El 15
de Septiembre del año 800, el abad Vítulo,
acompañado por su hermano, el presbítero Ervigio, daba
por fundado el Monasterio de San Emeterio y San Celedonio de Taranco,
en Mena, en el "territorio de Castilla" donde habían llegado los
foramontanos desde las estribaciones orientales de los Picos de Europa
para hacer presuras, es decir, para apropiarse de tierras abandonadas,
de tierras de nadie, y "escalidarlas", o sea, limpiarlas, roturarlas y
cultivarlas, trocando el erial en terreno productivo. La carta,
redactada en latín por el notario Lope recoge los lugares que
han localizado y repoblado, dotándolos de casas, iglesias,
ganados, huertos, canales y molinos.
En esta primera vez que aparece el nombre "Castella" en un documento
cristiano lo hace para designar la pequeña
circunscripción extendida al sur de la actual provincia de
Santander, entre los territorios de Mena y de Losa, comprendiendo los
valles de Espinosa de los Monteros, en dirección a Villarcayo y
Medina de Pomar. Aunque ya en el año 759 en un documento
árabe aparece la denominación de "Al-Quilé",
literalmente "los castillos" para nombrar el territorio norteño
insumiso que los cristianos denominaban Bardulias.
El Reino Astur fue clave en la formación de Castilla, adoptando
su primera formulación protoestatal con Alfonso I (739-757), en
el territorio comprendido por la Asturias Oriental, Cantabria; el Norte
de Burgos y la zona más Occidental del País Vasco.
Poblacionalmente es un abigarrado conjunto de pueblos autóctonos
poco o nada romanizados (astures, cántabros, vascones,...),
hispanorromanos huídos de la ocupación musulmana y
visigodos; esta mezcla de pueblos irá siendo
característica de la formación nacional de Castilla a
medida que vaya asimilando durante la denominada Reconquista a
árabes, beréberes, judíos, mozárabes,
francos,... En consecuencia, no parecen apreciarse diferencias
étnicas entre el pueblo castellano y sus vecinos; no existe por
tanto la "raza castellana".
Esta primera fase repobladora se caracteriza por el desarrollo de
formas más o menos democráticas en el gobierno y
más o menos colectivas en la propiedad de la tierra y de los
bienes, así como en su gestión y explotación;
estos hechos son claramente diferenciadores del auge feudal existente
en Europa en estos siglos. No parecen existir en cambio, excesivas
diferencias entre la parte occidental del Reino Astur ("zona leonesa")
y la zona oriental del mismo ("zona castellana"), ni en las formas
repobladoras ni en los métodos de gobierno, aunque quizás
prime más el componente prerromano en la zona oriental y el
visigodo en la zona occidental. En el periodo comprendido entre
mediados del siglo VIII y mediados del X se incorporan a la
monarquía leonesa, Galicia, La Rioja y la práctica
totalidad de la cuenca del Duero, comenzando la justificación
histórica de la Reconquista como restauración del Reino
de Toledo.
Hacia el año 913, Fernán González reuniendo en su
persona varios condados menores, constituye el gran Condado de
Castilla, con una extensión territorial difícil de
igualar. Fernán González fue removido en varias ocasiones
de su condado por Ramiro II y a la muerte de este rey, acaecida en el
951, quedará como conde inamovible y transmitirá el
Condado por herencia a sus descendientes. Supo aprovechar su
posición en la corte y contrajo matrimonio con Sancha, hermana
del rey navarro García y de la reina leonesa. Con ello se
beneficiaba hábilmente de la confusa situación del reino
de León, lo que permitió reunir en su mano el gobierno de
todas las mandaciones del territorio castellano, que excedía en
mucho el reducido condado de ese nombre, integrado además las de
Burgos, Lantarón, Amaya, Alava, Lara y Cerezo.
En el 1037, con la victoria de Fernando I de Castilla frente a Bermudo
III en la batalla de Támara se produce la incorporación
de León a Castilla. Desde esa fecha hasta el siglo XIII (1230),
coexisten periodos de unidad y separación entre Castilla,
León, Navarra, Galicia y Portugal. Se conforma la
repoblación de la Meseta Sur, y progresivamente van penetrando
los hábitos feudales en la vida política y social de la
época. Va surgiendo una nobleza poderosa que pugna con el poder
real, con las pequeñas ciudades emergentes y con la
población rural.
Con la unificación definitiva de los reinos de Castilla y de
León, bajo el reinado de Fernando III, se constituye el primer
Estado castellano propiamente dicho, con la configuración
territorial que hoy conocemos por Castilla, estableciéndose de
forma irreversible la bandera cuartelada como símbolo
indiscutible de ese Estado.
Los siglos XIII, XIV y XV consolidan la conquista de Andalucía,
Murcia y Canarias, siendo escenario de los enfrentamientos de la
nobleza contra la monarquía y las ciudades, al tiempo que se
producen diversos movimientos campesinos de carácter
antiseñorial. Las ciudades castellanas adquieren una
dimensión muy importante, tanto desde el punto de vista
demográfico como desde el social y económico,
desarrollándose una intensa actividad artesana, protoindustrial
y mercantil.
Los jueces de Castilla
Antes de lograr Castilla su independencia y cuando aún no
tenía condes, debían los castellanos ventilar todos sus
pleitos en la corte real de León, pero como el viaje era largo y
difícil el camino, unido esto al hecho de que en dicha corte no
se hiciese justicia a los litigantes, imponiéndoles,
además, vejámenes sin cuento por el solo pretexto de ser
castellanos, resolvieron los castellanos, de común acuerdo,
designar a dos de ellos, Nuño Rasura y Laín Calvo, para
que ejerciendo el oficio de árbitros componedores, y
prescindiendo de las leyes vigentes en el Fuero Juzgo y de los jueces
reales, aviniesen entre sí a los litigantes, y de esta forma no
hubiera necesidad de acudir a la corte real de León. A partir de
entonces se les conocerá como los Jueces de Castilla y al pueblo
en el que administraban justicia como Bisjueces, la tradición
hace al Nuño Rasura abuelo de Fernán González y a
Laín Calvo quinto abuelo de El Cid.
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