
INTRODUCCIÓN
1.-
LA NOVELA DE LOS AÑOS 40: CELA Y DELIBES
2.- LA NOVELA DE LOS 50:
EL REALISMO SOCIAL.
3.-
LA NOVELA EXPERIMENTAL (1962-1975)
4.- LA NOVELA ACTUAL.
ÚLTIMAS TENDENCIAS
De 1936 a 1939 España sufrió una sangrienta Guerra Civil, que la dividió en dos bandos irreconciliables, ocasionó grandes desastres materiales y numerosas pérdidas de vidas humanas y llevó al general Franco al poder. Muchos liberales marcharon al exilio y nuestro país entró en una fase de aislamiento internacional. La guerra frenó la expansión cultural y marcó un cambio en el pensamiento, que se reflejó de un modo especial en la literatura.
Tras unos años difíciles –paro, emigración...– comienza un período de recuperación económica e industrial, en el cual tienen importancia decisiva el turismo y la dependencia del mercado mundial de capitales y tecnología; aumenta también la población alfabetizada y universitaria.
Se da un renacimiento cultural; surgen intelectuales de la talla de Laín Entralgo o Aranguren; escultores como
Chillida; pintores como Tapies y escritores que inician nuevas vías de expresión. La universidad se abre a las corrientes actuales de pensamiento: existencialismo, estructuralismo, etc. Existe, no obstante, el problema de la censura, que condiciona y limita la libertad de expresión. En los últimos años de este período crece la oposición al régimen.
A la muerte de Franco se instaura la monarquía en la persona de Juan Carlos I, en un proceso de transición pacífica. Se elabora una nueva Constitución, caracterizada por un régimen de libertades y la participación de los ciudadanos en la vida pública. Se desarrolla un sistema de Gobiernos Autonómicos, que reconocen la convivencia y mutuo respeto entre las variadas lenguas, tradiciones y culturas.
Nuestro siglo XX se ha caracterizado por haber ocurrido en él dos grandes guerras –la Primera y la Segunda Mundiales– así como por la popularización de las nuevas formas artísticas, propiciada por los medios de comunicación de masas.
La Guerra Civil española supuso, entre otras cosas, una ruptura con los modelos culturales anteriores. Desde el punto de vista literario, los últimos autores de las generaciones del 98 y del 27 mueren en esta época, o bien, a causa de la situación política, salen hacia el exilio. Los escritores jóvenes se ven privados del contacto con su inmediata tradición anterior, así como con la de las principales corrientes literarias europeas. Estas circunstancias producen un empobrecimiento y un declive de nuestra literatura que a partir de aquí se dividirá en:
> Literatura de postguerra que es la que se escribe en el interior del país.
> Literatura del exilio, escrita por los autores que emigraron a otras naciones, especialmente las hispanoamericanas.
Aunque coartada por la censura y por la falta de contacto con las nuevas corrientes, la literatura del interior refleja un afán de originalidad y una continua búsqueda de nuevas formas de expresión que. poco a poco, irán consiguiendo una mayor calidad artística.
A grandes rasgos, podernos dividir la novela en dos corrientes principales, que coinciden con dos etapas cronológicas:
~ Novela existencial y neorrealista: desde 1939, año final de la Guerra Civil, hasta 1962.
~ Novela experimental: desde 1962, publicación de la obra Tiempo de silencio de Luis Martín Santos, hasta 1975.
1.-
LA NOVELA DE LOS AÑOS 40: CELA Y DELIBES
En los años cuarenta, la producción está dominada por autores que
conocieron la Guerra Civil: CAMILO
JOSÉ CELA, CARMEN LAFORET, GONZALO TORRENTE BALLESTER Y MIGUEL DELIBES. Los
nuevos narradores pusieron de manifiesto la amargura, la desorientación y la
incertidumbre de aquellos años de posguerra; sus personajes son individuos
marginados, desarraigados o angustiados (NOVELA
EXISTENCIAL) ; en cuanto a técnicas narrativas, conectaron con el
realismo del XIX. Dos fechas suelen señalarse como el inicio de recuperación
de la novela: 1942, con “La familia de Pascual Duarte” de Cela, y
1944, con “Nada” de Carmen Laforet (Se habla de temática
existencial, porque en ella aparecen unos personajes angustiados e
insatisfechos). Algunos críticos
ven en estas dos novelas el anuncio de lo que va a ser el realismo social
de años posteriores.
CAMILO JOSÉ CELA
En 1942
publica “La familia de Pascual Duarte”. El relato se centra en
Pascual Duarte, un campesino extremeño condenado a muerte por una serie de
asesinatos. Para saber
más sobre La familia de Pascual Duarte, pincha aquí. 
En 1948 publica “Viaje
a la Alcarria”, que él mismo definió como “libro de andar y ver”. El
narrador se echa a andar por los pueblos de esta comarca de la provincia de
Guadalajara , admirando su paisaje y hablando con sus gentes,
En 1951 publica “La
colmena”, que refleja la vida del Madrid de posguerra durante tres días
de 1942. Unos trescientos personajes aparecen y desaparecen de las páginas de
una novela sin desenlace. Los protagonistas son “los miles de hombres sin
historia”. Todos viven sometidos a los problemas cotidianos y vencidos por la
miseria y la desesperación, aislados en las celdillas de la inmensa colmena que
simboliza la ciudad de Madrid.
La Colmena se
estructura en múltiples secuencias o viñetas, de longitud variable. En estas
secuencias se salta de unos personajes a otros y de unos sitios a otros, de modo
que asistimos a hechos que acaecen a veces de modo simultáneo en lugares
distintos (técnica del “contrapunto” que mezcla y alterna historias
distintas). La historia transcurre en poco más de dos días y los espacios son
siempre los centros típicos de relaciones sociales de la época: cafés, casas
de vecindad, burdeles, al calle. Se ha hablado del objetivismo de la
novela (considerar en la narración sólo lo que podía ser percibido por un
observador externo; típico de la novela conductista que debía limitarse a
registrar los comportamientos (lo que hacen, lo que dicen) de los personajes sin
penetrar en su interior), pero aunque los personajes son meras formas de
conducta que reaccionan ante estímulos del entorno –el sexo, el hambre- Cela
intervienen como narrador omnisciente haciendo observaciones y comentarios sobre
situaciones y personajes.
OTRAS OBRAS de
Cela: “San Camilo 1936” (1969), “Oficio de tinieblas, 5 (1973), “Mazurca
para dos muertos” (1987) y, la última, “Madera de boj”.
MIGUEL DELIBES
Además de las
novelas es autor de libros de viajes, de libros dedicados a sus aficiones de la
caza y la
pesca , a su amor por las tierras castellanas. En 1948 publica “La
sombra del ciprés es alargada”; en 1950 publica “El camino”,
donde retrata con ojos infantiles la vida de un pueblo y sus gentes; en 1955
publica “Diario de un cazador”; en 1962, “Las ratas”, desolado
cuadro de un misérrimo pueblo castellano; en 1966 publica “Cinco horas con
Mario”, soliloquio de una
mujer que dialoga imaginariamente con su marido la noche en que vela su cadáver,
y que sirve para hacer un retrato de la vida en una capital de
provincias; en 1973 “El príncipe destronado”, visión infantil del mundo
del os adultos; en i981, “Los santos inocentes”, donde aparece otra
vez su preocupación por el mundo campesinado, la desigualdad social, la
explotación de los débiles, el recuerdo de la Guerra Civil; en 1988 publica ”El
hereje”, novela histórica.
El LENGUAJE de
Delibes: Delibes muestra un prodigioso dominio del castellanos y su capacidad de
plasmar los usos más diversos: el habla campesina, la lengua coloquial, el
lenguaje infantil, los diversos niveles lingüísticos de las clases medias.
GONZALO
TORRENTE BALLESTER
empieza a escribir en la posguerra (1943, “Javier Mariño”) pero su obra (lo
mismo que en lel caso de CELA y DELIBES)e extiende a los largo de toda la
segunda mitad del XX: “Los gozos y
Las sombras
(1957-62), “Don Juan” (1963) “La saga/fuga de J. B.” (1972),
“Crónica del rey pasmado” (1990).
2.-
LA NOVELA DE LOS 50: EL REALISMO SOCIAL.
Para muchos,
“La colmena” de Cela, publicada en 1951, es un precedente de la novela
social. En ella con más o menos realismo aparece reflejada la sociedad del
momento (la de la inmediata posguerra).
Pero es hacia
mediados del decenio cuando se dan a conocer toda una serie de escritores que,
con una intención crítica, van a
llevar a sus novelas como temas fundamentales las injusticias y las
desigualdades sociales (literatura comprometida). Como técnica
narrativa, se recurre al objetivismo o behaviorismo: el narrador
desaparece (se limita a unas escuetas informaciones referentes
a lo que una cámara fotográfica podía registrar) , no hay introspección
ni pensamiento de los personajes, y todo el relato se basa en el diálogo de los
personajes. A menudo; se emplea un lenguaje cercano al coloquial.
Se distinguen dos
tendencias:
a) El
neorrealismo.
Que se centra en los problemas del
hombre como ser individual (la soledad, la frustración...): Ana Maria Matute,
Ignacio Aldecoa, (“El fulgor y la sangre”),
Rafael Sánchez Ferlosio (“El Jarama”,
1956; novela conductista; crónica de un día de domingo de un grupo de jóvenes
junto al río Jarama) y Carmen Martín Gaite (“Entre visillos”).
b) Novela
social (realismo social):
se centra en los problemas de los grupos sociales. Jesús Fernández Santos
(“Los bravos”, 1954), Jesús López Pacheco (Central eléctrica), Juan García
Hortelano ( “Nuevas amistades”, 1959, “Tormenta de verano”); Armando López
Salinas (“La mina”)
En los años
cincuenta también se cultivan otros tendencias narrativas: libros de viajes y
relatos cortos o cuentos (Ignacio Aldecoa)
Apartado de la
estética realista se encuentra al obra del escritor gallego Álvaro
Cunqueiro (“Merlín y familia”, 1957; “Las crónicas del sochantre”,
1957; “Un hombre que se parecía a Orestes”, 1969 (rehace a su manera el
mito clásico). En sus novelas y
relatos breves se deforma el espacio y el tiempo y predomina lo fantástico y
lo mágico.
TEMAS.
Los temas capitales de estos novelistas son la infructuosidad, la soledad
social y la guerra como recuerdo y sus consecuencias. Salen a la España de los
caminos en busca del pueblo perdido (en el esfuerzo estéril y el aislamiento: Juan Goytisolo en Campos de Níjar) y alguno vuelve a la ciudad para
encontrar otra parte del pueblo perdido (en el apartamiento de grupos y clases).
Los protagonistas viven su soledad no de un modo individual, sino social:
barrios, círculos, grupos... Es una soledad engendrada por la desconexión
entre ricos y pobres, trabajo y capital, campo y ciudad, pueblo y Estado. La razón
última de esa soledad está en la división de los españoles, recrudecida por
la guerra.(Ninguno de los novelistas ha escrito novelas sobre la guerra, pero en
sus obras aparece como referencia, como trasfondo lejano, recuerdo o antecedente
determinador.)
En la temática destaca un desplazamiento de lo individual a lo colectivo:
la sociedad española se convierte en tema narrativo. Los principales campos temáticos
son:
-La dura vida del campo: Los bravos, de Jesús Fernández Santos
(1954), Dos días de setiembre, de Caballero Bonald (1962).
-El mundo del trabajo, con las relaciones laborales: Central eléctrica,
de López Pacheco (1958).
-El mundo urbano, abarcando un amplio panorama (La Colmena, de Cela,
1951) o presentando el mundo de los suburbios y mostrando solidaridad con los
humildes.
-La burguesía: Juegos de manos, de J. Goytisolo (1954).
En general predominan los ambientes de intemperie: campo,
mar, aldeas, arrabales...
El tiempo de la acción de estas novelas suele
ser la actualidad, como corresponde al común intento de iluminar el presente.
El espacio y el tiempo suelen concentrarse para conseguir una historia modélica.
Modélico resulta también el personaje, concebido desde supuestos muy
maniqueos, poco analizado en su dimensión psicológica.
El estilo se caracteriza por una deliberada
pobreza léxica y por una tendencia populista a recoger los aspectos más
superficiales de los registros lingüísticos populares o coloquiales. Pero no
podemos decir sin más que estemos ante un estilo descuidado, pues en bastantes
obras se muestra un notable interés por lo formal. Estos
autores aportaron novedades, pero el contenido en ellos adquiere prioridad y a
él se subordinan las técnicas elegidas; se antepone la eficacia de las formas
a su belleza; y, desde luego, se rechaza la pura experimentación o el
virtuosismo.
3.- LA
NOVELA EXPERIMENTAL (1962-1975)
Hacia los años
sesenta, una serie de fenómenos culturales. corno la llegada masiva del turismo
o la lectura y difusión de los autores hispanoamericanos, así como el
agotamiento artístico de la literatura testimonial de la época anterior,
producen un cambio en la narrativa de esta década, que experimentará una
profunda renovación temática y formal.
Los escritores empiezan a preocuparse por la función de la imaginación, la
elaboración lingüística, la estructura novelesca y las técnicas narrativas,
concentrando todos sus esfuerzos en la investigación sobre las posibilidades
del lenguaje. Surge así la novela experimental, cuya obra más representativa
es Tiempo de Silencio de Luis Martín Santos, que abandonando la posición
objetiva de los autores anteriores, utiliza la segunda persona narrativa y diseña
personajes totalmente individualizados, no prototípicos de una clase social.
Otros autores importantes dentro de esta tendencia son: Juan Goytisolo con Señas
de identidad, Juan Benet Volverás a Región y Juan Marsé, cuya obra
es una crítica acerca de los jóvenes burgueses.
Los novelistas
abandonan progresivamente las esperanzas de que sus obras puedan tener una
repercusión social directa -idea
central de la anterior narrativa del realismo social- y, aunque en muchas obras
no va a faltar la intención crítica, los autores centrarán básicamente sus
esfuerzos en la renovación formal y en la experimentación técnica y
lingüística.
Año decisivo en
esta nueva orientación va a ser el de 1962, fecha de la aparición de “Tiempo
de silencio” de LUIS MARTÍN-SANTOS. A estos propósitos innovadores
contribuye también el ‘boom’ de la novela hispanoamericana: “La ciudad y
los perros” de Mario Vargas Llosa (1962),
“El siglo de las luces (1962) de Alejo Carpentier, “La muerte de
Artemio Cruz” (1962) de Carlos
Fuentes, “Rayuela” (1963) de Julio Cortázar, “Cien años de soledad”
(1967) de Gabriel García Márquez. También el que se conocen las obras de los grandes novelistas extranjeros del XX: Marcel Proust,
James Joyce, Franz Kafka, William Faulkner...
Algunas
características generales de la nueva narrativa son:
a)
Pierde importancia
la trama narrativa, el argumento; la acción es mínima.
b)
El protagonista es
a menudo un ser borroso e inconcreto cuya historia no conocemos con
precisión. Muchas veces es un ser desvalido, sin voluntad para oponerse
a las circunstancias de la vida.
c)
El ESPACIO
tiende a reducirse y comprimirse, y, a veces, no es más que un marco impreciso
en el que sucede el mínimo argumento.
d)
El TIEMPO novelesco
también sufre profundos cambios. A veces la acción se desarrolla en un límite
de tiempo muy reducido (ya en “La colmena” la acción se desarrolla en dos días
y medio; en “Cinco horas con Mario”, la parte central se desarrolla en sólo
cinco horas de una noche, mientras se vela un cadáver). Se evita el relato
cronológicamente lineal. Se mezclan saltos atrás en el tiempo
(retrospecciones) con anticipaciones. El caos temporal puede convertir el texto
en un laberinto o rompecabezas que el lector debe esforzare en recomponer.
e)
La ESTRUCTURA
está muchas veces pensada precisamente en función de crear esa sensación de
laberinto por el que el lector ha de aprender a transitar. Suele perderse el
habitual esquema de planteamiento, nudo y desenlace. De hecho, con frecuencia éste
no existe y nos encontramos ante novelas de estructura abierta.
f)
Empleo flexible de
las personas narrativas (narrador objetivo, omnisciente, narrador en1ª persona,
incluso en segunda) y fluctuante punto de vista (Es normal el punto de
vista múltiple y cambiante que
ofrece distintas perspectivas de la realidad; un ejemplo, aunque posterior,
es “La verdad sobre el caso Savolta”).
g)
Muchas de las
novelas son reflexiones implícitas o explícitas sobre el propio género de la
novela (lo que se conoce con el nombre de ‘metaliteratura’ o ‘metanovela’)
h)
Otra característica
de la novela experimental es la renovación lingüística y estilística.
El lenguaje se complica con todo tipo de procedimientos y recursos: léxico
rebuscado, rupturas sintácticas, oraciones muy largas y complejas, pero también
uso de la frase breve, casi telegráfica o del lenguaje coloquial y aun vulgar;
a veces se suprime todo signo de puntuación; o se eliminan las habituales
divisiones en partes y capítulos y se sustituyen por fragmentos de texto
separados por espacios en blanco. Por otra parte, el interés por presentar
estados de conciencia de los personajes tienen como consecuencia el
frecuente empleo del monólogo interior y del estilo indirecto libre.
“Tiempo
de silencio”
(1962) de LUIS MARTÍN SANTOS es la
pionera de todo el experimentalismo narrativo posterior. En ella se recogen las
experiencias de Pedro, un investigador científico envuelto en un asunto penal y
en una persecución amorosa. Con el personaje, el lector recorrerá los
distintos ambientes de Madrid, la marginalidad de las chabolas, la clase media,
el mundo intelectual y la aristocracia. “Tiempo de silencio” rompe con la
hasta entonces pujante novela social-realista. El narrador interviene con
comentarios varios; se introducen digresiones ajenas a la trama central; empleo
del monólogo interior; uso del lenguaje con intención paródica, irónica o cómica;
rebuscamiento expresivo que da por resultado un lenguaje barroco y complejo.
Juan Marsé
(“Ultimas tardes con Teresa”(1966): sátira de la burguesía progresista
catalana y de los estudiantes comprometidos de esos años).
La tendencia más
experimental tiene su máximo representante en Juan Benet (“Volverás a
Región”, 1968; recrea un espacio mítico, Región, en la que realidad y
fantasía s mezclan para revelar la decadencia del ser humano y la sociedad española.
Se relata sin orden cronológico mediante una sintaxis complejísima, que abunda
en incisos, aclaraciones, digresiones, monólogos. Los personajes saltan de un
lugar a otro sin que pueda determinarse su vinculación con un lugar concreto ni
sus relaciones con los demás personajes.
Autores que ya habían
publicado con anterioridad se suman
a la renovación: Cela (“Oficio de tinieblas 5”; Juan Goytisolo
(trilogía formada por“Señas de
identidad” (1966), expresión de estados de conciencia de un sujeto que se
dirige a sí mismo en segunda persona, y desde la conciencia del protagonista se
indaga en el ser de España; “Reivindicación del conde D. Julián” (1970) y
“Juan sin Tierra” (1975); Torrente Ballester (“La saga/fuga de J.B.”
crea un espacio mítico a lo largo de mil años); Miguel Delibes
(“Cinco horas con Mario, 1966: una mujer, Carmen, al tiempo que vela el cadáver
de su esposo, Mario, entabla con este un ‘diálogo’/monólogo a partir de la
lectura de los subrayados de la Biblia del marido, diálogo que sirve para que
el lector se adentra en lo que ha sido la vida de ambos).
4.-
La novela actual. Las últimas tendencias
El año 1975 puede
considerarse la fecha inicial de una nueva corriente literaria, en la que
influyen sobre todo los planteamientos políticos: existencia de un régimen
democrático y consiguiente libertad de expresión.
Como consecuencia, la obra de los escritores se individualiza, se abandona la
novela experimental de los sesenta y se buscan manifestaciones artísticas más
personales.
A partir de esta fecha irrumpe con fuerza una nueva generación literaria en la
que se nota una vuelta a las narraciones clásicas, es decir, aquellas que
cuentan historias con las que se intenta atraer al lector.
En esta tendencia encontramos autores fundamentales de la narrativa actual.
Entre los más recientes podemos citar un grupo de escritoras como Lourdes
Ortiz, Marina Mayoral o Rosa Montero, cuya obra Temblor mezcla la novela
iniciática y de aventuras con lo mágico. Asimismo destacan Alfonso Grosso,
Eduardo Mendoza (para su
obra y en especial "La verdad sobre el caso Savolta", pincha aquí), Manuel Vázquez Montalbán o Javier Marías que en su Travesía
del Horizonte parodia la novela de aventuras.
Bastante conocidos son también Julio Llamazares, cuya personal visión de la
realidad se transparenta en El río del olvido; Juan José Millás con
evidentes influencias de Kafka y el psicoanálisis; José María Merino que ha
escrito una amena trilogía sobre la conquista de América o Luis Mateo Diez
que
en Las horas completas revitaliza originalmente el realismo literario. No
debemos olvidar a Antonio Muñoz Molina, Premio Nacional de Literatura 1988,
cuyas obras más conocidas son El invierno en Lisboa y Beltenebros.
Enorme popularidad ha alcanzado Arturo Pérez Reverte desde la publicación
de El maestro de esgrima (1988), a la que han seguido El club Dumas,
La tabla de Flandes o Territorio comanche (1994), inspirada esta última en
los conflictos de la ex-Yugoslavia. En 1995 publica La piel del tambor,
obra ambientada en Sevilla, lugar en el que un sacerdote enviado desde El
Vaticano, debe investigar unos misteriosos crímenes que suceden en una Iglesia
casi en ruinas, "una iglesia que mata para defenderse". Es una obra
bastante tópica en cuanto a su ambientación: al parecer, en Sevilla sólo
hay gitanas, toreros frustrados, curas y gentes de la alta nobleza. En 1996
publica El Capitán Alatriste, historia de un soldado en la España
barroca. Se concibe como la primera de una serie de ocho novelas con los mismos
protagonistas; la segunda entrega (Limpieza de sangre) se publica en 1997
y la tercera (El sol de Breda) para la campaña navideña del 98-99. El
valor fundamental de Pérez Reverte reside en su habilidad para dosificar la
intriga; estilísticamente son obras pobres, de escaso valor, donde prima la
trama sobre cualquier otra cosa.