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AFORISMOS III |
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Aforismos y expresiones con cierto contenido social, jurídico, filosófico, etc. |
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ENUMERACIÓN (1 - 25), CITA, TRADUCCIÓN Y COMENTARIO |
| Para ir al aforismo deseado pincha en el mismo. Algunos aforismos están comentados. En muchas ocasiones el mejor comentario está en la traducción de la cita. |
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Petronio, Satiricon, 102, 3 |
Hoc ergo remedio mutemus colores a capillis usque ad ungues” |
Apuleyo, El asno de oro, 3, 21, 4 |
“Ab imis unguibus sese totam adusque summos capillos perlinit” |
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Así pues, con este remedio cambiemos los colores desde los cabellos hasta las uñas (de los pies) |
Se unge desde las uñas de más abajo (las de los pies) hasta los pelos más altos (los de la cabeza |
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COMENTARIO Tanto Petronio como Apuleyo son dos novelistas romanos de la época imperial. El primero escribió la novela Satiricón, en la que cuenta las andanzas de unos libertos que se van encontrando con distintas situaciones de la vida de las capas sociales bajas de Roma: esclavos libertos, comerciantes, etc. Emplea el lenguaje propio de este tipo de gente, un latín vulgar, que no deja de tener ramalazos de culto. El episodio mejor conservado es aquél en que relata la cena del liberto y nuevo rico Trimalción. La expresión que estamos comentando significa literalmente desde los cabellos hasta las uñas de los pies, que viene a ser lo mismo que nuestros refranes antes aludidos. En la película de tema romano Quo vadis? aparece Petronio como consejero de Nerón, y caracterizado con la manera de ser que luego se le ha atribuido: un perfecto caballero, el dechado de la elegancia, sin dejarse llevar por las modas y los comentarios de los demás, a los que tenía en muy poco. Apuleyo escribió la novela titulada Las Metamorfosis, que también recibe el título de El asno de oro. Un ciudadano usando las artes de una bruja se convierte en asno cuando lo que quería en realidad era convertirse en pájaro. Él sigue conservando las capacidades intelectuales de una persona aunque dentro del cuerpo de un burro, lo que da lugar a multitud de situaciones de todo tipo. Lo que tenía que hacer para volver a tener el aspecto humano era comer una rosa, pero las circunstancias no se lo permitieron hasta el final, en una fiesta de la diosa egipcia Isis. La novela es un pretexto para criticar la sociedad romana en todos sus aspectos: el político, el civil, y, sobre todo, el religioso. La expresión que comentamos se encuentra al revés que en Petronio, ya que dice desde las uñas de más abajo (las de los pies) hasta los pelos más altos (los de la cabeza) |
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2.- Ab imis unguibus usque ad verticem summum |
| Cicerón. Pro Q. Roscio Comoedo, 20 |
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“Non ab imis unguibus usque ad verticem summum, si quam coniecturam affert hominis tacita corporis figura ex fraude, fallaciis, mendaciis constare totus videtur?" |
¿No parece que todo él está lleno de fraude, de engaños, de mentiras desde lo más bajo de las uñas hasta la parte más alta del cuerpo, si una tácita manera de ser del cuerpo del hombre hace que se interprete de una cierta forma? |
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COMENTARIO Cicerón pronuncia este discurso el año 76 a. C. en favor de Quinto Roscio Comoedo, gran actor, amigo y maestro de Cicerón, de quien había aprendido dicción y elocuencia. El actor había sido acusado de que no había repartido la indemnización que le habían dado por la muerte de un esclavo. Junto con los dos siguientes aforismos viene a significar lo mismo que los refranes españoles: “De cabo a rabo”, “De arriba a abajo”, “De la cabeza a los pies”, “De principio a fin” |
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3.- Ab ovo usque ad mala |
| Horacio, Sermones, 1, 3, 6 |
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“Si conlibuisset, ab ovo usque ad mala citaret `io Bacchae´ modo summa voce, modo hac, resonat quae cordis quattuor ima” |
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“Si fuera de vuestro agrado exclamaría a grandes voces, desde el huevo a las manzanas “io Bacchae!”, que es el grito de alegría de las Bacchantes; o si no, cantaría con la voz profunda que hace resonar las cuatro cuerdas.” |
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COMENTARIO Como hemos dicho, esta expresión viene a significar lo mismo que los refranes españoles de cabo a rabo, etc. La razón hay que buscarla en los referentes domésticos, y más concretamente en la comida. Quiere decir que se trata desde el principio (en la comida comenzaban generalmente con huevos), hasta el final (en las comidas el final más normal era la fruta, y concretamente las manzanas). Quiere decir Horacio que estaría gritando de alegría o cantando constantemente, de principio a fin Todos los libros de historia nos cuentan lo que hacían los Romanos a lo largo del día: que si iban a las termas, que si empezaban a cenar a una hora sin saber a qué hora iban a terminar, y otras ocupaciones por el estilo. Sin embargo, esas costumbres las tenían los ciudadanos ricos, que eran los más cultos, que sabían escribir, y nos han dejado escrito cómo pasaban el día. Pero éstos eran muy pocos en comparación con la gran mayoría que no tenía otra cosa que hacer que trabajar de sol a sol, sin poder ir a las termas, sin poder dedicar mucho tiempo a la cena porque no tenía con qué. Bien es verdad que había mucha gente ociosa, que no hacía nada y que se beneficiaba de los repartos gratuitos de trigo que regalaba el gobierno, y de la asistencia, también gratuita, a los espectáculos públicos. De ahí la frase "panem et circenses", o sea, alimento y diversión. Esto se hacía con el fin de que los que no tenían nada que hacer, estuvieran ocupados y no organizaran altercados de orden público. Todos los habitantes de Roma se levantaban con el sol, a la hora I. Había que aprovechar la luz natural, ya que la artificial era mala, cara y maloliente: se quemaba aceite o sebo, que además de producir mal olor manchaba las paredes con un humo negro. El desayuno ("ientaculum") solía ser frugal: algunos frutos secos, fruta del tiempo, queso; a continuación, cada uno acudía a sus ocupaciones. El paterfamilias acomodado solía recibir la visita de sus "clientes", que venían a desearle buen día y a ponerse a su disposición a cambio de algunas monedas o provisiones para pasar el día. Luego, iba al foro o al senado hasta la hora V, en que se tomaba un respiro y un tentempié ("prandium") e iba a las termas a hacer las relaciones sociales propias de esos lugares. A la hora VI descansaba por ser la mitad del día. Nuestra "siesta" procede de esa costumbre de romper la rutina para descansar. Volvían a sus ocupaciones habituales hasta la hora IX o X, en que comenzaba la cena, y así estaban preparados para meterse al lecho con el crepúsculo. Normalmente no se trasnochaba. Las calles de Roma eran peligrosas por lo oscuras y por lo estrechas. En cualquier lugar, al abrigo de la oscuridad, podía cualquiera clavar un puñal a otra persona. Puñal se dice "sica", y los que lo usaban para asesinar a otros, "sicarios". Éstos se alquilaban a quienes querían quitar de en medio a otros. Por eso, los que tenían que salir de noche se hacían acompañar de varios esclavos armados y con antorchas para prevenir cualquier encuentro. La "cena" era la principal comida del día. Constaba de entrantes ("gustatio"), la "prima mensa" que se componía de varios platos ("prima, secunda, tertia cena") y los postres, que se llamaba "secunda mensa". Para empezar tomaban frutos secos, olivas, verduras, dátiles, queso y huevos preparados de diferentes maneras. Seguían distintos platos de pescado y carne, y por fin, la fruta, dulces, etc. "Ab ovo usque ad mala" que significa "desde el huevo hasta las manzanas" quiere decir que algo se realiza de principio a fin: desde los entremeses hasta la fruta. Cuando se quería agasajar a alguien se le invitaba a cenar. Se le ofrecía el lugar más distinguido en el "triclinio" (comedor) y se le presentaba el "mulsum", que era un vino de bienvenida mezclado con agua y miel. Los platos podían ser presentados de muy diferentes maneras, algunas artísticas, sobre todo si se trataba de platos exóticos. Petronio cuenta cómo en la cena de Trimalción, un liberto enriquecido, un hábil cocinero presentó un ganso engordado rodeado de peces y pájaros, pero todo ello era carne de cerdo. Macrobio habla de animales cocidos rellenos de otros animales, incluso algunos de ellos vivos, como el jabalí de Trimalción, relleno de tordos vivos que salieron volando en cuanto se rajó la carne. Pero esto no era lo normal. Lo que sí que lo era se llamaba "garum", que era una especie de salsa-condimento que acompañaba a todos los platos. Tenía un sabor muy fuerte. Se hacía con pescado al que se le echaba sal y se dejaba que se descompusiese. Después se trituraba convirtiéndolo en un líquido espeso. Era una salsa muy apreciada, objeto de comercio y de exportación. Marcial le dedicó estos epigramas:
Se cuentan historias sobre la cena de los Romanos en que, para prolongar el placer de la comida, se tocaban con una pluma la úvula (campanilla) que está al fondo de la garganta, devolvían lo comido y comenzaban a comer otra vez. Pero, aunque esto lo hicieran algunos, no se puede decir que fuera habitual. Más lo era prolongar la sobremesa ("comissatio"), con tertulias sobre los temas más diversos, incluso con algún espectáculo circense o musical, mientras picaban algunos pinchos acompañados de bebidas, frías o calientes. Los anfitriones solían mostrar a sus invitados las últimas adquisiciones que habían hecho, tanto de mobiliario como de personal, generalmente esclavos. Si eran deformes o tenían alguna habilidad formaban parte del espectáculo de la sobremesa. Eran muy apreciadas las "puellae gaditanae" (las muchachas de Gades <Cádiz>) como bailarinas. No quiere decir que todas fueran de Cádiz, pero se las denominaba así. (Cfr.: Paoli, Urbs) El poeta Catulo (84? a.C. - 54? a.C.) tiene un poema en el que describe una cena:
Como ejemplo de platos romanos, Catón y Apicio nos han dejado estas recetas. La primera es bastante simple, pero la segunda es más bien complicada.
Para conocer mejor las comidas de los romanos, v. Paoli, Urbs, cap. IV, El banquete. |
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Virgilio, Eneida, 2, 65 - 66 |
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Ecce, manus iuuenem interea post terga reuinctum pastores magno ad regem clamore trahebant Dardanidae, qui se ignotum uenientibus ultro, hoc ipsum ut strueret Troiamque aperiret Achiuis, obtulerat, fidens animi atque in utrumque paratus, seu uersare dolos seu certae occumbere morti. Undique uisendi studio Troiana iuuentus circumfusa ruit certantque inludere capto. Accipe nunc Danaum insidias et crimine ab uno disce omnis. |
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He aquí que, entretanto, unos pastores Dárdanos traían hacia el rey con gran griterío a un joven con las manos atadas a la espalda. Éste se había ofrecido voluntario, aunque los que venían no lo sabían, para construir este mismo engaño y abrir Troya a los Aqueos, confiando en su ingenio y preparado para cualquier resultado de su misión, ya fuera conseguir engañar a los troyanos o sucumbir a una muerte cierta si no lo lograba. Los jóvenes troyanos vienen corriendo desde todas partes deseando verlo y tratan de burlarse del preso cada uno con más interés. Entérate de una vez de las emboscadas de los Griegos, y por el crimen de uno solo llega a conocer a todos. |
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COMENTARIO Eneas, en su viaje para fundar una nueva Troya, pues la antigua ha sido destruida por los griegos, recala en el norte de África impulsado por los vientos tempestuosos que quieren alejarlo de las costas italianas, donde está su destino. Allí reinaba la reina Dido, que estaba construyendo un gran reino. Eneas es recibido con todos los honores de caudillo troyano. La reina le pide que cuente las vicisitudes de la caída de Troya. Cuenta cómo los griegos habían simulado la retirada, pero habían dejado delante de los muros de Troya un enorme caballo de madera, supuestamente una ofrenda a Minerva, pero que según la expresión de Virgilio, "estaba preñado de hombres armados" (fera feta armis). Era de suponer que los troyanos mostraran una cierta incredulidad hacia los griegos con los que habían guerreado durante diez años. Ya lo dijo Laocoonte, sacerdote de Neptuno: "No me fío de los griegos, ni cuando hacen regalos". Pensando en ello, Ulises, además de la estratagema del caballo, ideó la manera de influir en la decisión de los troyanos. Para que éstos no tuvieran ningún reparo en introducirlo dentro de su ciudad aunque hubiera que romper las murallas para ello, buscaron a un actor de profesión, llamado Sinón, que se ofreció voluntario. Éste los convencería de que debían aceptar el caballo como un regalo y colocarlo en el interior de la ciudad. Los griegos se marcharon, pero sólo hasta una isla próxima. Sinón se dejó coger por unos troyanos, que, evidentemente, no conocían las verdaderas intenciones del griego. En ese momento sólo la habilidad del actor serviría para librarlo de la muerte. Les cuenta que ha desertado de las filas de los griegos porque Ulises quería sacrificarle para tener una buena travesía de vuelta a su patria, y que por eso, aprovechando un descuido se había escapado de las filas de los griegos. Pero ahora era peor, ya que había caído en manos de sus enemigos. Todos le incitan a que les cuente lo que había pasado en el campamento griego. Les comenta las enemistades de los principales jefes griegos, y cómo, al no ponerse de acuerdo, deciden volverse cada uno a su país, dejando, eso sí, un presente a la diosa Minerva. Cuenta todo con un tal sentimiento, con tales lágrimas y razones apelando a la sensibilidad de los troyanos, que consiguió que le creyeran y que consideraran el caballo, no sólo como algo inocuo, sino como algo protector, y por lo tanto, digno de reposar en el centro de la ciudad. Antes de empezar el relato de las palabras de Sinón, para indicar a la reina Dido y a todos lo presentes el engaño y la maldad de los griegos, dice estas palabras que comentamos: "fíjate, reina, en la maldad que encierran las palabras de esta persona a medida que te las vaya diciendo, y, conociendo cómo es uno, saca en conclusión que los demás serán igual que éste".
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5.- Ad kalendas graecas |
| Suetonio, Augusto. 87, 1 |
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“Quotidiano semone quaedam frequentius et notabiliter usurpasse eum, litterae ipsius autographae ostentant. In quibus identidem, cum aliquos nunquam soluturos significare vult, `Ad kalendas graecas soluturos´ ait.” |
“Sus cartas autógrafas (las de Augusto) muestran que en su habla diaria usaba algunos dichos de una manera bastante habitual y característica. Sobre todo, cuando se refería a que algunos nunca pagaban sus deudas, siempre repetía el mismo dicho: Estos pagarán cuando lleguen las kalendas griegas”. |
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COMENTARIO En esta biografía de Augusto escrita por el historiador romano Suetonio a la que nos referimos aparece el aforismo o expresión “Ad kalendas graecas”. Suetonio fue un historiador romano que vivió entre los años 75 y 160 d. C. y que relató las vida de los XII Césares, comenzando por Julio César, en el siglo I a. C. y terminando con el emperador Domiciano de la dinastía de los Flavios, a finales del siglo I d. C. Lo que quería decir Augusto con esta expresión era que los malos deudores no pagaban nunca sus deudas, porque el día de las kalendas en Grecia no llegaban nunca. Sabido es que los griegos no disponían del mismo procedimiento que los romanos para contar el tiempo, es decir, que no tenían el término kalendas para indicar el primer día del mes, como los romanos. Todos hemos oído expresiones tales como "los idus de marzo", "las kalendas", "las vísperas", "la vigilia"... ¿Cuál es su origen? Pues ni más ni menos que la manera de contar el tiempo que tenían los antiguos romanos. La salida del sol ("solis ortus") marcaba el comienzo del día y era la hora prima. La puesta del sol ("solis occasus") indicaba el final del día ("dies") y el comienzo de la noche ("nox"). Era el final de la hora duodécima y el comienzo de la “vigilia prima” Porque el día se dividía en 12 horas y la noche en cuatro vigilias. Como por la noche, generalmente, sólo estaban despiertos los soldados que hacían su guardia, se dividía todo el tiempo nocturno según los turnos de vigilancia, que eran cuatro. Ni que decir tiene que tanto las horas como las vigilias tenían una duración variable, porque el sol sale cada vez antes a medida que nos acercamos al verano y se pone más tarde. De cara al invierno es al revés. Sólo había dos momentos invariables: la hora VI, es decir, el mediodía, y el comienzo de la III vigilia, es decir, la media noche. Las horas tenían una duración de 60 minutos, como las nuestras, sólo en dos ocasiones al año: Los equinoccios (de aequus = igual, y nox, noctis = noche) que coinciden con el comienzo de la primavera (21 de marzo) y del otoño (21 de septiembre). Esos días cada una de las vigilias duraba tres horas de las actuales. ¿Cómo medían el tiempo los Romanos? Pues muy mal, con mucha inexactitud. De lo único de que podían estar seguros era del momento de la salida del sol, del mediodía y del ocaso. Todas las demás horas tenían, forzosamente, que referirse a ellas; pero además, con las expresiones de "alrededor de...", "más o menos...", "cerca de...". Tampoco tenía tanta importancia la exactitud en la medida del tiempo, porque no había records que batir, ni centésimas de segundo que medir. Para los Romanos era totalmente inconcebible el concepto de segundo, y mucho más el de décima o centésima de segundo. La palabra latina "momentum" puede significar los que entendemos nosotros por un rato pequeño. Si se necesita precisar, es decir, que el momento, el rato, era todavía más pequeño, se decía "punctum temporis", o sea, un punto del tiempo. A pesar de todo, sí que había procedimientos para medir el tiempo de una manera aproximada. Los relojes de sol se conocían desde la antigüedad, aunque tenían unas limitaciones de colocación y grabado correctos. Sin embargo sólo servían para el día, y siempre que hiciera sol, claro. Por eso por la noche tenían que usar otros procedimientos que también servían durante el día: el reloj de arena era bastante exacto para períodos cortos, pero había que tener en cuenta que la medida de hoy no servía para mañana. De todas formas todos los procedimientos se basaban en la regularidad de un movimiento que se reflejaba en un gráfico marcado con las distintas horas. La clepsydra o reloj de agua procedía de los griegos. Se dice que fue Platón, el filósofo, quien lo inventó. Se basa en la caída regular del agua en un recipiente, gota a gota, que hace subir poco a poco un flotador, y éste, al subir va marcando en una escala el tiempo transcurrido. Había otros métodos: una cuerda encerada, con nudos cada cierto espacio, a la que se prendía fuego; la sombra que producía una pantalla a la luz de una vela sobre una escala graduada; el descenso del aceite de una lámpara a medida que se va quemando, etc. Aunque los griegos habían inventado las ruedas dentadas, no conocemos los sistemas motrices. Hasta finales del siglo X y principios del XI no se inventaría el reloj mecánico, que independiza el tiempo de los cambios astronómicos y lo regulariza. Dicho invento se atribuye al monje Gerberto, que fue Papa con el nombre de Silvestre II. Si el sol era el responsable del día y de la noche, del mes lo era la luna. Cada una de las vueltas de la luna era un mes, y doce vueltas, doce meses, poco más o menos el año solar: los meses lunares son de 29 días y medio, lo que hace un total de 354. Cada año se producía un retraso de 11 días en las estaciones y en el año solar. Por eso Numa Pompilio, el segundo rey de Roma, que, según la tradición fue el inventor de este calendario, mandó añadir, cada dos años un mes de 22 días ("mensis intercalarius") para que no se desfasase el año lunar con respecto al año solar Al principio el año comenzaba en martius (marzo), mes dedicado al dios Marte. Le seguía aprilis (abril), el "mes en que la naturaleza se abre"; maius (mayo), dedicado a la diosa Maya, según unos, o a Júpiter bajo el sobrenombre de Maius, según otros. El cuarto mes iunius (junio) estaba dedicado a la diosa Juno, y los seis meses siguientes eran, según los números, quintilis, sextilis, september, october, november y december. Ianuarius (enero) estaba consagrado al dios Jano, y februarius (febrero), el último mes, el dedicado a las purificaciones. Al morir Julio César dieron su nombre al mes quintilis, y lo llamaron iulius (julio). Augusto (Augustus) dio su nombre al mes sextilis (agosto) para no ser menos que su antecesor. En el año 48 a. C. (713 a. V. c.) Julio César estableció el calendario Juliano, que, manteniendo la estructura de los 12 meses, les dio un número suficiente de días para que coincidiera con los 365 días del año astronómico, añadiendo un día en febrero cada cuatro años. El número de días de cada mes eran los que indica el dicho popular:
Cuando los meses eran lunares el día de la luna llena era el día de los Idus, que caía, más o menos hacia la mitad del mes. Las Kalendas era el día 1º de cada mes, cuando se celebraban los "comitia calata" que eran unas reuniones convocadas por los sacerdotes para establecer los días fastos y nefastos; y como tercera fecha mensual estaban las Nonas, o noveno día antes de los Idus. Las Kalendas eran todos los meses el día 1 del mes; los Idus variaban: era el día 13, excepto en los meses de marzo, mayo, julio y octubre:
Desde las Nonas hasta los Idus siempre hay 8: sumados al 5 o al 7 de las Nonas, nos dan el día 13 o el 15 para los Idus". Nosotros al contar los días de cada mes, nos referimos siempre a una fecha pasada: el día 1º del mes. "Estamos a 23 de marzo" quiere decir que han pasado 23 días desde que comenzó marzo el día 1º. Sin embargo los Romanos se referían a una fecha futura: las Kalendas (el día 1); las Nonas (el día 5 o el 7); los Idus (el día 13 o el día 15). Cada una de estas fechas era el día de las Kalendas, de las Nonas o de los Idus de tal mes. La víspera era el "pridie" y la antevíspera, el día III antes de las Kalendas, las Nonas o los Idus. La fecha de referencia para los días del 2 al 5 o 7 de cada mes eran las Nonas; del 6 o el 8 hasta el 13 0 el 15, los Idus; desde el 14 o el 16 hasta el final del mes, las Kalendas del mes siguiente. Vamos a poner como ejemplo el mes de febrero.
Dies comitalis: Los ciudadanos pueden votar en causas políticas o criminales Dies fastus: Está permitida toda acción legal. Dies nefastus: No puede llevarse a efecto ninguna acción legal o pública por medio de una votación. Endotercisus: Dies fastus por la mañana y dies comitalis por la tarde. Nefastus publicus : Se celebran fiestas religiosas públicas. Nundinae: Se hacen transacciones comerciales y se comparte la charla en el Foro romano. Es el día señalado con una letra determinada de la A a la H que es distinta para cada año. Todos los días que están señalados con esa letra son el día de las nundinae. Cada cuatro años se añadía un día al mes de febrero, y ese día era: "ante diem VI bis Kalendas Martias", es decir, el día 6º antes de las Kalendas de Marzo repetido '(De "sextum bis" o "bis sextum" procede nuestra palabra "bisiesto", referida a los años en que febrero tiene 29 días). El calendario Juliano es el que tenemos hoy día, con las correcciones que en el siglo XVI hizo el Papa Gregorio XIII. En dicho siglo había un desfase de 11 días con respecto al año astronómico, porque se añadía un día cada 4 años, sin tener en cuenta nada más, lo que era excesivo. A partir del calendario Gregoriano, no serán bisiestos los años que terminen en dos ceros, excepto los múltiplos de 400, que sí lo serán (1600 y 2000). Este calendario fue siendo adoptado paulatinamente por los distintos Estados. Inglaterra no lo hizo hasta el siglo XVIII, mientras que España lo había hecho el mismo siglo XVI. Debido a esta diferencia de fechas, los dos grandes genios de la literatura universal, Cervantes y Shakespeare, murieron en la misma fecha, pero en distinto día: la fecha fue el 23 de abril de 1616, aunque el día real de la muerte de Shakespeare según el calendario gregoriano fue el 3 de mayo. De la palabra "Kalendas" viene nuestra palabra "calendario". Los "Idus de marzo" son famosos porque ese día del año 44 a. C. (709 a. V. c.) fue asesinado Julio César. La expresión "ad Kalendas graecas" quiere decir "nunca", porque los griegos no contaban el tiempo de la misma manera.
Cada nueve días había mercado en Roma ("nundinae") y se consideraba día de fiesta en todas las actividades. La semana de 7 días, con uno de descanso, tiene su origen en la Biblia: describe la creación realizada por Dios en seis días, y al séptimo descansó. |
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6.- Aegroto, dum anima est, spes est |
| Cicerón. Ad Atticum, 9, 11 |
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“Ut aegroto, dum anima est, spes esse dicitur, sic ego, quoad Pompeius in Italia fuit, sperare non destiti”. |
“Como cuando a un enfermo se le dice que mientras hay vida hay esperanza, de la misma manera me pasa a mí, que no dejé de esperar en que Pompeyo solucionaría las cosas mientras estuvo en Italia.” |
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COMENTARIO La comprensión de este aforismo es fácil si tenemos en cuenta que entre nuestros refranes está la misma expresión: “Mientras hay vida hay esperanza”, no siempre referido a la vida corporal, como hace Cicerón en esta carta a su amigo Ático. Cicerón vivió desde el año 106 a. C. hasta el año 43, también antes de Cristo. Fue uno de los hombres más importantes de su tiempo, tanto por su vida política, como por su vida literaria y filosófica. Vivió en una época fascinante, en que toda la Roma republicana estaba siendo la protagonista de un cambio profundo, que desembocará en el régimen personal de Julio César, primero, y de Octavio Augusto a continuación, sin vuelta atrás, por muchos intentos que hubo en los años sucesivos. Conocemos muy bien la vida de Cicerón, así como su época, precisamente por sus escritos, principalmente por sus cartas. Mantuvo correspondencia con los principales personajes de su tiempo, y entre ellos estaba su amigo Ático. Éste colaboró con Cicerón en la publicación de sus obras, sobre todo de sus discursos. Tenía una especie de empresa editorial, con múltiples empleados que se dedicaban, primero a tomar los discursos en taquigrafía, para después transcribirlos y, por último, a hacer las copias, que se difundían entre los personajes más importante de su tiempo. No era necesario hacer muchas copias, ya que no eran muchos los que sabían leer. En cuestiones políticas sabemos que Cicerón era de los partidarios de Pompeyo en la lucha que sostuvieron por la supremacía del poder en Roma. Pompeyo procedía de una familia aristocrática, y era el jefe del partido del Senado. Al revés que César, que a pesar de ser también de familia patricia era el representante del partido demócrata o popular. Cicerón era un “homo novus”, es decir, un advenedizo, que, a pesar de ser plebeyo, llegó a las más altas cimas de la sociedad romana. En la guerra civil entre César y Pompeyo, éste fue vencido en la batalla de Farsalia el año 48 a. C., y, por consiguiente, César quedó como único dueño de Roma. Como se aprecia en la carta que escribió a Ático, Cicerón pensó hasta el último momento que Pompeyo iba a ser el vencedor y que iba a llevar a Roma por los derroteros republicanos que César quería abolir. Y esta esperanza le duró mientras Pompeyo todavía estaba en Italia. César, al pasar el Rubicón y dirigirse hacia Roma, consiguió que Pompeyo se dirigiera hacia Brindis con el objetivo de pasar a Grecia, huyendo de César. El encuentro final tuvo lugar en la llanura de Farsalia, en el centro de Grecia, durante el verano del año 48 a. C., y César salió vencedor. Cuando Pompeyo fue vencido, a Cicerón no le quedó más remedio que arrimarse al Dictador, jefe y dominador absoluto de toda la sociedad romana. César se lo hizo pagar. En ocasiones anteriores trató de hacerse con sus servicios, ya que Cicerón tenía una lengua muy poderosa, pero éste siempre se había negado. Al final César aceptó que estuviera con él, cuando ya no le hacía falta, y nunca le admitió en el círculo de los más íntimos. Siempre que Cicerón se dirigía a César para pedirle algo en favor de algún romano que había sido partidario de Pompeyo, lo hacía con un gran servilismo y adulación. Recordemos el discurso “Pro Marco Marcello”. Según Cicerón, no ha habido en toda Roma otra persona con más méritos que César. Se nota que trataba de adularle para que le concediera lo que le pedía en favor de su amigo. Este discurso comienza de la siguiente manera. “Senadores: Hoy, por fin, puedo dar término a mi largo silencio a que os he acostumbrado en estos últimos tiempos. No me he dirigido a vosotros, no porque estuviera poseído de temor ante la majestad de César, sino en parte por el dolor de haber perdido a un amigo y en parte también por vergüenza. Hoy también vuelvo a comenzar a expresar mis voluntades y sentimientos, como lo hacía antes y como ya os tenía acostumbrados. “Es que no puedo dejar pasar por alto de ninguna manera y estar callado ante una tan gran mansedumbre como ha demostrado César en sus perdones; una clemencia tan desusada e inaudita para con los que fueron sus enemigos; unas maneras tan excepcionales para ser un hombre que está en la misma cumbre del poder; y, por fin, una sabiduría tan increíble que, yo diría, que le hace semejante a los dioses.” |
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7.- A. M. D. G. (Ad Maiorem Dei Gloriam) |
“A mayor gloria de Dios”. |
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(San Ignacio de Loyola) |
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COMENTARIO “A mayor gloria de Dios”. Este es el lema de San Ignacio de Loyola, santo español, nacido en la localidad guipuzcoana de Loyola, cercana a Azpeitia, y que fue el fundador de la Orden religiosa de La Compañía de Jesús, es decir, los Jesuitas, a mediados del siglo XVI. Quiere decir que todo lo que se haga hay que hacerlo “a la mayor gloria de Dios”. A. M. D. G. es el título de una novela de Ramón Pérez de Ayala, novelista asturiano de finales del siglo XIX, perteneciente al movimiento literario llamado realismo, juntamente con Pérez Galdós, Valera, Pereda, Palacio Valdés, Leopoldo Alas, Blasco Ibáñez y Pardo Bazán entre otros escritores españoles. En dicha novela, Pérez de Ayala fue alumno de un colegio de la Compañía de Jesús y cuenta las vicisitudes de los alumnos de un colegio de jesuitas en el Principado de Asturias, y de ahí el título. |
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8.- Ad (in) perpetuam rei memoriam |
Para perpetua memoria del hecho. |
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COMENTARIO La misma traducción del aforismo indica lo que quiere decir: algo que se hace en conmemoración de un hecho importante que ha acaecido en el pasado. Generalmente se trata de un monumento. Esta palabra procede del verbo griego mnesqai que significa recordar. Esto quiere decir que un monumento no siempre es algo de tipo arquitectónico, sino que simplemente es un recuerdo de algo o de alguien. En muchas ocasiones se expresa sólo in memoriam. A veces ese es el título de una composición poética: se dedicará a glosar la manera de ser de alguien, sus costumbres, sus influencias, o los sentimientos del autor acerca de la persona en cuestión. Lo mismo si se trata de recordar un acontecimiento o un hecho destacado. |
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9.- AEIOU |
(Austria Est Imperare Orbi Universo) |
Es propio de Austria gobernar sobre todo el Universo |
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(Lema del Kaiser Federico III (1440 / 52 - 1493) |
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En alemán: |
“Alles Erdreich Ist Österreich Untertan” |
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COMENTARIO En el siglo XV el Imperio Austriaco era el que tenía la hegemonía en Europa, ya que detentaba la legitimidad histórica del Sacro Romano Imperio Germánico, es decir, que continuaba la tradición del Imperio Romano de Occidente, antes de que Constantinopla fuera saqueada por los Turcos el año 1451, y también el de Oriente a partir de esa fecha. Los emperadores austriacos creían a pies juntillas que eran los intermediarios entre Dios y los hombres, creían que el poder absoluto mana de Dios, y que ese poder estaba reservado a los soberanos de la casa de Austria. A partir del año 1520 uno de los Emperadores de Sacro Romano Imperio Germánico fue nuestro Carlos I de España y V de Alemania, que sucedió al emperador Maximiliano I, su abuelo. Carlos abdicó de sus reinos poco a poco. A finales de 1555 abdicó de los reinos de Flandes, y a comienzos de 1556 de los reinos españoles Castilla y Aragón en favor de su hijo Felipe. Cuando Carlos abdicó del imperio el año 1556, propuso como sucesor para el Imperio a su hermano Fernando, que había nacido en 1503 en Alcalá de Henares. Fue proclamado omo Emperador de Alemania el día 1 de marzo de 1558. Se da la circunstancia de que Carlos fue rey de España sin haber nacido en ella, y su hermano Fernando fue emperador de Alemania, así mismo, sin haber nacido en territorio de su imperio. Murió en el año 1564. Actualmente éste está enterrado en la catedral de Praga. El término Kaiser con el que se conoce a los emperadores de Austria, no es más que una deformación del nombre propio de Julio César: Iulius Caesar. El diptongo -ae- procedía de otro más antiguo -ai-, que algunos, como el Emperador Claudio pretendía recuperar. Este emperador pronunciaba Caisar. También procede de este término latino el apelativo de los emperadores de Rusia: Zar. Los emperadores romanos, a partir de Augusto tomaron dicho nombre como apelativo genérico de su cargo. A todos se les llamaba César. Más tarde, a comienzos del siglo III d. C. Diocleciano formó la Tetrarquía, es decir, un gobierno de cuatro personas. Dos serían Augustos, y otros dos, Césares. Éstos últimos serían como los ayudantes de los primeros, y sus sucesores. Fue un sistema de gobierno que no tuvo el éxito que se esperaba de él. |
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10.- Alea iacta est |
| Suetonio, Julio César, 32 |
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Cunctanti ostentum tale factum est. Quidam eximia magnitudine et forma in proximo sedens, repente apparuit, arundine canens: ad quem audiendum cum praeter pastores plurimi etiam ex stationibus milites concurrissent interque eos et aeneatores, rapta ab uno tuba prosiluit ad flumen et ingenti spiritu classicum exorsus pertendit ad alteram ripam. Tunc Caesar, "Eatur, inquit, quo deorum ostenta et inimicorum iniquitas vocat. Iacta alea esto" (inquit.)” |
“Ante los que dudaban se manifestó un suceso llamativo. Una persona de gran tamaño y de una belleza singular apareció de repente sentado cerca de las tropas, tocando una flauta de caña. Para oírlo mejor muchos soldados se acercaron desde los puestos de guardia, y, por supuesto, entre ellos estaban los trompeteros. Esta persona quitó la trompeta a uno de ellos y saltó al centro del río. Allí soplando con enorme fuerza interpretó una marcha militar y, a continuación, saltó a la otra orilla. Entonces César dijo: Vayamos adonde nos llaman los prodigios de los dioses y la iniquidad de los enemigos. La suerte está echada”. |
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COMENTARIO Como todo el mundo sabe, esta frase significa "la suerte está echada". La imagen está sacada de los juegos de azar e indica la jugada de los dados: en el momento en que los dados han salido de la mano de quien los lanza, todavía no se sabe cuál va a ser el resultado, pero ya está en marcha y no se puede volver atrás. Esto es lo que quiso decir Julio César cuando pronunció esta frase: que no sabía lo que iba a pasar, pero que no podía dar marcha atrás. César había conquistado la Galia para la República Romana. Pero sobre todo, había conseguido un ejército que le era fiel y eso era lo que atemorizaba al Senado de Roma. Por ello, cuando el Senado nombró a Pompeyo cónsul único, una de las primeras decisiones que tomó fue la de ordenar a César que entregara sus tropas. En la situación de enemistad que existía entre César y Pompeyo, entregar las tropas al enemigo era suicidarse. Por lo cual decidió mantenerlas. Estaban acampadas junto al río Rubicón, que se encuentra al norte de Italia y hacía de frontera entre las provincias de Italia y la Galia Cisalpina. No sabía bien qué decisión tomar, más de cara a los soldados y al Senado que en su interior, porque podemos pensar que lo tenía bien decidido. Sin embargo, aparentemente, estaba perplejo. De repente apareció, según nos lo cuenta Suetonio, un hombre de extraordinaria belleza que tocaba una flauta de caña. Todo el mundo se acercó a verlo: soldados, pastores, músicos,... A uno de los trompeteros le quitó la trompeta, y de un salto se sentó en una piedra que había en el centro del río, mientras tocaba una marcha militar. Para ver tal prodigio se reunió prácticamente todo el ejército. El hombre volvió a dar un salto hacia la otra orilla sin dejar de tocar y animando con gestos a que le siguieran. César no era supersticioso y el asunto de la religión no le quitaba el sueño; pero era un gran psicólogo y se aprovechó de la credibilidad de los soldados que veían en aquello algo sobrenatural. De esta forma, interpretando el prodigio según sus deseos, gritó en voz muy alta: - Esto no es más que la indicación de los dioses de que vayamos a vengar las afrentas que nos están haciendo Pompeyo y el Senado. Los dioses quieren que nos dirijamos a Roma y venzamos al enemigo. ¡Vayamos, pues! La suerte está echada. Los soldados, cuando sabían o creían que los dioses favorecían su empresa, luchaban con más ardor y ánimo. Así, cuando Pompeyo se enteró de lo que había hecho César, abandonó Roma. (Cfr. Aegroto, dum anima est, spes est)
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11.- Aliquando bonus dormitat Homerus |
| Horacio: Ars poetica 359 |
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“Et idem indignor quandoque bonus dormitat Homerus; verum operi longo fas est obrepere somnum” |
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Ciertamente yo mismo me indigno porque en algunas ocasiones hasta el bueno de Homero se queda traspuesto; aunque cuando el trabajo es largo está permitido que el sueño haga acto de presencia. |
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COMENTARIO El gran poeta Homero, autor de las dos epopeyas más grandiosas de la antigüedad clásica, La Ilíada y La Odisea, podía permitirse el lujo de cometer algún error, lo cual no empaña en absoluto su grandeza. Es como si se dejara llevar por el sueño en algún momento, de forma que el verso o la narración no le saliera todo lo bien a que nos tenía acostumbrados. En el libro XV de la Odisea, Menelao se muestra tan casero que manda a su camarero Etheoneo que vaya a encender la lumbre y asar el almuerzo de Telémaco, con otras vulgaridades y puerilidades indignas de la pluma de Homero. Esto fue lo que indujo a Horacio a escribir la frase en cuestión. (Cfr. José Mª Iribarren, El porqué de los dichos, pág. 324) Dice Horacio que las personas que se dedican a escribir, sobre todo poesía, pueden tener el peligro de quedarse un poco dormidos durante su trabajo, ya que es pesado y largo, y, además, en solitario. Él se indigna, pero lo comprende. Horacio escribe estos versos en la “Epistula ad Pisones”, un conjunto de consejos de tipo literario que dirige a los hijos de Calpurnio Pisón, gran personaje de la sociedad Romana (los Pisones). También es conocida esta carta con el título de “Ars poetica”, ya que los consejos que da son referentes a las artes poéticas, a las leyes que rigen la creación poética: composición, elocución, métrica. Ante todo el creador literario tiene que tener muy claro que se dedica a un oficio que exige un trabajo continuo que le hará huir de la mediocridad. En nuestro idioma tenemos más de un refrán que expresa muy bien lo que quiere decir: “Hasta el mejor escribano echa un borrón”. Todas las personas tenemos la debilidad de cometer errores, hasta el más experto en su trabajo. ¿Quién era Horacio? Suetonio en su libro “De viris illustribus”, en el apartado “Vita Horatii”, 16, nos lo dice de la siguiente manera:
Quintus Horatius Flaccus (65 - 8 a. C.) nació en Venusia, cerca de Lucania. Su padre era un liberto que se dedicaba a recaudar el dinero de los impuestos (coactor), que es lo que nos dice el mismo Horacio, pero que, según otros, también hacía negocios como traficante de salazones (salsamentarius). De ahí que cuando se le quería molestar se le decía: “Quotiens ego vidi patrem tuum bracchio se emungentem!”, “¡Cuántas veces he visto a tu padre con el brazo metido hasta el codo!” (Suetonio, op. cit.). Horacio no se avergonzó en ningún momento de su origen, ya que su padre le dio todo lo necesario para que tuviera una sólida formación moral y los medios para que su instrucción fuera la misma que la de los niños de las familias nobles. Su padre le llevó a Roma todavía muy joven, con lo que se convirtió en un joven urbano, sin referencia a la vida campestre y rural, como Virgilio, aunque ama el campo por la tranquilidad que se respira y como refugio en los momentos de mayor actividad. Allí, en Roma, fue su padre quien le dio las primeras lecciones como pedagogo, ya que él prefería no tener que fiarse de un esclavo para una tarea tan delicada. Pasó al estudio de la gramática y leyó las obras de los antiguos escritores latinos, pero también de los griegos, y leyendo las muestras de la poesía griega descubrió su vocación por la belleza. Sus primeros versos los escribió en griego. Gracias a la generosidad y a la inteligencia de su padre, Horacio pudo ir a completar sus estudios a Atenas. Allí le llegó la noticia de la muerte de César, y de los consiguientes problemas que se originaron en Roma a raíz del asesinato del dictador. Horacio pertenecía al círculo de los jóvenes partidarios de la república, causa que veían defendida por Bruto. Éste le encontró cuando fue a Grecia a reclutar soldados para su ejército, y le confirió el cargo tribunus militum (tribuno de los soldados). Participó en el año 42 en la batalla de Filippos, y como él bien dice, no tenían nada que hacer contra el ejército de Antonio y Augusto. Por ello, en el momento de la derrota fue uno de los que tiró el escudo y huyó. Él nunca lo consideró deshonroso. Se benefició de la amnistía decretada por el triunvirato formado por Octavio Augusto, Marco Antonio y Lépido. Quedó arruinado, y compró un cargo de escribano en las oficinas de los cuestores, lo que le permitió poder escribir poesía, (Sátiras y Epodos) con lo que comenzó a darse a conocer como poeta. Virgilio y Vario adivinaron su valor y porvenir en el campo de la poesía y le presentaron a Mecenas el año 39. La primera entrevista fue fría, ya que Horacio era tímido y no hubo comprensión mutua en aquel momento. Más tarde se volvieron a encontrar, ya que Mecenas valoró mucho la discreción de Horacio que no había hecho nada para volver a verle, le llamó y le introdujo en el círculo de sus amigos. Mecenas ha pasado a la historia de una manera un tanto gris, bajo la sombra de Augusto, por un lado, de quien fue consejero, y de los grandes poetas a los que apadrinó y a los que proporcionó la suficiente seguridad para que pudieran dedicarse a llevar a cabo sus obras maestras. Mecenas despreciaba la vulgaridad y se dejaba llevar por una elegancia discreta y refinada al mismo tiempo. El año 33 a. C. Mecenas le regaló una casa de campo en la Sabinia. Augusto quiso hacer de Horacio su secretario epistolar, pero él no se aprovechó de la situación para trepar en los distintos cargos de la administración. Prefería esa “aurea mediocriotas” que se podría interpretar como una medianía tranquila y sin sobresaltos, pero que al mismo tiempo produce tanto placer que se puede comparar con el oro. Conservaba su ocio sin molestar a nadie en provecho de sus letras y de la filosofía. Su vida se desarrollaba entre Roma y su finca de la Sabinia, de una forma tranquila que le permitía dedicarse a sus poemas. El año 8 a. C. murió Mecenas no sin antes haber recomendado a Horacio delante de Augusto. Pero el mismo Horacio murió poco después de una manera repentina y sin haber podido redactar su testamento. Lo que no fue óbice para que delante de todos los que pudieron oírle decretase que Augusto era el destinatario de todos sus bienes. Se le hicieron unos suntuosos funerales y se le enterró cerca de donde había sido enterrado Mecenas. Era un hombre rechoncho y tranquilo, debido a su complexión. Supo gozar sin estridencias de todos los placeres del campo y de la ciudad, de la sociedad más escogida de Roma y de la soledad de su finca. Fino observador y agudo psicólogo nada le pasaba inadvertido. Su moral era la de la moderación, práctica y realista. Se defendía cuando se le atacaba y se enfadaba cuando alguien escribía mal o con malos versos. Era bastante egoísta y no tiene nada de héroe. |
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12.- Altius, citius, fortius |
Más alto, más rápido, más fuerte. |
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Lema olímpico |
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COMENTARIO Cuando el Barón Pierre de Coubertain quiso volver a instaurar los Juegos Olímpicos (las primeras Olimpiadas de la era moderna se celebraron en Atenas el año 1896) como instrumento de la paz y de la concordia entre los pueblos, estableció el lema “altius, citius, fortius” (más alto, más rápido, más fuerte) como símbolo de la superación que ha de tener todo ser humano, y sobre todo los deportistas. Este lema no se queda en la mera superación física, sino que va más allá, y trata de que el compromiso olímpico sea un germen para la paz y la concordia entre todas las naciones Era algo semejante a lo que sucedía en la antigüedad clásica. Cuando cada cuatro años se anunciaban los Juegos en Olimpia, se decretaba una tregua para que pudieran celebrarse con todas garantías: las guerra se dejaban de lado. |
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13.- Amantes, amentes |
| Terencio. Andria 218 |
| “Nam inceptiost amentium, haud amantium” |
| Pues esto que has comenzado es más propio de dementes que de amantes |
| Plauto, Mercator 82 |
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Charinus: “Ego me ubi invisum meo patri esse intellego atque odio me esse, quoi placere aequom fuit, amens amansque animum offirmo meum: dico esse iturum me mercatum, si velit, amorem missum facere me dum illi obsequar”. |
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(Habla Carino) Cuando me doy cuenta de que mi padre me odia y que yo también tengo odio a quien es justo que agrade, yo, demente y amante, persisto en mi objetivo: si quiere, le digo que yo iré al mercado y así llego a hacer el amor mientras le obedezco. |
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COMENTARIO Se trata de un juego de palabras que casi se puede interpretar de la misma manera en Castellano. Ya se sabe que con frecuencia se compara a los amantes con los locos, con los dementes, que pierden el sentido por la persona amada. Pero, además, se trata de un juego de palabras muy utilizado en la comedia, que en muchas ocasiones, como ocurre actualmente, son motivo de risa. Terencio y Plauto son los dos máximos representantes de la comedia romana. Plauto más popular, Terencio más culto, pero los dos igualmente ingeniosos. Como es lógico, el más popular es el que tenía más favor del pueblo, y, por eso, se representaba más y nos han quedado más comedias. Los dos tomaban sus argumentos de otras obras anteriores, incluso griegas, pero no lo hacían de una manera servil, sino que le daban ese toque romano, de manera que se puede afirmar que las comedias, que en su día fueron griegas, ahora son completamente romanas. Incluso en ocasiones el argumento está tomado no de una, sino de varias obras anteriores. Este procedimiento, muy empleado en la literatura se conoce con el nombre de contaminatio, es decir, contaminación, mezcla. Muchas de estas comedias han quedado como ejemplo y modelo, tanto por su forma y argumento, como por el contenido moral que encierran. Autores de tanta fama como Molière o Shakespeare han retomado sus argumentos y han creado unas obras excelentes: Aulularia y Amphitruo de Plauto le han servido a Molière para componer El avaro y Anfitrión. Los personajes son muy variados, pero en resumidas cuentas son siempre los mismos: los esclavos hábiles que tratan de engañar a todo el que se pone a tiro, sobre todo a su amo para conseguir la libertad; los jóvenes enamorados, que buscan satisfacer su amor engañando a sus padres; el soldado fanfarrón; el parásito, que se invita en las casas de los ricos a cambio de sus chistes y ocurrencias; el mercader de esclavas, que es el personaje odioso de las comedias. Terencio tiene más arte para describir y pintar los sentimientos más tiernos, además de un talante moral que le hace predecesor de la comedia moral. En su comedia Oi Adelfoi (Los Hermanos) contrapone la educación de dos hermanos, la de uno a quien se había educado de una manera firme y estricta y la del otro, que había tenido más libertad de acción. |
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14.- Amici, diem perdidi |
| Suetonio, Tito, 8, 1 |
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“Atque etiam recordatus quondam super cenam, quod nihil cuiquam toto die praestitisset, memorabilem illam, meritoque laudatam vocem edidit: `Amici, diem perdidi´.” |
Y también habiendo recordado en cierta ocasión, al terminar de cenar que no había hecho algo por alguien en todo el día, dijo aquella frase memorable y que ha recibido multitud de alabanzas con toda razón: “Amigos, he perdido el día” |
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COMENTARIO Al emperador Tito se le conoce más por lo que hizo antes de ser emperador que por su reinado. Sólo duró dos años, ya que murió en el año 81 d. C. contagiado por unas fiebres cuando se dedicaba a cuidar a los enfermos. Antes de subir al trono su padre, el emperador Vespasiano le encargó que suprimiera la revuelta de los judíos en Jerusalén, y el procedimiento que empleó fue el del incendio, con lo que prácticamente destruyó la ciudad y, con ella, el templo, el famoso templo de Jerusalén. Su padre le concedió el triunfo y construyó en su honor un arco de triunfo, el arco de Tito, decorado con relieves que cuentan sus hazañas en Jerusalén. Sin embargo, parece que su carácter era bondadoso, como lo atestigua el hecho de que muriera contagiado por los enfermos que cuidaba. El testimonio del historiador Suetonio en la Vida de Tito, en la que cuenta ese episodio tan aleccionador va en la misma línea: se ve un espíritu entregado a hacer el bien a los demás, y contrasta con la fiereza con la que destruyó la ciudad de Jerusalén y su templo. Suetonio, el historiador que narra la vida de Tito, así como la de los 12 primeros Césares (desde Julio César a Domiciano) más que historiador se puede considerar un enciclopedista, una persona a la que gustaba ir a lo archivos, buscar en las bibliotecas, y hacerse con los datos y detalles de cada una de las personas que biografiaba. Este es el género que él escribía más a gusto y el que mejor se conserva. Escribió el libro “De viris illustribus” biografías de emperadores romanos, pero también de otros personajes extranjeros en “De excellentibus ducibus exterarum gentium”, entre los que aparecen, Aníbal y Temístocles. Le interesaba más la persona que la calidad que pudiera tener; tiene cualidades de historiador: búsqueda del detalle, gran información, espíritu crítico e imparcialidad. Trata de explicar el carácter de las personas por la influencia de la herencia, y es el primero que cita las fuentes de los archivos de donde las toma. Sin embargo la composición es excesivamente monótona, repetida en distintas biografías. (Cfr. Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, Ed. Planeta, 6ª edición, pág. 26 ss.) |
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15.- Amicus certus in re incerta cernitur |
| Quinto Ennio | Cicerón, De amicitia, 64 |
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“Itaque verae amicitiae difficillime reperiuntur in iis, qui in honoribus reque publica versantur; ubi enim istum invenias, qui honorem amici anteponat suo? Quid? Haec ut omittam, quam graves, quam difficiles plerisque videntur calamitatum societates! Ad quas non est facile inventu qui descendant. Quamquam Ennius recte: “Amicus certus in re incerta cernitur”, tamen haec duo levitatis et infirmitatis plerosque convincunt, aut si in bonis rebus contemnunt aut in malis deserunt. Qui igitur utraque in re gravem, constantem, stabilem se in amicitia praestiterit, hunc ex maxime raro genere hominum iudicare debemus et paene divino” |
Ciertamente con dificultad se encuentran verdaderas amistades entre los que se dedican a la política y están rodeados de honores; ¿dónde vas a encontrar a alguien que anteponga el honor de su amigo al suyo propio? ¿Y qué? Por dejar aparte estas cuestiones, ¡qué pesado y difícil parece a la mayoría participar en las desgracias ajenas! No es fácil de encontrar unos amigos tan grandes que desciendan hasta estas desgracias. Aunque Ennio dice con toda justeza: “Al amigo auténtico se le encuentra en el momento de más incertidumbre”, Sin embargo estas dos situaciones hacen que muchos evidencien frivolidad y flaqueza, que son, cuando los desprecian en las situaciones favorables, o los abandonan cuando les sale algo mal. Debemos juzgar que quien en ambas situaciones se muestre firme, constante y estable en la amistad, sobresale de la estirpe de los hombres y pasa, como si dijéramos, a engrosar la de los dioses. |
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COMENTARIO Otra vez nos encontramos con Cicerón, pero en esta ocasión no es un discurso suyo el que es objeto de nuestro comentario, sino una obra filosófica, dedicada a la amistad (De amicitia). Junto con otra pequeña obra que dedica a la vejez (De senectute), forman un conjunto de pensamiento filosófico amable, sin grandes pretensiones, pero con una gran profundidad. Estos dos escritos son de lo último que escribió Cicerón. Los escribió durante el verano o el otoño el año 44 a. C. La situación política de Roma era de una cierta calma, precursora de los acontecimientos que ocurrirían durante los años siguientes: las guerras civiles y el desmantelamiento de la república romana. El día 15 de marzo de ese año había sido asesinado César, y en diciembre del año siguiente sería también asesinado Cicerón. Tenía 62 años, que para aquella época era una edad avanzada. Se le nota paternalista, con unas ideas más propias de un anciano que de una persona joven. En realidad son ancianos los protagonistas de estas dos obras, que van exponiendo sus ideas sobre la amistad (Lelio) y sobre la vejez (Catón el Censor), pero en realidad son las ideas de Cicerón sobre estos mismos temas. Da la impresión de que en Laelius de amicitia, lo mismo que en la que le precede, Cato Maior de senectute, y con la que forma una especie de unidad, tanto por los temas como por la forma y el título, Cicerón quiere abstraerse de la situación política del momento y dedicarse al otium, es decir, a hacer cosas que le eran agradables; en cierto modo ya se había retirado del negotium de la política. Dedica estas dos obras a su amigo Atticus. En De senectute, Cicerón se siente viejo de cuerpo pero no de espíritu, y quiere compartir esos sentimientos con su amigo. En De amicitia, se siente, sobre todo, amigo de Ático, una persona que había acompañado a Cicerón en todas las vicisitudes de la vida, en los momentos buenos y en los no tan buenos. Además, Ático fue el editor de las obras de Cicerón. Tenía una especie de “editorial”, con taquígrafos que recogían sus discursos y luego los transcribían. Tenían que ser ediciones forzosamente reducidas, pero gracias a ellas podemos hoy disfrutar y aprender con su lectura. Cicerón quería dejar constancia de que se les podía considerar AMIGOS, como a las distintas parejas que a lo largo de los años habían vivido en Roma La forma elegida para esta obra es la del DIÁLOGO, que se supone ocurrió el año 129 a. C., pocos días después de la muerte de Escipión el segundo Africano muy amigo de Cayo Lelio. Los personajes son tres: Caius Laelius, (190 ? - 129 a. C., pretor el año 145 a. C. y cónsul el año 140 a. C.) que es el que, gran amigo, ofrece todo un recital sobre la amistad, y sus dos yernos, Quinctus Mucius Scaevola (157 - 84 ? a. C., pretor el año 121 a. C. y cónsul el 117 a. C.) llamado el Augur, para diferenciarlo de su sobrino el Pontífice, y Caius Fannius (las fechas de su vida son desconocidas; se sabe que fue tribuno de la plebe el año 142 a. C., y cónsul el año 122 a. C.) El contenido de la obra es el siguiente: Cicerón recuerda una conversación que él había oído al Augur Mucio Escévola. Éste había sido yerno de C. Lelio, y en cierta ocasión, con motivo de la muerte de Escipión el Africano, del que era muy amigo, habían conversado sobre la amistad. Ésta es la conversación a que se refiere Cicerón. Y la cuenta a modo de diálogo entre las tres personas a que hemos aludido anteriormente. Después del preámbulo en el que se presentan los personajes y la ocasión para conversar sobre la amistad, Fanio hace a C. Lelio tres preguntas sobre la amistad: “quid sentias?, qualem existimes? Et quae praecepta des?. Estos son los tres grandes capítulos en que se divide esta obrita.
Una canción popular española dice lo siguiente:
Si una persona está presente cuando al amigo le van mal las cosas, cuando su situación es mala, cuando está arruinado, cuando le han abandonado hasta sus familiares, entonces se puede decir que es un amigo de veras, que no va tras fines bastardos ni egoístas, sino que lo único que quiere es el bien del amigo, acompañarlo en los momentos difíciles, y, si es posible, echarle una mano cuando lo necesite. |
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16.- Amicus Plato, sed magis amica veritas |
| Ammonio | Aristóteles. Ética a Nicómacho |
| Platón es mi amigo, pero la verdad es más amiga |
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Amfoin gar wntoin filoin osion protiman thn alhJeian |
Porque es justo que la verdad esté por encima de los dos que son amigos. |
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COMENTARIO Este aforismo desvela la típica antinomia de la amistad y la verdad. “Me tienes que creer, que soy tu amigo”, “¡Vaya amigo! No me cree”, son frases que se dicen y que ponen de manifiesto el concepto erróneo que tienen algunas personas acerca de la amistad. A un amigo hay que acompañarlo, hay que ayudarlo, hay que desearle lo mejor del mundo, hay que alegrarse con sus éxitos y entristecerse con sus fracasos; pero no se puede pedir a un amigo que haga algo inmoral invocando la amistad, no se le puede pedir que mienta, por ser su amigo. En esto se demuestra muy a las claras que el que pide a un amigo tales cosas no es verdadero amigo, sino egoísta, que no busca el bien del amigo sino beneficiarse de su amistad, sin tener en cuenta a la otra persona.
(Cfr. Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, De. Planeta, 6ª edición, pág. 22 ss.) |
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17.- Amor vincit omnia |
| Virgilio, Bucolica, 10, 69 |
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“Ibo et Chalcidico quae sunt mihi condita versu carmina pastoris Siculi modulabor avena. Certum est in silvis inter spelaea ferarum malle pati tenerisque meos incidere Amores arboribus: crescent illae, crescetis, Amores”. “Omnia vincit Amor: et nos cedamus amori.” |
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Por más trabajos que hagamos, no podremos cambiar al dios del Amor, ni siquiera si en los momentos más fríos del año tratamos de beber el agua del río Hebro (se refiere al río Maritza, que está en Tracia), ni si soportamos en un invierno húmedo, las nieves que tienen los Sitonios, ni si trasladamos las ovejas de los Etíopes más al sur hasta la constelación de Cáncer cuando la corteza se seca y muere en lo alto del olmo. El amor vence todas las cosas: capitulemos ante el amor. |
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COMENTARIO La traducción de los versos de Virgilio dice bien a las claras el sentido de la frase final, que no es otra cosa que una recapitulación de todo lo anterior. En los versos anteriores también pone distintos tipos de pruebas que suele o puede hacer el enamorado, y que dan sentido al verso final. Virgilio es el máximo exponente de la poesía épica romana con su poema La Eneida, pero es un eminente lírico, sobre todo en poesía pastoril. Su obra Las Bucólicas se compone de 10 poemas más bien cortos, que no sobrepasan los 100 versos, y que trata de las virtudes del campo, de la vida retirada. Virgilio, en sus Bucólicas, imita al griego Teócrito, que era el máximo representante de la literatura pastoril en la Grecia Clásica, pero no lo imita de una manera servil, sino que, teniéndolo como modelo, construye unos poemas totalmente originales. Publio Virgilio Marón nació el año 70 a. C. en Andes, cerca de Mantua, en la Galia Cisalpina, al norte de Italia. Su salud fue bastante delicada y tenía una gran sensibilidad para recoger todo lo que su tierra natal, la dulce y brumosa Lombardía, le ofrecía. Él fue siempre hombre de campo, estuviera en el lugar que estuviera, fuera la capital, Roma, o cualquier otro sitio: como buen hombre de campo, gustaba de la vida tranquila, amaba a la tierra, era realista y un tanto tímido. Siempre recordaba la tierra y la campiña, aun cuando los temas fueran épicos. Estudió la gramática en Cremona, y la retórica en Milán y Roma. Aquí se interesó por los círculos poéticos de Catulo, los “poetae novi”, y Lucrecio, que le despertaron su vocación y aprendió; lo mismo que en Nápoles, donde estudió todas las ciencias de entonces y adquirió el sentido de observación tan fino característico de su poesía. Pero volvió al campo, que era donde se encontraba más a gusto (año 43 a. C.). Tal vez fue expropiado de sus posesiones para la entrega de tierras a los veteranos de las guerras civiles, pero, sea como fuere, más tarde recibió la recompensa, tanto por parte de Augusto como de otros bienhechores (Mecenas), de tal forma que llegó a contar con una fortuna suficiente para poder dedicarse a la poesía. Por razones de salud dejó la Cisalpina y se estableció en la Campania, donde se dedicó a escribir sus poemas, cuya composición tuvo que interrumpir en repetidas ocasiones por su mala salud: sufría de la garganta, del estómago, de la cabeza, y tenía vómitos de sangre. Hacia los 28 años comenzó a escribir las "Bucólicas", tarea que le ocupó 4 años. Se trata de cierto tipo de poesía pastoril, a imitación de los “Idulia“de Teócrito, pero imita con total libertad. Es un género ficticio, pero su sentir por el campo es muy fuerte, real y encantador, sobre todo en sus descripciones. Son 10 poemas no demasiado largos. Sólo dos pasan de los 100 versos: el 3º y el 8º. A continuación, durante siete años compuso las "Geórgicas": cuatro libros de algo más de 500 versos cada uno, que tratan sobre las labores del campo: tanto de los vegetales como de los animales. Destacan ciertos episodios, como los prodigios a la muerte de César (libro I); el elogio de Italia (libro II); la peste de los animales (libro III); Aristeo (libro IV), así como el tratamiento que da a las abejas. Es la obra más perfecta de Virgilio, porque hacer interesante un poema didáctico tiene gran mérito. Se nota su ascendencia rural en el tratamiento de los temas y de las descripciones. Pero su obra cumbre es la "Eneida", a la que dedicó los 11 últimos años de su vida. Virgilio deseaba coordinar la belleza griega con el espíritu nacional romano, sumergirse en los tiempos homéricos y servir a la gloria de Augusto. El establecimiento en Italia del Troyano Eneas le pareció adecuado para su proyecto. Era una vaga leyenda que encontró apoyo en los santuarios, sobre todo en los de Venus, y que agradó a la imaginación de muchas familias nobles de Roma que pretendían entroncar con antepasados troyanos: los Julios en particular, familia adoptiva de Augusto, consideraban antepasado suyo a Iulo, hijo de Eneas y nieto de Venus. Mientras trata de las vicisitudes de Eneas, jefe Troyano, para fundar una nueva Troya, dedica su entusiasmo a Augusto y a Roma. A Augusto, porque le hace descendiente de Iulo, hijo de Eneas y nieto de la Diosa Venus. A Roma, porque a través de toda la narración es Roma quien está presente. No en realidad, pero sí en el pensamiento y en el futuro. Por todo ello fue considerado el poema nacional, la epopeya que necesitaba Augusto para dignificar su cargo y, de paso, hacer de Roma lo más grande, ya que estaba en el pensamiento de los dioses; por ella los hombres entablan grandes combates: "Tantae molis erat Romanam condere gentem!” ¡Ay que ver lo que costaba poder fundar la raza romana! Murió cuando estaba preparando un viaje a Grecia para comprobar in situ la localización de los hechos de su poema. Cuando estaba a punto de morir rogó a Augusto que quemara La Eneida, ya que consideraba que no esta a terminado y que le faltaba una revisión a fondo. ¡Menos mal que Augusto no le hizo caso! Esto ocurrió en el año 19 a. C. (cfr.: http://sapiens.ya.com/jomicoe/poesía épica) En algunos establecimientos que se dedican a vender cosas curiosas, se puede encontrar un artículo que se llama “almohada romana antirronquido”. Se trata de una pequeña almohadita rellena de hierbas aromáticas, como salvia, eucalipto, etc., que, según reza en la propaganda, ayudan a respirar y a dormir más placenteramente. Tiene bordada una inscripción: “amor vincit omnia et ubi stertet”, que se puede traducir por “el amor supera todas las cosas, incluso cuando se ronca”. En este texto hay una falta gramatical, ya que la forma stertet que procede del verbo sterto de la 3ª conjugación latina, no es presente ni de indicativo (stertit) ni de subjuntivo (stertat). La forma stertet es futuro imperfecto, y por lo tanto habría que traducirla por roncará, cosa que, evidentemente, no tiene sentido. En la localidad de Villalómez, provincia de Burgos, el musicólogo burgalés Federico Olmeda encontró un canto de siega en que este aforismo está presente. Se ve cómo hasta en los cantos populares aparece el dicho de que el amor todo lo puede.
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18.- Argumentum baculinum |
| El argumento del bastón:“La ley del más fuerte” |
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COMENTARIO En Español tenemos refranes que vienen a decir lo mismo: “La ley del más fuerte”, “La fuerza de la razón y no la razón de la fuerza”. No se puede tener una razón basada en la utilización de la fuerza como máximo argumento. En el Quijote, segunda parte, capítulo XLIX, hay un episodio que ilustra este aforismo. Sancho Panza había sido nombrado gobernador de la Ínsula Barataria. Una de las funciones del gobernador era salir de ronda por la noche. “En esto llegó un corchete que traía asido un mozo y dijo - Señor gobernador, este mancebo venía hacia nosotros, y así como columbró la justicia, volvió las espaldas y comenzó a correr como un gamo: señal que debe de ser algún delincuente; yo partí tras él, y si no fuera porque tropezó y cayó, no le alcanzara jamás. - ¿Por qué huías, hombre? - preguntó Sancho. A lo que el mozo respondió: - Señor, por excusar de responder las muchas preguntas que las justicias hacen. - ¿Qué oficio tienes? - Tejedor. - ¿Y qué tejes? - Hierros de lanzas, con licencia buena de vuestra merced. - ¿Graciosico me sois? ¿De chocarrero os picáis? ¡Está bien! ¿Y adónde íbades ahora? - Señor, a tomar el aire. - ¿Y adónde se toma el aire en esta ínsula? - Adonde sopla. - ¡Bueno, respondéis muy a propósito! Discreto sois, mancebo, pero haced cuenta que yo soy el aire y que os soplo en popa y os encamino a la cárcel. ¡Asidle, hola, y llevadle, que yo haré que duerma allí sin aire esta noche! - ¡Par Dios -dijo el mozo-, así me haga vuestra merced dormir en la cárcel como hacerme rey! - Pues ¿por qué no te haré yo dormir en la cárcel? -respondió Sancho-. ¿No tengo yo poder para prenderte y soltarte cada cuanto que quisiere? - Por más que vuestra merced tenga -dijo el mozo-, no será bastante para hacerme dormir en la cárcel. - ¿Cómo que no? -replicó Sancho-. Llevadle luego donde verá por sus ojos el desengaño, aunque más el alcaide quiera usar con él de su interesada liberalidad, que yo le pondré pena de dos mil ducados si te deja salir un paso de la cárcel. - Todo eso es cosa de risa -respondió el mozo-. El caso es que no me harán dormir en la cárcel cuantos hoy viven. - Dime, demonio -dijo Sancho-, ¿tienes algún ángel que te saque y que te quite los grillo que te pienso mandar echar? - Ahora, señor gobernador -respondió el mozo con muy buen donaire-, estemos a razón y vengamos al punto. Presuponga vuestra merced que me manda llevar a la cárcel y que en ella me echan grillos y cadenas y que me meten en un calabozo, y le ponen al alcaide graves penas si me deja salir, y que él lo cumple como se lo manda. Con todo esto, si yo no quiero dormir, y estarme despierto toda la noche sin pegar pestaña, ¿será vuestra merced bastante con todo su poder para hacerme dormir, si yo no quiero? - No, por cierto -dijo el secretario-, y el hombre ha salido con su intención. - De modo -dijo Sancho- que no dejaréis de dormir por otra cosa que por vuestra voluntad, y no por contravenir a la mía. - No, señor -dijo el mozo-, ni por pienso. - Pues andad con Dios -dijo Sancho-, idos a dormir a vuestra casa, y Dios os dé buen sueño, que yo no quiero quitárosle; pero aconséjoos que de aquí en adelante no os burléis con la justicia, porque toparéis con alguien que os dé con la burla en los cascos. Fuese el mozo y el gobernador siguió con su ronda". Como se ve en este episodio la fuerza de la razón salió vencedora de la razón de la fuerza. |
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19.- Ars longa, vita brevis |
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Séneca, “De brevitate vitae I, 1 |
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“Nec huic publico, ut opinantur, malo turba tantum et imprudens vulgus ingemuit, clarorum quoque virorum hic affectus querulas evocavit. Inde illa maximi medicorum exclamatio est: vitam brevem esse, longam artem” |
Es la común opinión que en relación a este mal público (la muerte) el vulgo, tan numeroso y tan imprudente no ha llorado ni ha organizado tumultos, aunque la pasión de los hombres famosos sí que ha propiciado ciertas quejas. De ahí viene aquella exclamación del más grande de los médicos, en el sentido de que la vida es breve, mientras que el arte es largo. |
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COMENTARIO Séneca era cordobés, y fue uno de los miembros más importantes de la familia de los Anneo. Fue hijo de Séneca el Retor, y tío del gran poeta Lucano, autor del poema Farsalia. Lucio Anneo Séneca, llamado El Filósofo para distinguirlo de su padre, siguió la doctrina filosófica del estoicismo, que es la que aparece en casi todas sus obras. También se metió en política, y en algunas ocasiones tuvo mala prensa, como cuando Mesalina, la primera esposa del Emperador Claudio lo mandó desterrar a Córcega. Sin embargo la segunda esposa de Claudio lo hizo volver. Después del incendio de Roma, la gente estaba muy descontenta con Nerón, porque no les había gustado el rumor que se había corrido por toda la ciudad, de que mientras las llamas devoraban Roma, él había estado recitando versos. A otros les disgustaba que hiciera de actor en los juegos públicos, porque, decían, rebajaba la categoría del emperador. Séneca había sido el preceptor de Nerón durante los primeros años de su vida, y, luego, ministro de su gobierno. Cuando vio que las cosas se ponían feas para Nerón, Séneca le pidió que le permitiera retirarse de la vida pública para vivir como una persona privada. Tenía una considerable fortuna personal y podría vivir cómodamente el tiempo que le quedara de vida. Nerón se lo negó una y otra vez. Séneca llegó a estar a disgusto en compañía del príncipe al que veía cometer unas acciones que no aprobaba en absoluto. Por eso no miró con malos ojos la conspiración que se fraguaba para matar a Nerón, cuyo cabecilla era Pisón, de familia noble, y que aspiraba a ser el sustituto del príncipe. Esta conspiración fue mantenida en secreto durante más de un año, porque los conjurados no se atrevían contra la majestad del emperador. Tenían, como todos los romanos, un gran respeto por el César. ¿Estaba Séneca metido en esta conspiración? Hay quien dice que Pisón no era otra cosa que un hombre de paja y, que, una vez que se hubiera dado muerte al príncipe, se quitaría a Pisón para poner a Séneca. Pero esto no se ha podido probar. Precisamente, por ese respeto de los Romanos hacia su emperador, la conspiración fue descubierta y delatada por un liberto de Escevino, que había sido el designado para dar el primer golpe. Aunque Tigelino, el jefe de la guardia pretoriana, había puesto junto a Escevino a su hombre de confianza, Natalis, para conocer todo el proceso, Escevino, al ser amenazado con el tormento, cantó de plano, nombró a Pisón como cabecilla de la conspiración e incriminó a Séneca además de a otros cómplices. Escevino dio más nombres, de forma que se descubrió toda la trama. Nerón, entonces, mandó a Pisón la orden de suicidarse, cosa que hizo cortándose las venas. Los demás conspiradores fueron muriendo, unos por suicidio, otros por ejecución. Nerón creyó completamente que Séneca estaba metido en el asunto, y por eso le dio la orden de que se suicidase. Séneca, como hemos dicho, practicaba una filosofía procedente de Grecia, llamada estoicismo, por la que se pretendía llegar a vencer todas las pasiones y someterlas al mandato de la inteligencia y voluntad. Así que sin manifestar ninguna emoción, pidió que se le dejase modificar su testamento. No se le permitió, y dijo a los que estaban con él: - "Ya veis que se me impide que os agradezca los méritos que habéis contraído para conmigo. Sin embargo, os dejo algo más valioso, que es el recuerdo de mi vida. Si lo seguís, habréis de ser felices. No debéis llorar. ¿Qué ha sido de las conversaciones que hemos tenido? ¿Adónde han ido a parar todos los preceptos de sabiduría de que hemos hablado? ¿No conocíais la crueldad de Nerón? A uno que ha matado a su madre y a su hermano no le importa matar incluso a su preceptor, maestro y amigo." A continuación se dirigió a su joven y bella esposa, Paulina, para consolarla, pero ella no estaba dispuesta a abandonarle y quería morir con él. Séneca accedió, porque lo consideraba un acto lleno de gloria y amor para con él. Los dos se abrieron las venas de las muñecas. Séneca era ya una persona mayor y la sangre no fluía con la rapidez necesaria; por eso se hizo abrir también las de las piernas. El dolor era insoportable y para no flaquear al ver el dolor de su esposa, y que ella a su vez no lo hiciera, la pidió que se fuera a otra habitación. Allí le restañaron las heridas y la curaron. Nerón no tenía nada contra Paulina, y hubiera parecido una crueldad innecesaria. Séneca, a pesar de todo, no acababa de morir, y mandó a Estacio Anneo, su amigo íntimo, que le suministrara un veneno para terminar de una vez. Le dio cicuta, pero no le hizo efecto, por causa de su debilidad. Mandó entonces que se le metiera en un baño tibio. En seguida se llenó de sangre. Roció a los presentes con esta agua sanguinolenta mientras invocaba a Júpiter. Los vapores del agua terminaron por asfixiarle. No se le hizo ningún funeral ni ninguna honra fúnebre. Según su propia voluntad, se le incineró y sus cenizas fueron esparcidas. “La vida es breve, mientras que el recuerdo de la vida y lo que nos ha dejado es mucho más largo”. Este se puede considerar el testamento de Séneca. No es que fuera una vida la suya excesivamente breve, ya que vivió cerca de 65 años, pero ¿qué son estos años comparado con la humanidad?. Su vida se extinguió, pero su recuerdo perdura por los siglos, su arte no se ha terminado. Lo mismo pasa con todos los artistas y personajes que han vivido antes que nosotros. Hay quien dice que la inmortalidad de las personas no es por tener un alma inmortal, sino porque su vida y sus obra perduran en la mente y en el recuerdo de los demás. Por eso una persona no muere realmente hasta que no ha sido olvidada por los que siguen viviendo. El olvido es la auténtica muerte. |
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20.- Audaces Fortuna iuvat |
| Virgilio, Eneida, 10, 284 | Ovidio, Ars amandi, 1, 608 |
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“Quod votis optastis adest, perfringere dextra. In manibus Mars ipse viris. Nunc coniugis esto quisque suae tectique memor, nunc magna referto facta, patrum laudes. Ultro occurramus ad undam dum trepidi egressique labant vestigia prima. Audentis Fortuna iuvat. Piger ipse sibi obstat. |
“Audentem Forsque Venusque iuvat” |
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“Ya ha llegado el momento de llevar a cabo lo que habéis pedido tan ardientemente: masacrar con vuestra propia mano al enemigo. Los auténticos hombres tienen toda la fuerza del dios Marte en sus manos. Que cada uno se acuerde de su esposa y de su casa; que cada uno tenga en su memoria los hechos famosos y las glorias de los antepasados. Todavía más, arriesguémonos y dirijámonos hacia el agua, mientras ellos, timoratos al salir lo hacen con huellas vacilantes. La Diosa Fortuna ayuda a los audaces. El perezoso se pone obstáculos él solo” |
La Diosa Fortuna y la Diosa Venus favorecen al que se atreve. |
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COMENTARIO El primer texto está sacado de la Eneida de Virgilio. Esas palabras las dice el antagonista de Eneas, Turno, rey de los Rútulos, que estaban en guerra contra los Troyanos para defender su territorio y sus derechos adquiridos. Sin embargo las decisiones de los dioses eras diferentes y pretendían que los Troyanos se asentaran allí, ya que había que construir una segunda Troya, que en el futuro será Roma. Gracias a la intervención directa de su madre, la diosa Venus, Eneas sale victorioso y puede matar a Turno. Esto ocurre en los últimos versos del último libro de la Eneida (XII, vv. 919 - 952). Sin embargo no le fue fácil al héroe troyano deshacerse de su oponente. Aquí tenemos una muestra de su valor, de su arrojo y de su determinación de no dejarse amilanar por los contratiempos. La segunda parte del último verso (el perezoso se pone obstáculos él solo) parece que fue una adición de Séneca, un siglo más tarde, ya que en los códices principales no aparece. Fue una corrección métrica al verso de Virgilio, que lo había dejado sólo con el primer hemistiquio, que corresponde hasta la cesura heptemímera, es decir, después del séptimo medio pie. Esta es una cesura propia del verso hexámetro (seis medidas o pies dáctilos, que consta cada uno de una sílaba larga y dos breves: ▬ U U), no tan frecuente como la pentemímera, que es la que divide el verso en dos partes iguales (hemistiquio). El verso de Ovidio tiene un sentido semejante, pero referido a las lides del amor. Está sacado de uno de los libros amatorios de su autor, que significaron una revolución en las costumbres honestas que quería instaurar el emperador Augusto. Tal vez fue este libro uno de los que influyeron en la decisión de Augusto de desterrar a Ovidio a la costa del mar Negro, entre bárbaros (Cfr. Donec eris felix). No es sólo la diosa Fortuna quien ayuda y favorece al audaz, sino que además, Venus, la diosa del Amor, está de su lado. |
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21.- Aurea mediocritas |
| Horacio, Odas 2, 10, 5 |
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“Auream quisquis mediocritatem diligit, tutus caret obsoleti sordibus tecti, caret invidenda sobrius aula” |
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Cualquiera que ama la mediocridad dorada, en la que está seguro y no tiene las suciedades de una casa vulgar y es moderado en sus aficiones, carece también de un palacio que despierta la envidia. |
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COMENTARIO Esta oda está dedicada a un tal Licinio. Prescindiendo de quién fuera el tal Licinio, ya que no se ponen tampoco de acuerdo los estudiosos, haremos el comentario de la oda pensando en la palabra mediocritas. Si la traducimos por mediocridad, nos encontramos que en español tiene un sentido peyorativo, es decir, medianía, algo que no sobresale, o, como se dice vulgarmente, ni fu ni fa. Sin embargo el término correcto sería el justo medio, ese en el que está la virtud, como dice otro aforismo “in medio consistit virtus”, (número 72). Por eso tiene sentido llamar a la mediocritas con el apelativo aurea, es decir, dorada, o como traduce alguien “más preciosa que el oro”. “Las ODAS” son, tal vez la obra más conocida de Horacio. El espíritu de Horacio era lírico, y por tanto sus mejores obras están entre las “odas”, en las que, imitando a Safo y a Alceo, toca todo tipo de temas, porque todos se prestan más o menos al lirismo. Fijó sus ritmos con vigor, y obtuvo de la lengua latina efectos admirables con una forma muy sobria. Las odas familiares son las que más se prestan, ya que tratan con gran finura de sus alegrías, de sus tristezas, de los consejos a sus amigos. Cuando habla de la naturaleza, se le nota que ama al campo por la tranquilidad que proporciona, no por sí mismo, como Virgilio. (Cfr. aforismo Aliquando bonus dormitat Homerus) |
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22.- Auri sacra fames |
| Virgilio, Eneida, 3, 57 |
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Hunc Polydorum auri quondam cum pondere magno infelix Priamus furtim mandarat alendum Threicio regi, cum iam diffideret armis Dardaniae cingique urbem obsidione videret. Ille, ut opes fractae Teucrum et Fortuna recessit, res Agamemnonias victriciaque arma secutus Fas omne abrumpit; Polydorum obtruncat, et auro vi potitur. Quid non mortalia pectora cogis, auri sacra fames? |
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El desgraciado Príamo, cuando comenzó a desconfiar de las armas de Troya y cuando se dio cuenta de que la ciudad era rodeada con un ased¡o, había mandado en secreto en cierta ocasión a este Polidoro con una gran cantidad de oro para comprar al rey Tracio. Éste, cuando las riquezas de los Troyanos se desmoronaron y la Fortuna se retiró, fue partidario de Agamenón y de sus armas victoriosas, y rompió todo los juramentos; mata a Polidoro y se apodera del oro por la fuerza. ¡Oh hambre sagrada de oro! ¿Qué no harás que los corazones humanos no lleven a cabo por tu culpa? |
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COMENTARIO Eneas en su huída de Troya por mar, recala en la Tracia. Allí quiso fundar una ciudad pero los arbustos cuando eran arrancados dejaban un reguero de sangre, lo que le hizo pensar que en aquellas tierras se había cometido un crimen en la persona de uno de los hijos de Príamo, Polidoro, que había llegado allí con una embajada para que le ayudase en su lucha contra los griegos. Sin embargo el rey Tracio se había subido al carro de los vencedores y se había quedado con todo el oro. Así que Eneas y sus compañeros se volvieron a embarcar para buscar otro lugar en el que fueran mejor acogidos. “Toda persona tiene su precio: sólo hay que encontrarlo.” Es una frase muy común, cuando se habla de que hay tal o cual persona insobornable. Eso es lo que nos viene a decir Virgilio: El hambre de oro, de dinero, de riquezas, es algo que obliga a los mortales a hacer cualquier cosa. Virgilio le da el apelativo de sacra. Es decir, sagrada, dedicada a los dioses infernales, y por lo tanto, execrable, maldita. |
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23.- Aut Caesar aut nihil |
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César Borgia (1474 - 1507) |
| O César, o nada. |
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COMENTARIO César Borgia, perteneciente a la famosa familia de los Borgia (en España se llamaban Borja), nació en Roma el año 1474, y era hijo del que más tarde sería Papa con el nombre de Alejandro VI. Esta familia tenía ramificaciones en el Levante español, ya que uno de sus miembros fue el Primer Duque de Gandía, título que heredó en el siglo XVI San Francisco de Borja. Fue destinado por su padre a la Iglesia, y antes de los 20 años ya había sido nombrado protonotario apostólico (1488), obispo de Pamplona (1491) y arzobispo de Valencia (1492). Su vida está llena de aventuras, ya que era el típico príncipe renacentista, que se aliaba con todo el mundo pero que rompía todos sus compromisos. En más de una ocasión tuvo que escapar de la muerte y de la prisión disfrazado. Tenía gran ansia de poder, y no soportaba que su hermano Juan fuera el duque de Gandía por delante de él, y tramó, según dicen, su asesinato. Después de la muerte de su hermano Juan fue el dueño de Roma junto con su hermana Lucrecia. Se le dispensó de los votos eclesiásticos y sucedió a su hermano en todos los cargos políticos del Vaticano. Tuvo gran influencia sobre su padre el Papa, y era él quien resolvía todos sus asuntos políticos. Como todos los príncipes renacentistas llevaba detrás de sí una gran caterva de aduladores, que, viendo su ambición, le acuñaron esta frase: “Aut Caesar aut nihil” como queriendo decir que no había de pararse hasta conseguir todo lo que se propusiese, escalando todos los cargos posibles. La Santa Sede estaba en aquellos tiempos en guerra, tanto con los reyes de Francia como con los de Aragón, que a la vez eran los reyes de Nápoles, y con los otros estados de Italia, Florencia y Venecia. Sin embargo César se las ingenió para llevarse bien con todos, y como consecuencia de ello contrajo matrimonio con Carlota de Albret, hermana del último rey de Navarra. Tanto por conquistas como por nombramientos de los distintos mandatarios llegó a ser uno de los príncipes más ricos y poderosos de Italia, y por tanto, también de los más odiados. Tuvo problemas con todos sus súbditos, y se dice que en el año 1503 trataron de envenenarlo, junto con su padre. Éste murió, pero César pudo sobrevivir, aunque fue desterrado por el siguiente Papa Julio II, y mandado a Castilla, donde el rey Fernando el Católico lo encerró en Medina del Campo. Pudo evadirse y se refugió en Navarra, donde reinaba su cuñado, a cuyas órdenes luchó contra Castilla en el sitio de Viana; aquí pereció el 12 de marzo de 1507. Fue un personaje amoral, exento de remordimientos y de escrúpulos. Su vida está llena de leyendas, desde la que le hace asesino de su hermano Juan, hasta la que dice que junto con su padre fue envenenado para quitárselo de en medio. Era inteligente pero al mismo tiempo extremadamente tirano y ambicioso. Carecía de todo sentimiento elevado y generoso, como casi todos los príncipes de la Italia del siglo XV, pero César Borgia fue en todo excepcional, tanto que mereció la atención del escritor Macchiavello, que dijo de él que fue el hombre más grande de su tiempo, y lo eligió como protagonista de su obra El Príncipe. (Cfr. José Mª Iribarren, El porqué de los dichos, “César o nada” pág. 253) |
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24.- Ave, Caesar, morituri te salutant |
| Suetonio, Claudio 21, 6 |
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“Quin et emissurus Fucinum lacum, naumachiam ante commisit. Sed cum, proclamantibus naumachiariis, `Ave, imperator, morituri te salutant´, respondisset, `Avete, vos´; nec post hanc vocem, quasi venia data, quisquam dimicare vellet: diu cunctatus, an omnes igni ferroque absumeret, tandem e sede sua prosiluit, ac per ambitum lacus, non sine foeda vacilatione, discurrens, partim minando, partim adhortando, ad pugnam impulit.” |
Antes de desecar el lago Fucino patrocinó en el mismo lago una naumaquia. Los luchadores gritaron: “Emperador, los que vamos a morir te deseamos salud”. Claudio les respondió: “Yo os la deseo a vosotros”. Ninguno quiso luchar después de que oyeron lo que les había dicho y que interpretaron como que les perdonaba la vida. Claudio dudó durante bastante tiempo si matarlos a todos por medio del fuego o con la espada. Por fin se puso en pie de un salto y yendo de aquí para allá por todo el rededor del lago con unos pasos vacilantes y ridículos, por medio de amenazas unas veces y de súplicas otras, consiguió que los luchadores peleasen. |
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COMENTARIO El emperador Claudio tenía una gran afición a los juegos del anfiteatro y a todas sus manifestaciones, tanto los que enfrentaban a personas entre sí, como los juegos de gladiadores, como otro tipo de juegos, cacerías, y naumaquias. Las naumaquias eran, como su nombre griego dice, peleas de barcos, que se solían hacer en lagos, ya fueran naturales o artificiales. Incluso había posibilidad de inundar los anfiteatros para llevar a cabo este tipo de espectáculos. En la expresión Ave, Caesar, morituri te salutant, la palabra ave quiere decir el saludo, la bienvenida, deseando salud a la persona a la que se dirige. Lo mismo que el verbo salutant, que tiene la misma raíz que la palabra española salud, y tiene que ver con salvación. Por tanto, para entender el episodio que nos cuenta Suetonio en la biografía del emperador Claudio hay que tener en cuenta esta etimología. En resumidas cuentas, lo que le dicen los luchadores es que desean que el Emperador Claudio tenga salud. Como Claudio les responde que también se la desea a ellos, ellos entienden que los está indultando, ya que las peleas que se hacían tanto en los anfiteatros como en las naumaquias eran a muerte. Por eso se ponen tan contentos. Todo el mundo conoce la afición de los romanos a los espectáculos sangrientos, y se ha extendido por todo el mundo su gusto por las peleas de gladiadores. Pero no eran los únicos espectáculos a los que asistían, sino que nos ha quedado constancia de que también tenían afición a otros espectáculos, por los diferentes edificios destinados a ello. Por ejemplo eran muy aficionados al teatro, y así nos encontramos con magníficos edificios en los que se representaban las obras de los trágico y cómicos griegos, pero también de los romanos Plauto y Terencio. Como ejemplo podemos citar el teatro de Mérida, en el que se representan todos los años varias obras clásicas dentro del festival de teatro clásico, o el de Segóbriga, en la provincia de Cuenca, donde desde el año 1983 se viene celebrando el Festival juvenil europeo de teatro grecolatino, extendido hoy a otras sedes repartidas por toda España. Recientemente se ha recuperado para las representaciones teatrales del Festival Juvenil el teatro de la ciudad romana de Clunia, en la provincia de Burgos Tenían grandes edificios destinados a las carreras de cuadrigas, los circos o hipódromos. Uno de ellos se conserva en Mérida, que tiene más de 400 m. de largo. Por eso no podemos decir que los romanos sólo eran aficionados a los espectáculos sangrientos. Se puede ver en todo su esplendor una de estas carreras en los circos o hipódromos en la película Ben Hur. Para ampliar los conocimientos sobre este tema , v. José M. Corbí, Lecturas romanas, cap. 26, “Panem et circenses”; Paoli, Urbs, caps. XXIII, Los juegos circenses, y XXIV, El teatro. Carlos Fisas, Frases que han hecho historia, De. Planeta, 6ª edición, pág. 34 ss. En la celebración de la inauguración del Coliseo, llevada a cabo por el emperador Tito el año 80 de nuestra era hubo combates de gladiadores y cacerías de fieras durante 100 días consecutivos. En estos juegos se enfrentaron dos gladiadores, considerados como los mejores de aquella época: Prisco y Varo. Tan bien pelearon, que el emperador no dio a ninguno como vencedor y a los dos les entregó el símbolo de la victoria. Esta historia nos ha sido transmitida por Marcial, el bilbilitano, que en su libro De spectaculis, escribe el siguiente epigrama:
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25.- Beati Hispani quibus vivere bibere est |
| Dichosos los Españoles, para quienes vivir es beber. |
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COMENTARIO Viene a cuento esta afirmación cuando se trata de la pronunciación que tienen los distintos idiomas de las consonantes B y V. Hay idiomas que las distinguen muy bien en su pronunciación, y así el uso ortográfico está solucionado. Sin embargo en español no hay distinción entre la pronunciación de estas dos letras. De esa forma los españoles pronunciaban la palabra latina vivere (vivir) igual que la palabra bibere (beber). De ahí la afirmación antedicha. Es común entre los Centroeuropeos el sentir que los españoles tomamos la vida a juerga y jarana, y, sobre todo, bebida. En los tiempos de las guerra de religión, los españoles, para no quedarse atrás también inventaron su aforismo referente a la pronunciación de las letras, en este caso de la V, que los alemanes pronuncian como F: “Miseri Germani quibus Deus verus est Deus ferus” que quiere decir: “Desgraciados los alemanes, para quienes el Dios verdadero es un Dios feroz” |
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