logotipo

img_google

AFORISMOS III

51 - 75

Página principal

Introducción

Aforismos I Aforismos II Aforismos III
1 - 25 26 - 50 76 - 100 101 - 125 126 - 150 151 - 163

Aforismos y expresiones con cierto contenido social, jurídico, filosófico, etc. 

ENUMERACIÓN (51 - 75), CITA, TRADUCCIÓN Y COMENTARIO

Para ir al aforismo deseado pincha en el mismo. Algunos aforismos están comentados. En muchas ocasiones el mejor comentario está en la traducción de la cita.

51.- Faber suae fortunae unusquisque est ipse (Salustio, Epistula ad Caesarem senem, I, I, 2)

52.- Fas et nefas (fas nefasque; fas nefas) (Lucano Farsalia, 5, 313)

53.- Festina lente (Suetonio, Augusto, 25, 4)

54.- Finis coronat opus (Popular latino)

55.- Fit via vi (Virgilio, Eneida, 2, 494)

56.- Fortiter in re, suaviter in modo (Claudio Acquaviva 1543 - 1615, General de los Jesuitas)

57.- Fronte capillata, post est occasio calva (Catonis disticha 26, B; Fedro, Fábulas, 5, 8)

58.- Fugit hora (Persio, Saturae, 5, 135)

59.- Fugit irreparabile tempus (Virgilio, Geórgicas, 3, 284)

60.- Gallia est omnis divisa in partes tres (César, De bello Gallico, I, 1)

61.- Gaudeamus igitur! (Himno de los estudiantes)

62.- Graecia capta ferum victorem (captorem) cepit, et artis intulit agresti Latio (Horacio, Epistulae, 2, 1, 156)

63.- Gutta cavat lapidem, non vi sed saepe cadendo (Ovidio, Pónticas, 4, 10, 5)

64.- Hannibal ad portas (Cicerón, Filípicas, I, II)

65.- Hannibal, vincere scis, sed victoria uti nescis (Livio, 22, 51, 4)

66.- Hic esse et illic simul non possum (Plauto, Anfitruo, 566)

67.- Historia vitae magistra (Cicerón, Tusculanas, 2, 16)

68.- Homo homini lupus (Hobbes, Plauto, Asinaria, 495)

69.- Homo sum: humani nihil a me alienum puto (Terencio, Eautontimouromenos V, 77)

70.- Humanum amare est, humanum autem ignoscere est (Plauto, Mercator, 519)

71.- In dubio pro reo (Gaius, De legatis ad edictum urbicum, 3)

72.- In hoc signo vinces (dicho a Constantino al emprender la batalla de Puente Milvio contra Majencio <312 d. C.>)

73.- In medias res (Horacio, Epístola ad Pisones, 148)

74.- In medio consistit (stat) virtus (Popular)

75.- In propria pelle quiesce (Fedro)

 

51.- Faber suae fortunae unusquisque est ipse

Salustio, Epistula ad Caesarem senem, II, 2)

“Sed res docuit id verum esse quod in carminibus Appius ait, fabrum esse suae quemque fortunae, atque in te maxume, qui tantum alios progressus es, ut prius defessi sint homines laudando facta tua quam tu laude digna faciundo”.

Pero la realidad nos enseña que es verdad lo que dice Apio en sus poemas: que el fabricante de su fortuna es cada uno, y esto se refiere sobre todo a ti, que has aventajado a los demás tanto que antes se han de cansar los hombres de alabar tus hechos que tú de hacer acciones dignas de alabanza.

COMENTARIO

“Cada uno es hijo de sus obras”, hace decir Cervantes a don Quijote en su primera salida, cuando encuentra a un hombre azotando a un muchacho. don Quijote, en nombre de la caballería le ordena que deje de golpearle y que le pague lo que le debe. El muchacho no está conforme porque el hombre en cuestión no es un caballero y no cumplirá lo que promete: “Importa poco eso —respondió don Quijote—, que Haldudos puede haber caballeros; cuanto más que cada uno es hijo de sus obras”. (Don Quijote de la Mancha, primera parte, capítulo 4

También Sancho Panza tiene a mano esta expresión para indicar que él es quien se ha hecho a sí mismo: “Yo no estoy preñado de nadie —respondió Sancho—, ni soy hombre que dejaría empreñar, del rey que fuese, y, aunque pobre, soy cristiano viejo y no debo nada a nadie; y si ínsulas deseo, otros desean otras cosas peores, y cada uno es hijo de sus obras”. (Don Quijote de la Mancha, primera parte, capítulo 47)

Por supuesto, si alguien es hijo de sus obras para don Quijote, ésa es Dulcinea:

“A eso puedo decir —respondió don Quijote— que Dulcinea es hija de sus obras, y que las virtudes adoban la sangre, y que en más se ha de estimar y tener un humilde virtuoso que un vicioso levantado, cuanto más que Dulcinea tiene un jirón que la puede llevar a ser reina de corona y ceptro”. (Don Quijote de la Mancha, segunda parte, capítulo 32).

Un refrán español dice: “En la cama que te hagas, en ésa dormirás”. Es decir, que hay que tener en vista lo que se quiere ser en el futuro, para ir poniendo los medios en el presente. En Estados Unidos de América se puso de moda a principios del siglo XX el “self made man”, el hombre hecho a sí mismo, una persona que, partiendo de cero ha llegado a las más altas cumbres de la riqueza y el poder. Se puede citar como ejemplo más característico a Rockefeller, que sin ser nadie, consiguió llegar a ser el dueño de todo un emporio económico.

Salustio, en esta carta a César se refiere, cómo no, al dictador, que había sido su amigo y su valedor en momentos turbios de su vida. Y es posible que, al afirmar esto de César, tuviera razón, ya que se dice de él que siempre tuvo en su punto de mira lo que quería ser y hacer en el futuro, y todo lo que hacía lo orientaba hacia ese fin.

La vida de Salustio se desarrolla durante el siglo I a. C. (86 - 35) coincidiendo con el período de más cruda rivalidad en las guerra civiles, primero en las de César y Pompeyo, y, más tarde, en las que siguieron a la muerte de César por mantener la legalidad republicana.

C. Salustius Crispus nació de una familia plebeya en Amiternum (Sabinia). En seguida soñó con escribir historia, pero fue arrastrado a la política.

Después de haber sido cuestor, fue tribuno de la plebe (52 a. C.) y entró a formar parte del Senado. No fue digno de tales cargos, ya que en el año 50 a. C. el Censor Appius le expulsó del Senado por sus malas costumbres. 

A pesar de todo, como era partidario de César, pudo, con su beneplácito, volver a ingresar en el "cursus honorum": César le nombró cuestor en el año 49 a. C. y de esa manera reingresó en el Senado. A continuación ejerció diversos cargos militares.

César le envió a la Campania para sofocar la revuelta de las legiones, cosa que no logró, y estuvo a punto de ser asesinado. Más tarde (46 a. C.) fue enviado como procónsul a África, de donde sacó la documentación para su libro "Bellum Iugurthinum", y, sobre todo, mucho dinero.

Fue acusado de concusión (utilizar la influencia de tener un cargo público en beneficio propio) pero logró ser absuelto. Se construyó un suntuoso palacio en el Quirinal, rodeado de magníficos jardines: "Horti Salustiani".

Vivió todavía diez años más, apartado de los negocios públicos y dedicado a escribir sus libros de historia, como él mismo apunta al comienzo de la "Conjuración de Catilina".

Se había casado con Terencia, repudiada por Cicerón. Murió el año 35 a. C.

Escribió tres obras: dos monografías históricas: "La Conjuración de Catilina" y "La Guerra de Yugurta", y una obra histórica de tipo general: "Las Historias", de las que no nos quedan más que fragmentos.

En "De Coniuratione Catilinae" cuenta la conjuración que ocurrió el año 63 a.  C. desmantelada por el cónsul Cicerón. Salustio escribe cosas conocidas por todos y ocurridas hace poco tiempo; a pesar del preámbulo filosófico no acorde con su vida, denuncia en esta obra la corrupción de las costumbres y de la vida política  romana. Comete algunos errores, sea por contarlo de memoria sin verificarlo, sea porque lo hace a propósito, pues no es imparcial. Disminuye la  importancia de  Cicerón, aunque parezca que le hace justicia (le llama "optimus consul"). Presenta a César como que no estuvo metido en la conjuración, y, tal vez, sea esta justificación de César la finalidad de la obra.

"Bellum  Iugurthinum" es un intento de mostrar la corrupción de la  aristocracia romana y de paso justificar el partido demócrata, tomando como pretexto la guerra del rey de los Númidas, Yugurta, contra Roma, ocurrida entre  los años 112 y 106 a. C. Al no comprobar los datos recogidos, presenta numerosas inexactitudes.

Salustio imita a Tucídides buscando como él las causas de los sucesos. Pero no es imparcial; escribe para demostrar: quiere justificar al partido democrático y denigrar al aristocrático.

En sus obras se aprecia una preocupación tal vez excesiva por la moral; sin embargo esta preocupación es meramente teórica. Sus declaraciones virtuosas y sus invectivas contra el vicio contrastan con lo que se sabe de su vida.

Sabe sacar a la luz hechos importantes y dejar a un lado los que no tienen  interés. Los discursos, en gran parte inventados, tienen por finalidad pintar las situaciones y los caracteres. Son hábiles y están bien compuestos. Tiene retratos característicos: Catilina, Aurelia Orestila,...

(cfr.: http://sapiens.ya.com/jomicoe <La historiografía romana>)

Volver

52.- Fas et nefas (fas nefasque; fas nefas)

Lucano, Farsalia, 5, 313

“Hos ante pigebit

sanguinis? his ferri grave ius erit, ipse per omne

fasque nefasque rues?”

¿Ante éstos te avergonzarás de tu sangre?

¿Será pesado para éstos el derecho de las armas, y tú mismo 

correrás por todas partes esté o no permitido?

Volver

53.- Festina lente

Suetonio, Augusto, 25, 4

“Nihil autem minus in perfecto duce, quam festinationem temeritatemque, convenire arbitrabatur. Crebro itaque illa iactabat: Speude bradewV (festina lente)”

Augusto pensaba que no había nada que conviniera menos al perfecto jefe que la precipitación y la temeridad. Por eso decía con frecuencia en griego aquello de Speude bradewV, que quiere decir, apresúrate despacio.

COMENTARIO

José Mª Iribarren, El porqué de los dichos: “Vísteme despacio que tengo prisa” (pág. 243 - 244).

Como se ve, se trata de un proverbio más antiguo, procedente de los griegos, pero que el emperador Augusto utilizaba con bastante frecuencia.

Como dice Iribarren, también se ha atribuido el refrán español “Vísteme despacio que tengo prisa” a distintos reyes o cortesanos, desde Carlos III a Fernando VII.

Volver

54.- Finis coronat opus

Popular latino

El fin corona la obra.

COMENTARIO

La palabra fin puede tener dos sentidos, y los dos tienen cabida en este comentario: el primero es el término de algo, y cuando algo se consigue terminar, se dice que se ha coronado la obra. Cuando antaño se cubrían aguas en una casa, es decir, que se ponía el tejado, se acostumbraba a enarbolar una bandera en la cúspide, o, si se estaba en un pueblo, una rama de árbol.

La otra acepción es la de la finalidad, o sea, el objetivo que se pretende con la obra. Conseguir ese objetivo es lo que hará que la obra esté completa, será su coronación.

Volver

55.- Fit via vi

Virgilio, Eneida, 2, 494

“Instat vi patria Pyrrhus; nec claustra nec ipsi

custodes sufferre valent; labat ariete crebro

ianua, et emoti procumbunt cardine postes.

Fit via vi; rumpunt aditus primosque trucidant

immissi Danai et late loca milite complent.”

Pirro insiste con la fuerza heredada de su padre Aquiles; ni los lugares cerrados ni los mismos guardas son suficientes para sujetarle. La puerta cae al fin después de haber sido golpeada una y otra vez con el ariete, y las jambas se desploman de su quicio cuando han sido removidas. Se hace el camino a la fuerza, los Griegos una vez introducidos rompen las entradas, matan a los primeros que se oponen, y llenan de soldados todo el amplio ámbito.

COMENTARIO

Se refiere este episodio a la toma de Troya por los griegos, por medio del caballo de Troya. Entre los guerreros que tomaron parte en esta conquista estaba Pirro, hijo de Aquiles. Recordemos que éste había sido matado por Paris de un flechazo en el talón, único punto vulnerable. 

PurroV (que se lee en español Pirros) significa en griego pelirrojo, que es como apodaban a Aquiles cuando su madre Tetis le escondió en la isla de Skyros porque conocía el destino que le esperaba a su hijo en la guerra de Troya, es decir, que sabía que iba a morir. Por eso lo disfrazó de mujer y, con el nombre de Pirra, porque era pelirrojo, se lo envió al rey Lycomedes, a la isla de Skyros, para que viviese con él y con sus cinco hijas. Una de las hijas, Deidamía, lo descubrió y tuvo amores con él, de los que nació un hijo, llamado también Pirro o Neoptolemo.

En este pasaje vemos a Pirro vencer a cuantos troyanos se le ponen por delante, ya que tenía una gran fuerza, heredada de su padre. No había camino, ya que todo él estaba obstaculizado por los troyanos, que no se dejaban conquistar fácilmente. Sin embargo, la fuerza estaba del lado de los griegos, y precisamente por esa fuerza es por la que se va abriendo camino la tropa invasora. 

Para conocer un poco más la Guerra de Troya, cfr. http://users.servicios.retecal.es/jomicoe/Troya.htm y http://users.servicios.retecal.es/jomicoe/latin_indoeuropeo_2.htm

Volver

56.- Fortiter in re, suaviter in modo

Claudio Acquaviva  General de los Jesuitas (1543 - 1615)

Con fuerza en el asunto, en la cosa; con suavidad en la manera.

COMENTARIO

Es uno de los principios en que ha de basarse todos los modos de la educación y del trato con los niños y jóvenes. Aparentemente en muchas ocasiones una forma suave de decir las reprimendas hace más efecto que el castigo, por duro que sea. No se trata de dejar pasar las conductas no recomendables, ni se trata tampoco de infligir serios castigos a los transgresores. De lo que se trata es de corregir conductas y de poner las bases para un buen comportamiento en el futuro. Y eso se consigue muchas veces si se trata al niño o al joven con cariño, y haciéndole ver lo equivocado de su actuación.

Volver

57.- Fronte capillata, post est occasio calva

Catonis disticha 26, B

cfr. Fedro, Fábulas, 5, 8

Rem, tibi quam noscis aptam, dimittere noli;

Fronte capillata, post haec occasio calva

No dejes pasar de largo la cosa cuando conoces que es apropiada para ti. 

Detrás de la frente llena de pelo, la ocasión es calva.

COMENTARIO

La ocasión la pintan calva” No podemos decir que hemos cogido la ocasión por los pelos, ya que no los tiene. 

En una estrofa de uno de los poemas, Fortuna plango vulnera, de la colección Carmina Burana, escritos en latín durante la época medieval, se puede leer

Fortune plango vulnera

stillantibus ocellis,

quod sua mihi munera

substrahit rebellis.

Verum est, quod legitur

fronte capillata

sed plerumque sequitur

occasio calvata.

Me lamento de las heridas de la fortuna

con los ojos llenos de lágrimas,

porque es revoltosa 

y me quita sus dones.

Es verdad eso que se lee

que la frente está llena de pelo. 

Pero las más de las veces le sigue

la ocasión calva.

Volver

58.- Fugit hora

Persio, Saturae, 5, 135

”Indulge genio, carpamus dulcia, nostrum est 

quod vivis! Cinis et manes et fabula fies!

vive memor leti! Fugit hora, hoc quod loquor inde est”

Entrégate al Genio, elijamos las cosas agradables, es de cada uno lo que cada uno vive! Llegarás a ser ceniza, y cuerpo muerto y fábula! Vive acordándote de la muerte! La hora se escapa. Este momento en que estoy hablando ya es pasado.

COMENTARIO

Este sería el comentario, según el poeta latino Persio, al aforismo que hemos visto antes Carpe diem. El tiempo se escapa, huye, no se le puede detener, ya que mientras estás diciéndolo se está yendo. Por tanto, hay que vivir, hay que buscar las cosas agradables, porque el tiempo de los muertos, de la ceniza y de que hablen de nosotros llegará sin que nos demos cuenta.

Volver

59.- Fugit irreparabile tempus

Virgilio, Geórgicas, 3, 284

“Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus,

singula dum capti cincumvectamur amore.”

Pero entre tanto se escapa, huye el tiempo de una manera irreparable, mientras nosotros, atrapados por el amor damos vueltas una y otra vez a las mismas cosas de una en una.

Volver

60.- Gallia est omnis divisa in partes tres

César, De bello Gallico, I, 1

Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam Aquitani, tertiam qui ipsorum lingua Celtae, nostra Galli appellantur. Hi omnes lingua, institutis, legibus inter se differunt.

Toda la Galia se divide en tres partes, de las que la primera la habitan los Belgas, la segunda, los Aquitanos y la tercera los que en su propia lengua se llaman Celtas, pero que nosotros los conocemos como los Galos. Todos éstos se diferencian entre ellos por la lengua, por las instituciones y por las leyes

COMENTARIO

Tal vez sea ésta una de las más conocidas frases latinas. Éste es el comienzo de uno de los libros que escribió César: "De bello Gallico", es decir, "Sobre la guerra de las Galias". Cuenta los ocho años que César tardó en conquistar toda la Galia y convertirla en parte de Roma.

César había sido cónsul el año 59 a. C. Al año siguiente fue nombrado procónsul en la provincia de la Galia Narbonense, que estaba al sur. A esta parte de la Galia se la llamaba simplemente La Provincia, que ha quedado en el nombre actual de esa región: La Provenza. 

A partir de ahí comienza la conquista tomando como pretexto la salida de los Helvecios de su pueblo, porque les parecía que tenían poco territorio. Quisieron asentarse en el país de los Eduos, que eran amigos y aliados de Roma. Entonces César salió en defensa de éstos últimos, teniendo como objetivo colonizar y hacer romana toda la Galia, que, tal como explica al principio, se dividía en tres partes, y abarcaba desde el río Rin al norte, hasta los montes Pirineos al sur; y desde el río Ródano al este, hasta el océano Atlántico al oeste. Una extensión que abarcaba el total de la Francia actual, además de Bélgica y parte de Holanda.

Además César pasó al otro lado del río Rin, pero no pudo vencer a los Germanos. Según él fue una retirada estratégica y no le quedaron ganas de volver. Destruyó el puente que había construido sobre el río "para que no pasasen los germanos a este lado". También cruzó el Canal de la Mancha y venció al rey de los Britanos, Casivelauno. Pero tampoco se quedó definitivamente.

Al final, la última resistencia la ofreció Vercingetórix, que logró unir a todos los galos para defender su pueblo, sus costumbres y su libertad. Pero a pesar de todo no estaban tan unidos como parecía y fueron vencidos por César en la  definitiva batalla de Alesia. Este lugar se encuentra  en el centro de Francia, en el Macizo Central. Era un lugar muy agreste, con muchos montes y valles. Actualmente la ciudad más importante de esa zona es Clermont Ferrand. En las calles de su casco histórico tiene unos clavos en los que se representa la efigie de Vercingetórix, además de otros personajes importantes de aquel lugar. 

Volver

61.- Gaudeamus igitur!

Himno de los estudiantes

Gaudeamus, igitur, iuvenes dum sumus!:

post iucundam iuventutem

post molestam senectutem

nos habebit humus.

Así pues, alegrémonos mientras somos jóvenes:

 porque después de la alegre juventud

 y después de la vejez molesta,

nos poseerá la tierra. 

Cfr. Ubi sunt qui ante nos in mundo fuere

Volver

62.- Graecia capta ferum victorem (captorem) cepit, et artis intulit agresti Latio

Horacio, Epistulae, 2, 1, 156

Grecia fue capturada, pero a su vez capturó a su feroz capturador e introdujo las artes en el salvaje Lacio.

COMENTARIO

Después de la Tercera Guerra Púnica, todo el Mediterráneo quedó convertido en un mar romano: Mare nostrum. Con la fuerza de las armas, los romanos se extendieron desde las costas occidentales en Hispania, hasta las costas orientales. También la península Helénica quedaba bajo su influencia militar. En el año 146 a. C. Grecia se convirtió en provincia romana con el nombre de Achaia.

Este hecho tuvo más trascendencia de lo que a primera vista pudiera parecer, ya que los Romanos entraron en Grecia, sí, pero lo griego penetró en el mundo romano con un gran ímpetu. No importó que Catón el Censor, una institución en la república romana, se opusiera con todas sus fuerzas. El hecho es que la cultura griega, que ya había puesto un pie en el sur de la península Itálica por medio de las colonias griegas de la Magna Graecia, irrumpió de nuevo en toda Italia. 

Se encargaron de transmitir esta cultura los esclavos griegos apresados en las guerra de conquista. Éstos se convirtieron en pedagogos, escribanos, médicos, artistas, etc., y eran los que tenían más éxito en los mercados de esclavos, junto con los buenos gladiadores.

Volver

63.- Gutta cavat lapidem, non vi sed saepe cadendo

Ovidio, Pónticas, 4, 10, 5

Gutta cavat lapidem, consumitur anulus usu.”

La gota de agua horada la piedra, el anillo se gasta con el uso.

La gota de agua agujerea la piedra, no por su fuerza, sino por su constancia en el caer

Volver

64.- Hannibal ad portas

Cicerón, Filípicas, I, II

“Solusne aberam, an non saepe minus frequentes fuistis, an ea res agebatur, ut etiam aegrotos deferri oporteret? Hannibal, credo, erat ad portas, aut de Pyrrhi pace agebatur, ad quam causam etiam Appium illum caecum et senem delatum esse memoriae proditum est”.

¿Acaso estaba yo solo, o en otras muchas ocasiones no estuvisteis menos numerosos? ¿O es que se trataba precisamente de esa causa, tal que merecía la pena que hasta enfermos fuerais conducidos al senado? Según creo, Aníbal estaba a las puertas de Roma, o se trataba acerca de la paz de Pirro. Siempre se ha recordado que a esta última causa Apio Claudio estando ciego y ya viejo había sido conducido.

COMENTARIO

Era la amenaza de una gran catástrofe. Cuando Aníbal venció en la batalla de Cannas el año 216 a. C. al ejército romano a cuyo frente estaban los dos cónsules Varron y paulo Emilio, Roma se había quedado sin ejército. Aníbal, que había venido desde Hispania a través de los Alpes, y no precisamente por los caminos más transitados, sino los más abruptos y escabrosos, había ido venciendo a los sucesivos ejércitos romanos que se le habían presentado en Tesino, Trebia y en el lago Trasimeno en el norte, y recorrió triunfalmente toda Italia, ya que nadie se decidía a presentar batalla. Cuando, por fin los romanos tomaron la resolución de enfrentarse al ejército cartaginés en la llanura de Cannas, a pesar de que eran mucho más numerosos, sufrieron una estrepitosa derrota. Aníbal tenía las manos libres para ir sobre Roma. Si lo hubiera hecho, probablemente la historia habría cambiado, ya que Roma estaba indefensa. De ahí que la mera mención de la posibilidad de que Aníbal se presentara en Roma, suponía una psicosis de pánico. Cuando se quería indicar una situación de extremo peligro, se decía Hannibal ad portas.

Cicerón utiliza esta expresión para indicar el peligro que se cernía sobre Roma dejando todo el gobierno en manos de Marco Antonio, ya que se veía que la república estaba a punto de desaparecer, esa república que llevaba 500 años, y que con sus más y sus menos había servido para que Roma se engrandeciera.

Sin embargo, según dice Cicerón, parece que a los senadores no les importaba tanto lo que fuera a pasar con Roma, porque no acudían al senado a debatir la cuestión, cuando era tan importante que hasta tenían que ser llevados aunque estuvieran enfermos, como hizo Apio Claudio el Ciego, que a pesar de serlo y además muy anciano, mandó que le llevaran al senado en el momento en que se iba a tratar acerca de la paz con Pirro. Éste había vencido en distintas ocasiones a los Romanos (Heraclea, 280 a. C.; Ausculum, 279 a. C.), y se hizo el dueño de Sicilia. Pero volvió a la península y por fin fue vencido en Beneventum el año 275 a. C. por el imperator Curius Dentatus

Aníbal fue enviado a Hispania para que aprendiera el arte militar junto a su cuñado Asdrúbal. Éste había sucedido al padre de Aníbal, Amílcar Barca, que había restablecido el dominio militar de los Cartagineses en Hispania después de que los Romanos les hubieran derrotado en la Primera Guerra Púnica.

Amílcar había hecho un tratado con los Romanos: el río Ebro iba a ser la frontera del dominio de los dos pueblos en Hispania. El norte del Ebro quedaría bajo influencia romana y el sur, cartaginesa.

Aníbal es la figura de los Cartagineses en la Segunda Guerra Púnica, que los enfrentó a los Romanos.

Según Cornelio Nepote, historiador romano, no ha habido otro general como Aníbal. Siempre que se enfrentó a los Romanos salió vencedor. Fue necesario que le traicionaran sus compatriotas para poder acabar con él.

Siempre se distinguió por su odio a los Romanos: era como si lo hubiera mamado. Estaba dispuesto a morir antes que dejar de odiar a los Romanos.

Tito Livio hace un espléndido retrato de Aníbal.

En cuanto llegó a Hispania se metió a todo el ejército en un puño, tanto a los generales como a los soldados. Todos creían que había vuelto Amílcar, su padre, pues era su vivo retrato, tanto en lo físico como en lo moral: tenía la misma viveza en el rostro y la misma energía en los ojos.

Pero en muy poco tiempo consiguió que se olvidaran de que se parecía a su padre y que le estimaran por él mismo.

Tuvo una habilidad especial en conciliar dos actividades muy diferentes, como son obedecer y mandar. Por eso no se sabría decir si tenía mejor prensa entre los mandos o entre los soldados:

Asdrúbal no quería poner a otro al frente de los destacamentos o patrullas cuando había que llevar a cabo una acción particularmente difícil o arriesgada; ni los soldados querían otro jefe diferente: con él iban más confiados y tenían más valentía. Pues en el momento de arrostrar un peligro, allí iba el primero; pero no lo hacía sin prudencia ni serenidad.

Tenía una resistencia fuera de lo común: parecía sobrehumano, porque no se cansaba nunca y su espíritu tenía el ánimo del vencedor. Soportaba de la misma forma el calor que el frío. Sólo comía y bebía cuando tenía necesidad, no por gula o placer. Para dormir, le daba lo mismo el día que la noche: sólo dedicaba al descanso el tiempo que le sobraba después de llevar a cabo las misiones que le habían encomendado. Y cuando se echaba a descansar no le molestaban ni los ruidos ni la dureza del suelo. En muchas ocasiones le vieron tumbado en el suelo cubierto sólo con su capa en medio de los puestos de guardia, en las avanzadillas.

No destacaba sobre los demás en cuanto a su atuendo: sólo en sus armas y en su caballo, que los cuidaba con esmero, y por eso parecían mejores.

Era con mucho el primero y el mejor, tanto de los soldados de infantería como de los de caballería. Iba el primero al combate y era el último en dejarlo cuando había terminado.

Sin embargo entre tantas virtudes aparecían también enormes vicios: tenía una crueldad inhumana, una doblez y una perfidia por encima de lo que es propio a los Cartagineses. (Hay que tener en cuenta que Tito Livio era romano y tenían a los Cartagineses como el modelo de la traición y del desprecio a la palabra dada. Pues Aníbal cumplía todo esto, pero en demasía).

No tenía ningún respeto por la verdad ni por lo sagrado, ni ningún miedo a los dioses; no se sentía ligado por ningún juramento ni a ninguna religión.

Con todo este bagaje de virtudes y vicios hizo méritos durante tres años bajo el mando de Asdrúbal y no pasó por alto cualquier cosa que le capacitase para ser un gran general en el futuro.

http://users.servicios.retecal.es/jomicoe

Volver

65.- Hannibal, vincere scis, sed victoria uti nescis

Livio, 22, 51, 4

“Itaque voluntatem se laudare Maharbalis ait; ad consilium pensandum temporis opus esse. Tum Maharbal: `Non omnia nimirum eidem di dedere. Vincere scis, Hannibal; victoria uti nescis´. Mora eius diei satis creditur salutis fuisse Urbi atque imperio”.

Y así dijo que él alababa la voluntad de Mahárbal, pero que era necesario tiempo para tomar una determinación. Entonces Mahárbal dijo: “En verdad los mismos dioses no te han concedido todas las cosas. Aníbal, sabes vencer, pero no sabes aprovecharte de la victoria”. Se cree que la indeterminación de aquel día fue la salvación de Roma y del imperio romano.

COMENTARIO

No cabe duda de que si Aníbal hubiera ido contra Roma después de la batalla de Cannas la hubiera encontrado indefensa y no hubiera tenido ninguna dificultad en conquistarla. De esa forma habría ganado la Segunda Guerra Púnica, y probablemente, a partir de ese momento, la historia no habría sido la misma.

Sin embargo el mismo Aníbal, y, por supuesto, su ejército estaban agotados. No en balde habían hecho un camino muy largo y muy penoso y habían luchado con muchos y diferentes ejércitos romanos. La opinión de Aníbal fue la de ir a descansar a Capua después de la victoria de Cannas. 

Una de las virtudes de los generales es la de la explotación del éxito, después de una victoria. Aníbal no supo hacerlo, y de ahí el reproche que le hacen. Tal vez aquí esté el germen de su derrota posterior en la Segunda Guerra Púnica, y del ostracismo a que le sometieron sus compatriotas a partir de ese momento.

Titus Livius Patavinus, (59 a. C. - 17 d. C.) nacido en Padua, (Patavium) se dedicó a escribir lejos de los asuntos públicos "Ab Vrbe condita" ("Desde la fundación de la Ciudad"), una obra ambiciosa, que llenó toda su vida. Vivió en Roma en tiempos de Augusto y pudo participar de las reformas del Emperador en relación con la vida de familia y la renovación de las costumbres.

Después de la victoria de Philippos (42 a. C.) se enfrentó a Marco Antonio, que había sido su aliado, y le venció en la batalla de Actium (31 a. C.), que marca el comienzo del período gobernado por Octavio como Princeps Senatus, es decir, el primero del Senado otorgado por el senado Romano el año 28 a. de C. Al año siguiente se le concede el título de Augusto, con el que se le conoce. Por eso al primer período que siguió a la república en Roma se le conoce como el Principado. 

Augusto honró a Tito Livio con su favor, y le llamaba "El Pompeyano", por haber alabado en gran manera a Pompeyo. Murió en su pueblo natal, en Patavium. 

"Ab Vrbe condita", es la obra de Tito Livio. Es un monumento escrito a la mayor gloria de Roma; llena 142 libros, en los que cuenta toda la historia de la ciudad, desde sus orígenes, incluso anteriores a su fundación, y llega hasta el año 9 d. C. La mayor parte de estos libros se ha perdido. Se fueron publicando separadamente en grupos de 10, por lo que se les llama “décadas".

Quedan 35 libros: 1 - 10 (desde los orígenes de Roma hasta el año 293 a.C.); 21 - 45 (desde la 2ª Guerra Púnica -210 a.C.- hasta el triunfo de Paulo Emilio después de la guerra de Macedonia -167 a.C.). En los libros 41-45 hay numerosas lagunas. También se conservan fragmentos aislados y resúmenes del conjunto (periochae), atribuidos al abreviador Floro, del siglo II d. C., que nos permiten conocer el plan de la obra y los libros no conservados.

Quiere elevar un monumento a la grandeza de Roma. Considera a Roma como el mejor pueblo del mundo. Por eso tiene un protagonista principal: ROMA. Es un protagonismo embellecido por su nacionalismo y por su falta de sentido crítico. Consigue al mismo tiempo una historia nacional, con un único tema: Fortuna Populi Romani, y una historia dramática en la que caben todas las narraciones de los episodios semifantásticos de la antigüedad romana.

Acude a otros escritores anteriores, como Fabius Pictor, (escritor romano pero que escribió en griego) pero no utiliza documentos originales ni corrobora los lugares donde se desarrollan las acciones. Por tanto no se puede asentir de una manera definitiva a sus asertos, ya que no están contrastados. No es imparcial, tal vez cegado por su patriotismo.

Narra los hechos con soltura y belleza. Ordena las partes con proporción, sin que la narración languidezca en ningún momento. Reconstruye los hechos como debieron pasar. Describe con precisión y brevedad los movimientos de masas y los sentimientos de los protagonistas. Apenas hace retratos de los personajes, sino que aparecen integrados en el comportamiento general. Emplea, como Salustio, el procedimiento de los discursos, inventados, pero útiles en el desarrollo de la acción; se cuentan cerca de 400 en los libros que se conservan. Es un procedimiento literario para dar a conocer los hechos. Tienen además, el valor añadido de la oratoria, pues están bien compuestos, son hábiles y elocuentes.

Es el creador de la prosa imperial, aunque se le pueda tildar de "ciceroniano". No es extraño, ya que siente una gran admiración por Cicerón. Su frase es amplia, clara, abundante y periódica, pero no es tan regular como la de Cicerón, y a veces se le nota cierto provincianismo ("patavinitas").

"Ab Vrbe condita" es, junto a la “Eneidael monumento más importante dedicado a la mayor gloria de Roma. 

(cfr.: http://sapiens.ya.com/jomicoe  La historiografía romana>)

 

Volver

66.- Hic esse et illic simul non possum

Plauto, Anfitruo, 566

Amfitruo: “Tun me, verbero, audes erum ludificari?

Tune id dicere audes, quod nemo umquam homo antehac

vidit nec potest fieri, tempore uno

homo idem duobus locis ut simul sit?

Sosias:       Profecto, ut loquor, res itast”.

Anfitrión:¿Tú, bribón, te atreves a burlarte de mí? ¿Tú te atreves a decir lo que hasta ahora ningún hombre ha visto y no puede resultar, que al mismo tiempo el mismo hombre pueda estar en dos lugares a la vez?

Sosias: Ciertamente, así es la cosa, como lo digo.

COMENTARIO

El término Sosias tiene en castellano el significado de repetición de la forma de una persona, que una persona tiene un parecido casi idéntico que otra. Este término procede del personaje de la comedia de Plauto El anfitrión.  

En esta comedia cuenta cómo Júpiter se había enamorado de la mujer de Amphitrion, general tebano, llamada Alcmena, y aprovecha la marcha del marido a unos negocios, para, haciéndose pasar por él, acostarse con ella. De esa unión nació el héroe Hércules, hijo de un dios y de una mortal.

Como Júpiter adopta los rasgos del marido, y Mercurio el de su criado Sosias, cuando vuelven, aparecen las cofusiones y los enredos. De ahí el que parezca que la misma persona puede estar en dos sitios a la vez, ya que sin ser los mismos, tienen la misma apariencia.

Molière imitó esta comedia dándole el mismo título.

La vida de Plauto no es muy conocida. Parece ser que se dedicó al teatro como autor y como actor, y sus propias experiencias se reflejaban en la escena. No es extraño que por esta peculiaridad se le atribuyeran hasta 130 obras, de las que nos han quedado 21, que son las que Varrón propuso como auténticas. Se conservan completas excepto Vidularia, de la que se ha perdido gran parte.

Plauto dio a la gente lo que quería: el público reclamaba que los temas fueran griegos, pero tratados a la romana, acomodados a la manera de ser de la plebe romana: vulgar, ruidosa, que buscaba encontrar en los personajes y situaciones las figuras que le eran familiares y de las que se podía reír a su gusto. Casi siempre trataban de lo mismo: un joven busca casarse con la joven que ama a pesar de mil obstáculos. Con todo, las situaciones y las intrigas son tan diferentes que no hay dos comedias iguales. Por esta situación desfilan todo tipo de personajes romanos: el padre cabezota, ridículo, el parásito, el esclavo desvergonzado, astuto y atrevido, el fanfarrón, las mujeres,...

El lenguaje es vivo, natural. Hace juegos de palabras, inventa vocablos nuevos, utiliza todos los recursos de la lengua familiar y vulgar: aliteraciones, asonancias, figuras etimológicas,... Cambia de ritmo según se lo pide la escena. 

El "prologus" precede a la obra. Expone la intención, el protector de la obra, el motivo por el que la ha escrito, y la exposición del tema. A veces su justificación. En algunas ocasiones es suficientemente oscuro, pero cuenta con la colaboración del espectador, porque de lo que se trata es de atraerse al público. Habla directamente a los espectadores y les hace cómplices de la trama. A veces es un dios el que presenta la obra y los personajes, otras veces un personaje especial que sólo realiza el prólogo. Hace alusiones conocidas por todos de manera que predispone a una mejor escucha y comprensión de la obra. Es una especie de guiño escénico. 

En estos versos de Casina se ve cómo, incluso, algunos prólogos se rehacían después de ver el éxito de la comedia:

Nos postquam populi rumores intelleximus

Studiose expetere vos Plautinas fabulas,

Antiquam eius edimus comoediam.

Desde que hemos oído las aclamaciones del pueblo

de que vosotros deseabais ardientemente las comedias de Plauto

hemos vuelto a poner en escena esta antigua comedia

La 21 comedias de Plauto son: Amphitruo (El anfitrión); Asinaria (La comedia del asno); Aulularia (La comedia de la olla); Bacchides; Captivi (Los prisioneros); Casina (El sorteo de Cásina); Cistellaria (La comedia del cofre); Curculio (El gorgojo); Epidicus (El esclavo astuto); Menaechmi (Los gemelos); Mercator (El mercader); Miles gloriosus (El soldado fanfarrón); Mostellaria (La comedia del fantasma); Persa (El persa); Poenulus (El pequeño Cartaginés); Pseudolus (El mentiroso); Rudens (El cable de los pescadores); Stichus; Trinummus (Las tres monedas); Truculentus (El amenazador); Vidularia (La comedia de la maleta).

Las más conocidas y más representadas son:, Aulularia, Miles gloriosus, Amphitruo, Menaechmi, Casina, Rudens.

Aulularia: La comedia de la olla. El avaro Euclión ha encontrado una olla llena de monedas. La trama de la comedia son las preocupaciones del avaro para que nadie se entere de que la tiene, y ve ladrones que se la quieren quitar por todas partes hasta en las situaciones más normales.

Miles gloriosus: El soldado fanfarrón. Ya su mismo título nos lo dice: Pirgopolínice es un soldado, además de fanfarrón, simple. Cuenta por todas partes sus éxitos imaginarios, pero al final tiene que bajar a la realidad.

Amphitruo: Anfitrión es el esposo de Alcmena, a la que pretende Júpiter. Éste se hace pasar por su marido para estar con ella, y de esa unión nace el héroe Hércules. Júpiter se hace acompañar por Mercurio, que toma el aspecto del esclavo Sosias. Cuando llegan los verdaderos Anfitrión y Sosias surgen los malentendidos que dan pie a la comicidad.

Menaechmi: Dos hermanos gemelos que se parecen muchísimo y que son confundidos constantemente, aunque no se conocen entre ellos. Sin embargo, sin saberlo, han tenido los mismos avatares en su vida.

Han sido utilizados posteriormente sus temas, sus situaciones y sus personajes: Molière, Shakespeare, Racine, etc., han utilizado a Plauto para alguna de sus obras: p. ej., "L'avare" de Molière, imita la "Aulularia"; “El Anfitrión” del mismo autor francés, imita a “Amphitruo”; etc.

Hemos de decir que los personajes de las comedias, aun con nombre griego, son reconocibles en todas las épocas. Han sido trazados de forma magistral, de manera que han sobrevivido a sus autores y han tomado vida propia.

Los personajes se repiten, pero no son los mismos: su carácter y su sicología varían de una comedia a otra, y en cada una tienen un aspecto y una personalidad diferente, aunque el tipo sigue siendo el clásico, por ejemplo, un parásito o un hábil esclavo.

En casi todas las obras aparecen los viejos libertinos y calaveras que se arrepienten y que no quieren que sus hijos les imiten, pero que a veces vuelven a sus viejos hábitos. A veces son rivales de sus hijos en asuntos amorosos.

Los jóvenes buscan engañar a su padre y unirse con la joven a la que aman en secreto.

Por lo general estos no lo pueden hacer solos y necesitan de la ayuda de un esclavo hábil y astuto, ladrón por necesidad y mentiroso, para que se salgan con la suya, engañando a su padre y desafiando los golpes y los castigos. Generalmente también ellos se aprovechan de la situación.

Suele ser indispensable en las obras de Plauto el traficante de esclavas (leno). Avaricioso y corrupto, cínico y deshonesto, es el personaje odioso de las comedias y contra él van todas las situaciones antipáticas y ridículas.

El parásito, que se invita a comer en las casas de los ricos por medio de sus adulaciones y buenas palabras, soportando bajezas e incomodidades.

Las mujeres, muchas de ellas, las que más juego dan, son las cortesanas. Aparecen también mujeres maduras, esposas amantes; mujeres chismosas, metomentodo.

Las jóvenes, de condición libre, que aceptan el amor del joven, y que son amables, simpáticas y bellas.

(cfr.: http://sapiens.ya.com/jomicoe <El teatro en Roma>) 

Volver

67.- Historia vitae magistra

Cicerón, Tusculanas, 2, 16

La historia es maestra de la vida

Volver

68.- Homo homini lupus

Hobbes

Plauto, Asinaria, 495

Leónidas: “neque me alter est Athenis hodie quisquam,

quoi credi recte aeque putent.

Mercator:                                                      Fortassis: sed tamen me

numquam hodie induces, ut tibi credam hoc argentum ignoto.

Lupus est homo homini, non homo, quom, qualis sit, no novit.”

Leónidas: "¿Es posible que no haya en Atenas nadie que piensen que se me puede dar crédito correctamente y con equidad"?

El mercader:                                                             Tal vez: pero sin embargo

                 nunca me convencerás de que te preste dinero, a ti, un desconocido.

                 El hombre es un lobo para el hombre, no un hombre, que no conozco cómo es

Volver

69.- Homo sum: humani nihil a me alienum puto

Terencio, EautontimouromenoV, 77

Menedemus: “Chremes, tantumne ab re tuast oti tibi

aliena ut cures ea, quae nil ad te attinet?

Chremes: Homo sum, humani nil a me alienum puto.

Vel me monere hoc vel percontari puta: 

rectumst, ego ut faciam; non est, te ut deterream”. 

Menedemos: Cremes, ¿tanto tiempo tienes que te olvidas de tus cosas y te preocupas de las ajenas, que ni te van ni te vienen?

Cremes: Soy hombre, y nada humano lo considero ajeno a mí. Piensa qué quieres, si advertirme o interrogarme. Está bien que yo lo haga, pero no lo está que a ti te quite la intención.

Volver

70.- Humanum amare est, humanum autem ignoscere est

Plauto, Mercator, 519

Humanum amarest, humanum autem ignoscere est atque id vel optingit deum;

ne sis obiurga: hoc non voluntas me impulit.”

Es humano el amar, pero también es humano el perdonar, y esto incluso alcanza a la divinidad.

Volver

71.- In dubio pro reo

Gaius, De legatis ad edictum urbicum, 3

“Semper in dubiis benigniora praeferenda sunt”.

En la duda, siempre a favor del acusado. Siempre se han de preferir sentencias más benignas en las cosas dudosas.

Volver

72.- In hoc signo vinces

Eusebio de Cesarea, (Vida de Constantino)

Dicho a Constantino al emprender la batalla de Puente Milvio contra Majencio (312 d. C.)

Con esta señal vencerás.

COMENTARIO

Constantino fue un emperador romano que tuvo que sufrir las consecuencias de varias guerras civiles, algunas instigadas por él mismo. Todo empezó cuando el emperador Diocleciano quiso instaurar, a finales del siglo III de. C., la institución de la Tetrarquía, es decir, el gobierno de cuatro. Él mismo se denominó Augusto, y nombró a Maximiano su colega con el mismo nombre y la misma dignidad. Otros dos, con el título de César, Galerio y Constancio Cloro, les ayudarían en el gobierno de Roma. 

La idea era buena. Cuando faltaran o abdicaran los dos Augustos, los Césares ocuparían el cargo, y a su vez nombrarían nuevos Césares. Así sucesivamente. En teoría era un procedimiento de gobierno que tenía que funcionar. Sin embargo no se había tenido en cuenta algo que venía sucediendo en Roma desde el comienzo del Imperio: la sucesión por parte de los familiares del anterior emperador.

Cuando en el año 305 abdicaron Diocleciano y Maximiano, los dos Césares, Galerio y Constancio Cloro accedieron al título de Augusto y nombraron nuevos Césares: Severo y Maximino Gaia. 

Majencio era hijo de Maximiano, uno de los Augustos, y Constantino de Constancio Cloro, el otro. A la muerte de éste último, en vez de aceptar que el César subiera de categoría y se proclamara Augusto, Constantino decidió esgrimir su parentesco con el difunto y se hace nombrar Augusto por sus soldados en las guarniciones de Bretaña. Severo, que era el legítimo, también fue nombrado Augusto. Majencio se autoproclamó en Roma, y su padre, el que había abdicado con Diocleciano quiso recuperar el poder. Fue un momento delicado en la historia de Roma, ya que nos encontramos con seis personas que querían atribuirse el título de Emperador o Augusto. Estas situaciones no pueden terminar más que con las armas, y a partir del año 306 comenzó una guerra de muchos frentes en la que unos vencieron a otros, de tal forma que la legalidad de la tetrarquía fue echada por tierra.

Constantino, a partir de 307, fue venciendo poco a poco a todos los que se le enfrentaban en el occidente del imperio, hasta que sólo quedaban él y Majencio. Éste fue vencido en varias batallas (en Turín, en Verona y en la batalla de Saxa rubra <rocas rojas>, cerca del Puente Milvio, en Roma).

Los historiadores cristianos Eusebio de Cesarea y Cecilio Lactancio, contemporáneos de Constantino cuentan la historia del favor divino en esta última batalla. 

Majencio se encontraba acorralado cerca del río Tíber. Era el día 27 de octubre del año 312. Entonces, según cuentan los historiadores, miró al cielo y vio la señal de la cruz con la leyenda “in hoc signo vinces”, que quiere decir: “con esta señal vencerás”. Durante la noche tuvo grandes pesadillas oyendo voces que le instaban a que marcara a sus legionarios con dicha señal. Al amanecer lo hizo, y la victoria fue aplastante. El mismo Majencio pereció en ella y fue arrastrado por las aguas del Tíber

A partir de ese momento sólo hubo un emperador en Roma, aunque todavía tuvo que seguir defendiendo el trono contra los otros aspirantes que venían de oriente.

En agradecimiento a la ayuda divina en la batalla decisiva contra Majencio, en el año 313 proclamó el Edicto de Milán por el que los cristianos dejaban de ser perseguidos y podían realizar sus cultos con entera libertad y al mismo nivel que los de los dioses paganos, propios de Roma. El mismo Constantino, en su lecho de muerte pidió el bautismo.

Volver

73.- In medias res

Horacio, Epistola ad Pisones, 148

Semper ad eventum festinat et in medias res

non secus ac notas auditorem rapit et quae

desperat tractata nitescere posse relinquit,

atque ita mentitur, sic veris falsa remiscet

primo ne medium, medio ne discrepet imum.

Siempre se apresura al desenlace y al meollo de la cuestión, y de esa manera acapara la atención del oyente no de otra manera que si le fuera conocido, y deja de lado las cosas que en el momento de tratarlas se da cuenta de que no puede hacerlas brillar, y así las disfraza, y mezcla las cosas verdaderas con la falsas, que la parte central no discrepe del principio, ni el fin de la parte central.

Volver

74.- In medio consistit (stat) virtus

Popular

En el punto medio está la virtud.

Volver

75.- In propria pelle quiesce

Fedro

“Graculus superbus et pavo.

In propia pelle quiesce.

En gloriari libeat alienis bonis

suoque potius habitu vitam degere,

Aesopus nobis hoc exemplum prodidit.

tumens inani graculus superbia,

pennas, pavoni quae deciderant, sustulit

seque exornavit. Deinde contemnens suos

se immiscuit pavonum formoso gregi.

Illi impudenti pennas eripiunt avi

fugant rostris. Male mulcatus graculus

redire maerens coepit ad proprium genus;

a quo repulsus tristem sustinuit notam.

Tum quidam ex illis, quos prius despexerat:

“Contentus nostris si fuisses sedibus

et, quod natura dederat, voluisses pati

nec illam expertus esses contumeliam

nec han repulsam tua sentiret calamitas”

El grajo soberbio y el pavo real. 

Descansa en tu propia piel. 

Para que a nadie le guste gloriarse con los bienes ajenos, sino que más bien se acostumbre a pasar su vida con su propio aspecto, el poeta Esopo nos ha dejado este ejemplo:

 Un grajo hinchado de vana soberbia cogió unas plumas que se le habían caído a un pavo real y se adornó con ellas. A continuación, creyéndose mejor que los suyos, los despreció y trató de mezclarse con el hermoso grupo de los pavos. Éstos quitan las plumas a la desvergonzada ave y le hacen huir a picotazos. El grajo, malherido y triste comenzó a volver con sus antiguos compañeros, pero fue rechazado por ellos y tuvo que soportar una triste reprimenda.

Entonces uno de aquellos a los que antes había despreciado le dio una lección diciéndole: “Si hubieras estado contento con nosotros y hubieras querido disfrutar de aquello que te dio la naturaleza, ahora no te verías en este estado tan lamentable, ni te sentirías rechazado por todos, amigos y enemigos."

COMENTARIO

En la época de Augusto, vivió en Roma un esclavo tracio que se había formado en Grecia y que había conocido muy de cerca las fábulas o apólogos del griego Esopo. Este esclavo se llamaba C. Julio Fedro, fue liberto del emperador Augusto, y, aunque no sabemos cuánto tiempo vivió, nos lo encontramos al principio del gobierno de Nerón.

Su género literario fue la fábula, un género propio de esclavos que no tenían la libertad suficiente para decir lo que querían por temor al castigo. Por este procedimiento se podía expresar la sátira, la crítica social, incluso criticar a personas concretas, casi con total impunidad.

La característica principal de la fábula es su intención moral, su moraleja. Por medio de ejemplos, en los que la mayoría de las veces los protagonistas son animales, ofrece una meditación moral, aplicable siempre a alguna de las actitudes poco recomendables de los hombres.

Los animales que son protagonistas de las fábulas suelen ser de todo tipo, pero si tuviéramos que decir el que más abunda, diríamos que es el zorro o la zorra. De siempre se ha tenido al zorro como un animal muy astuto. Sus respuestas son acertadas, y esa astucia con que los hombres hemos adornado a este animal le sirven a Fedro para darnos sus lecciones morales.

Contra las apariencias nos cuenta lo que le pasó a una zorra cuando un día se encontró con una máscara de las que se usaban para el teatro. No pudo mantener una conversación coherente con ella, y al final se marchó diciendo entre dientes: “Muy bonito es tu aspecto, eres muy guapa, pero no tienes seso, y no se puede hablar contigo”. Como siempre, al final nos aplica el cuento. Además de las apariencias es necesario tener buen sentido, porque sólo con el aspecto exterior no se va a ninguna parte, en seguida se desenmascara al que por fuera es aparente pero vacío de contenido.

También una zorra es la protagonista de este otro ejemplo. Aquí engaña a un cuervo, alabándole sus cualidades externas.

Un cuervo había robado un queso que se estaba oreando en una ventana y se lo había llevado a lo alto de un árbol para comérselo tranquilo. Un zorro que lo vio, se dijo: “Ese queso ha de ser mío”. Se acercó al árbol y comenzó, muy zalamero a saludar al cuervo, a la vez que le alababa su aspecto: “Oh, cuervo, qué galanura tienes, que brillo en tus plumas. No he visto un ave con mejor presencia que tú. ¡Qué rostro, que porte, qué belleza!”. Esto no fue más que el principio, porque lo que él quería era el queso. Por eso siguió: “Sólo falta que tengas un canto armonioso. Si esto ocurre no habría pájaro capaz de superarte en nada”.

El cuervo cayó en la trampa. Convencido por el adulador zorro, quiso demostrar que su voz era tan fina y delicada como le había hecho creer el zorro. Todos sabemos que el graznido de un cuervo es un sonido muy desagradable, pero en aquel momento el cuervo creyó a su adulador. Así que al intentar cantar abrió su negro pico, dejó caer el queso que cayó a los pies del zorro. Éste, después de tener el queso en su poder, se burló del cuervo con estas palabras: “¿No te has dado cuenta de mis intenciones? Ahora, que te has quedado sin queso, puedes entretenerte y alimentarte con mis adulaciones. ¡Qué! ¿Están ricas?”

El cuervo, mientras tanto, estaba avergonzado, porque había visto que el ingenio vale más que cualquier otra cualidad para salir adelante en la vida.

También puso en solfa a los que no están contentos con lo que tienen y quieren parecerse a otros que, en su opinión, tienen mejores cualidades, llegando, incluso a despreciar a sus propios compañeros y renegar de ellos. Resulta que, cuando las aguas vuelven a su cauce estos se encuentran rechazados por unos y por otros.

Como le pasó a aquel grajo que se creyó más listo que los demás. No le gustaba su aspecto, y un día se encontró por casualidad unas plumas preciosas que se le habían caído de su cola a un pavo real, esa cola que abre y que parece un estallido de color. Ni corto ni perezoso las cogió y se adornó con ellas, pensando que con ello sería distinto.

Podemos imaginar la facha que tendría, con su plumaje negro brillante y con unas cuantas plumas largas de colores en la cola. Él se sentía disfrazado de aquella manera, y pensaba que los demás no se iban a dar cuenta. Todo decidido se unió al grupo de los pavos. Éstos no estaban dispuestos a permitir tal atrevimiento, y a picotazos le echaron de allí.

El grajo, cabizbajo, volvió a donde estaban los suyos, a los que antes había despreciado, y ahora no tenía más remedio que considerar como propios. Allí tampoco le quisieron y le expulsaron. Uno, más sensato que los demás o que fue más compasivo con el desliz que había tenido su conciudadano le hizo pensar con estas palabras. 

“Si hubieras estado contento con nosotros y hubieras querido disfrutar de aquello que te dio la naturaleza, ahora no te verías en este estado tan lamentable, ni te sentirías rechazado por todos, amigos y enemigos.”

Algo parecido le pasó a una rana que tenía su nido en la orilla de un gran prado. A ese prado solía ir a pacer un buey de un buen tamaño. La rana se pasaba mucho tiempo como fuera de sí admirando el tamaño de ese buey, que visto desde su pequeñez parecía todavía más grande, enorme.

Se obsesionó con el tamaño del buey, hasta tal punto que quiso ser como él. Empezó a comer y a comer, de forma que se fue hinchando. Cuando creyó que ya era lo bastante grande preguntó a sus hijos: “¿Quién creéis que es más grande, el buey o yo?" Ellos respondieron que el buey era más grande que su madre. 

Todavía siguió comiendo y comiendo, hinchando cada vez más su piel, y volvió a preguntar a sus hijos. Lógicamente, la respuesta fue la misma: “Todavía es más grande el buey”.

Se llenó de indignación, al ver que todavía no había conseguido su objetivo, y se dedicó a ello con más empeño. Tanto comió, y tanto se hinchó que reventó, y quedó en el prado con todo su cuerpo destrozado.

Eso les pasa a los que quieren imitar a los poderosos sin contar con sus propias fuerzas y sus limitaciones.

Porque no es la apariencia lo importante, ya que la belleza es algo pasajero, mientras que la bondad, que dura siempre, es la auténtica belleza.

Un padre tenía un hijo muy guapo, mientras que su hermana era de una fealdad extrema. Un día, mientras jugaban, los dos hermanos se miraron en un espejo que tenía su madre en el tocador. La reacción de cada uno fue diferente. Mientras el chico no cesaba de alabar su hermosura, la chica se enfadó muchísimo porque se dio cuenta de lo fea que era. Su hermano se burlaba de ella, pero cuanto más el otro se reía, ella se enfadaba más y se veía ofendida y agraviada.

La pobre muchacha acude corriendo a su padre para decirle que se sentía herida en su vanidad por su hermano, y que tenía mucha envidia de su hermosura. Ella pensaba que tenía que haber sido al revés, que la guapa debía haber sido ella, que en los hombres no tiene tanta importancia la hermosura.

El padre los recibió con todo su cariño, porque vio el problema que tenía su hija. Los abrazó a los dos, y los consoló con unas palabras, que tuvieron que sonar a la chica como música celestial..

“A partir de ahora quiero que los dos utilicéis cada día el espejo”

Se volvió al hijo: “Tú, para que te des cuenta de que eres hermoso y no estropees tu belleza con malas acciones”.

A continuación se dirigió a su hija: “Tú, para que sepas corregir tu aspecto con tus buenas acciones”.

En muchas ocasiones no sabemos que lo que nosotros tenemos por menos valioso puede ser tan importante hasta el punto de salvarnos la vida, y que lo que creemos importante, va a ser nuestra perdición. Como le pasó a aquel ciervo que estaba bebiendo agua en un manantial. Su imagen se reflejó en el agua y se quedó prendado de la belleza de su cornamenta, que, con sus múltiples ramificaciones, adornaba su cabeza. Al mismo tiempo vio también sus patas, delgadas, huesudas, y, a su parecer, feas.

Descuidado estaba en estas reflexiones, cuando le despertó de ellas un ruido que se acercaba y que cada vez se parecía más al ladrido de los perros de una partida de caza. Se asustó y salió huyendo. Los ciervos corren mucho y dan la impresión de que corren saltando como que vuelan. De esa manera se escapó de los perros, que no pudieron alcanzarle. Eso le pasó mientras corría por campo abierto.

En seguida entró en una zona con bosque y matorral. Allí sus cuernos empezaron a enredarse con la maleza. No pudo avanzar y los perros le alcanzaron. Todos se abalanzaron sobre el pobre ciervo, y, a mordiscos, lo mataron.

Mientras exhalaba el último suspiro, tuvo tiempo de hacerse estas reflexiones. “¡Estúpido de mí! Yo que despreciaba mis patas porque eran delgadas y feas, y gracias a ellas he podido escaparme de los perros. ¡Cómo he sido tan estúpido de no darme cuenta de que lo que yo veía hermoso iba a ser mi perdición!”.

La superioridad de la fuerza es también muy criticada por Fedro. Se conoce que él se caracterizaba más por la astucia, y la imaginación que por la fuerza. Advierte contra los que utilizan la fuerza con malas artes para conseguir su objetivo y oprimen a lo más débiles.

En el ejemplo que vamos a contar a continuación, los protagonistas son un lobo y un cordero. Sabido es que los lobos tienen en los corderos, desde siempre, sobre todo en la literatura popular, su bocado más exquisito.

Pues bien: Un lobo y un cordero tenían sed y habían los dos bajado a beber al mismo río. El lobo estaba aguas arriba y el cordero bastante más abajo. El lobo no sabía cómo tener un motivo para comerse al cordero, y empezó a pensar.

- “¡Oye, cordero! ¿Por qué me estás enturbiando el agua? ¿No ves que de esa forma no puedo beber y me sentará mal?

El cordero, temeroso, le respondió con palabras entrecortadas:

- “¿Cómo puedo yo hacer eso? Te quejas sin motivo. El agua no va de mí hacia ti, sino al revés”.

Efectivamente, era verdad, y por eso el lobo quedó de momento sin saber qué decir. Pero la presa era demasiado apetitosa para dejarla escapar.

- ¡Oye, cordero! ¿Tú fuiste el que hace seis meses ibas diciendo toda clase de mentiras y maldiciones contra mí? Pues, prepárate ahora, porque me la vas a pagar.

- “Pero, si yo no había nacido hace seis meses. No pude ser yo”.

- “Entonces sería tu padre, ¡por Hércules!”.

Ya había encontrado un motivo para comerse al cordero, se abalanzó sobre él y se lo comió. Y termina diciendo Fedro: “Esta fábula ha sido escrita para todos aquellos hombres que oprimen a los inocentes con causas falsas”.  

Parece que no han pasado los años por este tipo de cuestiones. El hombre será siempre igual. Ya lo dice el aforismo latino: “Nihil novum sub sole”: Que no hay nada nuevo bajo el sol.

Vuelve a la carga con otro ejemplo. En éste previene contra lo que le puede pasar a una persona cuando está en tratos con otra que es más poderosa que él.

Hubo en cierta ocasión una extraña sociedad de caza. Los socios eran, nada menos, un león, una vaca, una cabra y una oveja. Ya sabemos que las ovejas aguantan lo que les echen, aunque sea injusto.

Este grupo de cazadores había cobrado pieza: un ciervo de gran tamaño. Como buenos socios hicieron cuatro partes iguales. En este momento, tomó la palabra el león y dijo:

- “Mi nombre es León, por lo tanto yo soy el primero en elegir, y elijo la primera parte. También voy a tener la segunda, porque vosotros sois tan buenos que me la vais a conceder. A ver quién se atreve a medirse con mis fuerzas. Yo soy el más fuerte, y también me quedo con la tercera. Y, si alguno de vosotros toca la cuarta parte, le advierto, lo pasará mal”.

Añade Fedro: “Así se quedó con toda la presa, pero debido a su maldad y a la razón de la fuerza”. Por eso, huye de una sociedad tan desigual en que uno sea muy poderoso y los demás no.

Por desgracia, los hombres no nos damos cuenta de cómo somos, de nuestros defectos, mientras que de los demás vemos todo con una rapidez pasmosa. Es aquello del Evangelio, que somos capaces de ver y criticar la paja en el ojo ajeno, pero no vemos la viga que tenemos en el propio. Esto lo dijo Fedro con una fábula sobre los vicios de los hombres, indicando que el amor propio es ciego para sus propios defectos, pero no para los de los demás.

Júpiter, al distribuir los defectos y virtudes los colocó en dos alforjas que entregó a todos los hombres. Estas alforjas la colocó de manera que delante de los ojos estuviera la que tenía los vicios de los demás, mientras que la que tenía los vicios propios la colocó a la espalda. Dice Fedro que de esta manera nosotros no podemos ver nuestros propios defectos, pero si los demás meten la pata, como lo tenemos delante de los ojos, en seguida se lo reprochamos y se lo echamos en cara.

Porque para nuestros defectos y limitaciones tenemos siempre una excusa. ¿Quién no ha oído o incluso dicho alguna vez eso de que “no están maduras”?

Otra vez una zorra. Ésta tenía hambre, y se encontró con una parra de la que pendían unos hermosos racimos. Estaban altos y por más que hacía, saltando con todas sus fuerzas, no llegaba a alcanzarlos.

Entonces se marchó con el rabo entre piernas, pero se dijo una excusa poco convincente, aunque suficiente para ella: “No las quiero comer, que todavía no están maduras”. Así hacen los que no pueden conseguir lo que se proponen, que dicen que no les interesa, que no está suficientemente preparado para cogerlo.

Estos no son sino unos pocos ejemplos de los temas y críticas que hacía Fedro, con un género literario original, que nadie en Roma había utilizado antes que él.

En el siglo XVIII tuvo muchos imitadores. Era el momento de moralizar a la sociedad, y por eso Lafontaine en Francia, y Samaniego e Iriarte en España escribieron a imitación de Fedro muchas fábulas, con su moraleja. Algunas tenían el mismo argumento, los mismos protagonistas y la misma moraleja.

Volver