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MIGUEL DE CERVANTES

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1. CERVANTES. NOTICIA BIOGRÁFICA Y PERFIL HUMANO
Nace Miguel de Cervantes Saavedra en 1547, en Alcalá de Henares, de un padre cirujano que del lado materno tenía ascendencia, tal vez, conversa. De sus primeros años no se sabe nada seguro. Sólo nos quedan cuatro poesías suyas publicadas en 1569 en Madrid por su maestro, el humanista Juan López de Hoyos, con las cuales se inicia su carrera de escritor. De 1569 a 1580, la vida de Cervantes toma otro rumbo y se separa por completo del campo de las letras. Tras haber estado en Roma, pelea "muy valientemente" en Lepanto, perdiendo, a consecuencia de un arcabuzazo, el uso de la mano izquierda. Recuperado de su herida, toma parte el año siguiente en las acciones militares llevadas por don Juan de Austria en Navarino, Corfú y Túnez. En 1575, al regresar por mar a España, cae en manos de corsarios argelinos. Llevado a Argel como esclavo, conoce un cautiverio de cinco años, marcado por cuatro intentos frustrados de escape. Rescatado en 1580 por los trinitarios, Cervantes regresa a Madrid. En 1585 publica La Galatea, mientras hace representar varias comedias que se han perdido, con excepción de El trato de Argel y El cerco de Numancia. Por aquellas mismas fechas contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios. Pronto va a empezar otro capítulo de su vida. A partir de 1587, desempeña varias comisiones en Andalucía: primero, como proveedor de la Armada Invencible, luego para la Hacienda pública, con la cual conoce oscuras desavenencias, siendo encarcelado en 1597, durante varios meses, en Sevilla. En 1605 se encuentra en Valladolid, por aquel entonces sede de la Corte, el mismo año en que sale a luz en Madrid la primera parte del Quijote, consiguiendo un éxito inmediato. En 1607 regresa a Madrid. Esta última fase de su vida queda marcada por una intensa actividad literaria. En 1613 se editan sus Novelas ejemplares. En 1614 da a conocer el Viaje del Parnaso, y en 1615, las Ocho comedias y ocho entremeses. También el mismo año publica la segunda Parte del Quijote, respuesta a la continuación apócrifa publicada el año anterior por el misterioso Avellaneda. Por fin, en 1616, termina Los trabajos de Persiles y Sigismunda. A los tres días de redactada la dedicatoria, muere Cervantes el 22 de abril de 1616, coincidiendo su desaparición con la de William Shakespeare.
Lo que sabemos de la vida de Cervantes es fruto de investigaciones sucesivas, realizadas desde el primer tercio del siglo XVIII. Pero la aportación más significativa ha sido la de los eruditos de principios de este siglo, y en particular de Cristóbal Pérez Pastor. Los documentos publicados por ellos proceden de los archivos públicos, parroquiales y notariales. Se refieren, en su mayoría, al cautiverio de Cervantes, a las comisiones que desempeñó en Andalucía y a sucesos particulares de su vida externa. En cambio, muy pocos son los que arrojan alguna luz sobre su carrera de escritor, por no decir nada de su personalidad. Hoy en día, se necesitaría una presentación metódica y comentada de estos documentos, actualizando la que fue esbozada hace ya años por James Fitzmaurice Kelly: Miguel de Cervantes Saavedra; reseña documentada de su vida (Oxford, 1917). Carecemos asimismo de una biografía crítica digna de este nombre. La magna obra de Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (Madrid, 1948-1958), 7 vols., es muy discutible en su método y adolece de varios prejuicios, aunque reúne una suma considerable de informaciones, a veces inéditas, y constituye por ello una referencia insustituible. El ensayo de Rosa Rossi, Escuchar a Cervantes (Valladolid, 1988), pretende acabar con el cervantismo hagiográfico, interpretando el vivir del escritor en el cruce de su presunto origen converso y de su supuesta diferencia sexual. Entre los biógrafos más recientes, algunos reactivan la tradición de las biografías noveladas, en las que el biógrafo acaba por obliterar al biografiado: así Andrés Trapiello, Las vidas de Cervantes (Barcelona, 1993) y, en una visión un tanto escandalosa, Fernando Arrabal (Un esclavo llamado Cervantes (París y Madrid, 1996).
La biografía escrita por el autor de esta nota--Cervantes, 3ª ed. (Madrid, España, 1997)--fue publicada en francés en 1986. Traducida al castellano el año siguiente y reeditada en 1992, acaba de salir nuevamente, en versión revisada y complementada. A diferencia de otros ensayos, no pretende sumirse en las profundidades de lo irracional, a fin de descifrar las figuraciones simbólicas que nos proporcionarían las ficciones cervantinas. En vez de "explicar" a Cervantes, un hombre desaparecido hace casi cuatro siglos, a quien su obra se le ha escapado para seguir en adelante su propia trayectoria, aspira más bien a "contarlo mejor." Primero, estableciendo con todo el rigor requerido lo que se sabe de las experiencias y de las acciones que constituyen la vida de Cervantes, y prescindiendo, por consiguiente, de las fabulaciones que las alteran, como el que fuera alumno de los jesuitas de Sevilla, o que el Quijote se escribiera en una mazmorra. En segundo lugar, sitúa en su medio y su época--cuyo conocimiento se ha beneficiado de la labor reciente de grandes historiadores--a un escritor que fue actor oscuro de una aventura heroica, testigo lúcido de un tiempo de dudas y de crisis, e intérprete, a su modo, de un momento clave de la historia de España. Finalmente, y hasta donde sea posible, trata de ir a su encuentro. Al seguir el movimiento que nos esforzamos en volver inteligible, este libro ofrece, por decirlo así, el perfil conjetural de una figura que ni se confunde con el individuo que conocieron sus allegados, ni con el "raro inventor" cuya efigie esculpió el propio Cervantes, ni tampoco con la sucesión de mitos que ha suscitado desde su muerte y cuyo estudio merecería emprenderse algún día: en otros términos, el perfil perdido que prestamos al narrador secreto disimulado tras sus dobles, a aquel ausente tan presente cuya voz sólo a él pertenece y que reconocemos cada vez entre otras mil.
Prof. Jean Canavaggio, http://www.csdl.tamu.edu/cervantes/V2/index.html
Por otra parte, desde que Tamayo de Vargas utilizó la expresión "ingenio lego" para designar a Cervantes, esta se ha repetido muy a menudo, bien para apoyarla, bien para refutarla. La crítica hoy en día coincide en que a pesar de que Cervantes no tuviera títulos universitarios, esto no implica que sea un hombre inculto, de escasa formación cultural. Cervantes leyó mucho, y esto hizo que logrará una apreciable cultura humanística. En todas sus obras pueden espigarse, como señala Pedraza, mil citas y referencias que revelan al lector atento y culto que guarda en su memoria muchos recuerdos de sus lecturas.
Otro tema muy tratado por la crítica ha sido la religiosidad de Cervantes. Se ha tratado por todos los medios de profundizar en el pensamiento religioso de nuestro autor rastreando a conciencia los indicios que nos ofrece en sus obras. Los datos han sido interpretados de formas muy diversas por los estudiosos; mientras que unos ven en él la imagen del librepensador progresista, otros lo consideran como la encarnación del espíritu contrarreformista de la época. Es difícil dar una respuesta definitiva, quizá lo más sensato sea huir de las actitudes extremas. Bataillon ha señalado numerosas alusiones en las obras de nuestro escritor que podrían interpretarse como rasgos erasmistas. Paralelamente, Américo Castro insistió (El pensamiento de Cervantes) en el humanismo cristiano de Cervantes donde la influencia de Erasmo de Rótterdam es vital en el sentido de una visión crítica de la realidad donde un relativismo racionalista (el tema de la “realidad oscilante” que provoca “engaño a los ojos” en don Quijote) es un claro síntoma de la rechazo cervantino de la opinión dominante en la época, la de la masa de cristianos viejos, la Inquisición y el catolicismo contrarreformista. Más adelante, A. Castro (Cervantes y los casticismos españoles y Hacia Cervantes) reitera esta imagen de un Cervantes situado en una edad conflictiva y enfrentado a la casta mayoritaria de los cristianos viejos. Sin embargo, Moreno Báez y otros autores  sostienen la tesis del catolicismo convencido de Cervantes, coincidente en todo momento con el espíritu contrarreformista. De todos modos, más recientemente, Fco. Márquez Villanueva y Alban K. Forcione demostrarán que el erasmismo de Cervantes nada tiene de conflictivo, sino que se trata de una actitud vital que el autor del Quijote armonizó siempre con respecto a la sociedad y a las normas impuestas en su tiempo. Así Márquez Villanueva (Erasmo y Cervantes, una vez más) llega afirmar: “
El humanismo cristiano de Cervantes no tendría así nada de polémico, de atrevido ni de cauteloso en cuanto fenómeno de época sin ningún significado ulterior a sí mismo. [...] la Inquisición y su espíritu sencillamente no existen y todo él transcurre dentro y al abrigo de una España sin problema. Nada, pues, de compromiso, de inhibición ni de autocensuras creadoras”.

2. POESÍA
L
a producción poética de Cervantes ha sido, sin duda, lo menos valorado de su obra. A pesar de su importancia cuantitativa, se la ha relegado a un segundo plano. Ya sus propios contemporáneos menospreciaban esta faceta. El propio poeta afirma en un terceto del Viaje del Parnaso su frustración y complejo de mal poeta, aunque no sabemos con certeza si es una afirmación sincera o irónica. La crítica generalmente la ha tomado al pie de la letra.
Los estudiosos cervantinos a lo largo de la historia han rechazado la poesía de nuestro autor; sin embargo, críticos del siglo XX como Cernuda y Gerardo Diego han sido grandes defensores de su lírica. Nosotros debemos decir, en consonancia con Gaos, que Cervantes logra algunos aciertos parciales en la lírica (sobre todo en la humorística o irónica); no obstante su poesía en general es tosca, dura y no se resiste a la comparación con el lenguaje poético de otros autores de la época como Lope o Góngora.
La actividad poética ocupa toda la vida de Cervantes desde los primeros años. Conservamos numerosísimas  muestras, tanto dentro de la estética  italiana como tradicional. Además de estas piezas sus obras de teatro y sus entremeses también están escritos en verso.
Poesía italianista

Los primeros versos que salen de la pluma de nuestro autor se inscriben en la estética renacentista y tienen como modelo a Garcilaso. También muestra admiración por poetas clasicistas seguidores de Garcilaso como son: Pedro Laynez y Figueroa.
Cervantes utiliza el endecasílabo en todo tipo de combinaciones métricas, aunque lo maneja con soltura, no logra versos redondos, plenos. Además de tres poemas extensos de tendencia italianizante como son: el Canto de Calíope, la Epístola a Mateo Vázquez y el Viaje del Parnaso, abundan las poesías sueltas dentro de sus novelas. Un nutrido grupo de ellas se incluyen en La Galatea. En las Novelas ejemplares también hallamos alguna estrofa italiana, aunque predominan los versos tradicionales.
Gran parte de sus poesías sueltas son obras de circunstancias, sobre todo sonetos laudatorios destinados a encabeza las publicaciones (a Lope de Vega, en su Dragontea) o bien elogios de personalidades diversas (a la muerte de Fernando de Herrera). La vena heroica produjo Dos canciones a la Armada Invencible, que nos ofrecen una visión de lo que supuso la derrota. De todas formas lo mejor de su poesía italianista son cuatro sonetos satíricos: Al túmulo de Felipe II, A la entrada del duque de Medina en Cádiz, A un valentón metido a pordiosero y A un ermitaño.

Canto de Calíope

Escrito en octavas reales, se incluye en el libro VI de La Galatea. En la composición alude a poetas contemporáneos, tanto genios como mediocres. A unos y a otros dirige alabanzas, puestas en boca de la novena musa. Calíope. Los vates aparecen distribuidos entre los diversos ríos españoles. Destacan algunos elogios, como el de Fray Luis de León, aunque en conjunto la composición no es muy acertada. Esta composición se inspira en el Canto de Turia de Gaspar Gil Polo (Diana enamorada.).

Epístola a Mateo Vázquez

Esta composición está dirigida a Mateo Vázquez, secretario de Felipe II, en la que pide al rey que se decida atacar a los berberiscos y a libertar a los cristianos que, como él en el momento de escribir estos tercetos, estaban presos. Se suele datar en el año 1577. Esta epístola encierra fragmentos de notable calidad poética y verdadera inspiración. Las numerosas referencias autobiográficas le añaden otro motivo de interés para la crítica literaria.

Viaje del Parnaso

Es su obra más ambiciosa y extensa; consta de casi 3000 versos. Se publica en Madrid en 1614. Su contenido es similar al del Canto de Calíope, es decir, se dedica a ensalzar y elogiar a los poetas coetáneos. Tradicionalmente esta obra ha sido comparada con el Laurel de Apolo de Lope de Vega, aunque los tercetos cervantinos son muy inferiores a los de Lope. Cervantes nos dice al comienzo del poema que ha imitado el Viaggio in Parnaso (1582) del italiano Cesare Caporali. El texto es de escaso valor artístico, aunque hay que reconocer que es una obra superior a las anteriores, que destaca principalmente por su carácter satírico. Al final de la obra, que consta de ocho capítulos, Cervantes añadió una Adjunta al Parnaso, en prosa, donde prosigue las ironías contra los poetas y hace referencia a sus obras teatrales. La crítica ha considerado esta parte como la más valiosa de toda la obra.

Poesía tradicional
E
s lo más valioso de su producción poética. Generalmente este tipo de poesía esta inserta en sus piezas teatrales. Adolfo de Castro señala que algunos romances cervantinos están a la altura de los mejores de Góngora ("Escuchadme los de Orán...", "Hermosita, hermosita..."). También en sus novelas hay algunos ejemplos que merecen ser destacados, sobre todo en el Quijote y Rinconete y Cortadillo.

 

3. TEATRO
Mucho menos discutida que su poesía es la obra dramática de Cervantes. Y aunque no ha logrado tener tampoco una resonancia popular proporcionada a sus méritos, la opinión de los estudiosos conviene generalmente en atribuirle un alto lugar. Alborg señala que hasta la aparición de Lope, es evidente que ningún escritor de teatro español puede, en conjunto, compararse con Cervantes. Sin embargo Ruiz Ramón destaca que la asiduidad y la entrega con que se consagró nuestro escritor al arte escénico contrasta con el escaso éxito que obtuvo.
El autor del Quijote a lo largo de varias de sus obras alude a su intento de triunfar en la creación dramática, sin embargo sus expectativas se ven frustradas una y otra vez, y su preceptiva teatral choca con la nueva comedia propuesta por Lope. Aún así, Cervantes en el prólogo de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615) afirma haber reducido los actos de cinco a tres; asimismo también en el citado prólogo señala que fue el primero en sacar a escena "las imaginaciones y los pensamientos escondidos del alma" por medio de figuras morales. No obstante la crítica se ha encargado de echar abajo estas supuestas atribuciones cervantinas, ya que en ambos escasos hallamos ejemplos en otros autores como Francisco de Avendaño (reducción de los actos), Juan de la Cueva, Lupercio Leonardo de Argensola (figuras morales).
Felipe Pedraza señala que no debemos ser muy optimistas a la hora de valorar el teatro cervantino. Su verso nunca logra la fluidez, belleza y variedad de matices de su prosa. Domina escasamente la técnica teatral y hace piezas deslavazadas, que incluso pueden llegar a ser coherentes. De todas formas de su producción teatral podríamos salvar los entremeses y la Numancia. Cervantes, como advierte Entrambasaguas, es un precursor; el suyo es un teatro de ensayo que abre el camino a la figura maestra del Fénix.
Etapas

Se ha venido distinguiendo siempre dos etapas en el teatro cervantino. La primera corresponde a los años inmediatamente posteriores a su vuelta del cautiverio (1580), en los que sigue una estética clasicista. A este período pertenecen una serie de obras perdidas. Sólo se conservan dos: El trato de Argel y la Numancia.
La segunda etapa coincide con el triunfo apoteósico de Lope de Vega en la escena española. Cervantes escribe las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, editados en 1615. Ahora el gusto dramático ha cambiado y ya nadie solicita sus piezas. Su producción dramática última fue un híbrido que incorporaba elementos lopescos con modificaciones, al tiempo que criticaba a Lope y su teoría dramática.
Cervantes en el Viaje del Parnaso cita muchas de sus obras no conservadas de la primera época: La gran turquesca, La batalla naval, La Jerusalén, La Amaranta o la de Mayo, El bosque amoroso, etc. Sin embargo parece poco probable que hubiera escrito y representado en sus primeros años unas veinte o treinta comedias tal y como admite. En la realidad sólo conservamos dos muestras: El trato de Argel y la Numancia.
El trato de Argel parece ser que es la más antigua de las comedias conservadas. Toda la crítica está de acuerdo en que se trata de una obra de estructura dramática endeble cuyo principal interés estriba hoy en su valor documental respecto a los cinco años de cautiverio de Cervantes en Argel. Uno de los personajes, Saavedra, encarna al propio Cervantes.
El cerco de Numancia es para Ruiz Ramón la mejor tragedia española del siglo XVI y una de las más importantes del teatro español. En general la crítica le ha sido muy favorable.  El tema de la obra es el cerco de Numancia por parte de las tropas romanas de Escipión y el posterior suicidio colectivo de los numantinos ante la inevitable derrota. La crítica en general ha señalado su deficiente versificación y sus rimas pobres, pero ha destacado su enorme sentido dramático y su tono solemne.
En las ocho comedias de la segunda etapa Cervantes va acatando más o menos las leyes de la estética lopesca, aunque siguen presentes en ellas temas, técnicas y motivos que le son muy característicos. Las ocho comedias pueden clasificarse fácilmente atendiendo a su contenido. Tres son de cautivos: El gallardo español, Los baños de Argel y La gran sultana; dos, caballerescas o novelescas: La casa de los celos y selvas de Ardenia y El laberinto de amor; una, de capa y espada: La entretenida; una de santos: El rufián dichoso y una, picaresca: Pedro de Urdemalas.
El gallardo español es la más antigua de las comedias de la segunda época. De tema morisco la crítica la ha relacionado con el viaje que Cervantes hace a Orán en 1581 por orden de Felipe II. Es una pieza en que se mezcla la realidad (el personaje principal se llama Fernando de Saavedra) y la ficción. En conjunto es una obra mediocre, aunque en ella encontramos escenas y situaciones logradas (algunos romances, el gracioso Buitrago...).
Los baños de Argel es sin lugar a duda la mejor de las comedias moriscas de la segunda época. Supone un gran avance respecto a la primera época. La trama se centra también en la problemática del cautiverio. Cervantes demuestra que ha aprendido de Lope, pero de todas formas no alcanza desprenderse de una estructura deshilachada y de unos versos algo torpes y duros.
La gran sultana es inferior a las restantes comedias de tema morisco. Se basa en un episodio histórico en el que también hay algo de legendario: el cautiverio de Catalina de Oviedo en Constantinopla donde enamora, siendo aún niña, al sultán Amurates III. Escrita en versos muy  cuidados en ella observamos detalles que apuntan hacia la comedia de gran espectáculo (música...).
La casa de los celos y selvas de Ardenia es una comedia de asunto caballeresco carolingio. En ella están presentes los grandes héroes: Roldán, Reinaldos, Bernardo el Carpio, etc. Lo más curioso es que en este ambiente guerrero se intercala un episodio pastoril. Es una obra floja.
El laberinto de amor es también una pieza de tema caballeresco carolingio. En líneas generales es una obra excesivamente complicada, que requiere demasiada atención por parte del lector-espectador. Albistur ha califica de endemoniada y frágil.
La entretenida es una comedia de capa y espada que se desarrolla en Madrid. Su calidad es superior a las precedentes y, así Alonso Cortés la considera la mejor comedia de la segunda etapa cervantina. Pedraza destaca también las numerosas cancioncillas que aparecen a lo largo de la obra.
El rufián dichoso es una comedia hagiográfica, la única de tema religioso que escribió Cervantes. Su protagonista, Cristóbal de Lugo, pasa de ser un rufián pendenciero en Sevilla a convertirse en un santo dominico en Mexico.
Pedro de Urdemalas es la comedia más sugestiva y animada de Cervantes y la que ha conseguido los mayores elogios de la crítica. La trama tiene cierto parecido con La gitanilla. Pedro de Urdemalas (personaje folclórico) se enamora de una gitana llamada Belica y movido por este amor se va a vivir con una tropa de gitanos. La comedia recoge así, de acuerdo con el ambiente, tradiciones populares, supersticiones, bailes y cantos gitanos. Presenta numerosos rasgos picarescos.
Los entremeses cervantinos

Los Ocho entremeses nuevos nunca representados, que se editan junto a las comedias en 1615, son sin duda lo más interesante del Cervantes dramaturgo. Son pequeñas obras de arte que están a la altura de su prosa. Valbuena señala que Cervantes es en este género de la pieza cómica corta la figura más alta de nuestra dramática. El autor del Quijote continúa y supera la tradición iniciada por Lope de Rueda con sus pasos.
El acierto cervantino en los entremeses no se basa exclusivamente en la situación escénica, sino en la aguda sátira de costumbres que encierran estas piezas. Destacan también los personajes por su complejidad psicológica, que contrasta claramente con los personajes planos del teatro anterior. El éxito de los entremeses radica también en que seis de ellos están escritos en prosa y, aquí es donde el genio de Cervantes se expande con mayor fortuna.
Eugenio Asensio señala la paradoja que supone el hecho de que Cervantes nunca pudiera ver escenificados sus entremeses. Este mismo crítico ha estudiado como nuestro escritor se sirve de elementos narrativos  para crear sus entremeses, es el caso de El viejo celoso, que toma motivos de la novela El celoso extremeño.

Respecto a la cronología de los entremeses observamos que se trata de un problema por resolver por parte de la crítica. En la Adjunta del Parnaso el autor declara que ya tiene seis preparados para la imprenta, pero nada sabemos de los otros dos.
La crítica ha planteado diferentes clasificaciones temáticas de los entremeses. Casalduero por ejemplo distingue entre los entremeses formados por una serie de cuadros donde lo esencial es el diálogo: El juez de los divorcios, El rufián viudo, Los alcaldes de Daganzo y La guardia cuidadosa, y aquellos otros en los que priva la acción; todos ellos giran en torno a la burla: El vizcaino fingido, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y El viejo celoso.
El juez de los divorcios es un entremés que está constituido por una sucesión de episodios en los que no hay acción ni desenlace. Lo esencial es la caracterización de los personajes a través del diálogo. Los protagonistas son tres parejas de malcasados que quieren divorciarse. Cervantes hace una severa sátira de los personajes populares de la época y de la administración de la justicia.
El rufián viudo; está escrito en verso. Asensio lo destaca como uno de los mejores entremeses por su literalidad, mientras que Valbuena lo juzga como macabro y feo, negro y desmesuradamente forzado de expresión. Hay ciertos motivos que nos recuerdan a Quevedo.
La elección de los alcaldes de Daganzo; escrito en verso blanco, traza un cuadro aldeano, de escasa acción, en el que lo esencial es el diálogo de los personajes. En el entremés observamos a tres aspirantes a la alcaldía, cuyas cualidades poco tienen que ver con el puesto que pretenden. Predomina la caricatura y la sátira.
La guardia cuidadosa; en esta obra un soldado y un sacristán se disputan los favores de una joven fregona. Toda la obra gira en torno a la contraposición de estos dos tipos: el militar y el religioso. El tema de las armas y de las letras no es nuevo en la literatura española ni en Cervantes.
El vizcaíno fingido es un entremés de acción que ha sido muy elogiado por la crítica por su tono divertido. La obra gira en torno a un tema picaresco: un vividor, Solórzano, con la ayuda de su amigo Quiñones, se hace pasar por vizcaíno (chistes por la manera de hablar) y estafan a una señora de dudosa reputación. Hay también una crítica a la justicia en la persona del alguacil.
El retablo de las maravillas es posiblemente el mejor de los entremeses cervantinos. La crítica ha señalado sus raíces folclóricas, así el tema procede o coincide con el enxiemplo XXXII del Conde Lucanor. Bataillon ve más próxima al retablo cervantino la historia XXVII del Till Eulenspiegel, mientras que Schevill y Bonilla citan como posible fuente a Timoneda. En El retablo de las maravillas sus protagonistas Chanfalla y Chirinos ponen en acción un retablo de muñecos no sólo invisibles para los hijos no legítimos, sino también para los descendientes de los conversos. La sátira de Cervantes apunta sin duda a la hipocresía de la época respecto a este tema.
La cueva de Salamanca. Se trata de una pieza hábilmente trazada, y las escenas de regocijante comicidad la llenan por entero. Los tipos, dentro de su grotesco perfil, son deliciosos y están perfectamente caracterizados. La historia trata de un barbero y un sacristán que se disponen a aprovechar la ausencia del marido para remediar la urgencia sexual de la esposa y de su criada; un estudiante de viaje, que pide albergue para una noche, se mezcla inesperadamente en la aventura, y es él quien, con sus artes de Salamanca (universidad), saca a todos con bien cuando el marido regresa fingiendo que el sacristán y el barbero son demonios a los que él conjura.
El viejo celoso es una dramatización del tema de la novela El celoso extremeño. Valbuena ha señalado un sinfín de fuentes para esta obra: los fabliaux franceses, la Disciplina clericalis, el Decamerón, etc. El entremés nos relata los enormes celos del marido mayor casado con una joven. Como señala Alborg, hay en la obra, aunque sin discursos morales, una incisiva sátira contra los matrimonios entre contrayentes de distinta edad.
Además de estas ocho piezas, Asensio señala que tenemos esbozos de posibles entremeses en dos comedias cervantinas. Son pasos cómicos que forman una unidad independiente en la trama argumental. El primero pertenece a La entretenida y el segundo se integra en la comedia picaresca Pedro de Urdemalas. Por último la crítica ha atribuido una serie de entremeses a Cervantes sin que, hasta el momento, se hayan podido aportar pruebas fehacientes. Entre estos entremeses estarían los siguientes: El hospital de los podridos, Los habladores, La cárcel de Sevilla, Los mirones y el Entremés de los romances.
4. CERVANTES NOVELISTA
Sin duda, es esta la faceta más interesante de nuestro autor y la más innovadora en el panorama literario español. Cervantes encuentra en la prosa el instrumento idóneo para dar vida a su mundo literario, tan singularmente rico y complejo. La narrativa cervantina, a excepción de La Galatea, es obra de madurez, que sirve de colofón a una intensa dedicación a la vida literaria.
La Galatea
Es la primera obra extensa publicada por Cervantes; sale a la luz pocos años después de su vuelta de Argel, en Alcalá de Henares, en 1585, cuando nuestro escritor ya es un hombre maduro. No sabemos con certeza su fecha de composición, aunque Amezúa ha publicado una carta del autor, fechada en 1582, en la que dice que está componiendo La Galatea. Por este motivo no debe ser considerada como una obra juvenil como algunos defienden.
La obra consta de seis libros, a los que Cervantes denomina égloga (para él estaba escribiendo poesía y no narrativa); se trata, pues, de una obra que representa el mundo pastoril. La trama es tan tenue que algunos críticos han pensado que se reduce a un simple pretexto para engarzar los abundantes poemas que aparecen en la obra. La acción comienza in medias res con los lamentos del pastor Elicio motivados porque el viejo Aurelio, padre de Galatea, la ha prometido en matrimonio a un pastor lusitano, Erastro. En torno a este episodio central se apiñan numerosísimos relatos secundarios.
La primera parte acaba así, en suspenso. Cervantes se pasó toda la vida anunciando en sus obras la segunda, pero nunca llegó a escribirla.
El propio autor advierte que bajo la traza pastoril de los personajes novelescos se ocultaban muchos reales. Los críticos han buscado quién puede encubrirse bajo los nombres de los personajes y, así han formulado varias hipótesis: Tirsi sería Francisco de Figueroa, Meliso, Diego Hurtado de Mendoza, Siralvo, Gálvez de Montalvo, etc.
La crítica tradicional ha considerado a esta obra como una obra de juventud, un capricho, un tributo a una moda literaria. Sin embargo Américo Castro se ha encargado de echar abajo estos supuestos. Para este crítico La Galatea representaría el plano ideal frente a la cruda realidad, dos planos que hallarían su perfecta fusión en el Quijote. A esto habría que añadir que sería algo extraño que Cervantes pasará toda su vida anunciando la segunda parte, si esta obra fuera un antojo de juventud.
Entre las fuentes que se suelen citar de esta obra debemos mencionar La Arcadia de Sannazaro. Sin embargo, la crítica actual defiende el mayor influjo de las dos Dianas de Montomayor y Gil Polo. Tampoco debemos de olvidar la enorme influencia del neoplatonismo, sobre todo a partir de la obra de León Hebreo: Diálogos de amor
Respecto a la valoración de La Galatea, los estudiosos han sido demasiado duros con ella. La importancia de esta obra reside en el carácter de embrión que tienen muchos de los motivos que en ella aparecen en relación con otras obras más logradas del mismo Cervantes como señala Pedraza.
Las Novelas Ejemplares

Se publican en 1613, aunque algunas estaban escritas con bastante anterioridad. En el Quijote de 1605 se cita al Rinconete y Cortadillo. Entre 1604-1606 el racionero de la catedral de Sevilla, Francisco Porras de la Cámara, compiló una serie de curiosidades españolas para el cardenal Fernando Niño de Guevara, y en ella incluye sendas versiones con variantes de Rinconete y Cortadillo y del Celoso extremeño, además de La tía fingida, de dudosa autoría y hoy desechada del corpus cervantino. Ignacio Arellano afirma que probablemente la colección se escribió en diversos momentos entre 1590 y 1592, fechas en las que Cervantes redacta otras novelas cortas que están insertas en el Quijote.
Cervantes reivindica en el prólogo la invención de la novela en español. Afirma que él es el primero que ha novelado en lengua castellana, ya que sus obras son originales, ni imitadas ni hurtadas como las que andan impresas por toda la Península. Y  así es, Cervantes es el primero en novelar en lengua castellana, adaptando la forma regular y creativa de la lengua italiana. Anteriormente Timoneda y otros escritores habían buceado en el mundo de la novela corta, sin embargo, ellos sólo habían hecho traducciones o versiones de las novelas italianas.

La calificación de ejemplares por parte de nuestro autor ha suscitado numerosas opiniones. Cervantes cataloga a sus novelas como ejemplares, ya que "si bien lo miras no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso". La crítica ha interpretado en muchos sentidos esta afirmación: hipocresía frente al posible censor; sinceridad; arrepentimiento tardío... Arellano destaca a este respecto que sus novelas no añaden de modo pegadizo una ejemplaridad de receta, sino que ofrecen una moralidad que queda abierta a la interpretación del lector.
Uno de los mayores afanes de la crítica ha sido establecer una clasificación coherente, que no puede basarse evidentemente en el criterio cronológico. Hay que atenerse, por lo tanto, al tema y al estilo.
A primera vista cualquier lector puede observar una clara distinción entre las novelas de corte realista y las novelas de tendencia idealista. Valbuena distingue tres grupos:
* Novelas idealizantes, al estilo italiano, que son, con mucho, las más flojas en su concepción y desarrollo: El amante liberal, La española inglesa, La fuerza de la sangre, Las dos doncellas y La señora Cornelia.

* Novelas ideorrealistas, en las que el proceso idealizador toma como punto de partida la realidad, no la convención literaria. Dentro de este grupo, Pedraza distingue dos clases: las que se basan su trama en la anagnórisis final: La gitanilla y La ilustre fregona, y las que se inspiran en motivos folclóricos y están próximas al cuento de Bocaccio: El celoso extremeño y El casamiento engañoso.
* Novelas realistas, que constituyen un magistral cuadro de costumbres con sus toques de sátira e ironía. Su calidad es muy superior a las anteriores: Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros y El licenciado Vidriera.
Amezúa propone otra clasificación basada en criterios cronológicos. Distingue tres épocas en la composición de las novelas ejemplares: una primera etapa estaría influida por Italia (Bandello y Cinthio); una segunda época sería aquella en la que Cervantes va introduciendo la introspección psicológica y, por último, un tercer período en el que el autor analiza implacablemente la vida social. En líneas generales esta clasificación coincide con la de Valbuena, que es la nosotros seguiremos.
Novelas idealistas
Son las menos interesantes y las más estereotipadas. Sus protagonistas aparecen adornados con numerosas gracias, pero son psicológicamente personajes planos. La peripecia está excesivamente enredada y cae, casi siempre, en lo inverosímil. La realidad está ausente.
El amante liberal
Es la menos apreciada por la crítica. En esta novela se nos cuenta la historia de los cautivos Ricardo y Leonisa, con una trama semejante a las novelas bizantinas e influencia de la narrativa italiana. Valbuena señala que los mayores fallos de esta obra son la inverosimilitud y la exaltación.
La señora Cornelia Es una típica novela de aventuras, sin mayor complicación.  La trama se sitúa en Italia (Bolonia) donde dos caballeros españoles (don Juan y don Antonio) recogen una noche un bulto que les entregan y resulta ser un niño. A don Juan le pide protección una dama velada, que resulta ser la madre del niño. Todos estos hilos de intriga y azar se cruzan en una posada, donde todos coinciden y donde se aclara el asunto.
Las dos doncellas
De nuevo Cervantes mantiene la inspiración italiana. Dos damas de buena posición, Teodosia y Leocadia, van en persecución del caballero Marco Aurelio, que les ha dado palabra de casamiento; Teodosia, además, ha sido deshonrada por él. Ambas van disfrazadas de hombre. Al final el seductor acaba casándose con Teodosia y Leocadia con un hermano de este (Rafael). Es quizás la peor novela de la colección.
La española inglesa
Recoge, junto a las aventuras novelescas, abundantes recuerdos personales del autor relacionados, sobre todo con la vida del cautiverio; el protagonista de la obra es apresado en Argel y libertado por los mercenarios. En líneas generales es muy complicada, con numerosas peripecias.
La fuerza de la sangre Se trata de una novela muy breve. Ahora la historia sucede en Toledo y el tema que se desarrolla es el del honor. Leocadia es raptada y seducida por un misterioso personaje, que luego la abandona. Tiene un hijo que, casualmente, es recogido por su abuelo paterno tras ser atropellado por un caballo. La madre va a buscarlo y reconoce la habitación en que lo engendró. Los abuelos se enteran y obliga a su hijo Rodolfo a casarse con Leocadia.

Novelas ideorrealistas
A pesar de que en estas obras esté representada la sociedad de la época (el mundo gitano, un mesón de Toledo), estas se mueven aún en un mundo idealizado de bellezas sin par y honestidades inquebrantables. Este grupo de relatos goza de una trama bien desarrollada, una peripecia que se complica, al estilo italiano, pero nacionalizada. De todas formas estas novelas no están a la altura de las del tercer grupo (realistas).
La gitanilla
Es una de las más famosas de la colección. La novela comienza con una evocación de la vida de los gitanos en cuyo ámbito se ha educado Preciosa, la gitanilla, cuya hermosura se describe idealizadamente. Un caballero, Juan de Cárcamo, se enamora de la gitana y ella lo prueba exigiéndole que viva dos años con los gitanos. El nuevo gitano, con el nombre de Andrés Caballero vive con la tribu hasta que la justicia lo apresa y se descubre que la misma Preciosa es de origen noble. Destaca también en esta novela los versos que recita la protagonista. Una característica definitoria de esta novela es la exaltación idealista de la vida de los gitanos. Se trata, pues, de una novela intermedia: la idealización de la realidad.
La ilustre fregona Es otra de las obras toledanas. De nuevo nos encontramos con la idealización característica de la novella italiana, con anagnórisis y casamiento final. Tomás de Avendaño y Diego de Carriazo dejan su casa en busca de aventuras. Avendaño se queda a servir en un mesón, el del Sevillano, y se enamora de su fregona Constancica. Al final Constanza resulta ser hija de noble cuna y se casa con su platónico amante. Pedraza señala que lo más valioso del relato es la plasmación de las costumbres toledanas y del mesón.
El casamiento engañoso Es una brevísima novela de corte de Bocaccio que sirve de prólogo a El coloquio de los perros. En realidad es una obra independiente, aunque se engarza con la anteriormente citada a través del protagonista de ambas: Campuzano. En la obra se nos relata el casamiento por interés de Campuzano y Estefanía de Caicedo, con el respectivo engaño de los dos protagonistas para conseguir mejorar su fortuna.
El celoso extremeño
Es junto con la anterior novela la pieza más destacada de los relatos ideorrealistas. Cervantes recrea aquí con gran complejidad de emociones el antiguo tema del viejo que se casa con mujer moza, tema que también trató en el entremés El viejo celoso. En la novela, Felipe de Carrizales, indiano rico y viejo, casa con una muchacha joven, Leonora, a la que encierra rigurosamente en casa, con una vigilancia feroz. Sin embarga la joven se enamora de Loaysa y con la ayuda de las criadas y un esclavo negro entra en la fortaleza de Carrizales. El marido los descubre y muere de dolor, aunque antes los perdona. Leonor entra en un convento arrepentida. En una versión diferente de la novela del códice Porras el acto sexual se consumaba entre Leonora y Loaysa.
Pedraza señala que se trata de una pequeña obra maestra de la caracterización psicológica de los personajes, aunque la anécdota es italianista, es decir, graciosa e irreal.
Novelas realistas
En este grupo se encuadran tres textos, los cuales podríamos definir o calificar de denuncia social. El argumento no tiene gran relevancia en estas piezas, lo que realmente importa es la sátira implícita. Las tres novelas son una acusación a la sociedad contemporánea de Cervantes. En estas novelas el autor del Quijote nos muestra el mundo al revés, un mundo absurdo, reflejo de la sociedad en la que le tocó vivir.
Rinconete y Cortadillo
Ha sido considerada por la crítica como la de mayor elogio de la colección. Muchos estudiosos la han catalogado como novela picaresca (Valbuena Prat, Amezúa...), sin embargo, y a pesar de que los personajes y el ambiente son picarescos, la estructura de la obra no permite encuadrarla en el género del Lazarillo. Cervantes, como afirma Pedraza, crea unos personajes que hablan con voz propia y sufren un proceso dialéctico, en contraposición al enfoque unilateral y a la realidad consumada e inamovible que ofrece la picaresca.
La obra carece de progresión temática ya que se compone de una sucesión de cuadros, en los que se describe minuciosamente el hampa sevillana. Rincón y Cortado, dos mozalbetes, han decidido aliarse para cometer fechorías. Llegan a Sevilla y, por mediación de Ganchuelo, entran en una cofradía de ladrones dirigida por Monipodio.
Lo más destacable de este relato es el perfecto realismo con el que Cervantes nos describe el mundo sevillano de la delincuencia. El autor incide en que los ministros de la justicia están compinchados con los ladrones, y para mayor ironía, todos son fervientes devotos. De todas formas hay que decir que Cervantes no realiza una crítica descubierta, sino que expone al lector ese mundo de injusticias y, es este, quien debe sacar la conclusión moral.
El coloquio de los perros En esta obra se transcribe la conversación que el alférez Campuzano oye a los perros de Mahúdes, Cipión y Berganza, en el hospital de la Resurrección. Berganza cuenta sus aventuras a Cipión, quien las comenta y pone en su punto, limando los extremismos de su compañero. Se trata en esencia de una serie de cuadros satíricos que inevitablemente nos traen a la memoria la novela picaresca (Berganza ha sido perro de muchos amos, el carácter itinerante del relato), no obstante, hallamos elementos que oponen diametralmente esta novela al género picaresco: el elemento mágico (propio del relato lucianesco), la temática, etc.
El tema del relato es el del mundo al revés: pastores que se portan como lobos, alguaciles ladrones, la fingida devoción de la bruja... El recurso a los perros parlantes permite a Cervantes convertirse en espectador y fiscal de la sociedad de su tiempo. Es, sin duda, irónico que un perro critique la conducta humana. Muchos críticos han querido ver en esta descripción tan pesimista de la realidad el reflejo de la España del siglo XVII (desgobierno del duque de Lerma, pobreza...).

 

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