La
Prehistoria
Gracias a los hallazgos arqueológicos de la Sierra de Atapuerca
podemos afirmar que la meseta norte castellana estaba habitada hace ya
800.000 años por el denominado “homo antecessor”. Serían
los primeros descendientes europeos del “homo ergaster” africano y
antepasados de los neandertal. Estos primeros habitantes conocidos de
la actual geografía castellana eran altos, fuertes y de
pequeño cerebro, pero con unas características faciales
muy parecidas a las nuestras, con un aspecto más moderno que
otros grupos humanos más cercanos a nosotros en el tiempo. Sin
salir de Atapuerca encontramos restos del “homo heidelbergensis” con
unos 300.000 años de antigüedad, del Pleistoceno medio, que
eran muy altos y fuertes, de grandes cráneos todavía muy
aplanados y claro prognatismo facial, con gran abertura nasal. Restos
de neandertales se pueden encontrar en la geografía castellana
en la cueva de Valdegoba en Huérmeces (Burgos) ó Los
Casares (Guadalajara).
Finalmente, volviendo a Atapuerca encontramos restos de “homo sapiens
sapiens” con una antigüedad de 5.000 años, correspondiente
a poblaciones ganaderas, sus huesos son muy semejantes a los nuestros,
sólo un poco más bajos y más robustos, pero mucho
menos fuertes que los humanos de la Sima. Estos humanos ya dominaban la
producción cerámica y la tecnología
cerámica. De estos largos periodos prehistóricos
numerosas muestras arqueológicas han quedado depositadas en los
museos y otras, como las espectaculares pinturas murales de Altamira,
en los mismos lugares habitados por nuestros antecesores.
La edad del Hierro
En la edad del Hierro oleadas de gentes de raigambre indoeuropea
(celta), penetra en la península a través de los
Pirineos, llegando a tierras castellanas a partir del s. VIII a. C..
Esta nueva población no eliminará al substrato
mediterráneo ya existente, sino que lo aculturizará y
desplazará a las zonas serranas, ocupando así esta nueva
población los fértiles valles. Tenemos, entonces, antes
de la llegada de los romanos, dos grupos étnicos: un substrato
mediterráneo con cultura, raza y lengua procedente de gentes
venidas de África, Asia Menor, Grecia, Etruria, Córcega y
Cerdeña, de carácter matriarcal y ganadero, y tenemos
también, un substrato "celta" especialmente emparentado con
gentes que habitaron en la antigüedad Lomabardía,
Occitania, Bretaña, Bélgica e Inglaterra. Estas
poblaciones indoeuropeas son agricultores mayoritariamente y de
sociedad patriarcal y estructura de clan, habitan en los valles y
conocen la metalurgia del hierro.
Invasión romana
Con la llegada de los romanos a la península (año 218 a.
C.), entra nuestra tierra a formar parte de la Historia escrita. La
futura Castilla, está habitada por diversos pueblos de diversas
culturas y etnias, muy lejos de formar un compacto grupo unido o una
sola civilización. Así, a lo largo y ancho de la
geografía castellana encontramos arévacos, pelendones,
vacceos, turmogos, cántabros, berones, caristios,
várdulos, carpetanos y vetones.
Los historiadores romanos, entre los que destaca Estrabón, nos
han transmitido a través de sus escritos la resistencia de los
montañeses cántabros, el sitio de Numancia o de las
correrías de Viriato, con escenas realmente espantosas: las
madres que matan a sus hijos para que no caigan en el poder del
vencedor, el mozo que viendo a sus padres y hermanos prisioneros, los
mata a instigación de su mismo padre, el guerrero que invitado a
un convite, se arroja a las llamas, la mujer que se suicida
después de acabar con sus compañeros de cautiverio, los
que se envenenan con el tóxico de hierbas que llevan siempre
consigo en previsión de la desgracia, y aquellos otros,
más heroicos todavía, desde las cruces donde
expían el castigo glorioso de haber defendido su tierra,
insultan a sus enemigos y cantan alegres canciones de guerra.
Con el sometimiento de los pueblos indígenas por el imperialismo
romano, la cultura de este substrato primigenio de la futura Castilla
se pierde de una forma irreparable debido a la aculturización a
la que es sometida por los romanos, el latín se convierte en el
nuevo idioma, la ciudad se convierte en el centro de vida social
dejando apartado el sistema de clan heredado de los pueblos de origen
indoeuropeo. No obstante, de una forma subterránea esa identidad
indígena no se pierde de una forma total.
Las invasiones
germánicas
A principios del siglo V entran los primeros pueblos "bárbaros",
suevos y alanos, en territorio peninsular. En el año 456, las
tropas visigodas, otro pueblo germano, llegan a la meseta norte por la
calzada romana Asturica-Burdigalam (Astorga-Burdeos) con su rey
Teodorico II a la cabeza. A pesar de que con los años, los
visigodos consiguieron ocupar finalmente toda la antigua provincia
romana de Hispania y de que instalan la capital de su reino en Toledo,
no son abundantes los restos arqueológicos que nos han quedado
de su paso por estas tierras. Su dominio más bien fue militar y
de aparato político y su presencia breve en número de
gentes germanas, sin embargo, sus usos y costumbres influyeron en la
cosmovisión de lo que en un futuro será Castilla.
El Islam
Las primeras noticias que tenemos de tropas árabes en territorio
castellano son del año 711 con la toma de Amaya por parte del
beréber Tarik. Amaya era por entonces la capital de Cantabria,
uno de los ocho ducados en que se dividía el reino visigodo. En
el 714, una segunda expedición al mando de la cual estaba Muza,
establece destacamentos musulmanes en la cuenca del Duero. Durante los
años 739 a 762, un despoblamiento general asoló las
tierras de la cuenca del Duero en parte dirigido por Alfonso I para
crear un vacío de tierras con carácter defensivo entre la
Cordillera Central y las montañas cantábricas y
así al mismo tiempo concentrar las tropas cristianas en las
montañas.
Se crea en la actual provincia de Burgos una línea defensiva que
desde el norte de Amaya iba hasta los montes Obarenes pasando por el
valle de Valdelucio, garganta del Urbel y páramo de Masa. Tras
esta muralla natural defensiva, llamada por entonces Vardulias, valles
del Rudrón y Ebro, valles de Mena, Losa, las Merindades y zona
de Miranda, se concentran gentes cántabras, vasconas e
hispanogodas procedentes de otras provincias huidas de las actuales
tierras segovianas y sorianas, personas apiñadas con hambre de
pan y de guerra. Estas gentes con afán repoblador estaban a
punto de gestar uno de los hitos más importantes de la historia.
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