LENGUAJE Y COMUNICACIÓN. COMPETENCIA LINGÜÍSTICA Y COMPETENCIA COMUNICATIVA

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# PILLEUX, Mauricio. Competencia comunicativa y análisis del discurso. . Estud. filol.. [online]. 2001, no.36 [citado 26 Noviembre 2005], p.143-152. Disponible en la World Wide Web: <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0071-17132001003600010&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0071-1713



A. Comunicación y comunicación humana

1 Funciones básicas de la comunicación

2 Características específicas de la comunicación humana.

3 Evolución histórica del concepto de "comunicación"

B. Sistemas de comunicación y signos

1. Diferentes sistemas de signos

2. Los signos icónicos

3. El sistema verbal: la doble articulación. Los sistemas no verbales

C. El lenguaje

1 La adquisición del lenguaje

1.1 Conductismo e innatismo

2. El uso del lenguaje en la comunicación humana: las funciones del lenguaje

3 Precondiciones de toda comunicación interpersonal

4 Tipos articulados de lenguaje humano

5 Teorías acerca de la naturaleza del lenguaje

6. Definición de lenguaje.

7 Análisis de la conversación

7.1 El principio de cooperación

7.2 Lo dicho y lo implicado: las inferencias pragmáticas

8. La teoría de la pertinencia de Sperber y Wilson

8.1 El principio de la pertinencia y la interpretación de las locuciones

9. Pensamiento y lenguaje

9.1 Principales alternativas teóricas

10. La idea del lenguaje a través del estudio de sus funciones

10.1 La aproximación lingüística de Jakobson

10.2 La semiótica de Morris

10.3 La aproximación de Karl Bühler

10.4 Los actos de habla

11. Lenguaje natural y lenguaje artificial

 D. Competencia lingüística y competencia comunicativa

A. Comunicación y comunicación humana

De las innumerables definiciones de comunicación, la del American College Dictionary goza de bastante amplitud. Comunicar es "formular o intercambiar pensamientos, opiniones o información de palabra, por escrito o a través de signos".

Cualquiera que sea la definición elegida precisará de observaciones clarificadoras que puntualicen:

a.      Que la comunicación no es una faceta incidental de la vida, sino una función continua y esencial.

b.      Que, por tanto, no siempre es consciente, ni racional

c.      Que, biológicamente hablando, el estudio del origen y evolución de la comunicación no se restringe a la capacidad de producir y entender palabras significativas. Hay comunicación animal y comunicación no verbal.

Leibniz sostenía que las mónadas que constituyen el universo no se comunican entre sí. Estas sustancias simples actúan sincronizadamente como relojes automáticos que marcan siempre la misma hora. Basta postular que cada mónada es un microcosmos, es decir, contiene toda la información del universo y que, por una suerte de armonía preestablecida, ejecuta su propia danza, impulsada por su dinamismo interno sin la menor referencia al entorno. De este modo, solucionaba Leibniz el problema cartesiano de la influencia recíproca o interacción entre alma y cuerpo, en cuyos términos se entendió clásicamente el problema de la comunicación de las sustancias.

Newton, en cambio, elevó el principio de acción y reacción a la categoría de axioma fundamental de la mecánica: "las acciones mutuas de dos cuerpos son siempre iguales y dirigidas en sentidos contrarios". El esquema acción/reacción, estímulo/respuesta, dominante durante dos siglos, redujo el problema de la comunicación a su dimensión física y mecanicista más elemental. Comunicación venía a ser todo intercambio o interacción entre dos cuerpos. Cuando los cuerpos son organismos vivos, el proceso de interacción se hace más complejo, pero obedece a la misma categoría trascendental, como vio Kant, al subsumir el principio de acción y reacción bajo la categoría relacional de comunidad.

Estas contribuciones clásicas ponen las bases del tratamiento de la comunicación que actualmente llevan a cabo con gran precisión técnica la teoría de la información de Shannon y la Cibernética de Norbert Wiener:

Hemos decidido llamar a toda la materia referente al control y teoría de la comunicación, ya sea en la máquina o en el animal, con el nombre de Cibernética... El nuevo estudio de los autómatas, ya sean mecánicos o de carne, es una rama de la ingeniería de la comunicación y sus nociones cardinales son las de mensaje, cantidad de perturbación o "ruido" -un término tomado del ingeniero de teléfonos-, cantidad de información, técnica de la codificación y así otras más. En tal teoría tratamos de autómatas efectivamente acoplados al mundo externo, no meramente por su flujo de energía, su metabolismo, sino también por su flujo de impresiones, de mensajes que llegan y de las acciones de mensajes que salen (N. Wiener, Cibernética, pp. 41, 83-84)

La perspectiva interdisciplinar de la Cibernética trata de conciliar el dinamismo monadológico de Leibniz con el mecanicismo interactivo de Newton mediante el uso de la mecánica estadística de Gibbs. Gracias a esta síntesis se ha podido definir la comunicación como un sistema en el que hallan implicados tanto el emisor como el receptor. Aunque frecuentemente el esquema clásico de la comunicación de Shannon y Weaver suele referirse al importante campo de la comunicación oral, sus resultados pueden aplicarse con igual rigor a la música, la fotografía, al cine y a la televisión. El propio Weaver ensalza el valor general de la teoría matemática de la comunicación en los siguientes términos:

Es una teoría tan general que no se necesita fijar qué clase de símbolos se están considerando -si se trata de letras escritas o palabras, notas musicales, palabras habladas, música sinfónica, o cuadros. La teoría es suficientemente profunda como para que las relaciones encontradas se apliquen indiscriminadamente a estas y otras formas de comunicación. Esto significa, en efecto, que la teoría está lo suficiente e imaginativamente motivada como para entrar en el mismo núcleo del problema de la comunicación; y que las relaciones básicas planteadas se mantienen, en general, con independencia de la forma especial de comunicación de que se trate (Teoría matemática de la comunicación, p. 40)

Los elementos que conforman el sistema de comunicación pueden representarse simbólicamente de la siguiente manera:




En el caso paradigmático de la comunicación lingüística suele entenderse que el emisor actúa como la fuente de información que selecciona el mensaje deseado entre una serie de posibles mensajes. Puesto que el emisor es un hablante, los mensajes se entenderán en términos de intenciones y conceptos y las señales como sonidos articulados, que se transmiten en forma de ondas acústicas a través del canal que es el aire. La comunicación no es nunca directa y, por tanto, el mensaje ha de ser cifrado y después descifrado. El cifrado recibe el nombre de codificación, porque el emisor debe elegir el código más adecuado para el mensaje que quiere transmitir, código que no es arbitrario ni inventado sobre la marcha, sino que debe ser aceptado por los actores de la comunicación. Los idiomas naturales son códigos, pero existen otros muchos códigos de comunicación según la forma (acústica, eléctrica, óptica) que deban tomar las señales.

En el curso de la comunicación, el mensaje puede ir cambiando de forma, y tales cambios deben ser ejecutados por los distintos transmisores. En el lenguaje oral, se considera al cerebro (o a la mente) como la fuente de información emisora, el transmisor es el mecanismo de la voz que produce variaciones de presión sonora (señal) que se transmiten por el aire; pero si hablo por teléfono se requiere un nuevo transmisor que convierta la presión sonora de la voz en una corriente eléctrica variable.

El receptor puede considerarse como el mecanismo inverso del transmisor, pues transforma odecodifica la señal transmitida, convirtiéndola en un mensaje inteligible para el destinatario. Cuando la comunicación se produce cara a cara interviene siempre un mecanismo de retroalimentación o de feed-back: el emisor regula continuamente su mensaje según las señales de comprensión que manifieste el destinatario. Este proceso de autorregulación no siempre es directo e inmediato; en cualquier caso, controla también las interferencias posibles o ruidos que inciden sobre el canal y de otros factores que obstaculizan la comunicación, como defectos en el aparato fonador (codificación), deficiencias auditivas (decodificación), cerebrales o desconocimiento del código por parte del destinatario.

El esquema de Shannon y Weaver goza de tal generalidad que puede aplicarse a cualquier tipo de comunicación. Desde el punto de vista de la teoría matemática de la comunicación sólo interesan, sin embargo, tres niveles relevantes según el tipo de problemas técnicos que planteen. Warren Weaver los denomina respectivamente problema técnico de precisión, problema semántico de significado, problema de influencia o de efectividad.

Estos tres niveles pueden coordinarse fácilmente con las dimensiones del lenguaje distinguidas por Morris: sintaxis, semántica y pragmática.

Desde el punto de vista de la naturaleza de los sistemas de comunicación existen, por lo menos, cuatro planos diferentes de análisis, que han dado lugar a diferentes áreas de investigación:

·         Plano intraorgánico: procesos que tienen lugar dentro de un organismo, como la recogida y elaboración de información biológica, psicológica, etc. En este sentido se habla de código genético, ARN-mensajero, etc. El esquema de Shannon puede usarse en este contexto para construir la imagen mentalista y espiritualista asociada a los procesos de reflexión.

·         Plano interorgánico: procesos lingüísticos o psicológicos entre diferentes organismos. En el proceso lingüístico de comunicación se origina una situación concreta en la que intervienen un yo (emisor) y un tú (destinatario)

·         Plano organizacional: procesos de comunicación institucionalizados, sistema de datos del mundo circundante de carácter más o menos interpersonal, etc. Lèvi-Strauss ofrece en suAntropología estructural una clasificación de tres tipos de intercambio o comunicación que se mantienen en este plano: 1) la comunicación de bienes materiales en y por el sistema económico; 2) la comunicación lingüística de mensajes en y por el sistema de la lengua; y 3) la comunicación parental o intercambio de mujeres en y por el sistema de parentesco

·         Plano tecnológico: equipo, aparatos y programas establecidos para generar, almacenar, elaborar, transmitir, distribuir, etc., datos: la teoría de la información de Shannon y Weaver se mueve preferentemente en este plano, que traspasa e interfiere con los otros tres planos.

1 Funciones básicas de la comunicación

Dejando aparte los planos intraorgánico y tecnológico de la comunicación, cuyo carácter límite se pone de manifiesto porque, en el primero, emisor y destinatario se identifican sustancialmente y en el último, porque el destinatario sólo ocasionalmente puede convertirse en emisor (si está provisto de la tecnología adecuada), distinguimos dos funciones en la comunicación de todo organismo:

a.      Función adaptativa al medio circundante de objetos, y

b.      Función modificadora de la conducta de otros organismos.

En el plano interorgánico o intercomunicacional cada una de estas funciones se desdobla en otras dos, a saber:

        I.            Función informativa: los sistemas vivos sólo tienen cierta viabilidad en sus entornos en la medida en que disponen de medios adecuados para adquirir y procesar información sobre sí mismos y sobre aquellos (a).

     II.            Función integrativa: acumulativa o autoorganizativa de los mensajes de los entornos. Se necesita para mantener el equilibrio y la estabilidad. Los mecanismos de feed-backjuegan aquí un papel básico (a).

   III.            Funciones de mando e instrucción: características de las relaciones jerárquicas entre superior-subordinado y más patentes en las organizaciones formales (b).

  IV.            Funciones de influencia y persuasión: características de las relaciones interpersonales a cualquier nivel, pero también de la política, la publicidad o la oratoria (b).

En todas estas funciones comunicativas predomina la dimensión pragmática. Las señales utilizadas en la mayor parte de las situaciones de comunicación animal cumplen con todo rigor estas funciones generales. Por ejemplo, cuando un individuo de una manada de gacelas percibe un peligro, huye, no sin antes emitir una señal que pone al resto de los animales sobreaviso y huyen en la misma dirección.

Los aspectos pragmáticos se ponen más de manifiesto aún cuando se reparan en las cualidades que la teoría de la información exige a toda buena comunicación:

         i.            Efectividad: definida por el valor de los recursos que cada participante aporta al encuentro comunicativo y el compromiso relativo de uno respecto a la labor conjunta. Influye en la comunicación la habilidad "del emisor para comunicar", pero también la receptividad del destinatario, las actitudes recíprocas de ambos agentes, el interés conferido al mensaje, elnivel de conocimiento del emisor y su posición en el nicho ecológico o en el sistema sociocultural.

       ii.            Economía: exigida por nuestra limitada capacidad para almacenar y procesar datos. La inversión de tiempo y energía deben ser adecuados a los objetivos del acto comunicativo. Para calcular la rentabilidad de un sistema de comunicación es preciso tomar en cuenta variables cuantitativas, tales como cantidad de información, velocidad de transmisión, etc.

      iii.            Eficacia: como determinante final de la viabilidad de sobrevivir del sistema de comunicación. Desde el punto de vista de la eficacia sólo interesa el resultado final, el éxito. Por tanto, un sistema eficaz no es necesariamente económico, ni efectivo o eficiente. Mientras la eficiencia combina eficacia con economía, la eficacia atiende casi exclusivamente al destinatario. En función del resultado deseado el emisor elige el código y selecciona el mensaje, el transmisor formatea el mensaje de la manera más adecuada y se activan al máximo los mecanismos de retroalimentación y control. Pero el éxito en el intercambio de mensajes puede conllevar mucho esfuerzo, sobre todo, cuando la disonancia cognoscitiva es muy grande y la comunicación pasa por la formación de un código común.

A modo de ejemplo, puede ensayarse el análisis del proceso educativo en términos de estas cualidades mínimas. La eficacia se consigue a base de muchas repeticiones, la rentabilidad es escasa y la efectividad debe correr la inmensa mayoría de las veces a cuenta del profesor-emisor. La razón estriba en que el proceso de comunicación educativo debe acometer la tarea supletoria de conformar un código común capaz de superar el particularismo asociado a los códigos individuales o grupales.

2 Características específicas de la comunicación humana.

Idealmente, la comunicación se perfecciona cuando se consigue una identidad de código entre emisor y destinatario; pero tal identidad sólo puede garantizarse plenamente cuando las señales que conforman el código son inequívocas, es decir, se corresponden unívocamente con los elementos cognoscitivos codificables y, sobre todo, cuando el conjunto de señales es completo. Inequivocidad y completud son, sin embargo, condiciones difícilmente alcanzables por los lenguajes naturales, siempre redundantes, ambiguos y abiertos a expansiones significativas insospechadas. De ahí que los códigos más perfectos desde este punto de vista sean los formalizados. Pero Gödel ha demostrado que ningún sistema formal lo suficientemente potente como para representar la aritmética elemental es completo. Esta limitación no pone veto a la racionalidad, pero sí al viejo sueño de Leibniz, incorporado por la cibernética, de construir a priori una characteristica universalis, una lingua franca o cósmica, cuyo rigor y exactitud sean tan perfectos que reduzcan la comunicación a una cuestión de cálculo. Por esta vía se llega en el límite, como ya vio Leibniz, a la incomunicación de las sustancias.

Los rasgos atribuidos a la buena comunicación colocan a los lenguajes naturales humanos en algún punto intermedio entre los lenguajes animales y los lenguajes de máquina. Las divisorias que flanquean esta doble oposición (animal/humano, humano/máquina) han sido objeto, sin embargo, de múltiples controversias en los últimos tiempos: ¿Existen lenguajes animales propiamente dichos? Puede pensar una máquina? Sin entrar de momento en la difícil relación entre pensamiento, lenguaje y realidad, vamos a plantear la cuestión en términos de los códigos utilizados para traducir aquello que se quiere comunicar.

La línea divisoria en la evolución de la comunicación se halla entre el hombre y los restantes diez millones de especies de organismos. Las diferentes especies animales utilizan complejos sistemas de señales que les sirven para comunicarse intraespecíficamente. Etólogos y sociobiólogos suelen clasificar estos códigos según la importancia relativa de los canales sensoriales (químicos, visuales, acústicos, etc.) implicados en el proceso de comunicación.

Tomando como referencia nuestro sistema verbal, podemos definir los límites de la comunicación animal en términos de las propiedades que raramente o nunca se presentan. Así puede decirse que mientras los sistemas de comunicación animal son innatos, el lenguaje humano es adquirido. Esta primera diferencia no excluye, sin embargo, ni la posibilidad de aprendizaje de nuevos códigos ni la ampliación de señales por parte de los mamíferos superiores, con lo que la diferencia parece más de grado que de especie. Además, no puede olvidarse que los hombres están dotados de competencias innatas.

Una segunda diferencia, ligada con la anterior, reside en el hecho de que los lenguajes espontáneamente utilizados por los animales suelen poseer carácter mímico, mientras el habla humana posee siempre carácter articulado. Las señales integrantes de código mímico son ciertamente plurales, pero se reiteran de una manera fija y estereotipada por parte de todos los especímenes con posibilidades de pervivencia y perpetuación. El lenguaje articulado, propiamente humano, no sólo comporta numerosos fonemas debidos a las modificaciones de forma de las regiones faringobucales, sino la capacidad de combinar de forma innovadora esas capacidades innatas. Lo realmente único del lenguaje humano (incluido el de los sordomundos) es el gran número de palabras significativas aprendidas en un contexto cultural y el potencial para crear otras nuevas que designen cualquier número de objetos adicionales y de relaciones novedosas.

Una tercera diferencia hace alusión al carácter concreto y situacional de la comunicación animal frente al potencial simbólico y abstracto del lenguaje humano. Pavlov hablaba de segundo sistema de señalización para marcar esta diferencia; en el reflejo condicionado el sonido de la campanasignifica para el perro la presencia inminente del alimento. La palabra, en cambio, es una señal de señales que sustituye a los objetos, es un estímulo especial integrado en una estructura social de comunicaciones que da lugar al pensamiento. Porque la palabra no es sólo una señal compleja, sino un símbolo, que, como señala Cassirer, forma parte de una estructura sistemática enormemente compleja, que abarca desde la capacidad representacional hasta la proyección hacia el futuro. Gran parte de la educación humana se basa en condicionamientos donde las señales sustituyen a los objetos hasta alcanzar un nivel en el que van apareciendo palabras que no designan objetos concretos. El hombre aprende de este modo a pensar mediante la apropiación progresiva de señales socialmente codificado en su cultura.

Por último, suele destacarse la recursividad heurística asociada al lenguaje humano, frente a la mera recursividad mecánica que las conductas animales presentan. Como señala Chomsky, cualquier persona puede formar una frase que nadie haya empleado antes; más aún, tal creatividad aparece desde muy temprano como una característica diferenciadora de los especímenes humanos.

El hombre, a su vez, en las sociedades complejas actuales, ha incrementado su capacidad de comunicación gracias a los portentosos avances tecnológicos de la ingeniería electrónica. Eso ha posibilitado la construcción de sistemas de comunicación autorregulados, que interactúan y se comunican sin intervención humana, salvo en las fases iniciales y terminales del proceso. Aún siendo productos tecnológicos de la actividad humana, estos sofisticados sistemas de comunicación maquinal han alcanzado así un determinado grado de autonomía, que los diferencia de la comunicación específicamente humana. Suele decirse que son más perfectos, porque son sistemas cerrados, cuya combinatoria excluye las ambigüedades de la polisemia. Los signos que utilizan carecen de equivocidad y están diseñados artificialmente para cumplir cometidos específicos. De ahí que los contenidos semánticos que incluyen, los objetos a los que se refieren, tienen que estar de algún modo dados de antemano.

Frente a ello, el lenguaje humano no es perfecto, sino infecto. Los objetos del mundo se construyen a través de la actividad práctica humana in fieri, siempre abierta, y nunca cancelada definitivamente. De ahí su riqueza y su superioridad, que se manifiesta en el hecho de que hayan sido los hombres quienes han construido los lenguajes artificiales de las máquinas y no al revés.

3 Evolución histórica del concepto de "comunicación"

El problema filosófico de la comunicación salta, como tal, a la escena filosófica con la llegada del existencialismo y la filosofía dialógica, en virtud del enfrentamiento crítico de estos movimientos con la tesis moderna, tanto racionalista como empirista, del aislamiento o separación, consustancial al hombre, respecto del ser (el problema del solipsismo), lo que vuelve problemático todo contacto entre mi yo y el yo de los otros.

Sören Kierkegaard pone el énfasis en la exclusividad personal, no hay una apuesta posible por una comunicación eficiente. Kierkegaard parece que quiere un acceso directo a la divinidad. La grandeza humana (sobrehumana) no la encuentra en el estadio estético, ni en el ético, sino en el religioso. La comunicación con los otros, sus iguales, de la que no participa, le hubiera parecido un acto de claudicación. A fuerza de enfatizar en la indeterminación de la persona, de su irreductibilidad, en la equivalencia de la libertad y existencia persona, no se considera que nadie colabore con él en su propia construcción. Era una interioridad que quería ser exageradamente divina y aun sin el atajo de la mística, bloqueada en la soledad titánica, acompañada de temor, temblor, angustia y pecado.

Para Gabriel Marcel, el mundo auténtico de vida humana es la comunicación, es la posibilidad suprema. Desde mi aquí y mi ahora, con sus determinaciones y sus relaciones que me dan mi "yo soy", el núcleo de referencia subjetiva de la existencia, se sigue avanzando en una escala de participación hacia la comunicación. Esta participación comunitaria se realiza siempre con otros. Participar es sentir la comunidad, comunicarse es conocer, y ser es la comunión en este orden progresivo, abierto y autoalimentado. Sentir ya es recibir mensajes participativos de otros que se sienten desde su ser abierto. Sintiendo y reconociendo se puede ser mas, abrirse a la comunión por el amor y el misterio. Si el otro oye mis palabras, pero no me oye a mí mismo, no hay comunicación: yo soy un extraño. Si el otro lo siento presente, me renueva interiormente, es una presencia reveladora de ser, y el ser es creación abierta, misteriosa. Hay que estar asentado en la esperanza y abierto al misterio. Una aureola de misterio custodia lo esencial. Entrar en él es la salvación. La comunicación se produce por una constante participación en el sentido de "tomar parte" y "dar parte" de ser, siempre abierta, siempre posible, siempre sin completar, siempre sin saberse del todo, pues tiene como límite la verdad innegable del misterio, en la que la persona se encuentra siempre empeñada desde la inmediatez de la existencia. La comunicación forma, con el "yo mismo" y mi "historia", uno de los tres componentes de la existencia. Si la existencia tiene una posibilidad empírica de ser (yo soy igual que cualquier hombre), y una posibilidad libre, autogestionada, de ser (yo soy persona), la comunicación es también empírica y existencial.

El Dasein, el existente, no supera en Heidegger su realidad egoísta y cerrada, si bien es muy consciente de la presencia acompañante de los otros. La existencia auténtica, solipsista y aniquiladora, no incluye la comunicación, pero sirve para reflexionar y entender el ser en sí mismo. Los "inauténticos", los impersonales, los del "se" (se sabe, se dice, se conoce), tal vez vivan en una incierta aparente comunicación, pero no entienden del ser. No puede haber comunicación en el límite de la nada. El empeño que pone en la apertura a la muerte como posibilidad suprema en la autenticidad, hacen inviable o difícil que el "estar-con-los-otros" sea un modo de comunicación con ellos, y no pasa de ser una preocupación: ayudar, defender, alimentar... El hombre de existencia auténtica es el hombre sin comunicación con los otros hombres.

En Sartre, el "ser-para-otro" o se apropia del otro (y lo convierte en "ser-para-sí: sadismo), o se convierte a sí mismo en "ser-para-sí" para el otro (haciéndose objeto de posesión para el masoquista: masoquismo). El sádico dice "te quiero objeto para mí"; y el masoquista dice: "yo quiero ser objeto para ti, como tú quieres". No hay comunicación, si los dos a la vez no siguen siendo sujeto en el encuentro: la mirada cosifica al otro. En Sartre estaríamos ante una comunicación reduccionista, unilateral, igual que en Heidegger nos encontrábamos ante una comunicación ensimismante y angustiosa. La indiferencia hacia el prójimo consiste en mirar la mirada ajena y construir mi subjetividad sobre el derrumbe de la ajena. La mirada inmoviliza al otro, que es el infierno. El otro en Sartre acrece mi solipsismo, y cuando se le desea al otro es para reducirlo a objeto personal o que él me anonade. El camino de ida y vuelta al pleno acceso del otro no es posible, la comunicación no se cumple.

La comunicación entre personas en Max Scheler puede darse como comunidad psíquica y vivencial en que se percibe al otro; o como relación entre sujetos que se observan y razonan por analogía; y como vinculación interpersonal a la que corresponde la comprensión mutua. Esta vinculación interpersonal va desde la fusión afectiva, corporal, al amor espiritual, pasando por el sentimiento común, la simpatía que compadece y la filantropía que ama.

En Martín Buber lo más destacado es la importancia suprema, constitutiva, que da al diálogo comunicativo entre interlocutores vueltos mutuamente el uno hacia el otro, expresándose sin reservas y libres de toda voluntad de aparentar o parecer. La palabra segregada por este encuentro del yo y el tú es sustancial, nace de una hondura esencial y se abre a la presencia, al conocimiento y a Dios.

Para Ferdinand Ebner y D. von Hilebrand la comunicación es un salir de la soledad del yo hacia el tú por el habla, por el mero contacto, que permite percibir existencia mutas; por la unión de quienes buscan una convivencia y un conocimiento reales; y por la unificación propia del verdadero amor en que desaparece la resistencia mecánica del "yo-tú" para entrar en el nosotros.

La comunicación sólo es posible, según Mounier, desde la presencia disponible del yo hacia el otro y con el otro. La comunicación es la caridad ontológica; don de sí, es la experiencia fundamental de la persona, la cual no se anula, sino que se enriquece en ser, se crea en ella. Es el primer hecho personal y única realidad auténticamente comunicable. En la comunicación me realizo y me doy como persona, creo y me crean, crezco y rece la comunidad, pues la persona sólo existe proyectada hacia otra y recibiendo la proyección de ésta. La comunicación permite la salida de uno mismo y la experiencia del otro como persona. El límite creciente de la comunicación es la comunión total de las personas realizadas en el amor: amo, luego el ser es, y la vida mía se extiende y crece y vale la pena de ser vivida. Es una explosión de sí, para asumir al otro en su destino, y es comprender y ser comunitario.

En Jaspers la comunicación es limitada, imprevista, arriesgada, liberadora, posible. Se da sólo desde la conciencia existencia, no meramente empírica. Es la gran posibilidad que pone al otro ahí enfrente de mí, como espejo, en una situación límite, de igual a igual conmigo. Jaspers entiende que ahí se nos abre la puerta de la comunicación como posibilidad. La comunicación se realiza con el mundo material de la persona a la materia con fines de aprovechamiento o dominio; con las otras personas y con uno mismo; y la comunicación tiene lugar también entre las personas y el absoluto divino. Ello exige la fe, la apertura al misterio. Esta comunicación como posibilidad cierta, implica siempre en cada persona conocimiento, apertura y aceptación radicales y una tarea creadora constante. Para que la comunicación se realice debe salir de sí la persona, debe hacerse disponible para el otro, sin dejar de ser persona, situarse en su punto de vista, comprenderlo; debe instaurar la gratuidad, la generosidad sin esperanza de reciprocidad.

McLuhan analizó la comunicación en función de los medios de comunicación; para él lo fundamental en la comunicación humana no es el significado ni la información mismo, sino el medio de comunicación, o la estructura propia del medio, que impone las condiciones en que se lleva a cabo la información. Él ha hecho célebre la frase the médium is the message, que resume su tesis y que completa afirmando que the médium is the masaje (masaje, "manipulación", realizar con las manos).

McLuhan distingue dos grandes épocas de la historia de la comunicación:

1.      La primera de ellas, la época moderna, comienza con la imprenta, y da origen a lo que puede llamarse la galaxia Gutemberg, y dentro de ella, al hombre Gutemberg. Se trata del hombre tipográfico, lógico, racional, disciplinado, vacío de expresiones imaginativas, productivo, eficaz y mecánico.

2.      La segunda época, la contemporánea, corresponde a la aparición de los nuevos mass-media, o medios de comunicación de masas, que a su entender abarcan desde la electricidad hasta los nuevos medios electrónicos. Se trata del hombre de la aldea global, propio de esta época, vuelve a un estadio de comunicación anterior, visual y simultánea, al que impuso la mera lectura individualizada (de comunicación abstracta de uno solo con lo ausente), y que se aproxima más al del estadio prelógico del hombre, o al hombre tribal, cuando la comunicación se llevaba a cabo con la palabra directa y simultánea de los interlocutores y sus gestos. Según McLuhan, la cultura del libro impreso habría privado al hombre de la experiencia de la comunicación comunitaria, hecha mediante todos los sentidos, que puede realizarse precisamente en la aldea global de las comunicaciones actuales.

B. Sistemas de comunicación y signos

Tanto en la vida cotidiana como en los estudios científicos, el hombre utiliza distintas unidades —estímulos, señales, símbolos, números— capaces de transmitir contenidos significativos. Vivimos rodeados de signos naturales y artificiales que, de modo permanente, emiten mensajes a los individuos. Pero, lo que denominamos signo es algo muy complejo y abarca fenómenos sumamente heterogéneos, que, por otro lado tienen algo en común: ser portadores de una información o de un valor significativo. Si prescindimos de sus peculiaridades podremos llegar a una definición general y básica del signo, pese a la sorprendente ambigüedad del término signo, tanto en el lenguaje ordinario, como en los más exigentes estudios del arte de la comunicación.

«El signo —dice Reznikov— funciona como vehículo de un significado, como. soporte de una información con respecto a un objeto determinado». Esta relación entre signo y objeto o idea designada se muestra relativamente constante, aunque pueda ser completamente arbitraria o inmotivada. El signo es un objeto (fenómeno o acción) material percibido sensorialmente, que interviene en los procesos cognoscitivos y comunicativos, representando o constituyendo a otro objeto (u objetos) y se utiliza para percibir, conservar, transformar y retransmitir una información al objeto representado o sustituido. Es, pues, el signo siempre un algo material, aunque se refleje en el cerebro bajo una forma sensible inmaterial. Su carácter material es primario mientras que su imagen es siempre secundaria.

El hombre, al establecer comunicación o información a través del lenguaje oral o escrito, a través de señales artificiales como el semáforo, el cartel, la radiodifusión o el cinematógrafo, está empleando signos. Del mismo modo que se utilizan los signos cuando gesticulamos, se viste a la moda o creamos formas en arquitectura o escultura.

El pensamiento humano no se puede formalizar sin objetivarse en signos. Todo intento de querer formalizar un pensamiento sin empleo de signos es tarea totalmente absurda e imposible. El signo es, pues, el elemento mediatizador entre la realidad y el hombre, entre el hombre y los otros hombres; es el instrumento capaz de una cultura y una civilización. De ahí que un semiólogo del rigor metodológico de Umberto Eco llegue a formular estas dos hipótesis de trabajo:

Todos los sistemas sígnicos creados por el hombre desempeñan un papel importantísimo en la historia de la cultura y en la civilización de los pueblos.

Y es a través de un número relativamente limitado de signos como se puede expresar una infinita cantidad —prácticamente ilimitada— de objetos, ideas, propiedades, características, situaciones y relaciones. De este modo, con la combinación de menos de medio centenar de fonemas se pueden establecer los códigos de casi todos los sistemas de signos lingüísticos. De ahí que en la formación de los diferentes códigos tenga tanta importancia el costo, su rendimiento y economía. Un sistema sígnico debe transmitir la mayor cantidad de información con un mínimo de unidades para que se pueda decir que mantiene un alto rendimiento económico.

1. Diferentes sistemas de signos

Los recién iniciados estudios semiológicos intentan enfrentarse a la más ardua dificultad: saber cuál es el campo de estudio de esta nueva ciencia, cómo se agrupan los diferentes signos, se estructuran y relacionan entre si.

Umberto Eco en su obra La structure assente, va a establecer los diferentes campos sobre los que investigan los estudiosos de la comunicación, partiendo de aquellos sistemas más espontáneos o naturales hasta llegar a los procesos artificiales o de cultura más compleja.

  1. Semiología animal. Es decir, los estudios sobre la comunicación entre diferentes clases de animales: abejas, simios, hormigas, etc. También denominados estudios de zoosemiótica y que forman parte de la etología. Estos estudios podrían obligar a revisar el concepto de la inteligencia animal y algunos aspectos de los llamados universales de la comunicación.

  2. Semiología olfativa. Desde el valor denotativo de los olores, catalogables como "índices" —olor a quemado, olor a descomposición, olor a cerrado, olor a fresco, etc.—hasta llegar a códigos artificiales como el de los perfumes, de carácter más bien simbólico (fresco, sensual, viril, nardo, rosa, jazmín, etc.).

  3. Semiología táctil. Sistema de comunicación afectiva en animales. También es utilizada por el hombre y muy especialmente en el mundo infantil, la conocida costumbre que tienen los niños pequeños de llevar objetos a la boca, ya que para ellos el mundo que les rodea es una realidad que se chupa y que se vuelve a convencional en mensajes táctiles codificados: beso, abrazo, estrechamiento de manos, etc. Y entre adultos, como signo externo social o de cortesía.

  4. Semiología del gusto. Diferencias de gusto denotadas en una comunidad o grupo humano, ampliamente estudiadas por Lévi—Strauss en comunidades primitivas. Antinomias como 'Dulce", y "Amargo", "Suave" y "Fuerte", etc. O bien las transposiciones de los sabores a otros dominios: "Dulce Francia". También el significado de las bebidas dentro de cada contexto social o ambiente cultural.

  5. Semiología del gesto. También denominada kinésica p disciplina que estudia los gestos y movimientos corporales con valor significativo. La Barre ha destacado el lenguaje gestual mudo de los monjes de clausura, el lenguaje de los sordomudos, el de los mercaderes hindúes, el de los persas, el de los gitanos, el de los ladrones o contrabandistas, etc. La kinésica oriental analiza los movimientos rituales de las manos de los sacerdotes budistas, hindúes o cristianos, etc. que son sistemas de signos gestuales. Si analizamos diferentes filmes sin banda sonora en japonés, inglés, americano o español a través del movimiento y gesticulación de sus personajes podemos saber en qué sistema de lengua están hablando. Cada grupo social tiene un modo peculiar de comportamiento: modo de andar, movimiento corporal, risa, sonrisa, acto de cortesía, etc.

  6. Semiología paralingüística. El estudio de los rasgos supragmentales, algunos de los cuales son anteriores al sistema de una lengua y comunes a varios sistemas verbales. Aquí se podrían incluir, tanto el tono, timbre de voz, vocalización e intensidad, como los sistemas onomatopéyicos y las interjecciones. Sin embargo, algunos de ellos están más cercanos a los sistemas lingüísticos y forman parte de su estructura.

  7. Semiología del silbido. Muchos pueblos primitivos utilizan el silbido, en sus diferentes grados de inflexión, para establecer contacto. También por medio de pitos, flautas o tambores. El lenguaje con la boca cerrada del Chekiang o los silbidos de los habitantes de La Gomera, intentando reproducir los fonemas del español. También el lenguaje de los tambores del Africa Occidental es base de análisis semiológico.

  8. Semiología de los indicios naturales. Que debería ir entre los primeros apartados si no se introdujese aquí la también denominada semiótica médica. Abarca desde los índices naturales como el humo, las lágrimas, el dolor o bien el síntoma codificado en diagnóstico médico.

  9. Semiología musical. Parte de la manifestación del folklore —danza y baile musicales— y que se codifica con independencia de otros sistemas. Surgida de fenómenos kinésicos y paralingüísticos, estos nuevos sistemas de notación, están a caballo entre la imagen y el sonido, si atendemos a su valor significativo y representativo.

  10. Semiología de las lenguas naturales. Pertenecen a la rama de la lingüística, la más desarrollada de todas las ciencias semiológicas. Aparte de los diferentes códigos lingüísticos, podrían estudiarse, igualmente, en este apartado subcódigos particulares tales como el léxico político, técnico o jurídico: subcódigos de grupo, tales como las formas de expresión de los vendedores ambulantes, las lenguas secretas, diferentes jergas y lenguajes coloquiales. Las adivinanzas, los crucigramas o los enigmas.

  11. Semiología de los lenguajes formalizados. Parten del estudio de los códigos matemáticos pudiendo incluirse aquí igualmente las lenguas artificiales como el Esperanto, el alfabeto Morse o el sistema Braille para ciegos. Igualmente el álgebra de Boole para la programación de calculadoras electrónicas, el lenguaje escrito, sustitutivo del verbal o los mensajes secretos basados en códigos criptográficos.

  12. Semiología icónica. Semiología de la imagen visual, que pueden ser de carácter estrictamente icónico o bien combinadas con otros sistemas de signos, primordialmente el verbal o la escritura.

    1. Sistema verbo—icónico. En él entran todos los sistemas de comunicación masivos y de mayor importancia y rendimiento en la transmisión de información. Entre ellos tenemos el cinematógrafo, la televisión, los cómics, la publicidad, etc.

    2. Sistemas señaIactivos. Banderas navales, señales de tráfico, grados militares, etc.

    3. Sistemas cromáticos. Desde los valores semánticos de rango denominativo en las sociedades primitivas hasta el valor connotativo de los colores en las sociedades occidentales (negro luto, blanco boda, rojo revolución, negro señorío, etc.). En correlación con el valor contextual, en muchos casos.

    4. Vestuario. Hábitos, ornamentos eclesiásticos, modas, formas de vestir y de alternar en sociedad, etc. Esto Eco lo introduce en un apartado especial de códigos culturales: etiquetas, tipologías de cultura, leyendas, mitos, etc. En fin, todo lo que representa sistemas de interpretación y modernización del mundo.

Hasta aquí, los diferentes sistemas de signos que han sido tratados por uno o varios especialistas y que inciden en el amplio campo de las ciencias de la comunicación y, por tanto, el primero de todos los instrumentos sígnicos: el lenguaje. Con esta amplitud de miras la Semiología pasará a ser ciencia piloto dentro de las investigaciones culturales propias de nuestro siglo. La semiología será la ciencia que estudie todos los procesos culturales en tanto en cuanto son procesos de comunicación. Y llevando la anterior definición a su radicalidad, diremos con Umberto Eco: «La cultura es comunicación».

2. Los signos icónicos

Schaff apenas analiza los signos icónicos, a los cuales da la denominación de signos propiamente dichos —sustitutivos sensu strictu—, oponiéndolos a los símbolos. Funcionan de acuerdo con el principio de semejanza y en él pueden incluirse toda clase de imágenes, efigies, dibujos, pinturas, fotografías o esculturas.

Peirce los definía como «signos que originariamente tienen cierta semejanza con el objeto a que se refieren». Así, el retrato de una persona o un diagrama son signos icónicos por reproducir la forma de las relaciones reales a que se refieren.

Definición que ha tenido notable éxito y aceptación, gracias a la difusión hecha por su discípulo Morris, quien señaló además que el signo icónico tenía algunas de las propiedades del objeto representado, es decir, de su denotado.

Sin embargo, si se observa una imagen publicitaria, no siempre representa todas las propiedades, ya que muchas de ellas están simplemente sugeridas a través de otras, o de una parte por el todo. Por eso, el signo icónico reproduce algunas condiciones de la recepción del objeto, seleccionadas por un código visual y anotadas a través de convenciones gráficas. Se establece la equivalencia entre un signo gráfico convencionalizado y el rasgo pertinente del código de reconocimiento.

Los signos icónicos, pese a cierta semejanza entre signo y objeto representado, son convencionales. No poseen las propiedades de la realidad, sino que transcriben, según cierto código de reconocimiento, algunas condiciones de la experiencia. Cuatro características tienen los signos icónicos: ser naturales / convencionales / analógicos / y de estructura digital.

De manera esquemática podemos clasificar los signos de la siguiente manera:

Naturales — (Índices)

Signos

Artificiales

Lingüísticos

Fundamentales
Auxiliares

No lingüísticos

Señales
Símbolos
Iconos

En la anterior clasificación de Schaff, se observa que los signos lingüísticos se oponen a los signos naturales (el lenguaje es producto de su sociabilidad) y, dentro de los signos artificiales, forman un grupo independiente. Frente a los demás sistemas de signos, los lingüísticos han alcanzado un gran desarrollo en el análisis histórico y hoy todos los estudios serios de comunicación los suelen tomar como punto metodológico de partida. Los hallazgos alcanzados en el sistema lingüístico representan el modelo piloto para otros sistemas y códigos de comunicación.

3. El sistema verbal: la doble articulación. Los sistemas no verbales

Se entiende por comunicación verbal o lenguaje humano el que se establece a través de los signos lingüísticos.

La comunicación verbal ha sido la más desarrollada y estudiada, desde la más remota antigüedad, ya que las diferentes lenguas han sido los instrumentos y medios más eficaces y de mayor rendimiento en la comunicación humana. Los demás sistemas semiológicos —incluidos los icónicos— carecen de una estructuración y desarrollo hasta ahora sólo alcanzados por el lenguaje, las matemáticas y otros derivados y sustitutivos de éstos.

La lengua no es, como muchos creen, un conjunto de nombres, una lista más o menos larga o un diccionario de términos que corresponden a diferentes objetos. El pensamiento no es sino una masa amorfa, un continuum que los diferentes sistemas lingüísticos —idiomas— ordenan, clasifican y estructuran de acuerdo con unas leyes internas propias. Por eso se puede decir que cada lengua interpreta de diferentes maneras la realidad, aunque también esa realidad, a su vez, determina y condiciona el lenguaje.

Lingüistas y filósofos han estado siempre de acuerdo en que sin la ayuda de los signos sería imposible diferenciar dos objetos o ideas de forma clara y permanente. Los estudios realizados sobre afasias (pérdida progresiva de la capacidad verbal) muestran cómo el individuo pierde de manera paralela el lenguaje y su capacidad intelectiva.

«El pensamiento es como una nebulosa donde nada está necesariamente delimitado. No hay ideas preestablecidas, y nada es distinto antes de la aparición de la lengua», nos decía Saussure en las explicaciones de su Curso de Lingüística General. Y, profundizando en esta idea, Schaff observa que «la realidad moldea el lenguaje, el cual, a su vez, condiciona nuestra imagen de la realidad».

La pregunta clave para diferenciar el sistema lingüístico de los demás sistemas de signos radica en la manera de estar conformado este lenguaje. Se dice que el Sistema articulado, pero con doble articulación, corresponde a los planos señalados por Martinet —monemático y fonemático—, en el que los enunciados expresivos se articulaban en palabras y éstas en sonidos.

La lengua es un sistema de signos, pero no todo sistema de signos es una lengua. La caracterización y lo peculiar de la lengua es su doble articulación enunciado de máxima utilidad para su diferenciación entre los demás códigos o sistemas de signos. El monema —unidad mínima de la primera articulación— está firmado por un fonema o grupo de fonemas que comportan un valor significativo y sirven para diferenciar unidades superiores.

El fonema —unidad mínima de la segunda articulación— es la más pequeña en que se divide un conjunto fónico, comportando solamente valor distintivo.

La doble articulación, como rasgo diferenciador de los sistemas de comunicación verbales, mediante signos lingüísticos, frente a los no verbales. Entre los procedimientos con autonomía real respecto al lenguaje hablado están los ideogramas, los pictogramas y todos los sistemas convencionales de representación gráfica (figuras, diagramas, gráficos, mapas, etc.).

Los pictogramas son dibujos figurativos que expresan un contenido semántico simple o complejo, con un carácter icónico (los cómics, por ejemplo).

Los ideogramas son cualquier signo globalmente representativo de un concepto que se puede captar directamente sin traducirlo a las palabras de ninguna lengua (las señales de tráfico, por ejemplo o los números). Se caracterizan por su carácter universal, su economía y la rapidez con que se verifica su percepción. de ahí su omnipresencia en la vida moderna.

Por otro lado, no todos los mensajes son verbalizables, algunos no son traducibles al lenguaje verbal, a través de un código no verbal: las caricias, los gestos de la comunicación no verbal, arriba estudiados, en su mayoría.

Por último, hemos de hacer mención a los sistemas mixtos, donde lo verbal y lo no verbal se combinan para una mayor eficacia. Desde una conversación acompañada de gestos hasta sistemas como el ballet, la publicidad, el cine o el lenguaje de los sordomudos.

C. El lenguaje

El lenguaje tiene tres grandes funciones: expresión, cognición y conación. En la expresión lo fundamental es la traducción de emociones y necesidades; en la cognición, la aprehensión de la realidad; y en la conación la acción sobre otro. Pero las tres están muy relacionadas. Aparte de estas funciones principales el lenguaje tiene otras, consideradas como secundarias, como la fática, la lúdica (o poética) y la metalingüística.

Piaget habla de un lenguaje egocéntrico, frente a uno socializado. En el primero es poco importante el receptor, se realiza para uno mismo y priman las funciones expresiva y cognitiva sobre la comunicativa. En el socializado resulta fundamental la transmisión de la información, se adapta al contexto y al interlocutor. Las órdenes, ruegos, amenazas, preguntas y respuestas son ejemplos de lenguaje socializado. Piaget mantenía que el lenguaje del niño es fundamentalmente egocéntrico y que, poco a poco, se va abriendo a los demás. En su opinión, el lenguaje egocéntrico ocupa al principio más del setenta y cinco por ciento del total, a los tres años se reduce al cincuenta y a los siete cae por debajo del veinticinco. Piaget interpretaba este hecho como un proceso de descentración que va implicando cada vez más reciprocidad en los intercambios.

Para Vygotski el lenguaje surge como comunicación con los demás y sólo después, cuando se ha dominado su control, puede servir para hablar con uno mismo. La oposición entre los dos autores tiene que ver con su idea de la relación entre lenguaje y pensamiento. Según Piaget, el pensamiento es anterior al lenguaje, por lo que primero pensamos, hablamos con nosotros, y posteriormente lo hacemos con los demás. En opinión de Vygotski, el lenguaje se desarrolla con fines comunicativos antes que el aspecto intelectual.

1 La adquisición del lenguaje

1.1 Conductismo e innatismo

Skinner defiende que el lenguaje se adquiere mediante refuerzos y condicionamiento. No podemos olvidar que el niño aprende en un determinado ambiente: un niño no hablaría y preguntaría indefinidamente si no obtuviera respuestas o se le castigase. Los niños emiten una serie de sonidos que no producen reacción por parte de quienes les rodean. En cambio, cuando dicen "papá" o "mamá", pueden apreciar una respuesta muy gratificante, lo que hace que vuelvan a repetirlo, mientras van dejando de emitir aquellos sonidos que su familia no identifica como propios de su lengua. Esto es lo que hace que el niño termine empleando las palabras de un idioma y no de oro.

Para Chomsky, el lenguaje es innato, puesto que se despliega paulatinamente en el niño hasta que se fija. Chomsky considera que tenemos una estructura gramatical, de carácter mental, que condiciona el desarrollo del lenguaje. Es evidente que el equipamiento genético de los seres humanos posibilita la adquisición del lenguaje.

Chomsky argumenta que el sistema de refuerzos no explica nuestra capacidad innovadora: somos capaces de construir frases que no hemos oído y de comprender algunas absolutamente extrañas. Parece que son sólo reaccionamos frente a estímulos físicos concretos, como podrían ser las palabras, sino que el aprendizaje abarca unas estructuras abstractas en las que nos desenvolvemos con soltura. En su opinión, la teoría conductista no sirve para explicar esa capacidad de innovación. En cambio, si consideramos que todos los seres humanos nacen con la capacidad de aprender una lengua y que da igual qué lenguaje sea (puesto que la realización concreta tiene lugar en función del lugar de nacimiento), llegaremos a la conclusión de que poseemos unas estructuras mentales capaces de realizar una gramática generativa-transformacional. Estas estructuras no se encuentran en ningún animal, por lo que no son capaces de hablar, pero se encuentran en todos los hombres, lo que explica que encontremos lenguaje en todas las culturas.

2. El uso del lenguaje en la comunicación humana: las funciones del lenguaje

Aunque es cierto que los animales transmiten señales informativas, éstas se limitan a situaciones y condiciones específicas y son poco flexibles. Se trata de un sistema cerrado, a diferencia de la comunicación humana, la cual trasciende el esquema estímulo-respuesta y es un sistema abierto, en el que se combinan libremente los símbolos.

La comunicación humana no tiene un carácter exclusivamente lingüístico. Entre los sistemas de comunicación no verbal destacan el lenguaje proxémico (relación de espacio físico y acción humana: proximidad corporal de interlocutores, códigos táctiles, visuales u olfaltivos, tono de voz, etc.), el cinésico (uso y movimiento del cuerpo en la comunicación), el gestual, el objetual y la presentación personal del yo o máscara (vestido, peinado, adorno, etc.). Se ha estimado que en una conversación entre dos interlocutores sólo el 35% del mensaje se realiza en palabras, mientras que el 65% restante es comunicación no verbal. Ahora bien, el modo de comunicación más completo de que el hombre dispone es el lenguaje articulado.

La pragmática parte del supuesto de que la comunicación es la función primaria del lenguaje y, a partir de ahí, intenta especificar las sub-funciones principales que ésta cumple. En el interior de la filosofía clásica se distinguían tres funciones. La primera función es la representativa, que corresponde al aspecto lógico del lenguaje. Un segundo aspecto sería el afectivo o emocional, en el que el lenguaje es usado para expresar los afectos, pasiones y sentimientos. Finalmente, estaría el aspecto activo o existencial del lenguaje, por el que se expresan las voliciones. Tomás de Aquino destaca estas tres funciones del lenguaje y las pone en relación con los tres modos gramaticales del verbo: al modo indicativo le corresponden la función enunciativa, al optativo (que corresponde habitualmente al subjuntivo castellano), la expresiva o afectiva y al imperativo, la voluntativa o afectiva.

Bühler establece la existencia de tres funciones principales del lenguaje: la representativa, la directiva y la expresiva. Jakobson añadió la función fáctica (comunicación mediante frases hechas y fórmulas ritualizadas), función poética (uso del lenguaje desde el punto de vista del estilo, sonoridad, etc.) y la función metalingüística (uso del lenguaje para hablar del lenguaje).

Las diversas funciones del lenguaje han sido usadas como criterio para clasificar los tipos de discurso: 1) discurso declarativo: es el constituido por las oraciones que, debido a lo que significan, pueden corresponder o no a lo que ocurre, a cómo son las cosas y pueden, en consecuencia, ser verdaderas o falsas; 2) discurso prescriptivo: esta formado por aquellas oraciones que por lo que significan pueden ser cumplidas o incumplidas, según que se lleve o no a cabo lo que la oración dice; 3) discurso expresivo: consiste en oraciones que expresan, a causa de su significado, el estado psicológico del hablante o sus actitudes, y que por ello pueden ser sinceras o insinceras; 4) discurso realizativo: oraciones que, en virtud de lo que significan, enuncian el propio acto de habla que por medio de ellas se realiza.

3 Precondiciones de toda comunicación interpersonal

Los elementos que constituyen toda comunicación entre dos o más personas son:

a.      Una relación estructurada por parámetros del tipo superior-subordinado, experto-novato, marido-mujer, etc. Esta relación supone en cada uno de los comunicantes un modelo conceptual de su relación con el otro, es decir, de la distancia estimada entre ellos.

b.      Algún propósito o intención, al menos en uno de los comunicantes, en el sentido de que toda comunicación siempre tiene lugar al servicio de alguna necesidad del sistema psicológico.

c.      Un conjunto de normas, comúnmente admitidas, psicológicas (buena voluntad, aquiescencia, etc.), sociológicas (roles sociales, recetas, guías, ...) y antropológicas (culturales).

d.      Un lenguaje entendido como la mutua aceptación de una moneda comunicativa o señal. Puede consistir en palabras, imágenes, sonidos musicales, gestos... en fin, algo que haya sido culturalmente uniformado o normalizado.

4 Tipos articulados de lenguaje humano

Entre los distintos tipos de lenguaje humano, los lingüistas privilegian la emisión vocal. Algunos estructuralistas justifican esta elección apelando a la idea platónica de articulación, como característica distintiva del lenguaje humano vocal primaria, secunda o derivadamente de la escritura alfabética. Ahora bien, dejando aparte que se puedan demostrar procesos articulatorios en los llamados lenguajes animales, lo cierto es que también hallamos procesos crecientes de articulación en otros tipos de lenguaje humano, desde la música hasta los gestos. Un análisis más detallado de algunos tipos de lenguaje humano proporciona una comprensión mayor del lenguaje.

a.      En el plano gestual se pasa del primitivo lenguaje por gestos de la danza imitativa, ilustrada en primitivos por la etnología, a una danza más complicada, que llega a constituir un relato articulado en elementos significativos, legibles en la gesticulación del danzarín (hindú, camboyano o flamenco). Aquí comienzan a introducirse ya elementos no miméticos, de modo que los gestos del cuerpo y de las manos se estilizan en una significación sólo descifrable dentro de un contexto cultural limitado. Un lenguaje medio mimético, medio convencional, lo utilizaban los indígenas de América del Norte para comunicarse entre sí, dada la multiplicidad y diversidad de lenguas nativas en el territorio. Finalmente, la descomposición en gestos que corresponden a elementos no significativos la encontramos en el lenguaje de los sordomudos, calco tardío del alfabeto escrito.

b.      En el plano gráfico, la pintura rupestre es ya una imitación globalmente significativa. Los pictogramas amerindios y los vitrales medievales presentan una mezcla de elementos expresivos y convencionales. Viene después la descomposición en unidades no significativas como los jeroglíficos egipcios, que mediante un grafismo expresan el objeto designado mediante una palabra monosilábica. El paso siguiente es el establecimiento de una correspondencia entre grafismo y fonema.

c.      Para el plano vocal puede introducirse la distinción lingüísticamente elaborada entre primera articulación de monemas (simples o lexemas y complejos o morfemas) y la segunda articulación defonemas, finitos en número y dependientes del cálculo matemático de combinaciones, así como de limitaciones biológicas. En todo caso, cabe introducir el problema de la complejidad de este nivel hablado y de su dialéctica con la escritura.

5 Teorías acerca de la naturaleza del lenguaje

Como ha indicado Cassirer, los problemas y teorías acerca del origen del origen y naturaleza del lenguaje son tan antiguos como la historia de la filosofía. Una clasificación de los mismos debe ser forzosamente mutiladora de la riqueza de razonamientos. Abbagnano propone una, en suDiccionario de filosofía, que parece poseer las alternativas históricas reales y permite encuadrar incluso las posiciones más recientes de los lingüistas. Las posiciones son:

a.      El lenguaje posee una naturaleza convencional. Defendida por Hermógenes el platónico, por Demócrito, los Sofistas, etc.; Aristóteles introduce una modulación moderada de la tesis, al introducir un tercer elemento, además del lenguaje y la realidad, a saber, el concepto formal o lógico. En el siglo XX, como continuación de la tradición nominalista y empirista reaparece la tesis en el segundo Carnap y en el segundo Wittgenstein. Entre los lingüistas estructuralistas, Martinet y Mounin subrayan la arbitrariedad claramente, y Sapir la introduce como rasgo de su definición.

b.      El lenguaje tiene carácter natural. Tesis mantenida por Cratilo (Heráclito), que ha tenido numerosos seguidores. Tiene en común con la anterior la afirmación del carácter necesario de la relación entre el signo lingüístico y su objeto, pero se diferencian en el establecimiento y posibilidades de cambio de la asignación de nombres. Todos los naturalistas afirman que el lenguaje es apofántico, pero se diferencian entre sí al determinar el tipo de objetos que primariamente revelarían: I. La emotividad (teoría de la interjección de O. Jaspersen). II. Lo sensorialmente percibido (teoría onomatopéyica de Herder y mimética de Cassirer). III. Los pensamientos e ideas abstractas a través de metáforas (Teoría de Croce). IV. El lenguaje como imagen lógica del mundo o del ser (Estoicos, Fichte, primer Wittgenstein, Heidegger).

c.      El lenguaje como instrumento, o sea, como producto de elecciones repetidas y repetibles. Es la tesis de Platón frente a las dos anteriores. Fue reproducida por Leibniz y defendida claramente por Humboldt, a través del cual la adoptará, en diversa medida, la lingüística contemporánea heredera de Saussure. Es en la tesis chomskiana de la gramática generativadonde esta tesis cobra su más profunda dimensión, al subrayar el aspecto creador del lenguaje a nivel de la utilización corriente. El sujeto hablante inventa y reinventa la lengua, instalándose en el plano de una combinatoria ilimitada, que recibiría de un código genético o gramática generativa universal.

d.      El lenguaje como producto del azar, que propugna un estudio estadístico del lenguaje. Halla sus bases iniciales en las teorías de Shannon y Weaver.

6. Definición de lenguaje.

Como ha subrayado Saussure,

Tomado en su conjunto, el lenguaje es multiforme y heteróclito relacionado con dominios diferentes -el físico, el fisiológico, el psicológico- pertenece también al dominio individual y al dominio social, no se deja clasificar en categoría alguna de hechos humanos porque no se sabe cómo determinar su unidad.

Una definición completa del lenguaje debe tener en cuenta no sólo sus aspectos gramaticales, sino también su dimensión física, biológica, psicológica y social:

a.      Componentes físicos: el lenguaje como conjunto de señales acústicas o gráficas (signos) se halla sometido a restricciones ópticas, acústicas, mecánicas y termodinámicas.

b.      Componentes biológicos: ciertas especializaciones de la anatomía y fisiología periféricas explican algunos rasgos universales de los lenguajes naturales. Pero el hecho de que individuos con serias anomalías periféricas (ciegos, sordos, anartríticos) puedan adquirir el dominio del lenguaje, indica que en el estado actual el factor determinante de la conducta lingüística es la función cerebral. Por otro lado, las propiedades biológicas de la forma humana de conocimiento establecen límites estrictos al margen de la posibilidad de variación de los lenguajes naturales, si bien, dentro de ciertos límites, las posibilidades de variación siguen siendo grandes.

c.      Componentes psicológicos: el rasgo de creatividad o de la capacidad de producir mensajes nuevos y entenderlos (recursividad heurística), aun cuando de ellos no haya existido experiencia previa, tanto a nivel sintáctico (Chomsky), como semántico. La regularidad de la aparición de los hitos del lenguaje y la semejanza de las estrategias de adquisición del lenguaje remiten a procesos madurativos del sistema nervioso, pero sobre todo a postular, una competencia o capacidad innata en el individuo sano de la especie humana, más que un proceso de aprendizaje causado por estímulos definidos. Esto explica la capacidad del niño de aprender cualquier tipo de lenguaje con la misma facilidad.

d.      Componentes sociales: a nivel de adquisición de lenguaje, juegan el papel de mecanismos disparadores de la competencia lingüística. Su influencia no es causal, sino ambiental. Hay un fenómeno de resonancia. Más tarde, la instrucción cultural tenderá a someter las potencialidades a una disciplina y a inculcar especializaciones secundarias.

e.      Componentes lingüísticos: la investigación reciente ha puesto de relieve la existencia de universales lingüísticos a nivel fonológico, morfosintácico y semántico, que postulan la existencia de una estructura profunda común a todos los lenguajes, de las que las estructuras particulares o superficiales son realizaciones concretas. Un lenguaje, a este nivel, puede definirse como un sistema de signos, cuyos elementos constitutivos pueden combinarse de unas formas pero no de otras, cada elemento puede ser sustituido sólo por ciertos otros, de modo que a partir de construcciones correctas pueden formarse otras por medio de determinadas transformaciones.

7 Análisis de la conversación

7.1 El principio de cooperación

Partiendo del hecho de que emisor y destinatario buscan facilitar el proceso de comunicación, Grice ha propuesto una serie de principios no normativos que se supone que son aceptados de modo tácito por quienes participan en el acto de comunicación. Existe un principio básico, del que se derivan unas máximas. Ese principio es denominado por Grice "principio de cooperación" y es formulado así:

Haga que su contribución a la conversación sea, en cada momento, la requerida por el propósito o la dirección -tácita o explícitamente aceptada- del intercambio en el que se halla inmerso (Studies in the Way of Words, p. 26)

Si alguien viola este principio entonces el destinatario debe sacar la conclusión de que bien el emisor no tiene intención real de comunicarse o bien de que está violando aparentemente el principio con el fin de introducir nueva información.

Este principio se desarrolla en las categorías de cantidad, cualidad, relación y modalidad. Cada una de ellas, a su vez, se subdivide en máximas más específicas. Se pueden resumir del siguiente modo:

Máxima de cantidad (se relaciona con la cantidad de información que debe darse). Comprende:

1.     haga que su contribución a la conversación sea todo lo informativa que requiera el propósito del diálogo; pero

2.     haga que su contribución no sea más informativa de lo necesario.

Máxima de cualidad: trate de que su contribución a la conversación sea verdadera:

1.     no diga algo que crea falso;

2.     no diga algo de lo que no tenga pruebas suficientes.

Máxima de relación: diga cosas relevantes, o más explícitamente, haga que su contribución a la conversación sea relevante con respecto a la dirección del intercambio.

Máxima de modo (se relaciona con el modo de decir las cosas más que con el tipo de cosas que hay que decir): "Sea claro"

1.     evite expresarse de forma oscura;

2.     evite ser ambiguo;

3.     sea breve (o no sea innecesariamente prolijo);

4.     sea ordenado

En su crítica a Grice, Sperber y Wilson proponen reducir todas las máximas a un solo principio, que denominan "principio de relevancia". Estos autores parten de la idea de que cada individuo se encuentra situado en un "entorno cognitivo", el cual se compone de los hechos y suposiciones que son para él "manifiestos", es decir, aquellos que el individuo puede representar mentalmente. El entorno cognitivo de cada individuo es diferente (pues cada uno tiene diferente percepción y capacidad de memoria, etc.) pero podemos estar seguros de que los participantes en una conversación comparten sus entornos cognitivos: gracias a ello es posible la comunicación. Pues bien, el individuo escoge algunos de los hechos y suposiciones que constituyen su entorno cognitivo para procesarlos como información. ¿Cuál es el criterio de elección? Sperber y Wilson dicen que lo que hace que una información sea digna de ser procesada es una sola propiedad, larelevancia (o pertinencia).

Esta propiedad, que admite gradación, es puesta en relación por los autores con dos elementos. Un supuesto es más relevante, en primer lugar, cuanto más amplios sean sus efectos respecto a los supuestos o informaciones que ya se poseen. La información es relevante cuando sirve para reforzar un supuesto previo o cuando debilita o entra en contradicción con supuestos previos. Cuanta más multiplicación de estos efectos logre, más relevante será la información. Pero no basta con calcular el efecto; es necesario relacionarlo también con el esfuerzo que ha sido necesario para lograr dicho efecto. En la medida en que el esfuerzo requerido sea mayor, también mayor será la relevancia.

7.2 Lo dicho y lo implicado: las inferencias pragmáticas

Grice advierte que el discurso abarca tanto lo dicho como lo no dicho o implícito.

7.2.1 Las implicaturas conversacionales

Lo que comunicamos a los demás es, en parte, lo que decimos (el contenido proposicional de nuestras oraciones), pero también en gran parte lo que no decimos pero está implicado en lo que decimos. Para explicar este desnivel la pragmática introduce el término "implicatura", con la que se designa el contenido implícito de lo que decimos.

Las implicaturas dependen en gran manera del contexto y están ligadas al principio de cooperación, ya que para poder inferir lo implícito hay que suponer que el hablante se ajusta a tal principio. Grice distingue dos tipos de implicaturas, las convencionales y las conversacionales.

Las implicaturas convencionales son aquellas que derivan directamente de los aspectos convencionales del significado de las palabras y no de factores contextuales.

Las implicaturas no convencionales se caracterizan por una conexión más estrecha con el contexto y el principio de cooperación. Cuando la implicatura se rige por los principios que regulan la conversación, se llama conversacional y, en caso contrario, no conversacional. Las implicaturas conversacionales, a su vez, se dividen en particulares y generalizadas. Mientras que las primeras dependen directamente del contexto de emisión, las segundas no.



Una implicatura conversacional es caracterizada por Grice en los siguientes términos: se puede decir de una persona que diciendo (o haciendo intención de decir) p ha implicado conversacionalmente que q (es decir, q es una implicatura de p) en el caso de que

1.      se tenga algún motivo para suponer que está observando las máximas conversacionales o al menos el principio de cooperación;

  1. se presuma que al decir p se da cuenta o piensa que p;

3.      el hablante piensa que tanto él como el destinatario sabe que este último puede figurarse que la suposición (2) es necesaria.

Grice precisa que la implicación conversacional debe poder ser explicitada en forma de razonamiento, aunque en ocasiones sea intuitiva. Este razonamiento presupone los siguientes datos: 1) el significado convencional de las palabras usadas; 2) el principio de cooperación y sus máximas; 3) el contexto de la oración; 4) ciertas partes de la información de fondo; 5) el conocimiento o suposición de que los elementos precedentes son conocidos tanto por hablante como por destinatario.

Las implicaturas particularizadas se producen por el hecho de decir algo en un determinado contexto. Si la proferencia se hubiera realizado en otro contexto, no conllevaría la implicación conversatoria particular.

Las implicaturas generalizadas tienen lugar independientemente de cuál sea el contexto en que se emiten.

Grice menciona cinco rasgos de las implicaturas conversacionales. El primero es que soncancelables generalmente añadiendo al enunciado en que aparecen una cláusula que las invalide de forma explícita. La segunda propiedad de las implicaturas es que (a excepción de las debidas a las máximas de modo) no son separables del contenido semántico de lo que se dice. Las implicaturas dependen de su contenido, no de su significado. Por esta razón permanecen cuando se sustituye algún término por un sinónimo. El tercer rasgo es que no son propiedades lógicamente deducibles o inferibles a partir de lo dicho; es decir, no dependen de lo que se dice, sino del hecho de decir lo que se dice. El cuarto rasgo distintivo de las implicaturas es que son no convencionales: no forman parte del significado convencional de las expresiones a las que se ligan. Finalmente, lo que se implica conversacionalmente tiene un cierto grado de indeterminación, ya que las maneras de conseguir restaurar la vigencia del principio de cooperación pueden ser varias y diversas.

8. La teoría de la pertinencia de Sperber y Wilson

El punto de partida de la teoría de la pertinencia de Sperber y Wilson es su concepción de la cognición humana como tendente a la maximización de la pertinencia, esto es, a la selección y el procesamiento de aquellos estímulos que tienen un mayor impacto sobre el organismo con un esfuerzo de procesamiento mínimo, lo que denominan el Primer Principio de Pertinencia o Principio Cognitivo de Pertinencia. Este impacto se mide en términos de efectos cognitivos que tiene una pieza de información nueva (un estímulo) sobre el conjunto de información que ya poseía el individuo. Sperber y Wilson tipifican tres tipos de efecto cognitivo: a) implicaciones contextuales (supuestos que el individuo deriva al combinar la nueva pieza de información con otras que ya poseía); b) reforzamientos o aumentos del grado de certeza que un individuo asigna a un supuesto; c) eliminaciones de supuestos que entran en contradicción con la nueva información. Un estímulo es tanto más pertinente cuantos más efectos cognitivos tiene para el individuo y cuanto menor es el esfuerzo que tiene que invertir para obtener dichos efectos.

A diferencia de otros estímulos, los que proceden de una intención comunicativa se distinguen por su carácter ostensivo, esto es, porque reclaman de forma abierta la atención de la audiencia y la dirigen hacia las intenciones del emisor. Dicho comportamiento modifica el entorno cognitivo de la audiencia y hace mutuamente manifiesta una intención doble por parte del emisor: la intención de informar de algo (intención informativa) y una intención, de segundo orden, de informar a la audiencia de su intención informativa (intención comunicativa).

Esta caracterización define la comunicación humana en términos de ostensión por parte del emisor -muestra de pruebas o evidencias- y reconocimiento inferencial de intenciones por parte del destinatario, y en realidad no precisa de la existencia de recurso convencional o de estímulo codificado alguno para tener éxito.

Para que dos organismos o, en general, dos dispositivos se comuniquen es imprescindible que posean un lenguaje en sentido cognitivo, es decir, un sistema interno de representación que les permita procesar y almacenar información, no un lenguaje externo -público- como las lenguas naturales. En este sentido, la originalidad de nuestra especie, dicen los autores, no es poseer un lenguaje, rasgo que compartimos con los animales y ordenadores, sino haber adaptado y desarrollado lenguajes que pueden usarse en la comunicación.

Al poner de manifiesto su intención comunicativa, el hablante comunica que hay un conjunto de supuestos {I} -su intención informativa- que quiere transmitir, y que este conjunto de supuestos es pertinente para el oyente, esto es, tendrá efectos cognitivos de, al menos, alguno de los tres tipos que veíamos más arriba. ¿Cómo llega el oyente a la intención informativa del hablante, a ese conjunto de supuestos {I}? Los recursos de la lengua le darán a lo sumo pistas para reconstruir dicha intención, pero de ningún modo podrá el oyente obtener el conjunto de supuestos que el hablante quería transmitir descodificándolos de la señal empleada (la locución). Sperber y Wilson afirman que lo que el oyente hace de hecho es seleccionar la primera interpretación que se le ocurre y combinarla con los supuestos que le son más accesibles en ese momento para así derivar efectos contextuales. El conjunto de supuestos así obtenidos son atribuidos al hablante a menos que dicho conjunto no sea razonablemente atribuible al hablante. Cuando la interpretación de una locución tiene una gama adecuada de efectos derivados con el mínimo esfuerzo justificable, estamos ante una locución óptimamente pertinente. Para Sperber y Wilson todo estímulo ostensivo comunica unapresunción de pertinencia óptima, y es la búsqueda de una interpretación que satisfaga dichas expectativas lo que caracteriza el proceso de interpretación de la locución. Es la idea clave en la teoría y queda recogida en el Principio Comunicativo de Pertinencia (o Segundo Principio de Pertinencia):

Principio Comunicativo de Pertinencia: todo acto de comunicación ostensiva comunica la presunción de su propia pertinencia óptima,

donde "presunción de pertinencia óptima" se define del siguiente modo:

a.      El conjunto de supuestos {I} que el emisor desea hacer manifiesto es suficientemente relevante como para que al destinatario le merezca la pena procesar el estímulo ostensivo.

b.      El estímulo ostensivo es el más relevante que el emisor podría haber utilizado para transmitir {I}.

Este único principio guía al oyente en la reconstrucción de la intención del hablante en todos aquellos aspectos en los que la gramática -el código- no facilita hipótesis suficientemente específicas sobre las mismas. En el nivel explícito esto ocurre en la asignación de referentes, la desambiguación, la recuperación de material elidido y la especificación de términos vagos. En el nivel implícito, la gramática no proporciona hipótesis alguna, por lo que el principio de pertinencia se encarga de seleccionar/construir los supuestos que permiten derivar los efectos contextuales de la locución.

8.1 El principio de la pertinencia y la interpretación de las locuciones

La información que codifica cualquier locución es compatible con un conjunto infinito de posibles pensamientos o "mensajes" que, a su vez, pueden entrar en interacción con un conjunto infinito de posibles supuestos, de los que el oyente podría derivar innumerables nuevos supuestos. Esto supone que además de realizar una operación automática de descodificación, el oyente tiene que llevar a cabo una serie de cálculos y decisiones con la ayuda de su capacidad de razonamiento, información no-lingüística que recibe del entorno o que selecciona de la memoria, y un principio o principios que le guían en la construcción de hipótesis sobre las intenciones del hablantes.

Estas decisiones, que son de diversos tipos, afectan a los dos niveles básicos de la comunicación intencional y abierta: el componente explícito y el componente implícito

a.      El componente explícito. Para comprender una locución correctamente el oyente tendrá que decidir qué entidades no-lingüísticas se corresponden con las expresiones referenciales que aparecen en ella. Está, además, la referencia temporal del verbo que también tendrá que ser establecida para que podamos saber cuál es el mensaje transmitido. Además de referencialmente indeterminadas y léxica o sintácticamente ambiguas, las locuciones pueden ser incompletas y/ovagas semánticamente.

b.      El componente implícito. La tarea de la interpretación del oyente no termina una vez ha obtenido una proposición completa que puede atribuir al hablante. Toda nueva proposición que se procesa ha de ser integrada con otros supuestos para que podamos hablar realmente de transmisión de información; al variar las circunstancias de la enunciación varían también las implicaciones que se derivan de una misma proposición.

Comprender una locución correctamente conlleva una toma de decisiones constantes, tanto a nivel explícito como implícito, y entraña un riesgo que suele hacerse patente sólo cuando algo ha ido mal en el intercambio: el oyente ha desambiguado la oración de un modo que no esperaba el hablante, ha asignado referentes personales, temporales o espaciales erróneos, ha derivado implicaciones que el hablante no quiere que le atribuya o ha pensado que hablaba en serio cuando en realidad bromeaba. La información que el oyente deriva ni es parte del sistema lingüístico ni se obtiene por un procedimiento de descodificación. La elección del contexto adecuado es determinante para dar con la interpretación correcta.

El contexto se define en la teoría de la pertinencia como "un subconjunto de los supuestos sobre el mundo con que cuenta un individuo", en particular "el conjunto de premisas que se utiliza para interpretar una locución". El contexto abarca información obtenida del entorno físico inmediato, de locuciones previas o de cualquier pieza de información que el individuo posea y que haga intervenir en el proceso. En cada momento, unos supuestos serán más accesibles que otros. La propia locución empleada determinará en parte la inmediatez de un supuesto. Y ello por la siguiente razón. Cada pieza léxica está asociada a una dirección conceptual o punto de acceso a la información almacenada en la memoria para esa pieza. Esta información es de tres tipos: a) lógica, b) léxica y c) enciclopédica. Esta última está organizada en proposiciones y esquemas de supuestos que permiten el acceso a otras proposiciones, en un proceso de expansión que podría en principio ser ilimitado.

9. Pensamiento y lenguaje

La relación entre las palabras y las cosas, esto es, el problema de la referencia, remite de inmediato a la mediación que suponen los procesos cognitivos del hombre, mediante los cuales organiza su experiencia sensorial. La teoría de la abstracción aristotélica juega aquí un papel fundamental y ha sido contrastada experimentalmente. La actividad de nombrar puede considerarse como la peculiaridad humana para hacer explícito un proceso que es bastante universal entre los animales superiores: la organización de los datos sensoriales. Esto supone una categorización de los estímulos o una etiquetación de la realidad, a la que siguen procesos de transformación y de diferenciación. Ello parece dar prioridad al pensamiento sobre el lenguaje. Pero, por otro lado, como decía Rousseau, "hay que enunciar proposiciones para tener ideas generales", apreciación aparentemente confirmada por el aprendizaje escolar.

9.1 Principales alternativas teóricas

a) El pensamiento depende del lenguaje. Tesis defendida por Humboldt, Sapir, el sociolingüista Berstein. Subyace en las actividades de muchos analíticos del lenguaje. La tesis no se enuncia tan taxativamente, sino en los términos de una identidad entre pensamiento y lenguaje, según la cual el lenguaje sería reflejo y determinante del pensamiento socialmente configurado. El relativismo lingüístico de Worf es la expresión más reciente de esta tesis. Según él, la ausencia de isomorfismo entre los lenguajes amerindios y el inglés indicaba una diferencia básica de pensamiento adquirido culturalmente por el individuo en el proceso de adquisición del lenguaje. El lenguaje hopi, según Worf, tiene una cantidad mucho mayor de verbos que de nombres, a diferencia de los lenguajes europeos, y esto se traduce por ejemplo en una diferente concepción del tiempo y del movimiento:

El hopi concibe el tiempo y el movimiento en el reino objetivo en un sentido puramente operacional -una cuestión de complejidad y magnitud de las operaciones que conectan hechos-, de forma que el elemento de tiempo no se separa del elemento de espacio que entra a formar parte de la operación, cualquiera que sea aquél. Dos acontecimientos del pasado ocurrieron hace mucho "tiempo" (la lengua hopi no tiene ninguna palabra equivalente a nuestro "tiempo") cuando entre ellos han ocurrido muchos movimientos periódicos físicos en forma tal que se haya recorrido mucha distancia, o que se haya acumulado una gran magnitud de manifestación física en cualquier forma ... El hopi, con su preferencia por los verbos, en contraste con nuestra propia preferencia por los nombres, convierte perpetuamente nuestras proposiciones sobre las cosas, en proposiciones sobre los acontecimientos. Lo que ocurre en un pueblo distante si es actual (objetivo) y no es una conjetura (subjetivo) sólo puede conocerse "aquí" más tarde. Si no ocurre "en este lugar", no ocurre tampoco "en este tiempo"; ocurre en "aquel" lugar y en "aquel" tiempo. Tanto el acontecimiento de "aquí", como el de "allí" se encuentran en el reino objetivo, que en general corresponde a nuestro pasado, pero el acontecimiento de "allí" es el más lejano de lo objetivo, queriendo significar esto, desde nuestro punto de vista, que está mucho más lejos en el pasado, como también lo está en el espacio que el acontecimiento de "aquí" (Worf, B.L.,Lenguaje, Pensamiento y Realidad, pp. 79-80)

Según Cassirer entre pensamiento y lenguaje, entre los aspectos sensibles de las palabras y lo espiritual, propio del pensamiento, existe una inevitable reciprocidad en la que se determina y toma su propio sentido cada uno de estos dos órdenes. El mundo del pensamiento habría de quedar en la pura indeterminación si no contase con una forma de expresión en la que cristalizar. A su vez, el signo lingüístico únicamente puede llegar a ser tal en virtud de la penetración intencional que el mundo conceptual realiza en él:

El signo no es una mera envoltura eventual del pensamiento, sino su órgano esencial y necesario. No sirve sólo para la comunicación de un contenido de pensamiento conclusivamente dado, sino que es el instrumento en virtud del cual ese mismo contenido se constituye y define completamente (Cassirer, E., Filosofía de las formas simbólicas, vol. I., FCE, México, 1971, p. 27)

En el mismo sentido, Merleau-Ponty afirma:

No existe el pensamiento y el lenguaje por separado, sino que cada uno de los dos órdenes se desdobla en el examen y un ramal envía al otro. Existen las palabras sensatas que llamamos pensamiento y las palabras fallidas. Cuando no comprendemos es cuando decimos: esto no son más que palabras, y, por el contrario, que nuestros propios discursos son para nosotros puro pensamiento. Los pensamientos que tapizan la palabra y hacen de ella un sistema comprensible, los campos o dimensiones de pensamiento que los grandes autores y nuestro propio trabajo han establecido en nosotros, son conjuntos abiertos de significados disponibles que nosotros no reactivamos, son surcos del pensar que no trazamos de nuevo, sino que nosotros continuamos (Signos, Barcelona, Seix Barral, 1973, pp. 26-27)

b) El lenguaje es idéntico al pensamiento. Variante radical de (a), formulada por Max Müller desde supuestos metafísicos antievolucionistas y por Watson desde supuestos netamente contrarios. Para Müller esto prueba la carencia de pensamiento en los animales. Watson, consecuente con su negación de las conciencias, sólo puede admitir pensamiento explicitado en lenguaje.

Según M. Müller y Watson hay que identificar pensamiento y lenguaje, reduciendo el primero al segundo. El pensamiento es palabra, y la palabra el único pensamiento, de tal manera que no puede suponerse gratuitamente la existencia independiente de un puro pensamiento. Hablar sobre un pensamiento no es más que hablar, desde otro ángulo, de una cierta clase de compuestos verbales.

B. L. Whorf enfatizó el papel constitutivo y configurador del pensamiento que ejerce el lenguaje. Whorf considera al lenguaje como una actividad reorganizadora y clasificante que, al operar sobre la experiencia sensible, conduce irrevocablemente a una determinada categorización y ordenación del mundo:

En realidad, el pensar es extremadamente misterioso, y la mayor luz que hemos podido arrojar sobre esta actividad procede del estudio del lenguaje. Este estudio muestra que las formas de los pensamientos de una persona son controladas por inexorables leyes de modelos, de las que ella es inconsciente. Estos modelos son las sistematizaciones, imperceptiblemente intrincadas, de su propio lenguaje, como queda suficientemente demostrado por una ingenua comparación y contraste con otras lenguas, especialmente con aquéllas que pertenecean a una familia lingüística diferente. Su pensamiento se lleva a cabo en una lengua, ya sea ésta el inglés, sánscrito o chino. Y cada lengua es un vasto sistema de modelos, unos diferentes de otros, en los que se hallan culturamente ordenadas las formas y categorías mediante las que no sólo se comunica la personalidad sino también se analiza la naturaleza, se nota o se rechazan tipos de relación y fenómenos, se canalizan los razonamientos y se construye la casa de la conciencia (Whorf, B. L., Lenguaje, pensamiento y realidad, Barcelona, Barral, 1971, p. 183)

Es la estructura de un lenguaje la que determina la estructura de nuestra "realidad" y cada lengua analiza de una peculiar manera la realidad concreta a la que se enfrenta para ordenarla y encajarla según su propia retícula. La manera de razonar de cada hablante depende de la lengua que se emplea en el razonamiento. La lengua no es sólo un medio de expresión del pensamiento, sino el molde en el que se configura y concretiza dicho pensamiento.

c) El lenguaje depende del pensamiento. Tesis defendida por Piaget, en su forma extrema. El lenguaje pasa por unas fases de maduración, que son precedidas sistemáticamente por niveles superiores de comprensión. Esto implica, en epistemología genética, que el lenguaje del niño es fundamentalmente expresión de sus estados interiores, etc. Piaget ilustra las diferencias de pensamiento y de lógica que preceden a los sucesivos desarrollos del lenguaje en el siguiente texto:

Hay, pues, en el pensamiento egocéntrico y en la inteligencia comunicada dos maneras diferentes de razonar, e incluso dos lógicas, sin que esto resulte paradójico. Hay que entender aquí por lógica el conjunto de los hábitos que adopta el espíritu en la condición general de las operaciones, en la conducción de la partida de ajedrez, como dice Poincaré, por oposición a las reglas especiales que condicionan cada proposición, lo que viene a ser cada "movimiento" en la partida de ajedrez. La lógica egocéntrica y la lógica comunicable diferirán menos en las conclusiones que en su funcionamiento. He aquí esas diferencias: 1º) La lógica egocéntrica es más intuitiva, más "sincrética" que deductiva, es decir, que sus razonamientos no están explicitados. El juicio que va de un salto único desde las premisas a las conclusiones, saltando etapas. 2º) Insiste poco en la demostración ... Sus visiones de conjunto se acompañan de un estado de creencia y de un sentimiento de seguridad mucho más rápidos que si los anillos de la demostración fuesen explícitos. 3º) Usa esquemas personales de analogía, recuerdos del razonamiento anterior sin que esta influencia se explicite. 4º) Los esquemas visuales desempeñan igualmente un gran papel, llegando hasta a ocupar el lugar de la demostración y sirviendo de soporte a la deducción. 5º) Los juicios de valor personales, finalmente, influyen mucho más en el pensamiento egocéntrico que en el pensamiento comunicable.

La inteligencia comunicada, en cambio es 1º) mucho más deductiva y trata de explicitar los lazos entre las proposiciones (pues, si ... entonces, etc.). 2º) Insiste más en la prueba, e incluso organiza toda la exposición con vistas a ella ... 3º) Tiende a eliminar los esquemas de analogía reemplazándolos por la deducción propiamente dicha. 4º) Elimina los esquemas visuales, porque son incomunicables y además no demostrativos. 5º) Elimina los juicios personales de valor para referirse a los juicios de valor colectivos, más cercanos al sentido común.

Si tal es la diferencia que puede encontrarse entre el pensamiento comunicado y lo que en el pensamiento del adulto y el adolescente queda de pensamiento egocéntrico, ¿con cuánta mayor razón no habrá que insistir en el carácter egocéntrico del pensamiento del niño? Si hemos insistido en distinguir este tipo de pensamiento, es sobre todo teniendo en cuenta al niño de 3 a 7 años, y en grado menor al de 7 a 11. En el de 3 a 7, los 5 rasgos enunciados llegan incluso a articularse en una especie de lógica particular. En el de 7 a 11 ... se evidencia en la "inteligencia verbal" (Piaget, J., El lenguaje y el pensamiento en el niño, pp. 47-48)

Entre los defensores de esta tesis se encuentra Aristóteles, el cual establece la anterioridad del pensamiento, mientras que el lenguaje no es otra cosa que un signo convencional con el que nos referirmos a las cosas. Los conceptos se obtienen mediante abstracción, pero las palabras no guardan ninguna relación de semejanza con los conceptos, por lo que no pueden ser considerados ni jugar ningún papel decisivo para desencadenar el proceso cognoscitivo:

Las palabras habladas son símbolos o signos de las afecciones del alma; las palabras escritas son signos de las palabras habladas. Al igual que la escritura, tampoco el lenguaje es el mismo para todas las razas de los hombres. Pero las afecciones mentales en sí mismas, de las que las palabras son primariamente signos, son las mismas para toda la humanidad, como lo son también los objetos, de los que esas afecciones son representaciones, semejanzas, imágenes o copias (Aristóteles, De interpretatione, 16a)

Locke supone que entre el mundo del pensamiento y el del lenguaje existe una profunda diferencia, ya que éste no es otra cosa que un puro signos de las concepciones internas y expresión de las ideas que se encuentran alojadas en la inmanencia de la mente humana.

Dios, habiéndose propuesto que el hombre fuese una criatura social, le hizo no sólo con una inclinación y bajo la necesidad de tener buen trato con los de su propia especie, sino que lo proveyó del lenguaje para que éste fuera el gran instrumento y el vínculo común de la sociedad. El hombre, por lo tanto, tiene sus órganos de tal modo dispuestos naturalmente que está equipado para poder formar sonidos articulados, que llamamos palabras. Pero no bastó eso para producir el lenguaje, puesto que los loros y otros pájaros pueden ser enseñados a formar con distinción suficiente sonidos articulados, los cuales no son de ninguna manera lenguaje (Ensayo sobre el entendimiento humano, III, 1, 1)

Locke distingue entre dos aspectos de la racionalidad: el individual y el social. Por un lado, hallamos el campo racional estrictamente teórico e individual por el que el hombre se constituye como conciencia subjetiva. Pero, por otra parte, parece que el autor sintiera la necesidad de reconocer un órgano plenamente diferenciado de la conciencia, que abriera al hombre hacia el ámbito de la intersubjetividad. Por eso dirá que «además de los sonidos articulados fue necesario aún, por lo tanto, que el hombre pudiera ser capaz de usar esos sonidos como signos de concepciones internas, y de poderlos establecer como señales de las ideas alojadas en su mente, a fin de que pudieran ser conocidas por otros hombres (ibíd., III, 1, 1).

El lenguaje, como instrumento de la naturaleza social del hombre está instituido con el objeto de exteriorizar el mundo del pensamiento, el mundo subjetivo de las ideas de la mente. Éstas son lo primero, lo que ha de estar ya previamente dado, para que después sea expresado a través del lenguaje, en la palabra, que no es en esencia otra cosa que una señal sensible de la idea. Las expresiones lingüísticas no son conceptos corporeizados, ideas sensibilizadas, sino, simplemente, señales que sólo significan algo en cuanto que dependen de ideas.

Resulta, pues, que el uso de las palabras consiste en que sean las señales sensibles de las ideas; y las ideas que se significan con las palabras son su propia e inmediata significación (ibíd., III, 2, 1)

En el mismo sentido, Piaget admite una primacía de lo cognitivo frente a lo lingüístico: el lenguaje es un capítulo concreto dentro del conjunto de la actividad simbólica y nunca un factor decisivo y único para el desarrollo de las operaciones intelectuales; la función representativa es anterior al mismo lenguaje, aun cuando éste, una vez aparecido, pueda colaborar activamente en el cumplimiento y acabamiento de la función simbólica del pensamiento:

El lenguaje no basta para expresar el pensamiento, pues las estructuras que caracterizan a éste último hunden sus raíces en la acción y en mecanismos sensomotores más profundos que el hecho lingüístico. Pero es también evidente que cuanto más refinadas son las estructuras del pensamiento, tanto más necesario es el lenguaje para completar su elaboración. El lenguaje es, pues, una condición necesaria, pero no suficiente en la elaboración del pensamiento (Piaget, J., Seis estudios de psicología, Barcelona, Barral, 1975, pp. 123-124)

Lo esencial de esta actitud está en considerar que el lenguaje sólo constituye el lado externo y accidental del pensamiento: «La relación entre el pensamiento y su manifestación externa es, en este aspecto, similar a la relación existente entre el cuerpo humano y sus ropas. El cuerpo sigue siendo el mismo, con independencia del traje que lo recubra; un pensamiento sería también algo, con independencia de su ropaje verbal» (ibídem).

d) Vigotsky se opuso al carácter idealista de esta tesis, mostrando que el lenguaje infantil tiene una función serial (de acuerdo con los sociolingüistas), reconociendo, no obstante, fases de maduración interna de la comprensión anteriores al lenguaje. Es ciertos que los procesos de maduración son fundamentales para el desarrollo de la capacidad lingüística, pero no lo es menos que lo que posibilita la adquisición del lenguaje es el aprendizaje que el niño realiza en un determinado medio sociocultural, particularmente en el seno de la familia. El caso de los niñosferinos (como el salvaje de Aveyron, el niño del Libro de la selva, el niño gacela del Sahara, etc.) ilustra que el proceso de maduración no origina espontáneamente el lenguaje, sino que constituye una precondición para su desarrollo social.

10. La idea del lenguaje a través del estudio de sus funciones

10.1 La aproximación lingüística de Jakobson

Para Jakobson el lenguaje debe ser estudiado en la variación de sus funciones, que él extrae del análisis de los factores constitutivos del mismo, a saber, el mensaje, el remitente, el destinatario, el establecimiento de contactos entre ellos, el contexto del mensaje y el código, que permite descifrarlo. De aquí surgen seis funciones:

  1. Función expresiva

  2. Función conativa (= apelativa)

  3. Función denotativa, cognitiva o referencial

d.      Función fática o de contacto, que asegura en todo momento el buen funcionamiento del contacto emisor-receptor. Sirve para establecer, prolongar o interrumpir la comunicación, para cerciorarse de que el canal de comunicación funciona, para llamar la atención del interlocutor o confirmar si su atención se mantiene. Está vinculada al canal de comunicación.

e.      Función poética o literaria, mediante la cual el lenguaje alcanza dimensión estética. Está orientada al mensaje por el mensaje. El hablante selecciona las palabras sobre la base de la equivalencia, la semejanza o la desemejanza, la sinonimia y la antonimia, y luego las combina para construir una secuencia, basada en la contigüidad. La función poética, dice Jakobson, proyecta el principio de la equivalencia del eje de selección al eje de combinación.

f.        Función metalingüística, mediante la cual se puede hablar del lenguaje mismo. Toma el lenguaje como objeto. Se utiliza cuando el hablante y el oyente quieren confirmar que están utilizando el mismo código, y entonces el discurso se centra en el código. Según Jakobson, todos los procesos de aprendizaje de una lengua, y especialmente el proceso de adquisición de la lengua materna por parte del niño, recurren a estas operaciones metalingüísticas.

10.2 La semiótica de Morris

Concibe el lenguaje como conjunto de signos cuya consideración global correspondería a la Semiótica. Pero hay tres términos en la relación triádica de la semiosis: signo, designatum, intérprete. De esta relación triádica pueden ser extraídas para las siguientes relaciones diádicas:

a.      La relación semántica, según la cual los signos aparecen vinculados a sus objetos (significados o referencias). Estas relaciones pueden llamarse, según Morris, "dimensión semántica de la semiosis". Designar y denotar son conceptos que pertenecen a esta dimensión. La principal distinción, dentro de este plano, tiene lugar entre significados y denotados, que se corresponde con la distinción de Frege entre sentido (Sinn) y referencia (Bedeutung).

b.      La dimensión pragmática, en la que los signos aparecen relacionados con los sujetos que los utilizan. Expresar es un concepto pragmático. El contexto pragmático es, hasta cierto punto, el más fundamental, dados los supuestos biológicos de la Semiótica de Morris. Todo signo se considera como una entidad perteneciente a una conducta global de un organismo viviente que suele prefigurar un estímulo preparatorio del signo.

c.      El contexto sintáctico, que aparece cuando los signos se relacionan con otros signos. La sintaxis es parte de la semiótica que considera este contexto. Pero la conexión de signos con signos no siempre es sintáctica. La distinción de Morris entre signos y símbolo tiene algo que ver con el concepto de sintaxis, en tanto que el símbolo se entiende como un signo que produce el intérprete y que actúa como sustituto de otro signo del que es sinónimo.

10.3 La aproximación de Karl Bühler

En su Teoría del lenguaje parte Bühler de la triple distinción psicológica entre efecto, impulso yconocimiento para distinguir las siguientes funciones, que varían, en cada caso particular, en proporciones diversas.

Bühler ofrece un análisis de las funciones del lenguaje a través de su famoso triángulo semántico, considerado como un diagrama u organon de las funciones de los signos (de las funciones semánticas).



El signo lingüístico (por ejemplo, el signo acústico) podría considerarse encerrado en un triángulo invertido, cuyo lado izquierdo mirase al sujeto emisor, el lado derecho al sujeto receptor, y el lado central a los objetos o relaciones. El primer lado nos manifiesta el signo en su condición de síntoma, es decir, nos pone en presencia de la función expresiva del lenguaje. El segundo lado del triángulo nos determina el signo como señal, es decir, nos manifiesta la función apelativa (Apel) del lenguaje; el concepto de dimensión perlocutiva de Austin se reduce a la función apelativa. El lado tercero nos conduce a la función representativa del lenguaje y en su contexto los signos serán ahora llamados símbolos.

Las tres dimensiones del lenguaje, según Bühler, son:

1.      Dimensión expresiva o emotiva: toda expresión lingüística es síntoma de un estado subjetivo del emisor, del que habla consigo mismo, o del que habla con otros, transmitiendo algo. En efecto, toda elocución expresa sentimientos o actitudes subjetivas del emisor o hablante. Esta dimensión da lugar a la "coloración" emotiva del lenguaje, que no es accidental sino que siempre se encuentra presente en el lenguaje ordinario y cotidiano. Esa coloración puede ser controlada deliberadamente, aumentada o suprimida por el hablante; dependiendo de ello, la comunicación puede adquirir un tono neutral o frío, o tener matices de ardorosidad, neutralidad, etc.

2.      Dimensión interpelativa, apelativa o deíctica: toda expresión lingüística es una señal para el receptor y oyente, y demanda algo de él. A partir de aquí, los conductistas han afirmado que lo esencial del lenguaje no es transmitir ideas, sino obtener una respuesta en el oyente, entendiendo por "respuesta" una forma de acción. Esta invitación a actuar no niega la dimensión representativa, sino que la presupone necesariamente, pues si al escuchar una oración ("dame un vaso de agua") mi oyente realiza esa acción y no otra es porque ha captado su dimensión significativa, representativa; es decir, ha comprendido o entendido lo que le he dicho, como condición previa para que pueda -o no- hacerlo.

3.      Dimensión representativa, referencial o simbólica: la expresión lingüística es símbolo que posee un contenido, el del pensamiento transmitido, pues el pensar es anterior al decir (o debería serlo...). Es la dimensión que más ha sido atendida por los filósofos del lenguaje.

10.4 Los actos de habla

La propuesta del segundo Wittgenstein de que el significado de una expresión se determina por el uso que los hablantes hacen de ella se convierte en el punto de partida del desarrollo de la concepción del significado que se conoce como la teoría de los actos de habla

Esta forma de concebir el lenguaje parte del filósofo británico J. L. Austin, quien en la década de los 40 expuso en sus clases sus investigaciones pragmáticas en torno a la lengua, recogidas luego en su obra póstuma de 1962. El término fue acuñado posteriormente por un discípulo suyo, el filósofo J. Searle, quien perfeccionó y consolidó dicha teoría.

Según Austin, al producir un acto de habla, se activan simultáneamente tres dimensiones:

acto fónico: el acto de emitir ciertos sonidos;
acto fático: el acto de emitir palabras en una secuencia gramatical estructurada;
acto rético: el acto de emitir las secuencias gramaticales con un sentido determinado.

De este modo, al emitir un enunciado como [te prometo que lo haré] estamos, por un lado, diciendo algo (acto locutivo); prometiendo una acción (acto ilocutivo) y provocando un efecto (convencer de la promesa al interlocutor).

Según esta teoría, los enunciados sirven no sólo para expresar proposiciones con las que describir, constatar, en suma, decir algo, sino también para realizar acciones lingüísticas muy diversas en contexto, por ejemplo, dar una orden o hacer una promesa. La realización de tales actos está sujeta a un conjunto de reglas convencionales, cuya infracción afectará directamente a los efectos comunicativos del acto. Searle propuso una tipología de dichas condiciones; éstas se refieren a las circunstancias y al papel de los participantes del acto de habla, a sus intenciones así como a los efectos que pretenden provocar. Son las llamadas condiciones de felicidad. Así, por ejemplo, para prometer algo a alguien, hay que ser sincero, dirigirse a un destinatario interesado en la realización de esta promesa, no prometer algo imposible de cumplir o cuyo cumplimiento, por el contrario, resulta evidente, etc.

Searle agrupa los actos de habla en cinco categorías: los actos de habla asertivos dicen algo acerca de la realidad: [el teatro estaba lleno]; los directivos pretenden influir en la conducta del interlocutor: [no te olvides de cerrar con llave]; los compromisivos condicionan la ulterior conducta del hablante: [si tengo tiempo pasaré a saludarte]; en los expresivos el hablante manifiesta sus sentimientos o sus actitudes: [lo siento mucho, no quería molestarle] y los declarativos modifican la realidad [queda rescindido este contrato].

En una primera versión de su teoría, Searle establece una relación directa entre la forma lingüística de una expresión y la fuerza ilocutiva del acto de habla que se realiza al emitirla (siempre que ello se dé en las condiciones apropiadas); así, por ejemplo, con un imperativo se estaría dando órdenes, y con una interrogativa, solicitando información. Posteriormente, observa que en muchas ocasiones se da una discrepancia entre la forma lingüística y la fuerza ilocutiva: con una pregunta puede estar haciéndose una sugerencia, o dando un mandato. Ello lo lleva a establecer el concepto de acto de habla indirecto, para referirse a los casos en que el significado literal no coincide con la fuerza ilocutiva o intención, como ocurre ante un enunciado del tipo [¿puedes cerrar la ventana?], donde bajo la pregunta se esconde una intención de petición. Si se respondiera literalmente a este enunciado, la respuesta podría ser un [sí, puedo]. En cambio, al formularla, lo que esperamos es que el interlocutor cierre la ventana.

En la didáctica de las lenguas la teoría de los actos de habla ha servido de base para las propuestas de enseñanza comunicativa. Los programas nociofuncionales elaborados en esta metodología se construyen sobre las nociones y las funciones, conceptos que se inspiran en los actos de habla.

Otros términos relacionados

Enunciado; Interacción; Lengua en uso; Negociación del significado; Relación forma-función; Enfoque comunicativo.

Bibliografía básica

Bertuccelli, M. (1993). Qué es la pragmática. Barcelona: Paidós, 1995.

Escandell Vidal, M.ª V. (1996). Introducción a la pragmática. Barcelona: Ariel Lingüística.

Slagter, P. (1979). Un Nivel Umbral. Estrasburgo: Consejo de Europa.

Bibliografía especializada

Austin, J. L. (1962). Cómo hacer cosas con palabras. Barcelona: Paidós.

Blum-Kulka, S. (1999). «Pragmática del discurso». En Van Dijk, T. A. El discurso como interacción social, vol. 2, Barcelona: Gedisa, pp. 67-100.

Kasper, G. y Blum-Kulka, S. (comps.) (1993). Interlanguage Pragmatics. Nueva York: Oxford University Press.

Searle, John (1969). Actos de habla. Madrid: Cátedra, 1980.

http://cvc.cervantes.es/obref/diccio_ele/diccionario/actodehabla.htm

 

11. Lenguaje natural y lenguaje artificial

El uso cotidiano y común del lenguaje posee unos significados y unas estructuras poco definidas en los que abundan las insuficiencias, las reducciones, las ambigüedades y las segundas intenciones. Por eso, desde el punto de vista semántico son frecuentes los términos equívocos y las polisemias, es decir, las palabras que sirven para designar objetos distintos, otros se refieren a cualidades imprecisas o espurias ("difícil", "ameno", "aceptable", …), los hay que designan objetos o realidades abstractos ("lujuria", "templanza", "justicia", …) o sentimientos y estados afectivos imposibles de precisar ("melancolía", "ansiedad", …).

Desde la perspectiva sintáctica abundan las anfibologías, es decir, las oraciones con un doble significado ("el burro de Juan llevó todo el peso"), metáforas ("Carl Lewis es un gamo"), las suposiciones ("cuando el río suena agua lleva") o las construcciones incorrectas o inexactas ("se venden camisas para señoras de seda"), etc.

Debido a estas características, el lenguaje natural puede presentar numerosas dificultades cuando se trata de expresar contenidos rigurosos y precisos; por tanto, en algunas tareas resulta conveniente utilizar un lenguaje artificial o convencional, en el que se fije de manera unívoca, esto es, sin ambigüedades, el significado de los términos y se indique exactamente el contenido de las proposiciones y lo expresado en ella.

Pero, conviene dejar claro que, en sentido estricto, todos los lenguajes humanos son convencionales o artificiales, puesto que no existe ninguna razón natural para que las palabras designen los objetos que significan, por ejemplo, para que el término "piedra" signifique el objeto piedra, o la voz "melocotón" el objeto melocotón. Pero los lenguajes llamados naturales se han formado a un ritmo lento, evolucionando a lo largo de la Historia desde idiomas anteriores o primitivos a otros posteriores o derivados, perdiendo y adquiriendo determinados vocablos y ciertas estructuras, de acuerdo con avatares y circunstancias históricas; por ejemplo, del latín derivaron el español, el francés, …; el español, a su vez, puede evolucionar de distinta manera en España, México, Puerto Rico, …

Los lenguajes artificiales o convencionales propiamente dichos, por su parte, se elaboran intencionalmente con miras a determinados fines o en virtud de una necesidades expresivas muy precisas. Desde este punto de vista, los lenguajes artificiales sólo resultan posibles gracias a la capacidad reflexiva de los lenguajes naturales, es decir, debido a la potencia que poseen los lenguajes naturales para examinar, analizar y precisar sus propios contenidos, estructuras y significados.

En general, estos lenguajes se caracterizan por su rigor y exactitud y, en este sentido, constituyen medios o instrumentos elaborados por los científicos, que permiten expresar de manera adecuada los objetos estudiados por sus ciencias.

Con respecto al lenguaje natural, el lenguaje formal presenta las siguientes ventajas:

1.      Es posible dar a lo símbolos lógicos un significado absolutamente preciso, cosa que no tienen generalmente los términos del lenguaje ordinario. Los términos del lenguaje normal tienen muy a menudo los "bordes gastados", es decir, los límites de su connotación y de su denotación son muy imprecisos. Por ello, para el análisis científico es a menudo ventajoso sustituirlos por símbolos especiales, perfectamente delimitados y precisos, tanto en su connotación como en su denotación.

2.      El simbolismo especial permite separar y distinguir nociones diversas, que en el lenguaje normal están representadas por una misma expresión.

3.      El simbolismo lógico nos permite concentrarnos fácilmente en lo esencial de un contexto dado. Al sustituir, por ejemplo, en el interior de una proposición los nombres por variables, se nos da a entender que lo esencial no está en el significado de esas palabras, sino en su función.

4.      Precisamente por ello, los símbolos lógicos ponen de manifiesto claramente la forma lógica de las proposiciones. La simbolización lógica muestra rápidamente que proposiciones como "Sócrates es mortal" y "Algunos hombres son mortales", aparentemente muy semejantes, son en realidad profundamente distintas desde el punto de vista de su estructura lógica.

5.      Un simbolismo adecuado permite realizar una gran economía de tiempo y de trabajo. El simbolismo lógico tomará la forma de un cálculo, es decir, un sistema de signos artificiales sometidos a unas reglas de formación y transformación, que nos permiten realizar operaciones de manera puramente mecánica, con gran ahorro de tiempo.



Bibliografía

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 D. Competencia lingüística y competencia comunicativa

La noción es desarrollada por Chomsky en su obra Aspectos de la teoría de la sintaxis (1965). Chomsky hace una distinción entre competencia (competence) y actuación (performance), inspirada en la oposición Iangue/parole de Saussure. Queda así definida la competencia como una capacidad humana para emitir mensajes e interpretar los mensajes recibidos (competencia activa y competencia pasiva). Entendida en este sentido genérico, la competencia comunicativa comprendería la capacidad específica de codificar y descodificar mensajes de tipo lingüístico. Volvemos a la antigua advertencia saussureana que consideraba la lingüística como una parte de la Semiología, ciencia general de los signos. Será el filósofo norteamericano Charles Sanders Peirce quien impulse el nacimiento de la Semiología (o Semiótica) como ciencia independiente.

La competencia comunicativa quedaría encuadrada, pues, en el ámbito de la semiología, donde se aborda el estudio de los distintos sistemas de signos, verbales y no verbales, estudiados en el apartado anterior.

Son múltiples los ensayos realizados por parte de los filósofos para analizar y clasificar los sistemas de signos. Casi todos ellos de carácter contradictorio y sin tener en cuenta el proceso de la comunicación humana dentro del sistema social en que se desenvuelve.

Siguiendo los trabajos de Adam Schaff y la crítica que de ellos hace Reznikov se intentará establecer una tipología que relacione y diferencie los diversos sistemas de signos.



Hymes (1971) propuso el establecimiento de un enfoque que se ocupara de investigar las reglas de uso de una lengua en su medio ambiente, es decir, en los diversos contextos sociosituacionales en que se realiza la comunicación verbal de una comunidad. Este enfoque tendría que dar cuenta de las reglas que configuran la competencia comunicativa de los miembros de dicha comunidad. Hizo notar que la dicotomía chomskiana competencia y actuación era insuficiente para explicar las reglas de uso para la interacción lingüística en la sociedad. La competencia lingüística es el conocimiento tácito de la lengua de un hablante-oyente ideal que posee un grupo limitado de reglas para producir un número infinito de oraciones en esa lengua. La actuación lingüística, por su parte, es el uso real de esa lengua en situaciones concretas. La actuación puede ser influida por factores psicológicos tales como temor, descuido, nerviosismo, etc.; por factores fisiológicos, tales como dolor o cansancio; factores ambientales como ruido, un nuevo ambiente, etc. Hymes (1972) criticó esta dicotomía afirmando que la teoría generativo-transformacional "propone objetos ideales (hablante-oyente) abstraídos de los rasgos socioculturales que podrían entrar en esta descripción", ya que tanto la distinción competencia/actuación como la de langue/parole de Saussure surgen de la observación de las fluctuaciones de la gramaticalidad del habla de los individuos, habla que no refleja directamente su conocimiento gramatical. Si se supone que el conocimiento de un hablante adulto de una lengua no fluctúa de momento a momento, tal como lo hace la gramaticalidad de sus enunciados, la tarea del lingüista será la de describir el conocimiento permanente de su lengua: su competencia lingüística. Se deja al psicolingüista o al sociolingüista el describir cómo estos factores psicológicos, fisiológicos o ambientales interfieren o interactúan con la competencia lingüística para producir los enunciados "agramaticales" que son típicos de las situaciones interaccionales de la comunicación diaria.

Según Hymes, la adquisición de la competencia para el uso puede formularse en los mismos términos que la adquisición de la gramática: en la matriz social dentro de la cual el niño aprende un sistema gramatical adquiere al mismo tiempo un sistema para su uso, que incluye personas, lugares, propósitos, junto a las actitudes y creencias vinculadas a ellos. Aprende, además, pautas del uso secuencial del lenguaje en la conversación, formas de tratamiento, rutinas estándares, etc. En tal proceso de adquisición reside la competencia comunicativa del niño, su habilidad para participar en la sociedad no sólo como un miembro parlante, sino también como un miembro comunicante. Se desprende de lo anterior que un modelo de lengua no sólo debe reflejar los aspectos de la competencia lingüística, sino también los factores sociales y culturales que circunscriben al hablante-oyente en su vida social y en su comunicación. La comunidad lingüística debe ser definida en términos del conocimiento compartido y de la competencia de sus miembros para la producción e interpretación del habla socialmente apropiada.

LA COMPETENCIA COMUNICATIVA

El estatus de la comunicación lingüística como un sistema gramatical que se usa para la comunicación y que es parte de la cultura no había sido habitualmente considerado previamente al trabajo de Hymes. Así, la comunicación lingüística se logra mediante el dominio de la competencia comunicativa, término que acuñó Hymes (1971, 1972, 1974) de la etnografía de la comunicación (entrecruce de la antropología y la lingüística), corriente antropológica que empieza a desarrollarse a mediados de los años sesenta y a comienzos de los setenta (Gumperz y Hymes 1964, 1972). Propone Hymes que la competencia comunicativa se ha de entender como un conjunto de habilidades y conocimientos que permiten que los hablantes de una comunidad lingüística puedan entenderse. En otras palabras, es nuestra capacidad de interpretar y usar apropiadamente el significado social de las variedades lingüísticas, desde cualquier circunstancia, en relación con las funciones y variedades de la lengua y con las suposiciones culturales en la situación de comunicación. Se refiere, en otros términos, al uso como sistema de las reglas de interacción social. Es Fishman (1970), sin embargo, quien se acerca más, según mi parecer, a lo que debería entenderse por competencia comunicativa (o competencia de comunicación (Alvarez 1995), al expresar que todo acto comunicativo entre dos o más personas en cualquier situación de intercambio está regido por reglas de interacción social, las que define como "quién habla a quién (interlocutores), qué lengua (variedad regional, variedad de edad, sexo o estrato social), dónde (escenario), cuándo (tiempo), acerca de qué (tópico), con qué intenciones (propósito) y consecuencias (resultados)" (Fishman 1970: 2). Esta definición reconoce elementos pragmalingüísticos y psicológicos involucrados en la comunicación interpersonal, lo que nos permite aproximarnos más a lo que vamos a entender por competencia comunicativa a la luz de la contribución de otras interdisciplinas.

La competencia comunicativa resulta ser una suma de competencias, que incluye la competencia lingüística, la competencia sociolingüística, la competencia pragmática y la psicolingüística. A su vez, cada una de estas competencias se compone de "subcompetencias". El siguiente esquema, que resume e incluye elementos lingüísticos, sociolingüísticos, pragmáticos y psicolingüísticos, quiere ser una puesta al día de lo que en este momento entendemos por competencia comunicativa.


 1. LA COMPETENCIA LINGÜÍSTICA es lo que siempre se ha conocido como gramática tradicional, con sus planos del lenguaje: morfología, sintaxis, fonética y fonología, y semántica.

2. LA COMPETENCIA SOCIOLINGÜÍSTICA incluye, al menos, las reglas de interacción social, el modelo speaking de Hymes, la competencia interaccional y la competencia cultural.

2.1. Reglas de interacción social. La competencia sociolingüística, o etnografía del habla, como la denominó Hymes (1971), es una descripción en términos culturales de los usos pautados de la lengua y el habla, o sea, las reglas de interacción social de un grupo, institución, comunidad o sociedad particular. Esta definición hace que debamos ocuparnos, a lo menos, de las siguientes cuestiones para entenderla:

1. Los recursos sociolingüísticos de una comunidad particular, incluyendo no solamente los gramaticales, sino más bien un conjunto de potenciales lingüísticos para el uso y significado social.

2. Las interrelaciones y organizaciones pautadas de los diversos tipos de discurso e interacción social en la comunidad.

3. Las relaciones de dichas pautas de habla con otros aspectos de la cultura de la comunidad tales como: organización social, religión, política, etc.

4. El uso y explotación de los recursos en el discurso: situación de habla, evento de habla y acto de habla. Dentro de una comunidad lingüística se pueden detectar muchas situaciones de habla que se asocian con el uso del lenguaje o que están marcadas por su ausencia, como por ejemplo: fiestas, comidas, clases, ceremonias. Un evento de habla, según Hymes, es la actividad o aspectos de la misma que está regido por reglas o normas para el uso lingüístico, por ejemplo, una conversación privada, una discusión o una prédica. Cuando los eventos de habla son analizados en segmentos de discursos más pequeños constituyen un acto de habla, tales como una pregunta, una orden o una recriminación durante una discusión. Así como un mismo tipo de acto de habla puede ocurrir en diferentes eventos de habla, también un mismo tipo de evento de habla puede verificarse en distintas situaciones de habla.

2.2. Modelo SPEAKING. Hymes pone de relieve el concepto de la situación social a través del modelo SPEAKING, donde cada letra representa un concepto de análisis:

S = (setting)

situación

P = (participants)

participantes

E = (ends)

finalidades

A = (acts)

actos

K = (key)

tono

I = (instrumentalities)

instrumentos

N = (norms)

normas

G = (genre)

género

 

Estos ocho elementos corresponden a las reglas de interacción social, las que deben responder a las siguientes preguntas: ¿dónde y cuándo?, ¿quién y a quién?, ¿para qué?, ¿qué?, ¿cómo?, ¿de qué manera?, ¿creencias?, ¿qué tipo de discurso? Estas se pueden detallar de la siguiente manera:

S = Situación. Responde a la pregunta ¿dónde y cuándo? y comprende la situación de habla, lugar, tiempo y todo lo que la caracteriza desde un punto de vista material: una fiesta, un discurso, una clase. También incluye el evento de habla como parte menor de la situación de habla.

P = Participantes. Responde a las preguntas ¿quién y a quién?, e incluye a las personas que interactúan lingüísticamente: emisor e interlocutor, como asimismo a las personas que participan en el evento de habla e influyen en su desarrollo debido a su presencia.

E = Finalidades (ends). Responde a la pregunta ¿para qué? Este punto, según mi criterio, podría también ser incluido dentro de la denominada competencia pragmática, ya que tiene que ver con las intenciones del hablante al decir algo y con los resultados que espera obtener como consecuencia de ese "decir algo".

A = Actos. Responde a la pregunta ¿qué?, y se expresa a la vez como contenido del mensaje (tópico o tema abordado) y su forma, esto es, el estilo de expresión.

K = Tono (key). Responde a la pregunta ¿cómo? y expresa la forma o espíritu con que se ejecuta el acto. Un mismo enunciado, desde el punto de vista gramatical, puede variar su significado si se lo quiere expresar en serio, como una broma o como un sarcasmo. En este último caso anulando su significado semántico original.

I = Instrumentos. Responde a la pregunta ¿de qué manera?, y tiene dos componentes: los canales y las formas de las palabras. El canal puede ser oral (canto, discurso, silbido, el llanto...), la escritura, el lenguaje no verbal. En cuanto a la forma de las palabras, se toma en consideración su diacronía, ‘botica’ por ‘farmacia’, por ejemplo; su especialización o uso.

N = Normas. Responde a la pregunta ¿qué creencias?, y comprende las normas de interacción y las de interpretación. Las primeras tienen que ver con los mecanismos de regulación interaccional, o rituales: cuándo dirigir la palabra, cuándo interrumpir a alguien, duración de los turnos. Las segundas involucran todo el sistema de creencias de una comunidad, que son transmitidas y recibidas ajustándose al sistema de representaciones y costumbres socioculturales.

G = Género. Responde a la pregunta ¿qué tipo de discurso? y se aplica a categorías tales como poemas, proverbios, mitos, discurso solemne, rezos, editoriales, cartas al Director...

2.3. Competencia interaccional. Involucra el conocimiento y el uso de reglas no escritas de interacción en diversas situaciones de comunicación en una comunidad sociocultural-lingüística dada. Incluye, entre otras cosas, saber cómo iniciar, continuar y manejar las conversaciones y negociar el significado con otras personas; el tipo de lenguaje corporal apropiado; el contacto visual y la proximidad entre los hablantes y el actuar en consonancia con esas reglas. Un ejemplo: la conversación entre un cliente y la cajera en un supermercado se supone que no es personal, sino que se refiere a una transacción comercial, por lo que sería inapropiado hacer esperar a la otra gente que desea ser atendida si estas dos personas se involucraran en una conversación personal. Hay que hacer notar que las reglas que regulan estas transacciones están culturalmente determinadas y varían de cultura a cultura y, dentro de ésta, de una comunidad a otra.

La cuestión que debe preocuparnos es cómo manejan los individuos la interacción social y tratar de resolver interrogantes tales como los procesos discursivos que favorecen o dificultan la producción y comprensión del dominio de la interacción; cómo resuelven los hablantes el uso y defensa de su turno; qué tipos de interacción se pueden distinguir; cuál es el comportamiento sociolingüístico empleado para ejercer el rol de autoridad en un intercambio; qué estrategias se usan para desafiar dicha autoridad.

2.4. Competencia cultural. Es la capacidad para comprender las normas de comportamiento desde el punto de vista de los miembros de una cultura, y actuar de modo que pueda ser entendido por dichos miembros y en que se espera que dichas normas sean entendidas. La competencia cultural, por lo tanto, involucra la comprensión de todos los aspectos de la cultura, especialmente la estructura social, los valores y creencias de la gente y el modo en que asumen que se deben hacer las cosas.

3. COMPETENCIA PRAGMÁTICA. Un avance importante en el análisis del discurso fueron las contribuciones hechas por Austin, Searle y Grice con la discusión de los actos de habla. Mientras que la sociolingüística daba énfasis al rol de la variación de la lengua y al contexto social, esta visión desde la filosofía consideraba los enunciados verbales no como oraciones, sino como formas específicas de acción social. En este acápite incluimos tres aspectos: la competencia funcional (actos de habla incluidos), la implicatura y la presuposición.

3.1. Competencia funcional. Se refiere a la capacidad para lograr los propósitos de comunicación en una lengua. Existe una serie de propósitos por los cuales se usa la lengua: para especular, rechazar, retractarse, negar, clasificar, preguntar, perdonar, felicitar, saludar, agradecer, etc. Todos estos son actos de habla, esto es, cómo hacemos cosas con las palabras. Los actos de habla pueden variar de una cultura a otra ya que son el reflejo de diferentes sistemas de valores.

3.2. Implicatura. La implicatura es un tipo especial de inferencia pragmática, que no puede considerarse como una inferencia semántica ya que no tiene que ver con los significados "de diccionario" de las palabras, frases u oraciones, sino más bien con ciertas presunciones contextuales vinculadas con la "cooperación" de los participantes en una conversación. La noción de implicatura (Grice 1975) se basa en la distinción entre lo que se dice y lo que se implica al decir lo que se dice, o lo que no se dice. Grice distingue dos tipos de implicaturas: convencionales y conversacionales, aunque la diferencia no siempre es nítida. En principio, parece ser que la implicatura convencional depende de algo adicional al significado normal de las palabras, en tanto que la implicatura conversacional se deriva de condiciones más generales que determinan la conducta adecuada en la conversación (Levinson 1985).

La teoría de la implicatura de Grice se sustenta esencialmente en cómo la gente usa la lengua. Grice identifica cuatro máximas de conversación, que, según él, son los principios subyacentes sobre los cuales se basa el uso cooperativo eficiente de la lengua. Estas máximas expresan el PRINCIPIO COOPERATIVO y son las siguientes:

Calidad: trate de que su contribución sea verdadera. Específicamente:
1. no diga aquello que usted cree que es falso;
2. no diga aquello para lo cual usted carece de la evidencia adecuada.

Cantidad:
1. haga que su contribución sea lo más informativa posible en cuanto se requiera para los propósitos del intercambio;
2. no haga su contribución más informativa de lo que se requiere.

Relevancia:
1. haga que su contribución sea ‘relevante’

Modo:
1. evite la oscuridad:
2. evite la ambigüedad;
3. sea breve;
4. sea ordenado.

3.3. La presuposición. Es otro tipo de inferencia pragmática, que parece estar unida más estrechamente con la estructura lingüística de las oraciones. Las presuposiciones no pueden considerarse como semánticas, en el sentido literal del término, sino que son muy sensibles a factores contextuales, y sus significados están implícitos en ciertas expresiones y sirven para evaluar la verdad de la oración. Por ejemplo, la expresión acabar de + infinitivo lleva una presuposición, como en el ejemplo: Acaba de terminar el partido, donde la presuposición es que el partido ya no se está jugando. Otro ejemplo: Lamento que te haya ido mal, donde la presuposición es "te fue mal" (Reyes 1998).

4. COMPETENCIA PSICOLINGÜÍSTICA. Incluye la personalidad del hablante, la sociocognición y el condicionamiento afectivo. Estos dos últimos puntos son difíciles de separar de la competencia pragmalingüística, y podrían incluirse en ésta, aunque por un mera cuestión metodológica se mantienen aparte.

4.1. La personalidad del hablante y de los interlocutores incluye sus "cajas negras", cada uno con su nivel intelectual y cultural, su sistema de motivaciones, además del sexo, edad, estrato social, prejuicios, educación, estado emocional, etc. Todos estos elementos constituyen su identidad. A través del lenguaje los seres no sólo comunicamos información, sino que también intercambiamos significaciones, teñidas de nuestros estados de ánimo.

4.2. Sociocognición. Sobre la base de una caracterización sociocognitiva de la ideología (Van Dijk 1995), esto es, el hecho de que los esquemas mentales, las actitudes y los valores no son sólo fenómenos individuales sino que están presentes en las mentes de los integrantes de una comunidad, se puede señalar que las representaciones mentales, junto a las actitudes con que los hablantes entran en una interacción y visualizan al otro, afectan la estrategia discursiva por usar y la evaluación de cómo (se) desarrollará dicho intercambio. Al compartir ciertos modelos de representación mental, los miembros de una comunidad cuentan con una base común para conceptuar situaciones, eventos y actos de habla y también interpretar la ausencia de los mismos.

4.3. Condicionamiento afectivo. La sociocognición es un elemento compartido por los integrantes de una comunidad, lo que no quiere decir que se anule la individualidad. Así, los rasgos constantes de una persona, su personalidad, como sus estados de ánimo, son factores esporádicos que afectan la cantidad y la calidad de su interacción en eventos específicos, a lo que hay que agregar aquellos elementos contextuales que le dan un marco al evento de habla: el espacio social, el momento, el contexto institucional, las normas de interacción que deben aplicarse y la interpretación. De todas estas condicionantes depende la caracterización del ambiente psicológico en que se enmarcan la situación, el evento de habla y el acto de habla.

Resumiendo, la competencia comunicativa es un conjunto de habilidades y conocimientos que poseen los hablantes de una lengua, que les permiten comunicarse en ésta, pudiendo hacer uso de dicha lengua en situaciones de habla, eventos de habla y actos de habla. Lo que decimos y hacemos tiene significado dentro de un marco de conocimiento cultural. El modo en que usamos la lengua está enraizado en la sociognición colectiva, por medio de la cual le damos sentido a nuestra experiencia.

La competencia comunicativa está formada, pues, por las competencias lingüística, sociolingüística, pragmática y psicolingüística, con sus respectivas estructuras y funciones. Es precisamente el dominio de estas estructuras y funciones lo que constituye nuestro conocimiento de la lengua.

Sostengo que el conocimiento y tratamiento de la competencia comunicativa, entendida como la planteó Hymes (1971, 1972), complementada con aspectos de la competencia pragmática y de la competencia psicolingüística, ha sido un factor relevante, si bien no el único, en estimular al avance del conocimiento en el área del análisis del discurso.

La competencia comunicativa, con un sentido más amplio y actualizado, como se ha planteado en este artículo, ha permitido entender que sólo puede existir el análisis del discurso con un corpus obtenido a partir de datos empíricos, ya que el uso lingüístico se da en un contexto, es parte del contexto y, además, crea contexto. El hablante sólo puede actuar exitosamente en su lengua si es comunicativamente competente en ella, esto es, si posee la competencia lingüística, sociolingüística, pragmática y psicolingüística.



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