Español o castellano
Esta lengua también se llama castellano, por ser el nombre de la comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación del idioma; el término español es relativamente reciente y no es admitido por los muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán y vasco, idiomas a su vez de consideración oficial dentro del territorio de sus comunidades autónomas respectivas; son esos hablantes bilingües quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la lengua, castellano entendido como ‘lengua de Castilla’.
En
los países hispanoamericanos se ha conservado esta
denominación y no plantean dificultad especial a la hora de entender
como
sinónimos los términos castellano y español. En los primeros documentos
tras
la fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por
acuerdo
la denominación de lengua española.
Quien mejor ha estudiado esta espinosa
cuestión ha sido Amado Alonso en un libro titulado Castellano,
español,
idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres (1943). Volver
a llamar
a este idioma castellano representa una vuelta a los orígenes y quién
sabe si
no sería dar satisfacción a los autores iberoamericanos que tanto
esfuerzo y
estudio le dedicaron, como Andrés Bello, J. Cuervo o la argentina Mabel
Manacorda de Rossetti.
Renunciar
al término español plantearía la dificultad de
reconocer el carácter oficial de una lengua que tan abierta ha sido
para acoger
en su seno influencias y tolerancias que han contribuido a su
condición. Por
otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su
lengua
como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños de calificarla
como
argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar algunos ejemplos.
Lo cual
podría significar el primer paso para la fragmentación de un idioma,
que por
número de hablantes ocupa el tercer lugar entre las lenguas del mundo.
En
España se hablan además el catalán y el gallego, idiomas de tronco
románico,
y el vasco, de origen desconocido.
Como
dice Menéndez Pidal "la base del idioma es el latín vulgar, propagado
en
España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las lenguas
ibéricas" y al vasco, caso de no ser una de ellas.
De este substrato ibérico procede una serie de elementos
léxicos autónomos
conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el latín
asimiló,
como: cervesia > cerveza, braca > braga,
camisia > camisa,
lancea >
lanza.
Otros
autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera
de entonar y
emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el origen de
una
serie de cambios en las fronteras silábicas y en la evolución peculiar
del
sistema consonántico.
Otro
elemento conformador del léxico en el español es el griego,
puesto que en las
costas mediterráneas hubo una importante colonización griega desde el
siglo
VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también influyó en el latín,
voces
helénicas han entrado en el español en diferentes momentos históricos.
Por
ejemplo, los términos huérfano, escuela, cuerda, gobernar, colpar
y golpar
(verbos antiguos origen del moderno golpear),
púrpura (que en castellano
antiguo fue pórpola y polba) proceden de épocas muy antiguas, así como
los
topónimos Denia, Calpe.
A
partir del renacimiento siempre que se ha necesitado producir términos
nuevos
en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas para
crear
palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente creación, o
helicóptero.
Entre
los siglos III y VI entraron los germanismos y su grueso lo
hizo a través del
latín por su contacto con los pueblos bárbaros muy romanizados entre
los
siglos III y V. Forman parte de este cuerpo léxico guerra, heraldo,
robar,
ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz germánica de wais y way),
guarecer
y burgo, que significaba 'castillo' y después pasó a ser sinónimo de
'ciudad', tan presente en los topónimos europeos como en las tierras de
Castilla, lo que explica Edimburgo, Estrasburgo y Rotemburgo junto a
Burgos,
Burguillo, Burguete, o burgués y burguesía, términos que entraron en la
lengua tardíamente.
Hay
además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de
origen
germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira, Alfonso.
Poseían una declinación especial para los nombres de varón en -a,
-anis, o -an,
de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso sacristán.
Junto
a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al vasco,
idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al respecto.
Algunos
de sus hábitos articulatorios y ciertas particularidades gramaticales
ejercieron poderosa influencia en la conformación del castellano por
dos
motivos: el condado de Castilla se fundó en un territorio de influencia
vasca,
entre Cantabria y el norte de León; junto a eso, las tierras que los
castellanos iban ganando a los árabes se repoblaban con vascos, que,
lógicamente, llevaron sus hábitos lingüísticos y, además, ocuparon
puestos
preeminentes en la corte castellana hasta el siglo XIV. Del substrato
vasco
proceden dos fenómenos fonéticos que serán característicos del
castellano.
La
introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro,
cazurro,
guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al
latín y a
todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos
definidores
del sistema fonético español; se trata del fonema ápico-alveolar
vibrante
múltiple de la (r).
La otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de pronunciar una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración, representada por una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en francés y faina en rumano; en vasco es irin.
La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las
lenguas de España, y
el español es una de ellas, pues en la península se asienta durante
ocho
siglos la dominación de este pueblo. Durante tan larga estancia hubo
muchos
momentos de convivencia y entendimiento. Los cristianos comprendieron
muy pronto
que los conquistadores no sólo eran superiores desde el punto de vista
militar,
sino también en cultura y refinamiento.
De
su organización social y política se aceptaron la función y la
denominación
de atalayas, alcaldes, robdas o rondas,
alguaciles, almonedas,
almacenes.
Aprendieron a contar y medir con ceros,
quilates, quintales, fanegas y
arrobas;
aprendieron de sus alfayates (hoy
sastres), alfareros, albañiles que
construían zaguanes, alcantarillas o azoteas
y cultivaron
albaricoques, acelgas
o algarrobas que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas,
norias y azadones.
Influyeron
en la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en jabón del
latín 'saponem'.
Añadieron el sufijo -í en la formación de los adjetivos y nombres como
jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí. Se arabizaron numerosos
topónimos como por ejemplo Zaragoza de "Caesara(u)gusta", o Baza de
"Basti". No podría entenderse correctamente la evolución de la
lengua y la cultura de la península sin conceder al árabe y su
influencia el
lugar que le corresponde.
Orígenes primeros
|
Carencia
de unidad
lingüística prerromana No
se puede hablar de una unidad lingüistica en la península ibérica antes
de la
llegada de los romanos. Los alfabetos ibéricos y taresio sirvieron cada
uno
para diversas lenguas. Los grupos colonizadores conservaron y
extendieron cada
uno su propia lengua: griegos, fenicios, cartaginese, celtas, etc.
Además de
los idiomas mencionados hay que agregar el vascuense.
El
vascuense, lengua que hasta la fecha se ha conservado, y que no tiene
relación
lingüistica con los demás que se hablaron y hablan en España, es un
idioma
cuyo origen es muy discutido todavía. Hay tres tesis:
La segunda y tercera teorías son las que se
sostienen en la
actualidad (mucho se debe a presiones de algunos "expertos",
orientadas a alejarlo lo más posible de orígenes africanos; quien sabe
por
qué motivos). El
vascuense, desde su origen hasta el siglo X, fue una
lengua que se transmitió por tradición oral. Textos más o menos amplios
aparecen hasta el siglo XVI, pero sin llegar a tener la calidad de
lengua culta.
En nuestros días mantiene su primaria estructura gramatical, pero se ha
visto
sometida a la influencia del latín y de las lenguas romances. El vascuense ha dado
lugar a muchos dialectos. Son de origen
vasco numerosos toponímicos localizados principalmente a lo largo de
los
Pirineos. Para la composición de muchas palabras entraron en función
los
sufijos éuscaros (vascos): "berri": nuevo, "gorri": rojo,
"erri":quemado. |
Son diferentes los estadios que han contribuido a la conformación actual de las lenguas y dialectos que se hablan en la Península Ibérica. En las épocas antiguas habitaban en la iberia diversos pueblos de los que se sabe poco: los iberos (Levante), los vascos (norte), los tartesos (sur), los celtas (noreste) y colonias costeras de pueblos comerciantes, fenicios y griegos en un primer momento y posteriormente los cartagineses. De todos estos pueblos quedan vestigios gracias a los topónimos o algunas inscripciones conservadas.
Con la conquista romana, estas lenguas fueron desapareciendo, quedando meramente el sustrato prerromano que influirá en el acento peculiar de la lengua usada en las distintas regiones y en las características fonéticas. De este sustrato prerromano proceden ciertos sufijos como - osco, -asco, -usco , que se cree de origen ligur; -arro, -orro, -urro, -berri, -gorri de origen vasco y cierto número de términos como vega, nava, balsa, álamo, cachorro , etc.
Romanización
Los romanos llegan a la Península Ibérica en el año 218 a.C. por un enfrentamiento contra el pueblo cartaginés, de origen africano. Es en este momento cuando comienza la romanización de la Península, cuya conquista culminó Roma en el año 19 a.C.
La romanización fue un proceso de colonización cultural en el que la superioridad cultural romana llevó a la asimilación de costumbres, formas de vida, instituciones político-sociales y por supuesto de la lengua. Este proceso duró hasta el siglo V, fecha en que se consumó la desintegración del Imperio romano por la invasión de los pueblos bárbaros.
El latín pasa por consiguiente a convertirse en la lengua de Hispania. La adopción del latín se vio favorecida por la disgregación lingüística que imperaba en la Península, convirtiéndose en un elemento de unificación, que además, posibilitaba el entendimiento con la metrópoli, Roma.
El origen de las lenguas de la Península, a excepción del vasco, es por consiguiente latino. No obstante hemos de tener en cuenta lo siguiente:
• la modalidad de latín que llegó a España fue una lengua oral y popular llamada latín vulgar, que era diferente al latín culto escrito;
• los agentes de la romanización fueron el ejército, los mercaderes, emigrantes y funcionarios de la administración; por consiguiente, no eran los estamentos más cultos.
• La implantación de la lengua y de la cultura romana no se llevó a cabo en todo el territorio peninsular por igual ni al mismo tiempo; de ahí que el latín vulgar fuera una lengua poco uniforme y proclive a la diferenciación.
| Lenguas indoeuropeas El
latín pertenece a las llamadas lenguas itálicas que se hablaron antes
de
Cristo en la península del mismo nombre. A su vez, dichas lenguas
itálicas
pertenecían al indoeuropeo, originario de casi todas las lenguas que se
hablan
en Europa. Además de latín son indoeuropeas: las lenguas célticas (que
se
hablaron en Hispania y hoy en Bretaña) y en la Gran Bretaña (irlandés,
galés, escocés); las lenguas germánicas (el desaparecido gótico, los
modernos
alemán, inglés, holandés); las lenguas eslavas (ruso, polaco, checo,
búlgaro
y serbocroata), la lenguas escandinavas y también el griego y el
albanés. Las lenguas que se hablan y hablaron en
Europa que no
pertenecen a la familia indoeuropea, son: el etrusco (desaparecido), el
finlandés, el lapón, el estoniano, el húngaro y el vascuence, fuera de
Europa, pertenecen al tronco indoeuropeo el grupo de lenguas indias y
el persa.
De lo que se concluye que gran parte del mundo actual tiene uno mismo
antepasado
lingüístico. |
Existieron
dos clases de latín: el culto y el vulgar. El primero era usado por los
escritores y gente preparada; el vulgar era hablado por el pueblo de
Roma. Este
fue el que se impuso en todas las colonias. Dicho latín presentaba
diversas
modalidades según la época de conquista del territorio, la procedencia
de
distintas regiones de la península itálica, la cercanía o lajanía de
comunicación con la metrópoli, etc. De este modo, en cada territorio
conquistado -no se puede usar todavía el concepto de nación- la lengua
impuesta adquirió diversos matices de expresión. Con el devenir del
tiempo, la
evolución del latín vulgar, al lado de la conformación de las naciones,
vino
a dar lo que hoy llamamos lenguas romances, románicas o neolatinas:
español,
francés, italiano, provenzal, catalán, gallego-portugués,
retrorrománico,
rumano y sardo.
En la actualidad el latín
convertido en lenguas romances,
sobrevive con diversas modalidades en España, Francia, Portugal,
Italia,
Bélgica, Suiza, Rumanía, Hispanoamérica, sur de Estado Unidos,
Filipinas y en
otros muchos lugares del orbe, a donde fue llevado por los
conquistadores
españoles, portugueses y franceses, así como por los judíos sefardíes
que
fueron arrojados de España.
La
dominación romana terminó en el siglo V d.C., cuando desmembró el
imperio. En nuestros días lo que se conserva de las lenguas prerromanas
son
unos cuantos sufijos: -arro, -orro, -urro: nuharro, machorro, baturro,
-asco:
peñasco. Se presume que los sufijos -az, -ez, -oz, que abundan en la
toponimia
peninsuullar española, también pertenecen al período estudiado. En el
mismo
caso está la "-z" terminal de los apellidos.
Al caer el imperio
Romano, y debido a las invasiones que
sufrió Hispania, se dificultaron notoriamente las comunicaciones entre
Roma y
todo el territorio que había conquistado. En tal virtud, la cultura
romana se
resintió extraordinariamente . Este hecho permitió que el latín vulgar,
impuesto por los romanos, al dejar éstos de presionar su cultura,
evolucionara
con la mezcla de otras lenguas de grupos humanos que fueron invadiendo
la
Península Ibérica después de los romanos: visigodos, árabes, franceses,
etc., hasta la consolidación del castellano como lengua oficial, por el
rey
Alfonso X, en el siglo XIII.
Así pues, fueron dos -ya
asentados- los motivos que ayudaron
al latín vulgar para que fuera evolucionando hasta convertirse en cada
región
en lenguas románicas: el aislamiento de Roma y la contínua depresión de
la
cultura impuesta por los antiguos conquistadores. Cada región fue
agregando al
latín vulgar que hablaban, formas de pronunciación de sus dialectos
primitivos, así como vocabulario de las lenguas prerromanas; además
fueron
introduciendo palabras y usos lingüísticos de los subsecuentes
invasores y
colonizadores.
Los germanos
Poco
a poco esta actitud empezó a cambiar, hasta que en el año 655 se
estableció
la unificación jurídica para ambos grupos. Los visigodos transformaron
las
costumbres de los hispanorromanos, el derecho y la conciencia de
Hispania como
unidad independiente.
La
influencia lingüística de los visigodos no fue muy grande. En la
fonética no
hay huellas. En la morfología sólo queda el sufijo "-ing": engo.
Ejemplos: abolengo, realengo, etc. En el vocabulario tenemos:
|
Germanismo |
Español |
Germanismo |
Español |
|
laiston |
lastar |
wardja |
guardia |
|
fat |
hato |
skilla |
esquila |
|
tappa |
tapa |
haspa |
aspa |
|
rukka |
rueca |
gans |
ganso |
|
marthus |
martha |
ufjo (abundancia) |
ufano |
|
gano |
gana |
gasalija (compañero) |
agasajar |
El romance que se
hablabla en Hispania (aproximadamente lo
que hoy es España) al terminar la época visigoda presentaba rasgos muy
primitivos. Sin embargo, ya el latín hablado podía considerarse como un
dialecto del latín general.
Los árabes
En el año 711 d.C. los
árabes invadieron España; toda la
península cae en manos de los musulmanes. Sólo en las montañas del
norte
quedan pequeños grupos humanos resistiendo. Los árabes, sirios y
berberiscos,
invasores, no traen mujeres, así que toman como esposas a las
hispanogodas.
Establecen su capital en Córdoba, que pronto se convierte en el centro
de una
esplendorosa civilización islámica. En el año 950, dos terceras partes
de la
Península Ibérica están en poder de los árabes. Florecen la
agricultura, la
industria y el comercio. En todo el territorio conquistado: el ANDALUZ,
se habla
el árabe; sin embargo, los hispanogodos conquistados hablan su "lengua
rústica". A estos habitantes del Andaluz se les llamó Mozarabes así
como a su lengua, las famosas Jarchas son los primeros
exponentes
literarios en esta lengua.
La influencia árabe en el español fue decisiva. Los musulmanes estuvieron más de siete siglos en tierras hispánicas. El vocabulario español contiene unas cuatro mil palabras de origen árabe:
Veamos:
adalid,
atalaya, zaga, tambor, alférez, acicate, alazán, acémila, acequia,
aljibe,
alberca, noria, alcachofa, zahahoria, alfalfa, azafrán, azúcar,
algodón,
maquila, azucena, azahar, arrayán, retama, mejorana, tarea, racamar,
alfarero,
taza, jarra, arracadas, marfil, azufre, azogue, aduana, almacén,
arroba,
fanega, maravedí, aldea, zaguán, alcoba, celosía, azulejo,
alcantarilla,
almohada, alfombra, almíbar, babuchas, laúd, ajedrez, tahur, alcalde,
alguacil, albacea, guarismo, álgebra, alambique, alcohol, jarabe,
elixir,
cenit, baladí, baldió, añil, carmesí, fulano, en balde, hala, ojalá,
alborozo, Guadalajara (sí, Guadalajara es de origen árabe),
Guadalquivir,
Mancha, Calatayud, Guadalupe, Guadiana, etc.
Como puedes observar, existen muchas palabras del árabe
en
nuestro idioma. Los musulmanes también pasaron voces de otras lenguas a
la
nuestra. Del sánscrito es: ajedrez, del persa: jazmín, naranja, azul;
del
griego: alambique y acelga.
Además, la invasión árabe precipitó la evolución de las diferencias en el uso del romance, pues los hispanogodos, incapaces de hacer frente a los árabes, se refugiaron en las zonas montañosas del norte de la Península, donde se fue diferenciando paulatinamente una modalidad distinta de romance.
Por otro lado, una buena parte de la población cristiana decidió permanecer en los territorios ocupados por los árabes, dado que éstos respetaron su lengua, religión y costumbres. El dialecto que desarrollaron estos hispanos, el mozárabe, se vio fuertemente constreñido por el entorno árabe, que les impedía el intercambio con la lengua romance de los cristianos del norte. Este dialecto desapareció definitivamente, cuando la Reconquista ganó terreno y se fueron imponiendo los dialectos del norte. El mozárabe era muy arcaico y conservador, perviviendo en él vocablos como baiga (vega), tauro (toro). Se ha llegado a conocer este dialecto a través de las jarchas, cancioncillas amorosas insertas en poemas hebreos o árabes, las muwasaha.
Los franceses
En el siglo XI, Sancho el
Mayor abre una nueva vía a la
peregrinación a Santiago de Campostela. A partir de entonces acuden
devotos de
otros lugares fuera de España. Los "francos" acuden abundantemente.
Establecen ciudades a lo largo de dicho camino. Como consecuencia de
ello,
palabras de origen francés empiezan a introducirse en el romance
hispano.
Algunos de esos vocablos son: homenaje, mensaje, vergel, pitanza,
fraile,
mesón, manjar, vianda, vinagre, etc.
La Reconquista que había
comenzado desde el principio de la
dominación árabe se dirige hacia el sur. Los cristianos toman Toledo en
1085 y
Zaragoza en 1118. Pero los mozárabes ya están muy aculturados con la
civilización árabe; conservan sus creencias y hasta su lengua. En el
siglo XIl,
el arzobispo don Raimundo funda la Escuela de traductores y un siglo
después,
el Rey Alfonso X acoge en su corte a sabios judíos que dominan la
cultura
árabe. La filosofía griega es conocida por medio de los pensadores
musulmanes
Averroes y Avempace. Conforme va avanzando la reconquista, los
cristianos van
imponiendo los romances del norte: Gallego-Portugés, Astur-Leonés,
Castellano,
Navarro-Aragonés y Catalán. No todos estos dialectos tuvieron la misma
suerte;
unos se impusieron más pronto que otros; en el sur fue más difícil,
debido a
que el sustrato árabe era muy fuerte.
Distintos romances peninsulares
Durante el período de ocupación árabe existieron, como se ha visto supra, distintos focos de resistencia cristianos. Estos dieron origen a distintos reinos, cuyo objetivo era la reconquista de España. Cada uno de estos reinos dio lugar a una modalidad diferente de romance, que se distribuyeron, de occidente a oriente, tal como sigue:
I.III.I. Galicia : Aquí se formó un conjunto de condados que se asentaban junto a la costa atlántica y en torno a Santiago y estaban sometidos al reino astur-leonés. La lengua romance aquí hablada era el dialecto gallego con un fuerte sustrato celta. Al extenderse hacia el sur dio lugar al portugués, que recibe este nombre a partir del siglo XI cuando Portugal se independiza de León.
I.III.II. Reino astur-leonés : este reino se constituyó en torno a la monarquía que se sentía heredera de la visigótica. De ahí que esta lengua tendiera hacia el conservadurismo y fuera reacia a la innovación.
I.III.III.Castilla : En origen era una pequeña comarca fortificada y sede de condados independientes del reino de León. En el siglo X logró su unidad e independencia con Fernán González. La lengua aportaba rasgos innovadores e incluso revolucionarios.
I.III.IV. Navarra y Aragón : La lengua romance de este reino escindido en dos abundaba en rasgos conservadores, parecidos al leonés.
I.III.V. Cataluña : En un principio era una zona de condados independientes del sur de Francia. Se independizó en el siglo XI y su fuerza expansiva extendió la lengua hacia el sur, llegando hasta Levante. Se trata de una lengua de rasgos conservadores e influencia provenzal.
Se denomina sustrato a los elementos o conjunto de rasgos de las lenguas autóctonas que forman hábitos lingüísticos propios y que perduran de las lenguas prerromanas.
El español como lengua
En la formación del
español cabe distinguir tres grandes
periodos: el medieval, también denominado del castellano antiguo,
fechado entre
los siglos X al XV; el español moderno, que evolucionó desde el siglo
XVI a
finales del XVII, y el contemporáneo, desde la fundación de la Real
Academia
Española hasta nuestros días.
Orígenes:
Surgió de la desintegración de la lengua latina en la antigua Cantabria. Desde el principio manifestó ser una variedad ampliamente innovadora y rebelde a ciertas soluciones conservadoras de los dialectos vecinos, el astur-leonés y el navarro-aragonés.
Los historiadores de la lengua no logran aclarar el origen del talante innovador del castellano. Se apuntan algunos motivos:
• Tardía y escasa romanización de esta zona.
• Enclave geográfico de Castilla en la confluencia de tres demarcaciones romanas sobre una zona de influjo vasco.
• Rebeldía innata de este pequeño condado que se sacudió no sólo el dominio leonés, sino las soluciones lingüísticas arcaizantes.
Es precisamente el empuje conquistador de los reyes castellanos lo que explica su rápida extensión, primero por la Rioja y el Alto Duero, arrebatando importantes zonas al vascuence y al navarro-aragonés, y posteriormente hacia León, cuando decayó el poder de este reino y pasó a ser posesión del reino de Castilla.
Al convertirse Castilla en principal baluarte de la Reconquista, el castellano se impuso con facilidad en la mayor parte de los territorios ocupados a los musulmanes: Extremadura, Castilla la Nueva y Andalucía, compartiendo con el catalán el reino de Aragón, Valencia y Murcia.
Rasgos característicos
Los rasgos más característicos del castellano son:
• Vocalismo: diptongación de o y e tónicas : bene > bien; somno > sueño; reducción de los diptongos latinos au > o , ai > e , 'tauro' > toro, 'baisu' > beso.
• Consonantismo:
• pérdida de f- inicial después de pasar por un período de aspiración: 'filiu' > h'illo > hijo;
• pérdida de g- y j- iniciales ante e e i átonas: 'germanu > hermano;
• solución en j de los grupos cl y li + vocal : 'muliere' > mujer, 'oculus' > ojo;
• creación del fonema ch a partir del grupo latino ct : ' nocte' > noche;
• palatalización de los grupos latinos iniciales pl-, cl-, fl-, ll-: 'plorar' > llorar, 'clamar' > llamar, 'flamma' > llama.
Evolución Histórica
Los textos que reflejan el estado lingüístico de los siglos X y XI, incluso los del XII, nos muestran la inseguridad y vacilaciones propias de toda lengua en desarrollo inicial. Sólo cuando en el siglo XIII fue declarada "lengua de Chancillería" por Alfonso X el Sabio, quien la dotó de todos los elementos necesarios para hacerla una lengua ágil, y a través de la labor de la Escuela de Traductores de Toledo se puede considerar que el castellano estuvo preparado para ser vehículo literario y científico como lengua uniforme y con identidad propia.
Para esta época, la épica ya había dado sus mejores frutos, sobre todo el Poema de mío Cid , y surgían los primeros escritores conocidos: Gonzalo de Berçeo, Arcipreste de Hita, el infante don Juan Manuel, etc. La primitiva lírica castellana se redujo sólo a las manifestaciones populares, pues los poetas castellanos cultos preferían componer en gallego, el propio rey Alfonso X, o lemosín por la influencia de los trovadores.
Los siglos XIV y XV son esenciales para la consolidación del castellano como lengua literaria. En estos siglos surgen autores como López de Mendoza, Marqués de Santillana o Juan de MENA, y la lengua se enriqueció además con palabras y formas procedentes tanto del latín, por influjo del humanismo, como del italiano y del francés.
El siglo XVI es el primer siglo de oro de la literatura castellana. No sólo era el castellano la lengua oficial de España, sino que asimismo se imponía en Europa y en ultramar (descubrimiento de América) merced a la difusión de la imprenta.
Entre el siglo XVI y XVII se consumó el cambio fonológico sustancial de la lengua castellana. En la época de Alfonso X, momento en el que se habían sentado las bases del sistema fonológico, existían en las consonantes fonemas que en la actualidad de han perdido debido a dos fenómenos: la desfonologización y la transfonologización . El primero consiste en el paso de un sonido sordo a otro sonoro correspondiente, y el segundo es el cambio de articulación de fonemas que por su cercanía resultaban confusos.
• Los sonidos sonoros s, z /ds/ y z /ts/ se ensordecen y quedan sus correspondientes sordos: /s/ alveolar fricativa sorda, escrita por lo general ' ss' ; ; /ç/ sorda que da / ?/ interdental; y /s/ que da velar sorda ' j, g'.
• La 'b' y la 'v' que eran diferentes hasta el XV, se convierten ene un mismo sonido.
• Se pierde la aspiración de la 'h' , que queda como sonido mudo.
El siglo XVIII fue más importante por su contribución a la fijación de la lengua que por sus logros literarios. Es en este siglo, durante el reinado de Felipe V, cuando se fundó la Real Academia de la Lengua, que nació con el fin de unificar y purificar el idioma. ('Limpia, fija y da esplendor').
A lo largo de los siglos XIX y XX el castellano ha ido ganando prestigio y aumentando su caudal literario, uno de los más ricos del mundo.El castellano moderno
La publicación de la primera gramática castellana de Elio Antonio de Nebrija en 1492, fecha del descubrimiento de América y de la toma de Granada por los Reyes Católicos, establece la fecha inicial de la segunda gran etapa de conformación y consolidación del idioma.
A esta época pertenecen el cambio de las consonantes que altera y consolida definitivamente el sistema fonológico del español. Desaparece la aspiración de la h, cosa que testimonia la versificación. Se funden en un único fonema la s sonora y sorda, prevaleciendo el valor sordo.
Las consonantes ç y z pasan a ser el fonema fricativo (con pronunciación equivalente a ts) que se escribirá ç durante el siglo XVI y pasará a tener el valor de la z (con su pronunciación actual) en el siglo siguiente, con lo que de esta manera se resolvió la vacilación ortográfica c, ç, z. Las variaciones fonéticas que representaban x, g, j, se solucionaron también en favor del sonido velar fricativo sordo que en el XVII pasa a tener la pronunciación y grafía actuales de g y de j.
Desapareció asimismo la distinción -b-, -v- que se neutralizó en -b- durante el siglo XVI. En la morfología aparecieron los tiempos compuestos de los verbos, y se convierte en auxiliar el verbo haber. En la sintaxis el orden de los elementos de la oración se hace más rígido, y se anteponen los pronombres átonos a infinitivos y gerundios.
Desde el punto de vista del léxico adquirió una gran cantidad de neologismos, pues a estos momentos correspondió la expansión de Castilla y, por lo tanto, el contacto con otras culturas. Consiguió consolidarse como lengua dominante frente a otros dialectos peninsulares al llevarse a cabo la unidad política de Castilla y Aragón y ser el castellano la lengua de los documentos legales, de la política exterior y la que llegó a América de la mano de la gran empresa realizada por la Corona de Castilla, ya fijada en la gramática normativa de Nebrija.
A partir de los primeros momentos del siglo XVI se prefirió la denominación de española para la lengua del nuevo imperio, y la preocupación de los intelectuales del momento se refleja en la enorme tarea de sistematizarla, analizarla y divulgarla.
Lo demuestran la publicación del gran Diccionario de Alcalá, obra de la Universidad Complutense creada por Cisneros; la aparición de la Minerva de Francisco de las Brozas, conocido por El Brocense, que es una gramática normativa y descriptiva más moderna que la realizada por el grupo francés de Port Royal, y, a principios del siglo XVII, la publicación del Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias, primer diccionario de la lengua, que contiene cuanta información histórica y sincrónica había disponible en el momento de su publicación.
En Francia, Italia e Inglaterra se editaban gramáticas y diccionarios para aprender español, que fue la lengua diplomática hasta la primera mitad del sigloXVIII. En esta etapa de la lengua se llegó al esplendor literario que representan los autores del siglo de oro. El léxico incorpora palabras originarias de tantas lenguas como contactos políticos tenía el imperio.
Del italiano entran en el español desde el sigloXV al XVII los nombres de la métrica y preceptiva literaria como soneto, asonante, silva y lira, palabras relacionadas con las bellas artes como fachada, escorzo, medalla, piano. De otros campos léxicos son italianismos de la época centinela, alerta, escopeta, aspaviento, charlar, estropear y muchas más. Son galicismos paje, jardín, jaula, sargento, forja o reproche.Los americanismos, que comienzan a entrar en el sigloXVI, ofrecen una lista referida a las realidades que en Europa no se conocían y que son españolismos tomados por las lenguas europeas como patata, cóndor, alpaca, vicuña, pampa, puma, papa (denominación afincada en Canarias para patata), que proceden del quechua y el guaraní.
Los términos más antiguos, como canoa, ya citado en el diccionario de Nebrija, proceden de los arawak. A este conjunto pertenecen huracán, sabana, maíz, cacique, colibrí, caribe, enagua y caníbal. De la familia de lenguas náhuatl habladas por los nahuas, se incorporan hule, chocolate, tomate, cacao, aguacate y petate.
El
español contemporáneo
En el año 1713 se fundó la Real Academia Española. Su primera
tarea
fue la de fijar el idioma y sancionar los cambios que de su idioma
habían hecho
los hablantes a lo largo de los siglos, siguiendo unos criterios de
autoridad.
En esta época se había terminado el cambio fonético y morfológico y el sistema verbal de tiempos simples y compuestos era el mismo que ha estado vigente hasta la primera mitad del siglo XX.
Los pronombres átonos ya no se combinaban con las formas de participio y, gracias a la variación morfológica, los elementos de la oración se pueden ordenar de formas muy diversas con una gran variedad de los estilos literarios, desde la mayor violación sintáctica que representan el barroco del siglo XVII, los poetas de la generación del 27 y el lenguaje publicitario, hasta la imitación de los cánones clásicos, también violentadores del orden del español, que incorporaron los neoclásicos o los primeros renacentistas.
Coincidiendo con otro momento de esplendor literario, el primer tercio del siglo XX, aparecieron las nuevas modificaciones gramaticales que aún hoy están en proceso de asentamiento.
De ellas cabe citar: la reducción del paradigma verbal en sus formas compuestas de indicativo y subjuntivo, la sustitución de los futuros por perífrasis verbales del tipo tengo que ir por iré, la práctica desaparición del subjuntivo, la reduplicación de los pronombres átonos en muchas estructuras oracionales y con verbos de significación pasiva, que están desarrollando una conjugación en voz media como en le debo dinero a María; la posposición casi sistemática de los calificativos, la reducción de los relativos, prácticamente limitados a que y quien en la lengua hablada.
Junto a ello, la irrupción continua de neologismos, que nombran innovaciones técnicas y avances científicos, tiene dos momentos: los anteriores a la mitad del presente siglo, que contienen raíces clásicas como termómetro, televisión, átomo, neurovegetativo, psicoanálisis o morfema, y los neologismos apenas castellanizados, siglas y calcos del inglés y fruto de la difusión que de ellos hacen las revistas especializadas, la publicidad o la prensa, como filmar, radar, módem, casete, anticongelante, compacto, PC, o spot.
Esta parte es una
adaptación de la
historia del español que elaboró Sergio Zamora en las siguientes
páginas web
http://www.geocities.com/SiliconValley/Horizon/7428/index.htm
http://www.geocities.com/SiliconValley/Horizon/7428/index.htm
RinconCastellano
ENLACE INTERESANTE (se reproduce un artículo de Menéndez Pidal) :
http://www.geocities.com/urunuela29/mpidal/gramatica.htm