MIGUEL DE CERVANTES
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CERVANTES. NOTICIA BIOGRÁFICA Y PERFIL HUMANO
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> 3. TEATRO
> 4. CERVANTES NOVELISTA

1.
CERVANTES. NOTICIA BIOGRÁFICA Y PERFIL HUMANO
Nace
Miguel de Cervantes Saavedra en 1547, en Alcalá de Henares, de un padre
cirujano que del lado materno tenía ascendencia, tal vez, conversa. De sus
primeros años no se sabe nada seguro. Sólo nos quedan cuatro poesías suyas
publicadas en 1569 en Madrid por su maestro, el humanista Juan López de Hoyos,
con las cuales se inicia su carrera de escritor. De 1569 a 1580, la vida de
Cervantes toma otro rumbo y se separa por completo del campo de las letras. Tras
haber estado en Roma, pelea "muy valientemente" en Lepanto, perdiendo,
a consecuencia de un arcabuzazo, el uso de la mano izquierda. Recuperado de su
herida, toma parte el año siguiente en las acciones militares llevadas por don
Juan de Austria en Navarino, Corfú y Túnez. En 1575, al regresar por mar a
España, cae en manos de corsarios argelinos. Llevado a Argel como esclavo,
conoce un cautiverio de cinco años, marcado por cuatro intentos frustrados de
escape. Rescatado en 1580 por los trinitarios, Cervantes regresa a Madrid. En
1585 publica La Galatea, mientras hace representar varias comedias que se
han perdido, con excepción de El trato de Argel y El cerco de
Numancia. Por aquellas mismas fechas contrae matrimonio con Catalina de
Salazar y Palacios. Pronto va a empezar otro capítulo de su vida. A partir de
1587, desempeña varias comisiones en Andalucía: primero, como proveedor de la
Armada Invencible, luego para la Hacienda pública, con la cual conoce oscuras
desavenencias, siendo encarcelado en 1597, durante varios meses, en Sevilla. En
1605 se encuentra en Valladolid, por aquel entonces sede de la Corte, el mismo año
en que sale a luz en Madrid la primera parte del Quijote, consiguiendo un
éxito inmediato. En 1607 regresa a Madrid. Esta última fase de su vida queda
marcada por una intensa actividad literaria. En 1613 se editan sus Novelas
ejemplares. En 1614 da a conocer el Viaje del Parnaso, y en 1615, las
Ocho comedias y ocho entremeses. También el mismo año publica la segunda
Parte del Quijote, respuesta a la continuación apócrifa publicada el año
anterior por el misterioso Avellaneda. Por fin, en 1616, termina Los
trabajos de Persiles y Sigismunda. A los tres días de redactada la
dedicatoria, muere Cervantes el 22 de abril de 1616, coincidiendo su desaparición
con la de William Shakespeare.
Lo que sabemos de la vida de Cervantes es fruto de investigaciones sucesivas,
realizadas desde el primer tercio del siglo XVIII. Pero la aportación más
significativa ha sido la de los eruditos de principios de este siglo, y en
particular de Cristóbal Pérez Pastor. Los documentos publicados por
ellos proceden de los archivos públicos, parroquiales y notariales. Se
refieren, en su mayoría, al cautiverio de Cervantes, a las comisiones que
desempeñó en Andalucía y a sucesos particulares de su vida externa. En
cambio, muy pocos son los que arrojan alguna luz sobre su carrera de escritor,
por no decir nada de su personalidad. Hoy en día, se necesitaría una
presentación metódica y comentada de estos documentos, actualizando la que fue
esbozada hace ya años por James Fitzmaurice Kelly: Miguel de
Cervantes Saavedra; reseña documentada de su vida (Oxford, 1917). Carecemos
asimismo de una biografía crítica digna de este nombre. La magna obra de Luis
Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (Madrid,
1948-1958), 7 vols., es muy discutible en su método y adolece de varios
prejuicios, aunque reúne una suma considerable de informaciones, a veces inéditas,
y constituye por ello una referencia insustituible. El ensayo de Rosa Rossi,
Escuchar a Cervantes (Valladolid, 1988), pretende acabar con el
cervantismo hagiográfico, interpretando el vivir del escritor en el cruce de su
presunto origen converso y de su supuesta diferencia sexual. Entre los biógrafos
más recientes, algunos reactivan la tradición de las biografías noveladas, en
las que el biógrafo acaba por obliterar al biografiado: así Andrés
Trapiello, Las vidas de Cervantes (Barcelona, 1993) y, en una visión
un tanto escandalosa, Fernando Arrabal (Un esclavo llamado Cervantes (París
y Madrid, 1996).
La biografía escrita por el autor de esta nota--Cervantes, 3ª ed. (Madrid,
España, 1997)--fue publicada en francés en 1986. Traducida al castellano el año
siguiente y reeditada en 1992, acaba de salir nuevamente, en versión revisada y
complementada. A diferencia de otros ensayos, no pretende sumirse en las
profundidades de lo irracional, a fin de descifrar las figuraciones simbólicas
que nos proporcionarían las ficciones cervantinas. En vez de
"explicar" a Cervantes, un hombre desaparecido hace casi cuatro
siglos, a quien su obra se le ha escapado para seguir en adelante su propia
trayectoria, aspira más bien a "contarlo mejor." Primero,
estableciendo con todo el rigor requerido lo que se sabe de las experiencias y
de las acciones que constituyen la vida de Cervantes, y prescindiendo, por
consiguiente, de las fabulaciones que las alteran, como el que fuera alumno de
los jesuitas de Sevilla, o que el Quijote se escribiera en una mazmorra. En
segundo lugar, sitúa en su medio y su época--cuyo conocimiento se ha
beneficiado de la labor reciente de grandes historiadores--a un escritor que fue
actor oscuro de una aventura heroica, testigo lúcido de un tiempo de dudas y de
crisis, e intérprete, a su modo, de un momento clave de la historia de España.
Finalmente, y hasta donde sea posible, trata de ir a su encuentro. Al seguir el
movimiento que nos esforzamos en volver inteligible, este libro ofrece, por
decirlo así, el perfil conjetural de una figura que ni se confunde con el
individuo que conocieron sus allegados, ni con el "raro inventor" cuya
efigie esculpió el propio Cervantes, ni tampoco con la sucesión de mitos que
ha suscitado desde su muerte y cuyo estudio merecería emprenderse algún día:
en otros términos, el perfil perdido que prestamos al narrador secreto
disimulado tras sus dobles, a aquel ausente tan presente cuya voz sólo a él
pertenece y que reconocemos cada vez entre otras mil.
Prof. Jean Canavaggio, http://www.csdl.tamu.edu/cervantes/V2/index.html
Por otra parte, desde
que Tamayo de Vargas utilizó la expresión "ingenio lego" para
designar a Cervantes, esta se ha repetido muy a menudo, bien para apoyarla, bien
para refutarla. La crítica hoy en día coincide en que a pesar de que Cervantes
no tuviera títulos universitarios, esto no implica que sea un hombre inculto,
de escasa formación cultural. Cervantes leyó mucho, y esto hizo que logrará
una apreciable cultura humanística. En todas sus obras pueden espigarse, como
señala Pedraza, mil citas y referencias que revelan al lector atento y culto
que guarda en su memoria muchos recuerdos de sus lecturas.
Otro tema muy tratado por la crítica ha sido la religiosidad de
Cervantes. Se ha tratado por todos los medios de profundizar en el pensamiento
religioso de nuestro autor rastreando a conciencia los indicios que nos ofrece
en sus obras. Los datos han sido interpretados de formas muy diversas por los
estudiosos; mientras que unos ven en él la imagen del librepensador
progresista, otros lo consideran como la encarnación del espíritu
contrarreformista de la época. Es difícil dar una respuesta definitiva, quizá
lo más sensato sea huir de las actitudes extremas. Bataillon ha señalado
numerosas alusiones en las obras de nuestro escritor que podrían interpretarse
como rasgos erasmistas. Paralelamente, Américo Castro insistió (El
pensamiento de Cervantes) en el humanismo cristiano de Cervantes
donde la influencia de Erasmo de Rótterdam es vital en el sentido de una visión
crítica de la realidad donde un relativismo racionalista (el tema de la
“realidad oscilante” que provoca “engaño a los ojos” en don Quijote) es
un claro síntoma de la rechazo cervantino de la opinión dominante en la
época, la de la masa de cristianos viejos, la Inquisición y el catolicismo
contrarreformista. Más adelante, A. Castro (Cervantes y los
casticismos españoles y Hacia Cervantes) reitera esta imagen de un
Cervantes situado en una edad conflictiva y enfrentado a la casta mayoritaria
de los cristianos viejos. Sin embargo, Moreno Báez y otros autores
sostienen la tesis del catolicismo convencido de Cervantes, coincidente
en todo momento con el espíritu contrarreformista. De todos modos, más
recientemente, Fco. Márquez Villanueva y Alban K. Forcione demostrarán
que el erasmismo de Cervantes nada tiene de conflictivo, sino que se
trata de una actitud vital que el autor del Quijote armonizó siempre con
respecto a la sociedad y a las normas impuestas en su tiempo. Así Márquez
Villanueva (Erasmo y Cervantes, una vez más) llega afirmar: “El
humanismo cristiano de Cervantes no tendría así nada de polémico, de atrevido
ni de cauteloso en cuanto fenómeno de época sin ningún significado ulterior a
sí mismo. [...] la Inquisición y su espíritu sencillamente no existen y todo
él transcurre dentro y al abrigo de una España sin problema. Nada,
pues, de compromiso, de inhibición ni de autocensuras creadoras”.
2.
POESÍA
La
producción poética de Cervantes ha sido, sin duda, lo menos valorado de su
obra. A pesar de su importancia cuantitativa, se la ha relegado a un segundo
plano. Ya sus propios contemporáneos menospreciaban esta faceta. El propio
poeta afirma en un terceto del Viaje del Parnaso su frustración y
complejo de mal poeta, aunque no sabemos con certeza si es una afirmación
sincera o irónica. La crítica generalmente la ha tomado al pie de la letra.
Los estudiosos cervantinos a lo largo de la historia han rechazado la poesía de
nuestro autor; sin embargo, críticos del siglo XX como Cernuda y Gerardo
Diego han sido grandes defensores de su lírica. Nosotros debemos decir, en
consonancia con Gaos, que Cervantes logra algunos aciertos parciales en
la lírica (sobre todo en la humorística o irónica); no obstante su poesía en
general es tosca, dura y no se resiste a la comparación con el lenguaje poético
de otros autores de la época como Lope o Góngora.
La actividad poética ocupa toda la vida de Cervantes desde los primeros años.
Conservamos numerosísimas muestras, tanto dentro de la estética
italiana como tradicional. Además de estas piezas sus obras de teatro y sus
entremeses también están escritos en verso.
Poesía italianista
Los
primeros versos que salen de la pluma de nuestro autor se inscriben en la estética
renacentista y tienen como modelo a Garcilaso. También muestra admiración por
poetas clasicistas seguidores de Garcilaso como son: Pedro Laynez y Figueroa.
Cervantes utiliza el endecasílabo en todo tipo de combinaciones métricas,
aunque lo maneja con soltura, no logra versos redondos, plenos. Además de tres
poemas extensos de tendencia italianizante como son: el Canto de Calíope, la
Epístola a Mateo Vázquez y el Viaje del Parnaso, abundan las poesías
sueltas dentro de sus novelas. Un nutrido grupo de ellas se incluyen en La
Galatea. En las Novelas ejemplares también hallamos alguna estrofa
italiana, aunque predominan los versos tradicionales.
Gran parte de sus poesías sueltas son obras de circunstancias,
sobre todo sonetos laudatorios destinados a encabeza las publicaciones (a Lope
de Vega, en su Dragontea) o bien elogios de personalidades diversas (a la muerte
de Fernando de Herrera). La vena heroica produjo Dos canciones a la Armada
Invencible, que nos ofrecen una visión de lo que supuso la derrota. De todas
formas lo mejor de su poesía italianista son cuatro sonetos satíricos: Al túmulo
de Felipe II, A la entrada del duque de Medina en Cádiz, A un valentón metido
a pordiosero y A un ermitaño.
Canto
de Calíope
Escrito
en octavas reales, se incluye en el libro VI de La Galatea. En la
composición alude a poetas contemporáneos, tanto genios como mediocres. A unos
y a otros dirige alabanzas, puestas en boca de la novena musa. Calíope. Los
vates aparecen distribuidos entre los diversos ríos españoles. Destacan
algunos elogios, como el de Fray Luis de León, aunque en conjunto la composición
no es muy acertada. Esta composición se inspira en el Canto de Turia de
Gaspar Gil Polo (Diana enamorada.).
Epístola
a Mateo Vázquez
Esta
composición está dirigida a Mateo Vázquez, secretario de Felipe II, en la que
pide al rey que se decida atacar a los berberiscos y a libertar a los cristianos
que, como él en el momento de escribir estos tercetos, estaban presos. Se suele
datar en el año 1577. Esta epístola encierra fragmentos de notable calidad poética
y verdadera inspiración. Las numerosas referencias autobiográficas le añaden
otro motivo de interés para la crítica literaria.
Viaje
del Parnaso
Es
su obra más ambiciosa y extensa; consta de casi 3000 versos. Se publica en
Madrid en 1614. Su contenido es similar al del Canto de Calíope, es decir, se
dedica a ensalzar y elogiar a los poetas coetáneos. Tradicionalmente esta obra
ha sido comparada con el Laurel de Apolo de Lope de Vega, aunque los
tercetos cervantinos son muy inferiores a los de Lope. Cervantes nos dice al
comienzo del poema que ha imitado el Viaggio in Parnaso (1582) del
italiano Cesare Caporali. El texto es de escaso valor artístico, aunque hay que
reconocer que es una obra superior a las anteriores, que destaca principalmente
por su carácter satírico. Al final de la obra, que consta de ocho capítulos,
Cervantes añadió una Adjunta al Parnaso, en prosa, donde prosigue las
ironías contra los poetas y hace referencia a sus obras teatrales. La crítica
ha considerado esta parte como la más valiosa de toda la obra.
Poesía
tradicional
Es
lo más valioso de su producción poética. Generalmente este tipo de poesía
esta inserta en sus piezas teatrales. Adolfo de Castro señala que algunos
romances cervantinos están a la altura de los mejores de Góngora
("Escuchadme los de Orán...", "Hermosita, hermosita...").
También en sus novelas hay algunos ejemplos que merecen ser destacados, sobre
todo en el Quijote y Rinconete y Cortadillo.
3.
TEATRO
Mucho
menos discutida que su poesía es la obra dramática de Cervantes. Y aunque no
ha logrado tener tampoco una resonancia popular proporcionada a sus méritos, la
opinión de los estudiosos conviene generalmente en atribuirle un alto lugar. Alborg
señala que hasta la aparición de Lope, es evidente que ningún escritor de
teatro español puede, en conjunto, compararse con Cervantes. Sin embargo Ruiz
Ramón destaca que la asiduidad y la entrega con que se consagró nuestro
escritor al arte escénico contrasta con el escaso éxito que obtuvo.
El autor del Quijote a lo largo de varias de sus obras alude a su intento de
triunfar en la creación dramática, sin embargo sus expectativas se ven
frustradas una y otra vez, y su preceptiva teatral choca con la nueva comedia
propuesta por Lope. Aún así, Cervantes en el prólogo de Ocho comedias y ocho
entremeses nuevos nunca representados (1615) afirma haber reducido los actos de
cinco a tres; asimismo también en el citado prólogo señala que fue el primero
en sacar a escena "las imaginaciones y los pensamientos escondidos del
alma" por medio de figuras morales. No obstante la crítica se ha encargado
de echar abajo estas supuestas atribuciones cervantinas, ya que en ambos escasos
hallamos ejemplos en otros autores como Francisco de Avendaño (reducción de
los actos), Juan de la Cueva, Lupercio Leonardo de Argensola (figuras morales).
Felipe Pedraza señala que no debemos ser muy optimistas a la hora de
valorar el teatro cervantino. Su verso nunca logra la fluidez, belleza y
variedad de matices de su prosa. Domina escasamente la técnica teatral y hace
piezas deslavazadas, que incluso pueden llegar a ser coherentes. De todas formas
de su producción teatral podríamos salvar los entremeses y la Numancia.
Cervantes, como advierte Entrambasaguas, es un precursor; el suyo es un
teatro de ensayo que abre el camino a la figura maestra del Fénix.
Etapas
Se
ha venido distinguiendo siempre dos etapas en el teatro cervantino. La primera
corresponde a los años inmediatamente posteriores a su vuelta del cautiverio
(1580), en los que sigue una estética clasicista. A este período pertenecen
una serie de obras perdidas. Sólo se conservan dos: El trato de Argel y
la Numancia.
La segunda etapa coincide con el triunfo apoteósico de Lope de Vega en la
escena española. Cervantes escribe las Ocho comedias y ocho entremeses
nuevos, editados en 1615. Ahora el gusto dramático ha cambiado y ya nadie
solicita sus piezas. Su producción dramática última fue un híbrido que
incorporaba elementos lopescos con modificaciones, al tiempo que criticaba a
Lope y su teoría dramática.
Cervantes en el Viaje del Parnaso cita muchas de sus obras no conservadas
de la primera época: La gran turquesca, La batalla naval, La Jerusalén, La
Amaranta o la de Mayo, El bosque amoroso, etc. Sin embargo parece poco
probable que hubiera escrito y representado en sus primeros años unas veinte o
treinta comedias tal y como admite. En la realidad sólo conservamos dos
muestras: El trato de Argel y la Numancia.
El trato de Argel parece ser que es la
más antigua de las comedias conservadas. Toda la crítica está de acuerdo en
que se trata de una obra de estructura dramática endeble cuyo principal interés
estriba hoy en su valor documental respecto a los cinco años de cautiverio de
Cervantes en Argel. Uno de los personajes, Saavedra, encarna al propio
Cervantes.
El cerco de Numancia es para Ruiz Ramón
la mejor tragedia española del siglo XVI y una de las más importantes del
teatro español. En general la crítica le ha sido muy favorable. El tema
de la obra es el cerco de Numancia por parte de las tropas romanas de Escipión
y el posterior suicidio colectivo de los numantinos ante la inevitable derrota.
La crítica en general ha señalado su deficiente versificación y sus rimas
pobres, pero ha destacado su enorme sentido dramático y su tono solemne.
En las ocho comedias de la
segunda etapa Cervantes va acatando más o menos las leyes de la estética
lopesca, aunque siguen presentes en ellas temas, técnicas y motivos que le son
muy característicos. Las ocho comedias
pueden clasificarse fácilmente atendiendo a su contenido. Tres son de
cautivos: El gallardo español, Los baños de Argel y La gran
sultana; dos, caballerescas o novelescas: La casa de los celos y
selvas de Ardenia y El laberinto de amor; una, de capa y espada:
La entretenida; una de santos: El rufián dichoso y una,
picaresca: Pedro de Urdemalas.
El gallardo español es la más
antigua de las comedias de la segunda época. De tema morisco la crítica la ha
relacionado con el viaje que Cervantes hace a Orán en 1581 por orden de Felipe
II. Es una pieza en que se mezcla la realidad (el personaje principal se llama
Fernando de Saavedra) y la ficción. En conjunto es una obra mediocre, aunque en
ella encontramos escenas y situaciones logradas (algunos romances, el gracioso
Buitrago...).
Los baños de Argel es sin lugar a
duda la mejor de las comedias moriscas de la segunda época. Supone un gran
avance respecto a la primera época. La trama se centra también en la problemática
del cautiverio. Cervantes demuestra que ha aprendido de Lope, pero de todas
formas no alcanza desprenderse de una estructura deshilachada y de unos versos
algo torpes y duros.
La gran sultana es inferior a las
restantes comedias de tema morisco. Se basa en un episodio histórico en el que
también hay algo de legendario: el cautiverio de Catalina de Oviedo en
Constantinopla donde enamora, siendo aún niña, al sultán Amurates III.
Escrita en versos muy cuidados en ella observamos detalles que apuntan
hacia la comedia de gran espectáculo (música...).
La casa de los celos y selvas de Ardenia
es una comedia de asunto caballeresco carolingio. En ella están presentes los
grandes héroes: Roldán, Reinaldos, Bernardo el Carpio, etc. Lo más curioso es
que en este ambiente guerrero se intercala un episodio pastoril. Es una obra
floja.
El laberinto de amor es también una
pieza de tema caballeresco carolingio. En líneas generales es una obra
excesivamente complicada, que requiere demasiada atención por parte del
lector-espectador. Albistur ha califica de endemoniada y frágil.
La entretenida es una comedia de capa
y espada que se desarrolla en Madrid. Su calidad es superior a las precedentes
y, así Alonso Cortés la considera la mejor comedia de la segunda etapa
cervantina. Pedraza destaca también las numerosas cancioncillas que
aparecen a lo largo de la obra.
El rufián dichoso es una comedia
hagiográfica, la única de tema religioso que escribió Cervantes. Su
protagonista, Cristóbal de Lugo, pasa de ser un rufián pendenciero en Sevilla
a convertirse en un santo dominico en Mexico.
Pedro de Urdemalas es la comedia más
sugestiva y animada de Cervantes y la que ha conseguido los mayores elogios de
la crítica. La trama tiene cierto parecido con La gitanilla. Pedro de
Urdemalas (personaje folclórico) se enamora de una gitana llamada Belica y
movido por este amor se va a vivir con una tropa de gitanos. La comedia recoge
así, de acuerdo con el ambiente, tradiciones populares, supersticiones, bailes
y cantos gitanos. Presenta numerosos rasgos picarescos.
Los entremeses cervantinos
Los
Ocho entremeses nuevos nunca
representados, que se editan junto a las comedias en 1615, son sin duda lo más
interesante del Cervantes dramaturgo. Son pequeñas obras de arte que están a
la altura de su prosa. Valbuena señala que Cervantes es en este género de la
pieza cómica corta la figura más alta de nuestra dramática. El autor del
Quijote continúa y supera la tradición iniciada por Lope de Rueda con sus
pasos.
El acierto cervantino en los entremeses no se basa exclusivamente en la situación
escénica, sino en la aguda sátira de costumbres que encierran estas piezas.
Destacan también los personajes por su complejidad psicológica, que contrasta
claramente con los personajes planos del teatro anterior. El éxito de los
entremeses radica también en que seis de ellos están escritos en prosa y, aquí
es donde el genio de Cervantes se expande con mayor fortuna.
Eugenio Asensio señala la paradoja que supone el hecho de que Cervantes
nunca pudiera ver escenificados sus entremeses. Este mismo crítico ha estudiado
como nuestro escritor se sirve de elementos narrativos para crear sus
entremeses, es el caso de El viejo celoso, que toma motivos de la novela El
celoso extremeño.
Respecto
a la cronología de los entremeses observamos que se trata de un problema
por resolver por parte de la crítica. En la Adjunta del Parnaso el autor
declara que ya tiene seis preparados para la imprenta, pero nada sabemos de los
otros dos.
La crítica ha planteado diferentes clasificaciones temáticas de los
entremeses. Casalduero por ejemplo distingue entre los entremeses
formados por una serie de cuadros donde lo esencial es el diálogo: El juez
de los divorcios, El rufián viudo, Los alcaldes de Daganzo y La guardia
cuidadosa, y aquellos otros en los que priva la acción; todos ellos giran
en torno a la burla: El vizcaino fingido, El retablo de las maravillas, La
cueva de Salamanca y El viejo celoso.
El juez de los divorcios es un entremés
que está constituido por una sucesión de episodios en los que no hay acción
ni desenlace. Lo esencial es la caracterización de los personajes a través del
diálogo. Los protagonistas son tres parejas de malcasados que quieren
divorciarse. Cervantes hace una severa sátira de los personajes populares de la
época y de la administración de la justicia.
El rufián viudo; está escrito en
verso. Asensio lo destaca como uno de los mejores entremeses por su literalidad,
mientras que Valbuena lo juzga como macabro y feo, negro y
desmesuradamente forzado de expresión. Hay ciertos motivos que nos recuerdan a
Quevedo.
La elección de los alcaldes de Daganzo;
escrito en verso blanco, traza un cuadro aldeano, de escasa acción, en el que
lo esencial es el diálogo de los personajes. En el entremés observamos a tres
aspirantes a la alcaldía, cuyas cualidades poco tienen que ver con el puesto
que pretenden. Predomina la caricatura y la sátira.
La guardia cuidadosa; en esta obra un
soldado y un sacristán se disputan los favores de una joven fregona. Toda la
obra gira en torno a la contraposición de estos dos tipos: el militar y el
religioso. El tema de las armas y de las letras no es nuevo en la literatura
española ni en Cervantes.
El vizcaíno fingido es un entremés
de acción que ha sido muy elogiado por la crítica por su tono divertido. La
obra gira en torno a un tema picaresco: un vividor, Solórzano, con la ayuda de
su amigo Quiñones, se hace pasar por vizcaíno (chistes por la manera de
hablar) y estafan a una señora de dudosa reputación. Hay también una crítica
a la justicia en la persona del alguacil.
El retablo de las maravillas es
posiblemente el mejor de los entremeses cervantinos. La crítica ha señalado
sus raíces folclóricas, así el tema procede o coincide con el enxiemplo XXXII
del Conde Lucanor. Bataillon ve más próxima al retablo cervantino la
historia XXVII del Till Eulenspiegel, mientras que Schevill y Bonilla
citan como posible fuente a Timoneda. En El retablo de las maravillas sus
protagonistas Chanfalla y Chirinos ponen en acción un retablo de muñecos no sólo
invisibles para los hijos no legítimos, sino también para los descendientes de
los conversos. La sátira de Cervantes apunta sin duda a la hipocresía de la época
respecto a este tema.
La cueva de Salamanca. Se trata de una
pieza hábilmente trazada, y las escenas de regocijante comicidad la llenan por
entero. Los tipos, dentro de su grotesco perfil, son deliciosos y están
perfectamente caracterizados. La historia trata de un barbero y un sacristán
que se disponen a aprovechar la ausencia del marido para remediar la urgencia
sexual de la esposa y de su criada; un estudiante de viaje, que pide albergue
para una noche, se mezcla inesperadamente en la aventura, y es él quien, con
sus artes de Salamanca (universidad), saca a todos con bien cuando el marido
regresa fingiendo que el sacristán y el barbero son demonios a los que él
conjura.
El viejo celoso es una dramatización
del tema de la novela El celoso extremeño. Valbuena ha señalado
un sinfín de fuentes para esta obra: los fabliaux franceses, la Disciplina
clericalis, el Decamerón, etc. El entremés nos relata los enormes celos del
marido mayor casado con una joven. Como señala Alborg, hay en la obra,
aunque sin discursos morales, una incisiva sátira contra los matrimonios entre
contrayentes de distinta edad.
Además de estas ocho piezas, Asensio señala que tenemos esbozos de
posibles entremeses en dos comedias cervantinas. Son pasos cómicos que forman
una unidad independiente en la trama argumental. El primero pertenece a La
entretenida y el segundo se integra en la comedia picaresca Pedro de Urdemalas.
Por último la crítica ha atribuido una serie de entremeses a Cervantes sin
que, hasta el momento, se hayan podido aportar pruebas fehacientes. Entre estos
entremeses estarían los siguientes: El hospital de los podridos, Los
habladores, La cárcel de Sevilla, Los mirones y el Entremés de los
romances.
4. CERVANTES NOVELISTA
Sin duda,
es esta la faceta más interesante de nuestro autor y la más innovadora en el
panorama literario español. Cervantes encuentra en la prosa el instrumento idóneo
para dar vida a su mundo literario, tan singularmente rico y complejo. La
narrativa cervantina, a excepción de La Galatea, es obra de madurez, que sirve
de colofón a una intensa dedicación a la vida literaria.
La Galatea
Es la primera obra extensa publicada por Cervantes; sale a la luz pocos
años después de su vuelta de Argel, en Alcalá de Henares, en 1585, cuando
nuestro escritor ya es un hombre maduro. No sabemos con certeza su fecha de
composición, aunque Amezúa ha publicado una carta del autor, fechada en
1582, en la que dice que está componiendo La Galatea. Por este motivo no
debe ser considerada como una obra juvenil como algunos defienden.
La obra consta de seis libros, a los que Cervantes denomina égloga (para él
estaba escribiendo poesía y no narrativa); se trata, pues, de una obra que
representa el mundo pastoril. La trama es tan tenue que algunos críticos han
pensado que se reduce a un simple pretexto para engarzar los abundantes poemas
que aparecen en la obra. La acción comienza in medias res con los lamentos del
pastor Elicio motivados porque el viejo Aurelio, padre de Galatea, la ha
prometido en matrimonio a un pastor lusitano, Erastro. En torno a este episodio
central se apiñan numerosísimos relatos secundarios.
La primera parte acaba así, en suspenso. Cervantes se pasó toda la vida
anunciando en sus obras la segunda, pero nunca llegó a escribirla.
El propio autor advierte que bajo la traza pastoril de los personajes novelescos
se ocultaban muchos reales. Los críticos han buscado quién puede encubrirse
bajo los nombres de los personajes y, así han formulado varias hipótesis:
Tirsi sería Francisco de Figueroa, Meliso, Diego Hurtado de Mendoza, Siralvo, Gálvez
de Montalvo, etc.
La crítica tradicional ha considerado a esta obra como una obra de juventud, un
capricho, un tributo a una moda literaria. Sin embargo Américo Castro se
ha encargado de echar abajo estos supuestos. Para este crítico La Galatea representaría
el plano ideal frente a la cruda realidad, dos planos que hallarían su perfecta
fusión en el Quijote. A esto habría que añadir que sería algo extraño que
Cervantes pasará toda su vida anunciando la segunda parte, si esta obra fuera
un antojo de juventud.
Entre las fuentes que se suelen citar de esta obra debemos mencionar La Arcadia
de Sannazaro. Sin embargo, la crítica actual defiende el mayor influjo de las
dos Dianas de Montomayor y Gil Polo. Tampoco debemos de olvidar la enorme
influencia del neoplatonismo, sobre todo a partir de la obra de León Hebreo: Diálogos
de amor
Respecto a la valoración de La Galatea, los estudiosos han sido demasiado
duros con ella. La importancia de esta obra reside en el carácter de embrión
que tienen muchos de los motivos que en ella aparecen en relación con otras
obras más logradas del mismo Cervantes como señala Pedraza.
Las
Novelas Ejemplares
Se
publican en 1613, aunque algunas estaban escritas con bastante anterioridad. En
el Quijote de 1605 se cita al Rinconete y Cortadillo. Entre 1604-1606 el
racionero de la catedral de Sevilla, Francisco Porras de la Cámara, compiló
una serie de curiosidades españolas para el cardenal Fernando Niño de Guevara,
y en ella incluye sendas versiones con variantes de Rinconete y Cortadillo
y del Celoso extremeño, además de La tía fingida, de dudosa
autoría y hoy desechada del corpus cervantino. Ignacio Arellano afirma
que probablemente la colección se escribió en diversos momentos entre 1590 y
1592, fechas en las que Cervantes redacta otras novelas cortas que están
insertas en el Quijote.
Cervantes reivindica en el prólogo la invención de la novela en español.
Afirma que él es el primero que ha novelado en lengua castellana, ya que sus
obras son originales, ni imitadas ni hurtadas como las que andan impresas por
toda la Península. Y así es, Cervantes es el primero en novelar en
lengua castellana, adaptando la forma regular y creativa de la lengua italiana.
Anteriormente Timoneda y otros escritores habían buceado en el mundo de la
novela corta, sin embargo, ellos sólo habían hecho traducciones o versiones de
las novelas italianas.
La calificación
de ejemplares por parte de nuestro autor ha suscitado numerosas opiniones.
Cervantes cataloga a sus novelas como ejemplares, ya que "si bien lo miras
no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso". La crítica
ha interpretado en muchos sentidos esta afirmación: hipocresía frente al
posible censor; sinceridad; arrepentimiento tardío... Arellano destaca a este
respecto que sus novelas no añaden de modo pegadizo una ejemplaridad de receta,
sino que ofrecen una moralidad que queda abierta a la interpretación del
lector.
Uno de los mayores afanes de la crítica ha sido establecer una clasificación
coherente, que no puede basarse evidentemente en el criterio cronológico. Hay
que atenerse, por lo tanto, al tema y al estilo.
A primera vista cualquier lector puede observar una clara distinción entre las
novelas de corte realista y las novelas de tendencia idealista. Valbuena
distingue tres grupos:
* Novelas idealizantes, al estilo italiano, que son, con mucho, las más
flojas en su concepción y desarrollo: El amante liberal, La española
inglesa, La fuerza de la sangre, Las dos doncellas y La señora Cornelia.
* Novelas
ideorrealistas,
en las que el proceso idealizador toma como punto de partida la realidad, no la
convención literaria. Dentro de este grupo, Pedraza distingue dos
clases: las que se basan su trama en la anagnórisis final: La
gitanilla y La ilustre fregona, y las que se inspiran en motivos
folclóricos y están próximas al cuento de Bocaccio: El celoso extremeño
y El casamiento engañoso.
* Novelas
realistas,
que constituyen un magistral cuadro de costumbres con sus toques de sátira e
ironía. Su calidad es muy superior a las anteriores: Rinconete y Cortadillo,
El coloquio de los perros y El licenciado Vidriera.
Amezúa
propone otra clasificación basada en criterios cronológicos. Distingue
tres épocas en la composición de las novelas ejemplares: una primera etapa
estaría influida por Italia (Bandello y Cinthio); una segunda época sería
aquella en la que Cervantes va introduciendo la introspección psicológica
y, por último, un tercer período en el que el autor analiza implacablemente
la vida social. En líneas generales esta clasificación coincide con la de
Valbuena, que es la nosotros seguiremos.
Novelas
idealistas
Son las menos
interesantes y las más estereotipadas. Sus protagonistas aparecen adornados con
numerosas gracias, pero son psicológicamente personajes planos. La peripecia
está excesivamente enredada y cae, casi siempre, en lo inverosímil. La
realidad está ausente.
El amante liberal
Es la menos
apreciada por la crítica. En esta novela se nos cuenta la historia de los
cautivos Ricardo y Leonisa, con una trama semejante a las novelas bizantinas e
influencia de la narrativa italiana. Valbuena señala que los mayores
fallos de esta obra son la inverosimilitud y la exaltación.
La
señora Cornelia
Es una típica
novela de aventuras, sin mayor complicación. La trama se sitúa en Italia
(Bolonia) donde dos caballeros españoles (don Juan y don Antonio) recogen una
noche un bulto que les entregan y resulta ser un niño. A don Juan le pide
protección una dama velada, que resulta ser la madre del niño. Todos estos
hilos de intriga y azar se cruzan en una posada, donde todos coinciden y donde
se aclara el asunto.
Las dos doncellas
De nuevo
Cervantes mantiene la inspiración italiana. Dos damas de buena posición,
Teodosia y Leocadia, van en persecución del caballero Marco Aurelio, que les ha
dado palabra de casamiento; Teodosia, además, ha sido deshonrada por él. Ambas
van disfrazadas de hombre. Al final el seductor acaba casándose con Teodosia y
Leocadia con un hermano de este (Rafael). Es quizás la peor novela de la
colección.
La española inglesa
Recoge, junto
a las aventuras novelescas, abundantes recuerdos personales del autor
relacionados, sobre todo con la vida del cautiverio; el protagonista de la obra
es apresado en Argel y libertado por los mercenarios. En líneas generales es
muy complicada, con numerosas peripecias.
La fuerza de la sangre Se trata
de una novela muy breve. Ahora la historia sucede en Toledo y el tema que se
desarrolla es el del honor. Leocadia es raptada y seducida por un misterioso
personaje, que luego la abandona. Tiene un hijo que, casualmente, es recogido
por su abuelo paterno tras ser atropellado por un caballo. La madre va a
buscarlo y reconoce la habitación en que lo engendró. Los abuelos se enteran y
obliga a su hijo Rodolfo a casarse con Leocadia.
Novelas
ideorrealistas
A pesar de
que en estas obras esté representada la sociedad de la época (el mundo gitano,
un mesón de Toledo), estas se mueven aún en un mundo idealizado de bellezas
sin par y honestidades inquebrantables. Este grupo de relatos goza de una trama
bien desarrollada, una peripecia que se complica, al estilo italiano, pero
nacionalizada. De todas formas estas novelas no están a la altura de las del
tercer grupo (realistas).
La gitanilla
Es una de las
más famosas de la colección. La novela comienza con una evocación de la vida
de los gitanos en cuyo ámbito se ha educado Preciosa, la gitanilla, cuya
hermosura se describe idealizadamente. Un caballero, Juan de Cárcamo, se
enamora de la gitana y ella lo prueba exigiéndole que viva dos años con los
gitanos. El nuevo gitano, con el nombre de Andrés Caballero vive con la tribu
hasta que la justicia lo apresa y se descubre que la misma Preciosa es de origen
noble. Destaca también en esta novela los versos que recita la protagonista.
Una característica definitoria de esta novela es la exaltación idealista de la
vida de los gitanos. Se trata, pues, de una novela intermedia: la idealización
de la realidad.
La ilustre fregona Es otra de
las obras toledanas. De nuevo nos encontramos con la idealización característica
de la novella italiana, con anagnórisis y casamiento final. Tomás de Avendaño
y Diego de Carriazo dejan su casa en busca de aventuras. Avendaño se queda a
servir en un mesón, el del Sevillano, y se enamora de su fregona Constancica.
Al final Constanza resulta ser hija de noble cuna y se casa con su platónico
amante. Pedraza señala que lo más valioso del relato es la plasmación de las
costumbres toledanas y del mesón.
El casamiento engañoso Es una
brevísima novela de corte de Bocaccio que sirve de prólogo a El coloquio de
los perros. En realidad es una obra independiente, aunque se engarza con la
anteriormente citada a través del protagonista de ambas: Campuzano. En la obra
se nos relata el casamiento por interés de Campuzano y Estefanía de Caicedo,
con el respectivo engaño de los dos protagonistas para conseguir mejorar su
fortuna.
El celoso extremeño
Es junto con
la anterior novela la pieza más destacada de los relatos ideorrealistas.
Cervantes recrea aquí con gran complejidad de emociones el antiguo tema del
viejo que se casa con mujer moza, tema que también trató en el entremés El
viejo celoso. En la novela, Felipe de Carrizales, indiano rico y viejo, casa
con una muchacha joven, Leonora, a la que encierra rigurosamente en casa, con
una vigilancia feroz. Sin embarga la joven se enamora de Loaysa y con la ayuda
de las criadas y un esclavo negro entra en la fortaleza de Carrizales. El marido
los descubre y muere de dolor, aunque antes los perdona. Leonor entra en un
convento arrepentida. En una versión diferente de la novela del códice Porras
el acto sexual se consumaba entre Leonora y Loaysa.
Pedraza
señala que se trata de una pequeña obra maestra de la caracterización psicológica
de los personajes, aunque la anécdota es italianista, es decir, graciosa e
irreal.
Novelas
realistas
En este grupo
se encuadran tres textos, los cuales podríamos definir o calificar de denuncia
social. El argumento no tiene gran relevancia en estas piezas, lo que realmente
importa es la sátira implícita. Las tres novelas son una acusación a la
sociedad contemporánea de Cervantes. En estas novelas el autor del Quijote nos
muestra el mundo al revés, un mundo absurdo, reflejo de la sociedad en la que
le tocó vivir.
Rinconete y Cortadillo
Ha sido
considerada por la crítica como la de mayor elogio de la colección. Muchos
estudiosos la han catalogado como novela picaresca (Valbuena Prat, Amezúa...),
sin embargo, y a pesar de que los personajes y el ambiente son picarescos, la
estructura de la obra no permite encuadrarla en el género del Lazarillo.
Cervantes, como afirma Pedraza, crea unos personajes que hablan con voz
propia y sufren un proceso dialéctico, en contraposición al enfoque unilateral
y a la realidad consumada e inamovible que ofrece la picaresca.
La obra
carece de progresión temática ya que se compone de una sucesión de cuadros,
en los que se describe minuciosamente el hampa sevillana. Rincón y Cortado, dos
mozalbetes, han decidido aliarse para cometer fechorías. Llegan a Sevilla y,
por mediación de Ganchuelo, entran en una cofradía de ladrones dirigida por
Monipodio.
Lo más
destacable de este relato es el perfecto realismo con el que Cervantes nos
describe el mundo sevillano de la delincuencia. El autor incide en que los
ministros de la justicia están compinchados con los ladrones, y para mayor ironía,
todos son fervientes devotos. De todas formas hay que decir que Cervantes no
realiza una crítica descubierta, sino que expone al lector ese mundo de
injusticias y, es este, quien debe sacar la conclusión moral.
El
coloquio de los perros
En esta obra
se transcribe la conversación que el alférez Campuzano oye a los perros de Mahúdes,
Cipión y Berganza, en el hospital de la Resurrección. Berganza cuenta sus
aventuras a Cipión, quien las comenta y pone en su punto, limando los
extremismos de su compañero. Se trata en esencia de una serie de cuadros satíricos
que inevitablemente nos traen a la memoria la novela picaresca (Berganza ha sido
perro de muchos amos, el carácter itinerante del relato), no obstante, hallamos
elementos que oponen diametralmente esta novela al género picaresco: el
elemento mágico (propio del relato lucianesco), la temática, etc.
El tema del relato es el del mundo al revés: pastores que se portan como lobos,
alguaciles ladrones, la fingida devoción de la bruja... El recurso a los perros
parlantes permite a Cervantes convertirse en espectador y fiscal de la sociedad
de su tiempo. Es, sin duda, irónico que un perro critique la conducta humana.
Muchos críticos han querido ver en esta descripción tan pesimista de la
realidad el reflejo de la España del siglo XVII (desgobierno del duque de
Lerma, pobreza...).