dejar de filosofar (su actividad cen­tral a partir de ahora). Juan de Mairena es el discípulo, biógrafo y contradictor de su maestro Abel Martín... Abel Martín fue ideado por Machado como una síntesis de varios filósofos del s. XIX, mientras que Mairena nace de diversos pensado­res del s. XX. A su vez, Mairena inventa otro filósofo apócrifo -Jorge Meneses- para que diga cosas que el propio Mairena/Machado considera propias del futuro. Estos textos no son sólo filosóficos, pues operan fundamentalmente para la crítica como glosas de los poe­mas de A.M.

  Entre los años 1926-28, se sitúa tradicionalmente la irrupción de "Guiomar"  en la vida y poesía de A.M., quien la conoció, parece ser, en Segovia. Según la crítica, estos poemas son algunos de los más confusos de la obra poética de A.M. En 1932 A.M. pasa a varios institutos  de Madrid, donde traba­jará hasta 1936. Durante estos últimos años, la atención pública pa­rece volver sobre el poeta. En 1933 y 1936 se re-editan sus PC con los últimos añadidos que pudo poner A.M. Publica en la prensa varios textos de su Juan de Mairena.

 

Poesía de guerra

Con la Guerra Civil, A.M. viaja de Madrid a Valencia y a Barce­lona, manteniendo siempre su adhesión al gobierno republicano (pero a ningún partido político en especial), haciendo beligerantes comen­tarios sobre la situación republicana, cada vez más desesperada. A.M. dice aceptar el socialismo, pero nunca el materialismo marxista.

  Durante los años de la guerra, A.M. escribió poca poesía (tal vez por la falta del distanciamiento típico en él para elaborar el poema). Su producción de estos años se reduce a un poema sobre la muerte de Gª Lorca, meditaciones paisajísticas sobre Valencia, algunos homenajes y la definitiva despedida de "Guiomar". La mayoría de estos textos se agrupan con el título de Canciones de la guerra (1936-39).

  Tras una penosísima evacuación desde Barcelona (junto a Carles Riba, entre otros), A.M. llega a Collioure (Francia), donde muere el 22-II-1939, encontrándose los que se suponen sus últimos poemas

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Nacido en Moguer (Huelva), se autocalificó como Andaluz Universal, título con el que firmó algunas de sus obras. Estudia en El Puerto de Santa María y comienza a pintar y a escribir poesía desde muy joven. Muestra síntomas de una salud débil, lo cual se agrava con la muerte de su padre. En 1900 fue a Madrid a luchar por el Modernismo. De aquí que sea considerado uno de los iniciadores del Modernismo en España. Poco a poco se convierte en un maestro para los demás poetas, que lo admiran y lo siguen. En 1916 se casa con Zenobia Camprubí. Al comenzar la Guerra Civil, se exiliaron a diversos países hispanoamericanos y Juan Ramón Jiménez impartió clases en diversas universidades. Se establecen en Puerto Rico en 1951. Allí, recibió el premio Nobel de literatura en 1956, pero ese mismo año murió su esposa, lo cual sumió al poeta en una profunda depresión. Murió en 1958.

Toda la poesía de JRJ responde a una sola y misma búsqueda de belleza; en este sentido puede afirmarse que, a pesar de su muy variada extensión, no cambia, pero sí evoluciona. Esto es, que puede hallarse un núcleo unificador de esta evolución Ya en la primera etapa aparece perfilado el carácter metafísico y también con cierto fondo de tristeza que marca toda la obra poética de JRJ:
a) su poesía tiene un tono metafísico porque se construye a partir del intento por hallar una palabra que le permita la entrada a su yo íntimo y a lo que hay en el exterior (el misterio existencial que envuelve al universo);
b) su poesía tiene un fondo triste porque más que un intento es una lucha permanente consigo mismo buscando, como dirá él mismo años más tarde, "el nombre exacto de las cosas", pero las palabras halladas no le satisfacen, no aciertan a describir la experiencia vital que él quiere expresar, y se convierte entonces en lo que el poeta francés Arthur Rimbaud llamaba un "gran enfermo" de la poesía (coincidente, además, con sus frecuentes estancias en sanatorios debido a su continuamente delicado estado de salud).
El propio poeta establecía en sus últimos años estas etapas en su producción: Época sensitiva, época intelectual (a partir de 1916) y época suficiente o verdadera (a partir de 1936).

Época sensitiva

En esta época se observan a su vez dos etapas:
a) Etapa intimista (Poesía "pura" en el sentido de sencilla; modernismo intimista y simbolista): Se observa la gran influencia de Bécquer: visión enigmática, misteriosa de la existencia humana que envuelve un permanente "diálogo" entre el sueño creador del poeta y la realidad que le rodea. De este diálogo surge un análisis de sentimientos que se concibe como una mirada hacia el exterior y hacia su propia intimidad. Nos presenta cuadros descriptivos, pequeñas escenas visuales—pero también musicales, a causa del ritmo del verso— en los que se aprecian los siguientes posibilidades:
Escenas de la naturaleza y/o recuerdos de experiencias del pasado
1. El poeta se recrea en contemplaciones de la naturaleza en que la luz del amanecer o del atardecer, la niebla o la decreciente luminosidad, o incluso la noche, envuelve el paisaje. Este paisaje, muchas veces, es símbolo del estado interior del poeta, de su triste "soledad existencial": el miedo a la muerte, la soledad, la nostalgia, la melancolía, etc. Contraposición entre dos extremos: belleza y tristeza
2. La escena presentada en el poema significa un acto de memoria o recuerdo de experiencias (sobre todo sentimentales, ¿amorosas?) pertenecientes al pasado. El recuerdo constituye un síntoma de su nostalgia: desde el presente intenta recuperar ese pasado en que fue ¿feliz?.
Escenas "populares"
1. JRJ construye una ligera estructura narrativa en la que unos personajes sustituyen su yo lírico, se convierten en protagonistas paralelos de experiencias vitales idénticas a la suya propia.
2. Mediante estribillos "populares" construye canciones al modo de la poesía tradicional en los que dialoga con la naturaleza. La novedad con respecto a los poemas de grupo 1.1. consiste es que el paisaje no es simbólico, sino rural, el correspondiente a su Moguer natal.
Métrica y estilo. Abundante empleo de formas arromanzadas (rima asonante en los versos pares), de formas cancioneriles tradicionales (estribillo más glosa), etc. Pero también del verso endecasílabo y otras combinaciones métricas pertenecientes al esquema patrimonial de la poesía española cuartetos, tercetos, etc. En cuanto al estilo poético: uso matizado de los adjetivos epítetos, el diálogo con seres de la naturaleza, el paralelismo y sobre todo el empleo de símbolos y las imágenes sensoriales (colores, luminosidad, sonidos, etc.) _ comprobar si hay sinestesia (mezcla de términos que se refieren a sensaciones distintas: "dorada música" dulce verdor", etc).
Los libros principales son "Arias tristes" (1903). y "Jardines lejanos"(1904)

b. Los "ropajes modernistas" (1908-1916)

En realidad asistimos a una segunda depuración de su estilo poético. JRJ intenta una "nueva visión y nueva expresión de mí mismo y del mundo que me rodea"; para lo cual parte de los siguientes principios:
Intensificación del clima espiritual, del fondo "triste" de sus poemas: poseído por la nostalgia de un tiempo diferente, intenta mediante el recuerdo y el ensueño la creación de un mundo ideal que le salve de la vulgaridad cotidiana y cuya idealidad se identifica a menudo con el deseo sexual. Sin embargo, este mundo ideal se enfrenta casi siempre con la amenaza de la muerte.
Influido por el pensamiento krausista, pone en escena un nuevo bucolismo que une dos tradiciones: la clásica pastoril (el locus amoenus)y la del simbolismo francés (el jardín y el paisaje que le rodea como representaciones de estados de ánimo), con la conciencia de que esa naturaleza simbólica lleva dentro un mensaje para ser nombrado, pero que no encuentra el lenguaje, las palabras adecuadas para ello.
En esta etapa JRJ se inicia paulatinamente en la dirección metafísica de su poesía que ya no abandonará nunca; más concretamente, el conflicto entre lo eterno e inmutable y lo temporal y mutable. Esta dirección metafísica presenta tres variantes, algunas de las cuales, en cierto modo, continúan una línea trazada también en Platero y yo:
1. La preocupación religiosa que le hace oscilar entre la oración y el lamento.
2. La preocupación erótica hacia experiencias ya vividas, debatiéndose entre el recuerdo nostálgico y el arrepentimiento.
3. La preocupación social que apunta hacia lo histórico y político (denuncia de la vulgaridad burguesa) y hacia una solidaridad humanitaria contra la pobreza y la enfermedad.
Métrica y estilo. La métrica de los poemas de esta etapa presenta una gran heterogeneidad:
a) uso frecuente del típico verso alejandrino de los modernistas en variadas combinaciones como sonetos serventesios y tercetos o incluso en formas arromanzadas con rima asonante en los versos pares).
b) Pero tampoco se abandona el uso del octosílabo ni el verso de arte menor.
c) JRJ construye combinaciones originales como en el poema El viaje definitivo (verso sin medida fija pero monorrimo asonante, imitando el esquema del Poema de Mío Cid). En cuanto al estilo se intensifica en muchos poemas el uso de los adjetivos epítetos, de las sinestesias (mezcla de términos alusivos a sensaciones diferentes), de las imágenes coloristas, etc.
De esta época son "La soledad sonora"(1911), "Poemas agrestes" (1910-1911), "Sonetos espirituales (1914-15)", y también el libro de prosa poética "Platero y yo" (1914).; "Laberinto" (1913) muestra ya el camino metafísico que seguirá luego la poesía de JRJ, y "Estío" de 1916 marca ya un cambio hacia la poesía conceptual y formalmente sencilla.

Época intelectual: la "poesía desnuda" o "pura"(de 1916 a 1936)

El regreso a Madrid y el noviazgo-boda con Zenobia Camprubí marcan el comienzo de una nueva etapa en la que abre paso, como solución al conflicto estético, metafísico y ético que latía en JRJ: la irrealizable armonía entre el mundo interior (yo) y el mundo exterior. Por influjo de Ortega y Gasset, JRJ evoluciona hacia un nuevo vitalismo poético consistente en:
# Modificación expresiva de la relación yo-mundo: del cuadro descriptivo, de la escena pictórica se pasa a la "realidad desnuda". Es decir, el mundo pasa de ser "objeto", que expresaba estados sentimentales del mundo interior del poeta, para convertirse en "sujeto" o portador del misterio profundo de la existencia.
# Nuevo simbolismo: partiendo del simbolismo francés, las cosas son un "universo de símbolos" que había que descifrar e interpretar mediante la poesía. La novedad consiste en que JRJ da un paso más hacia delante en la búsqueda de ese más allá desconocido: las cosas son el vestido y JRJ busca el desnudo que hay tras ellas, después de haberlas liberado del tiempo y del espacio que las rodean.
      De este vitalismo poético surgen nuevos mecanismos de expresión poética:
> "El nombre exacto de las cosas". Invención de la palabra "desnuda" que simbolice el desnudo" que las cosas ocultan.
> La "desnudez" de la palabra se extiende a todos los niveles de la expresión poética: fónico-rítmico, léxico temático...
Como la esencia de la nueva realidad ya no radica en las cosas, sino en la experiencia del yo descubriendo la verdad oculta y desnuda de las cosas, y como esta experiencia sólo es posible mediante cada acto de creación poética o poema, éste evoluciona de ser un cuadro o escena para convertirse en un fragmento de realidad donde se expresa el resultado de cada experiencia-poema: consecuencia: breve extensión de los poemas que tratan cuatro realidades:
1. Poemas-fragmentos que aluden a la vida urbana y que "desnudan" el caos de objetos de la sociedad tecnológica de las ciudades.
2. Poemas-fragmentos que aluden a su experiencia amorosa y que consideran el amor de pareja en un presente continuo, casi eterno.
3. Poemas-fragmentos que aluden a experiencias vitales de conocimiento con las cosas-símbolos (el mar. la rosa).
4. Poemas-fragmentos que aluden a experiencias "irracionales": sueños, fantasías sobre la eternidad, la lucha continua entre la brevedad de la vida y la inevitable muerte. El poema como medio de crear una "realidad invisible" pero que supera la amenaza del tiempo y de la muerte.

Métrica y estilo. Empleo del verso libre y de la prosa también. Ausencia casi total de adjetivos, de metáforas y demás artificios poéticos. Aunque abundan repeticiones, paralelismos, la apóstrofe (dirigirse a un tú real o imaginario) y las exclamaciones.
La nueva etapa viene marcada por la publicación en 1916 de "Diario de un poeta recién casado". En él quiso recoger todas su experiencias y contar sus impresiones, sin ocultarlas bajo ningún ropaje. Es el camino hacia la poesía desnuda. Prefiere los poemas breves y sin rima: surge así el verso libre. De esta época es también "Eternidades" (1918) y "Piedra y cielo" (1919), "Poesía" (1923), "Belleza" (1923); "La estación total", publicada en Buenos Aires en 1946, recoge los poemas escritos entre 1923 y 1936, recoge poemas de índole metafísica, lo que será la característica de la última etapa.

ÉPOCA SUFICIENTE O VERDADERA

A partir de 1936 avanza hacia una poesía cada vez más compleja y metafísica en torno a los grandes temas: la poesía, Dios y la eternidad (unidad profunda de todo lo existente, la visión panteísta de la realidad, la conciencia del poeta como dios que da sentido al mundo). De esta época es "Animal de fondo" (1946),y "Dios deseado y deseante" (1948-1949).
Se llega a algo así cono una lógica simbólica de la poesía en la cual las cosas, los objetos de la realidad –cada vez– más abstractos. piedra, cielo, mar– están representados por signos que apuntan a la conciencia de lo real La realidad misma desaparece, pues del poema, queda abstraída en la palabra y el concepto Esta poesía no nos enfrenta con la realidad sino con la contemplación intelectual de la realidad (y cuando el tema de la poesía es la poesía misma, con la contemplación de la contemplación).
La dificultad aumenta pues el mismo Juan Ramón escribe "Para mí la poesía ha estado íntimamente fundida con mi existencia y no ha sido poesía objetiva casi nunca". Una poesía así no es, en rigor, filosófica. Y su subjetivismo e inmanencia hace difícil su intelección, puesto que se halla despojada de argumento y de la anécdota ("Yo he desdeñado siempre y cada día más el asunto…") y habla directamente al espíritu. En Juan Ramón la realidad se resuelve en subjetividad, la trascendencia en imanencia. El "dios deseado y deseante" de Juan Ramón no es otro que el propio poeta o su conciencia o la plasmación de ella en su obra: "¿Qué es Dios sino un temblor que tenemos dentro, una inmanencia de lo inefable?".
Los temas de esta poesía son muy pocos; en esencia se reducen a uno, ya que su actividad contemplativa de poeta –la obra–, ya sea el ansia de totalidad, de eternidad que empareja a Juan Ramón con Unamuno, por distinta que resulte su respectiva concepción de lo eterno, ya sean en fin, los principios universales –mar, cielo, luz, aire, agua, tierra, fuego–, o las "criaturas afortunadas" de un modo paradisíaco con que el poeta comulga en un acto de religiosidad panteísta: "¿Y cómo no había de estarlo en lo místico panteísta la forma suprema de lo bello para mí? No que yo haga poesía religiosa usual; al revés, lo poético lo considero cono profundamente religioso…"
Signo de misticismo poético de Juan Ramón en su última época es el uso de muchos neologismos y términos compuestos que complican el lenguaje, pero que resultan la única expresión apropiada para exteriorizar una experiencia religiosa.

Obra en prosa

Entre su bella prosa poética, destaca el delicioso libro Platero y yo (l914), emocionada alegoría a un borriquillo, escrita en un estilo musical, durante los años de su etapa modernista. Lirismo, ternura, comunión con la naturaleza son las notas de esta obra tan célebre en todo el mundo. Es una obra impregnada de hondo amor por la naturaleza y por las humildes criaturas. Este libro es una grácil "alegría andaluza". No hay que olvidar que Juan Ramón fue el "descubridor de Andalucía", como la generación del 98 lo fue de Castilla.
Juan Ramón también escribió tiernas Historias para niños sin corazón y otros inolvidables poemas infantiles. Todo ello acompañado de su vasta producción poética, hace de nuestro autor un poeta humano, que no vuelve la espalda a la vida.
En prosa se halla la colección de certeros retratos literarios titulada Españoles de tres mundos y El Modernismo.

Otros autores modernistas y/o noventayochistas

Manuel Machado (1874-1947)

Publica Alma en 1902. Enlaza su poesía con la de Rubén Darío y Verlaine. Representa el andalucismo tradicional y, dentro del Modernismo, fundamentalmente el Simbolismo. Encarna la corriente vagamente intimista y melancólica del Modernismo. Entre sus poemas encontramos temáticas ligeras y desenfadadas, folclóricas, además de una poesía de gran perfección técnica sobre temas pictóricos. Es un maestro en la mezcla de lo culto y lo popular, lo clásico y lo moderno. Otras obras destacadas son El mal poema (1909), Apolo (1911), Cante hondo (1912) y Ars moriendi (1921).

Francisco Villaespesa (1877-1936)

Es uno de los iniciadores del Modernismo en España. Al ser amigo de Rubén Darío, pudo introducir en nuestro país sus novedades literarias de primera mano. Representa el Modernismo tópico, sistematizado en las principales revistas y en una gran cantidad de obras, entre las que destacamos La musa enferma (1901) y Tristitiae rerum (1906).

Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)

Publica su primer libro en verso en 1907, titulado Aromas de leyenda, de influencia modernista, en concreto de Rubén Darío. En La pipa de kif (1919) aparecen temas esperpénticos, con rima estrambótica y deformación caricaturesca, aunque aún bajo los supuestos modernistas.

Miguel de Unamuno (1864-1936)

No ha sido valorado suficientemente en lo que a su poesía se refiere. El propio Antonio Machado se mostró en deuda con él. Los temas fundamentales de su poesía son los mismos que los de su prosa: la preocupación religiosa, el paisaje castellano, la regeneración nacional. Entre sus obras destacan Poesías (1907), El Cristo de Velázquez (1920), Teresa (1924) y su Cancionero (1928-1929).

Otros poetas modernistas destacados son Salvador Rueda, Ricardo Gil y Manuel Reina.

 

 

 

 

Salinas, Pedro (1970): Literatura española del siglo XX, Alianza, Madrid
 Gullón, Ricardo (1969): La invención del 98 y otros ensayos. Gredos,  Madrid.
Gullón, Ricardo (1963)Direcciones del modernismo. Gredos, Madrid.
Cernuda, Luis (1957): Estudios sobre poesía española contemporánea, Guadarrama, Madrid, 136-152

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