Modernismo y 98 como fenómeno histórico, social y estético. El Modernismo y Rubén Darío

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1. La situación política y social a fines del siglo xix y comienzos del XX
El destronamiento de Isabel II (revolución liberal del 68) sumió a España en un periodo de inestabilidad política.
Las revoluciones separatistas de Cuba, iniciadas en 1895, culminaron, tras la intervención de Estados Unidos, con la independencia de la antigua colonia en 1898. En este mismo año se perdieron Puerto Rico y Filipinas, quedando así desmantelado el viejo imperio español.
Las insurrecciones de Marruecos obligaron al Gobierno a intervenir en 1893 y 1909. Estos acontecimientos, unidos a las reivindicaciones obreras, alteraron la convivencia nacional y provocaron importantes disturbios sociales que culminaron con la huelga general y la Semana Trágica de Barcelona (1909). Las medidas represivas del Gobierno provocaron una oleada de protestas internacionales y dividieron a la opinión pública española.
Durante el reinado de Alfonso XIII (1902-1931) estalló la Primera Guerra Mundial, en la que España permaneció neutral. Sin embargo, la población se dividió ideológicamente en «aliadófilos» y «germanófilos». Para acabar con un largo periodo de inestabilidad política, el general Primo de Rivera, con el consentimiento real, dio un golpe de estado en 1923 e instauró una dictadura, que duró hasta 1930. En 1931, los resultados de las elecciones locales fueron favorables a la coalición de partidos republicanos, como consecuencia de lo cual, en España se proclamó la Segunda República y el rey tuvo que exiliarse a Francia.
Desde finales del siglo xix y durante las primeras décadas del xx se produjo en España una concentración de capitales en la industria. Esto, unido al fuerte crecimiento demográfico, hizo que una gran masa de la población se acabara concentrando en los núcleos urbanos. La situación del campo llegó a ser crítica y en extensas zonas de España —Extremadura, Andalucía, Castilla— se pasaba hambre en los meses de escasez.
Creció el poder de los sindicatos y las desigualdades sociales originaron tensiones entre las clases dominantes y las más desfavorecidas. La antigua aristocracia perdió su prestigio y fue sustituida por una nueva clase social, formada fundamentalmente por financieros y empresarios.
| Bases filosóficas de la crisis de fin de
siglo: Arthur Schopenhauer (1788-1860) defiende en su obra El mundo como voluntad y representación la enorme subjetividad que impregna todas las percepciones humanas. Según él, la razón sólo es capaz de captar los aspectos fenoménicos, las apariencias de las cosas. Afirma que la esencia del mundo es la voluntad, que engendra lucha permanente, dolor y angustia. El ser humano ha de elegir entre reafirmarse en ella y, por tanto, vivir en la angustia, o aniquilarse ascéticamente y alcanzar la «ataraxia», una especie de nirvana espiritual. Sören Kierkegaard (1813-1855) medita sobre la dimensión religiosa y existencial del ser humano. Cree que toda persona lleva en su interior la angustia y la idea de pecado. La aceptación de esta angustia es, según él, el único camino que lleva a la fe y a la salvación. Friedrich Nietzsche (1844-1900) reivindica el valor de lo dionisíaco -la vitalidad desbordada, lo irracionalismo complemento de lo apolíneo, que representa la medida y el equilibrio. Elabora el concepto de superhombre, como rechazo a los valores de la moral de los esclavos, por la que está regido el mundo europeo. El superhombre es fuerte, poderoso, desprecia la debilidad, la adulación y la mentira; admira la fuerza y la audacia; y, sobre todo, ama esta vida. Nietzsche crea también el mito del eterno retorno. el ser humano habrá de elegir conscientemente hasta el más insignificante acto de su vida como si, segundo a segundo, hubiera de repetirse eternamente de forma cíclica. Henri Bergson (1859-1941) ensalza en sus obras el valor de la intuición frente a la razón como vía de conocimiento.La tendencia al idealismo se manifiesta en una ola de religiosidad y misticismo que se puso de moda en los últimos años del siglo xix (interés por la teosofía, la cábala, el ocultismo, la alquimia, el budismo, etcétera). |
2. La crisis de fin de siglo en Europa
Hacia 1885 comienza, según los críticos, una «crisis universal de las letras y el espíritu» manifestada en todos los campos del saber humano y que representa la expresión del hondo cambio histórico que se produce, coincidiendo con el paso del siglo xix al xx.
Se extiende un sentimiento de falta de fe en la técnica y en el poder liberador de la ciencia. Los artistas vuelven sus ojos a la naturaleza y a los ideales románticos, y reivindican la libertad creadora y el retorno a la intimidad.
2.1. El cambio de valores intelectuales
Frente al racionalismo positivista y al materialismo de finales del siglo xix, los intelectuales reivindican el irracionalismo y el idealismo. Cuatro filósofos influyen poderosamente en los artistas de la época: Arthur Schopenhauer, Lêconte Kierkegaard, Friedrich Nietzsche y Henri Bergson. Junto a ellos, las doctrinas de Sigmund Freud van a favorecer este cambio de valores. Sus estudios sobre el psicoanálisis demostraron la existencia de una actividad psíquica inconsciente y ampliaron la visión del ser humano. Por influencia del psicoanálisis, la literatura valorará las asociaciones ¡lógicas como expresiones de vivencias subconscientes.
2.2. El cambio de valores estéticos
Las manifestaciones artísticas del fin de siglo se caracterizan por su heterogeneidad.
La nueva estética recoge elementos de una serie de movimientos anteriores:
§ El Parnasianismo. Creado en Francia por Théophile Gautier y seguido por poetas como Leconte de Lisle o Charles Baudelaire. Sus seguidores desean dejar fuera de la obra la intimidad del autor y defienden «el arte por el arte», es decir, el culto absoluto a la perfección formal. Depuran y seleccionan el léxico para sublimar la realidad liberándola de toda fealdad o vulgaridad y utilizan un lenguaje de gran plasticidad y cromatismo. Este deseo de huir de lo prosaico les lleva a refugiarse en inundos exóticos. A los parnasianos les entusiasma todo lo relacionado con la cultura griega clásica (mármoles, estatuas, mitos ... ) y todo lo oriental.
§ El Simbolismo. En torno a 1885 surge en Francia una generación poética que recupera la obra de poetas simbolistas anteriores como Baudelaire, Mallarmé o Verlaine. Los simbolistas creen en la correspondencia entre las percepciones sensoriales y la vida espiritual, y consideran que la labor del poeta consiste en descifrar esos paralelismos ocultos. Quieren dotar a las palabras de un fuerte valor emotivo y, para ello, buscan el matiz, la sugerencia. Como a los parnasianos, les interesa la belleza; pero, además, dan entrada a lo irracional, buscan lo oculto que existe más allá de la realidad corriente. El poeta se sirve para ello de instrumentos poéticos como la sinestesia y el símbolo. Este movimiento, junto al anterior, es el que más influyó en los autores españoles de fin de siglo.
§ El Decadentismo. Sus seguidores reivindican el encanto de lo malsano, lo prohibido, lo escandaloso o lo raro. Los artistas decadentistas se sitúan contra la sociedad y buscan «paraísos artificiales» en las drogas, el alcohol, etcétera.
3 El fin de siglo en España
3.1. La renovación ideológica
En España, la crisis de valores propia del fin de siglo se acentúa a causa de los graves conflictos que tiene que afrontar nuestro país. Tras la pérdida de las últimas colonias se habla de desastre y la situación provoca que los intelectuales -krausistas, regeneracionistas, modernistas y los del llamado Grupo del 98- inicien una campaña de crítica a la situación nacional. Estos autores van a realizar importantes aportaciones a la cultura española del siglo xx en un ambiente de renovación ideológica y artística que ha permitido a la crítica calificar esta etapa como la Edad de Plata de nuestras letras.
El Krausismo
Fue una corriente filosófica basada en las teorías del filósofo alemán del siglo xix Karl Christian Friedrich Krause. En España, sus máximos representantes son Julián Sanz del Río y Francisco Giner de los Ríos. Los krausistas creen en un racionalismo armónico. Otorgan una enorme importancia a la unidad entre espíritu y naturaleza, y creen en un Ser Supremo al que aspira la humanidad. Valoran la moral, entendida como el ejercicio de la virtud, el derecho, el Estado, la religión, la ciencia y el arte. Su ideal es la perfección armónica del ser humano; consideran que el mejor medio para conseguirla y resolver los problemas de España es su reforma moral y pedagógica.
Francisco Giner de los Ríos intentó llevar a cabo los ideales krausistas en la Institución Libre de Enseñanza, institución educativa de carácter laico y liberal en la que aplicó nuevos métodos pedagógicos: se opuso al aprendizaje memorístico y promovió la relación personal entre profesores y alumnos, el amor al arte, al folclore y a la naturaleza. Por esta institución pasaron prestigiosos artistas y escritores de la época como los hermanos Machado, Juan Ramón Jiménez, etc. Cumplió así la finalidad para la que fue creada: formar a una minoría de intelectuales que fuera capaz de transformar la sociedad española.
El Regeneracionismo
La crisis del sistema político de la Restauración y la sensación general de decadencia, agravada por la realidad del desastre del 98, hizo reaccionar a un reducido grupo de intelectuales y políticos que plantearon en sus escritos la necesidad de regenerar España identificando sus problemas y proponiendo remedios eficaces para superarlos.
Los regeneracionistas, con Joaquín Costa a la cabeza, señalan como una de las principales causas de la decadencia española la degradación del sistema socioeconómico y político de la Restauración. Su programa de regeneración propone: acabar con el caciquismo y con el retraso que supone el excesivo peso de la tradición, llevar a cabo la reforma del campo, conseguir «escuela y despensa» para todos, y tener en cuenta el modelo europeo (europeización) para hacer progresar al país.
3.2. La generación de fin de siglo. ¿Modernismo frente a Grupo del 98?
En el periodo que abarca los últimos años del siglo xix y los primeros del xx se dan a conocer en España una serie de autores importantes adscritos tradicionalmente a dos movimientos: el Modernismo y la Generación del 98.
La crítica ha mantenido al respecto dos posturas encontradas. Para algunos, como
Valbuena Prat, Pedro Salinas o Guillermo Díaz Plaja, Modernismo y Generación del 98 son dos grupos claramente diferenciados; para otros, como
Juan Ramón Jiménez o Ricardo Gullón, Modernismo y 98 son una misma cosa, y representan la forma hispánica de la crisis de fin de siglo.
Modernismo y 98 tienen más elementos en común que diferencias. Los autores modernistas y los del Grupo del 98 pertenecen a una misma generación histórica y forman parte de un mismo fenómeno: el Modernismo, que, como movimiento cultural, trae consigo un nuevo clima estético, y en cuyo seno surge un grupo, el del 98, que, sin oponerse al anterior, presenta características propias.
Así, mientras los precursores del Modernismo son poetas, los del 98 son ideólogos; mientras a los modernistas los mueve la búsqueda de la belleza, a los del 98, la verdad; mientras aquellos se declaran cosmopolitas, estos se sienten profundamente españoles; por último, si la literatura modernista es una literatura de los sentidos y la del 98 de las ideas. Sin embargo, es evidente que a ambos movimientos une la urgencia de derribar los viejos valores y la conciencia de desastre.
4. El Modernismo
El Modernismo nace en Hispanoamérica, hacia 1875, gracias a la obra de poetas como José Martí o Manuel Gutiérrez Nájera, pero será Rubén Darío quien conformará definitivamente las bases de este movimiento que afectará a todas las manifestaciones artísticas. Aunque la lírica es el género más cultivado, la narrativa y el teatro también están representados.
Los autores modernistas, descontentos con la realidad, se enfrentan a la estética dominante y realizan una profunda renovación literaria que afecta tanto a la forma como al contenido.
TEMÁTICA DEL MODERNISMO.-
Según Ricardo Gullón (Direcciones
del Modernismo) los
temas de la literatura modernista podemos clasificarlos en dos grandes bloques
que responden en buena medida a las influencias básicas de los movimientos
parnasiano y simbolista.
1. La literatura de los sentidos.- Algunos escritores pondrán sus ojos
en la exterioridad sensible, buscando la perfección formal, la belleza. La
influencia parnasiana es evidente en estos casos.
2. La literatura de la intimidad.- Otros autores y otras obras apuntan
hacia la expresión de la intimidad, de los sentimientos del autor. Estos
sentimientos pueden ser vitalistas y optimistas:
“Ínclitas
razas ubérrimas
sangre de Hispania fecunda”3
o bien, angustiados y melancólicos,
“Ser y no saber
nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
Y sufrir por la vida y por la sombra y por
Lo que no conocemos y apenas sospechamos,
Y la carne que tienta con sus frescos racimos,
Y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...” DARÍO,
“Salutación del optimista”.
En
esta línea literaria se puede apreciar la presencia del Simbolismo, y es la que
mejor puede explicarnos el Modernismo como manifestación de la Crisis de Fin de
Siglo. Vinculados en mayor o menor medida con uno u otro de los dos bloques de
contenidos anteriores, encontramos en la literatura modernista una serie de
temas recurrentes:
A) La crisis espiritual.- Sensaciones de soledad, de melancolía, de
tristeza, de desarraigo de una sociedad que no puede ni quiere comprender al
artista. Esta crisis provocará la exaltación de todo aquello que vaya contra
lo racional y real, y así, entrarán en sus obras lo pasional, lo fantástico,
el misterio, los sueños...
La expresión de estos sentimientos angustiados la realizarán por medio de símbolos
como ‘la tarde’, ‘el otoño’,
‘los parques’, etc...
B) La evasión.- Este tema deriva del anterior: el escritor se encuentra
inmerso en una realidad que le disgusta y tiene que manifestar su disconformidad
de alguna manera. Algunos autores intentarán transformar la realidad mediante
la crítica y la acción política,
“Yo
soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma” (José Martí, “Versos sencillos”)
pero
la mayoría preferirá olvidarse de esa realidad, escaparse de ella,
“La
princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
Está mudo el teclado de su clave sonoro;
Y en el vaso olvidada se desmaya una flor.” (Rubén Darío, “Sonatina”)
En
la literatura modernista nos encontraremos tres maneras diferentes de evasión
de la realidad:
§
El mundo de los sueños.
§ La
evasión temporal hacia mundos pasados supuestamente más bellos y más libres.
§ La
evasión espacial hacia mundos exóticos (orientales, sobre todo) en los que
encontrar aquello de lo que carece la civilización occidental.
C)
Cosmopolitismo.- Es consecuencia de la necesidad de evasión. Muchos
autores intentaron buscar la diferencia en los comportamientos aristocráticos
alejados de la mediocridad burguesa dominante. Ese cosmopolitismo desembocó en
una devoción por la gran ciudad y por la vida bohemia.
D) El sentimiento amoroso.- El amor en la literatura modernista oscilará
entre dos polos opuestos:
§ La
idealización del amor y de la mujer entendido como amor imposible e
inalcanzable. El amor irá asociado a sentimientos como la tristeza, soledad,
melancolía, ...
§ Concepción
vitalista del amor marcada por la búsqueda del sexo y del placer. Esta actitud
hay que relacionarla con el deseo de los modernistas de rebelarse contra toda
norma y moral.
E) La búsqueda de las raíces.- Los modernistas hispanoamericanos se
ocuparán con sus obras de recuperar el pasado precolombino y sus mitos
con el fin de autoafirmarse frente a la tradición española. En un segundo
momento, sin embargo, los autores hispanoamericanos volverán a ocuparse de la
tradición hispánica como acto de afirmación frente a la presión económica,
política, militar y cultural estadounidense.
La búsqueda de las raíces propias del individuo se debe entender también como
consecuencia de la crisis espiritual que está en la base del Modernismo: cuando
al artista se le rompe su realidad, necesita encontrar unas nuevas bases sobre
las que construir una nueva realidad más satisfactoria.
EL ESTILO MODERNISTA.-
Si tuviéramos que intentar definir el estilo modernista en pocas palabras, lo haríamos con las que siguen:
“El
Modernismo era el encuentro de nuevo con la belleza, sepultada durante el siglo
XIX por un tono general de poesía burguesa.” (Juan Ramón Jiménez)
En
estas palabras podemos encontrar la base de la intención estética modernista:
diferenciarse de la mediocridad burguesa (también en literatura) dominante y
hacerlo mediante el cultivo de la Belleza, ya que la literatura realista (la
propia de la sociedad burguesa) había preferido cultivar otros valores (la
autenticidad, la crítica, la denuncia, ...). A esta actitud de búsqueda de la
Belleza es a lo que llamamos esteticismo.
Algunas de las características que definen el esteticismo modernista pueden
ser:
A) Intento de reflejar mediante la palabra múltiples valores sensoriales
(auditivos, visuales, olfativos, etc...)
B) Abundan los recursos fónicos que son útiles para conseguir la musicalidad
del verso.
C) Enriquecimiento léxico por la introducción de cultismos y neologismos.
D) Adjetivación abundante y, en muchos casos, ornamental.
E) Utilización de sinestesias (“furia escarlata”, “rojos destinos”,
etc...).
F) Metáforas e imágenes originales y deslumbrantes
G) En lo referente a la métrica, los
modernistas preferirán los versos largos (dodecasílabos, alejandrinos) y se
caracterizarán por la alteración libre de los versos y estrofas tradicionales.
FASES DEL MODERNISMO.-
Siguiendo
a Ricardo Gullón podemos determinar dos fases en el movimiento modernista:
A) El Modernismo Canónico.-
§
Esteticismo.
§ Escapismo.
§ Literatura
de los sentidos.
§ Influencia
parnasiana.
B)
Postmodernismo.-
§
Menor esteticismo.
§ Relativo
compromiso (social y existencial)
§ Literatura
de la intimidad.
§ Influencia
del Simbolismo.
La
línea que separaría las dos fases señaladas podríamos colocarla en el año
1905 con motivo de la aparición del libro Cantos de vida y esperanza de
Rubén Darío. Por lo que se refiere a los escritores españoles, hemos de decir
que la mayoría de ellos (al menos los que han conseguido vencer al tiempo) se
situarían en la segunda fase (Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez,
Valle-Inclán, ...)
El Modernismo en América y en España
El Modernismo tuvo su origen en Hispanoamérica. Allí hubo un grupo de poetas que pueden considerarse premodernistas: el mejicano Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895), los cubanos Julián del Casal (1863-1893) y José Martí (1853-1895), y el colombiano José Asunción Silva (1865-1896), entre otros. Sin embargo, fue Rubén Darío quien dio carácter específico al movimiento. En España, aunque ya Zorrilla, Rosalía de Castro y Bécquer habían anticipado algunos recursos (innovaciones métricas, intuiciones presimbolistas...), no existió un grupo de poetas premodernistas en sentido estricto.
En América, el Modernismo estaba totalmente definido ya a finales del siglo xix; en España daba sus primeros pasos cuando
Rubén Darío llegó por primera vez a nuestro país en 1892. El Modernismo español comenzó a consolidarse entre 1892 y 1899, coincidiendo con sendos viajes de Rubén a España; en 1900 ya había triunfado de la mano de Juan Ramón Jiménez. A la difusión del Modernismo contribuyeron revistas literarias como Vida nueva (1898) o Helios (1902), en las que participaban Jacinto Benavente, Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez, entre otros jóvenes escritores del momento.
Tanto en América como en España el Modernismo se adaptó al carácter autóctono y al diferente devenir histórico. En el continente americano triunfó la tendencia esteticista; en nuestro país, junto a ella, apareció, a raíz de los acontecimientos históricos del 98, otra tendencia más honda y reflexiva, preocupada por aspectos sociales y existenciales.
RUBÉN DARÍO COMO JEFE DE FILAS DEL MODERNISMO HISPANO
Poeta, periodista y diplomático nicaragüense, considerado el fundador del modernismo. Nació en Metapa, hoy Ciudad Darío (Nicaragua). Sus padres se separaron cuando él todavía era muy pequeño y lo crió una abuela que lo mimó, consintió mucho y presentó en Managua, siendo todavía un adolescente, como un artista prodigio. Leía a los poetas franceses a la vez que era invitado a recitar poesía. En 1886 realizó un viaje a Santiago de Chile que fue su primer contacto con el progreso y la metrópoli. Quedó fascinado, y allí público su primer gran libro
Azul (1888), libro que llamó la atención de la crítica y que el escritor español Juan Valera alabó mucho. De regresó a Managua se casó con Rafaela Contreras, en 1891; quince meses después nació su primer hijo y en 1893 murió su esposa. En 1892, viajó a España como representante del Gobierno nicaragüense para asistir a los actos de celebración del IV Centenario del descubrimiento de América. Suceden unos años de viajes por Estados Unidos, Chile y Francia, y una residencia en Buenos Aires trabajando para el diario La Nación, lo que le dio una reputación internacional. En 1898 regresa a España como corresponsal del mismo diario; en esta estancia en Europa, alterna su residencia entre París y Madrid, es aquí, en 1900, cuando conoce a Francisca Sánchez, una mujer de origen campesino, con la que tuvo un hijo y vivió con ella hasta el resto de sus días. Convertido en un gran poeta de éxito en Europa y América, fue nombrado representante diplomático de Nicaragua en Madrid en 1907, lo que le obligaba a viajar y de ahí que esté considerado como el 'embajador del modernismo' en el mundo. Darío era un hombre que no había olvidado sus raíces provincianas aunque se había transformado en un cosmopolita total, pero veía que el mundo jubiloso de Europa estaba acabando.
Inició la carrera literaria en Chile. Sus primeros poemas son una mezcla de tradicionalismo, romanticismo, al estilo del poeta español Gustavo Adolfo Bécquer, con una temática comprometida con lo social;
Abrojos (1887) y Canto épico a las glorias de Chile (1888). Este mismo año publica
Azul (1888, revisado en 1890), obra todavía romántica sobre la exaltación del amor como algo armónico con la naturaleza y el cosmos. Está dividido en cuatro partes: 'Primaveral', donde desarrolla el tema del amor sexual como algo sagrado, en la línea del Cantar de los cantares; 'Estival' gira en torno al amor como instinto; en 'Autumnal' el amor se canta como nostalgia y, por último, en 'Invernal' aparece un amor mundano y moderno capaz de desafiar la climatología y las estaciones ya que los amantes se refugian en -lechos abrigados… cubiertos de pieles de Astrakán-. A este libro debe que sea considerado como el creador del modernismo; escritores como Ramón María del Valle-Inclán, Antonio Machado, Leopoldo Lugones o Julio Herrera y Reissig le reconocieron como el creador e instaurador de una nueva época en la poesía en lengua española.
Sus viajes por Europa y América, aclamado como gran poeta, le llevan a París y a entrar en contacto con los poetas parnasianos y simbolistas que transformarán sus concepciones poéticas. En
Prosas profanas (1896 y 1901), desarrolla de nuevo el tema del amor pero ya no busca la armonía con la naturaleza sino con el arte. Y en
Cantos de vida y esperanza (1905) expone cómo el Arte supera a la Naturaleza, que se manifiesta a veces como un caos, y es capaz de poner orden, de restablecer la armonía divina, y como tema de fondo su preocupación por el futuro de la cultura hispana. Otra faceta de la obra rubeniana es la de poeta cívico ya que compone poemas tanto para exaltar un glorioso hecho nacional o un héroe, como para realizar una amarga censura.
El canto errante (1907), un libro en el que afrontó los eternos problemas de la humanidad, es su libro, conceptualmente, más universal. En el poema
'A Colón' expresa el espanto que supuso el descubrimiento y enaltece la ingenuidad de la América indígena; en
'A Roosevelt' evalúa a latinos y anglosajones medidos por el patrón materialista de estos últimos.
A partir de 1910 cae en un profundo abandono vital que le lleva a las más variadas excentricidades y bohemias y al consumo excesivo de alcohol. En 1913, cae en un profundo misticismo y es cuando se retira a la isla de Mallorca. Allí empieza a escribir una novela
La isla de oro -que nunca llegó a concluir- en la que sobre todo analiza el desastre hacia el que está caminando Europa. También compone
Canto a Argentina y otros poemas (1914), un libro dedicado a este país en el año de la celebración de su centenario en que quiso seguir el modelo del
Canto a mí mismo de Walt Whitman pero es una obra menor, casi de compromiso, sin la intensidad de sus grandes poemas. En 1915, enfermo y escapando de un continente desgarrado por la I Guerra Mundial, regresó a América.
Rubén Darío es un hito en las letras hispánicas. El modernismo surgió con él y es puente obligado entre las letras de España y Latinoamérica. En un momento en que en España la poesía decaía y se repetía a sí misma sobre calcos vacíos, aportó una savia que, junto con Bécquer, inició el camino para la recuperación, cuyos frutos mas brillantes fueron Juan Ramón Jiménez, las vanguardias y, más tarde, la llamada generación del 27. En Latinoamérica su influencia no fue menor. Aunque la crítica hispánica siempre tuvo en un alto concepto a Darío, desde el centenario de su nacimiento en 1967 su obra se revalorizó notablemente. Se le considera la mejor representación de la expresión americana e hispánica, y a él se debe el desarrollo en las letras hispanas de la búsqueda constante de nuevas formas y lenguajes. Murió en 1916 poco después de llegar a Managua.
5.-
EL
GRUPO
DEL 98.-
Concepto.-
Como
hemos visto en el comienzo del apartado dedicado al Modernismo, en el seno de la
crítica literaria hispánica existe una importante controversia sobre el
concepto de lo que se ha llamado “Generación del 98” y “Modernismo”.
Podemos ahora intentar hacer una reducción de las diferentes posturas:
A) Rechazo de la existencia de una Generación del 98 diferenciada del
Modernismo. Para estos autores, Modernismo y 98 serían diferentes
manifestaciones de una misma actitud y preocupación. En esta línea se sitúan...
§ José
Martínez Ruiz “Azorín”. En un texto de 1913 caracteriza a la “Generación
del 98” por
· Espíritu
de protesta contra lo establecido.
· Profundo
amor al arte.
· Influencias
del Parnasianismo y Simbolismo.
Como
hemos visto, esos tres caracteres eran propios también de la literatura
modernista. El asunto se complica aún más cuando “Azorín” cita los que a
su juicio son los autores más relevantes de la “Generación” e incluye a
Rubén Darío (el autor más significativo de lo que tradicionalmente se ha
conocido como Modernismo) junto a Unamuno, Baroja, Machado, Maeztu, Valle-Inclán
y él mismo.
§ Ricardo
Gullón y José
Carlos Mainer, autores para los que sólo existe un gran movimiento
literario a principios de siglo XX que es producto del cambio de sensibilidad de
la época y que se caracteriza por
·
Rebeldía contra el orden
establecido.
· Propósito
de renovación artística que busca abandonar el Realismo.
B)
Distinción entre Modernismo y Generación del 98.
Algunos críticos piensan, en cambio, que existen suficientes diferencias como
para hablar de dos movimientos o grupos diferentes.
Entre estos estudiosos destacan...
§ Guillermo
Díaz Plaja, que piensa que la
Generación del 98 se caracteriza por
· La
preocupación por el tema de España.
· La
preocupación religiosa y existencial.
· La
sobriedad estilística y la huida, por tanto, del esteticismo modernista.
§ Pedro
Salinas, quien opina de los autores del 98 (Machado, Unamuno, Valle-Inclán,
Baroja, Azorín, Maeztu) forman una generación literaria completamente
diferente de la modernista. Para afirmar esto, aplica los criterios
generacionales de Petersen:
· Nacimiento
en años poco distantes.
·
Formación intelectual
semejante.
· Relaciones
personales entre ellos.
·
Participación en actos
colectivos comunes.
·
Acontecimiento generacional.
· Presencia
de un guía.
· Lenguaje
generacional.
· Desaparición
de la generación anterior.
C)
En una postura intermedia nos encontramos a Tuñón de Lara (Medio siglo de cultura española) , crítico que
opina que sólo existe una generación (la modernista) que es la encargada de
introducirnos en el siglo XX, pero que dentro de esa gran generación existe un
grupo de autores (los tradicionalmente llamados autores del 98) que forman un
grupo coherente al tener unos rasgos que les individualizan. En cualquier caso,
habría que tener en cuenta que la literatura de los autores del 98 encaja
perfectamente en la segunda fase del Modernismo que hemos definido en el
apartado anterior.
EVOLUCIÓN IDEOLÓGICA DEL GRUPO DEL 98.-
Primera etapa: Juventud del 98.-
Los primeros años de todos estos autores
vienen dominados por un espíritu de protesta y rebeldía. Ideológicamente, están
cercanos a las posturas más revolucionarias de la época. “Azorín” resumió
esta primera etapa en una frase...
“Un espíritu de
protesta, de rebeldía, animaba a la juventud del 98.”
Y José Carlos Mainer nos dice
de ellos...
“Procedentes de las
clases medias, fueron la primera generación de intelectuales que, de la
vanguardia de la burguesía, intentó pasarse al enemigo”
Segunda etapa: El Grupo de los Tres.-
En el año 1901, “Azorín”, Baroja y
Maeztu publicarán un Manifiesto con el que pretenden animar a “la
generación de un nuevo estado social en España”. La intención de este texto
y de sus autores no es ya revolucionaria (no pretenden cambiarlo todo), sino más
moderada: pretenden reformar el país y entienden que desde la acción política
no es posible.
Tercera etapa: Madurez del 98.-
Hacia el año 1910 los autores del 98 han
abandonado sus intentos de cambiar España, centrándose en sus problemáticas
individuales vistan con un enorme subjetivismo. Este período es el que
tradicionalmente se ha considerado más característico de la Generación del 98
y viene definido por tres rasgos principales:
§ Su
pensamiento enlaza con el de los irracionalismos de la segunda mitad del siglo
XIX (Schopenhauer, Nietzsche y Kierkegaard).
§ Los
temas más corrientes en sus obras girarán en torno a las preocupaciones
religiosas y existenciales.
§ Seguirán
interesándose por España, sus problemas y su esencia, pero desde posturas muy
subjetivas.
ESTÉTICA DEL 98.-
Técnicamente,
la literatura de los autores del 98 podemos caracterizarla por los siguientes
rasgos:
§
Subjetivismo.
§ Predominio
del contenido sobre la expresión.
§ Renovación
lingüística:
· Lenguaje
sencillo y directo.
· Ampliación
del vocabulario mediante la inclusión de términos propios del habla popular y
dialectal o mediante la recuperación de los significados etimológicos de las
palabras.
TEMAS
DEL 98
| Estos
autores evolucionan desde el compromiso social y político de su juventud
hasta la evasión por medio de la literatura a medida que van
envejeciendo. Azorín poseía de joven una ideología anarquista radica
para, posteriormente, evolucionar a posturas conservadoras; Baroja se
mostraba contrario a todo –era anticlerical, antimilitarista,
anticristiano, antijesuita, antimasón, antisocialista y anticomunista–;
Unamuno estaba afiliado al partido socialista; Maeztu se consideraba
anarco-socialista. Todos asistían a las mismas tertulias o a los mismos
actos como elemento ideológico común: realizaron una visita en común a
la tumba de Mariano José de Larra (considerado por algunos como un
precedente de la Generación), fueron de excursión a Toledo en 1902,
asistieron al estreno de Electra de Galdós. Antonio Machado y
Valle-Inclán, mencionados en el capítulo anterior, fueron más bien
modernistas en su juventud (Valle-Inclán, además, simpatizaba con el
carlismo tradicionalista) y poco a poco fueron evolucionando hacia
compromisos de tipo progresista en su madurez. Entre los autores del 98 predomina el uso de la prosa para expresarse. La mayoría de las obras más importantes son novelas o ensayos. Tres autores podemos destacar como poetas: Antonio Machado, Valle-Inclán y Unamuno. Tanto Valle como Unamuno, a pesar de escribir algunas obras de poesía, cultivan fundamentalmente la novela o el ensayo, en el caso del bilbaíno, o la novela y el teatro en el caso del gallego. Por su parte, Machado es el poeta de la Generación. Aunque tenga escritos en prosa más o menos apreciables, destaca fundamentalmente por su obra poética. Baroja será el gran novelista del 98, entregado por entero a esta labor. El estilo es muy personal en lo que se refiere a los autores de los que estamos tratando. Aun así, podemos citar algunas características coincidentes: Reaccionan contra la retórica, el prosaísmo y la grandilocuencia de la literatura anterior. Se convierten en auténticos renovadores del panorama literario de principios de siglo. El estilo es sobrio y directo. Importa el contenido e intentan que éste llegue al lector de la manera más clara posible. Cuidan la forma de su prosa, son exigentes y reaccionan contra las imprecisiones o los contenidos confusos. Recogen palabras que están en desuso y las incluyen en sus escritos. Las ven como una muestra del pasado que hay que conservar.Visión subjetiva (emotiva o intelectual), entonación lírica y sentimental. Al igual que los autores románticos (Bécquer), asocian el paisaje al estado de ánimo, de ahí que el símbolo de la decadencia española sea la yerma meseta castellana. |
La decadencia de España culmina con
el Desastre mencionado, y esto motiva que los autores del 98 analicen la
conciencia nacional, el problema de España: las causas de sus males, las
posibles soluciones, el pasado, el futuro, etc. Estos escritores toman una
actitud bastante peculiar ante el problema: buscan el conocimiento de España
viajando por ella, describiendo los campos, las ciudades, los viejos monumentos,
para intentar recrear literariamente la historia del país. Con esto, podemos
decir que no se conforman con un acercamiento sin más al paisaje: es un
acercamiento estético, bello, claro. Castilla será el eje del paisaje, como
representante de la esencia española, de la decadencia. Todos estos autores
provienen de la periferia –Unamuno, Maeztu y Baroja eran vascos, Azorín
alicantino, Machado y Ganivet andaluces y Valle-Inclán gallego– y coinciden
en Madrid. Desde aquí descubrirán los viejos pueblos castellanos, silenciosos
y casi muertos, los paisajes, la historia de nuestro país, los monumentos, los
recuerdos. Su amor a España les llevó a analizar las causas de tanto declive a
través de tres temas fundamentales:
# El paisaje: viajaron por España
y la describieron, especialmente Castilla, como una re-creación del
paisaje. Había que empezar de cero, y esto no era otra cosa que mirar con ojos
nuevos lo que les rodeaba. Castilla simbolizaba a toda España.
# La historia: no se interesan por la Historia con mayúscula, es decir,
la de los grandes hombres y las grandes batallas, sino por la historia del
pueblo, de las personas que trabajan día a día, la de los hechos cotidianos,
la del trabajo, la de las costumbres, la de “los millones de hombres sin
historia”, calificada por Unamuno como intrahistoria.
# La literatura: las fuentes
literarias que influyen están muy claras, ya que son un referente histórico y
literario. Los autores del 98 se interesan por los clásicos de nuestra
literatura, como el Poema de Mío Cid, Gonzalo de Berceo, el Arcipreste
de Hita, Jorge Manrique, Fray Luis de León, Cervantes, Góngora...
Por otra parte, los temas principales de los autores
de esta generación, además de los relacionados con la regeneración del país
y el problema de España, ya analizados, serán dos:
# La vida y la muerte, el sentido de la vida, el paso del tiempo. Estas
preocupaciones existenciales estarán representadas fundamentalmente por Unamuno,
aunque los demás autores también dan muestras de ellas en su obra, como
veremos.
# La religión. No hay unanimidad entre ellos en cuanto a este tema:
desde los católicos fervorosos como Azorín y Maeztu hasta los agnósticos como
Baroja, pasando por los dubitativos, como Unamuno, vemos representadas en la
Generación del 98 posturas muy diversas en relación con la religión.