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AFORISMOS III |
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Aforismos y expresiones con cierto contenido social, jurídico, filosófico, etc. |
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ENUMERACIÓN (126 - 150), CITA, TRADUCCIÓN Y COMENTARIO |
| Para ir al aforismo deseado pincha en el mismo. Algunos aforismos están comentados. En muchas ocasiones el mejor comentario está en la traducción de la cita. |
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126.- Quis fallere possit amantem? |
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Virgilio, Eneida, 4, 296 |
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“At regina dolos (quis fallere possit amantem?) praesensit, motusque excepit prima futuros omnia tuta timens.” |
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Pero la reina presintió el engaño (“¿Quién puede engañar a la persona que ama?) y fue la primera que percibió los movimientos futuros temiendo por todas sus cosas que creía seguras |
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COMENTARIO Ya hemos comentado el argumento de la gran obra de Virgilio La Eneida. El libro 4º es el más afectivo y uno de los más interesantes. Troya estaba en llamas. Los griegos acababan de entrar por medio del CABALLO DE TROYA (Cfr. Lecturas Romanas, Ciclo troyano). Habían cogido por sorpresa a los Troyanos, los habían vencido y habían incendiado la ciudad. Ya no tenía salvación. Sus principales héroes, Héctor, Paris, etc., habían muerto. Sólo quedaba Eneas, que tomó sobre sí el encargo divino de fundar otra Troya en el lugar donde los dioses le indicaran. Por eso tomó los dioses Penates de la ciudad y con su hijo Ascanio o Iulo y la compañía de unos cuantos troyanos se hizo a la mar para buscar ese nuevo país. Los dioses Penates eran los protectores del lugar. Cada ciudad tenía los suyos propios, que generalmente se enterraban al poner la primera piedra de la ciudad. Es simbólico que Eneas se llevara de Troya los dioses Penates. Quiere decir que Troya dejaría de existir en el lugar donde se encontraba, pero que, donde enterrara los Penates, renacería con una nueva fuerza. La tradición indicaba que Roma era esa heredera de los Penates troyanos. Se explica así que los romanos tuvieran tanta ilusión por los sucesos de Troya, y que “La Eneida” fuera considerada el poema nacional por excelencia. Decíamos que Eneas y sus compañeros había salido de Troya en unas pocas naves para buscar ese nuevo lugar. Pero los dioses no se ponían de acuerdo entre ellos. Juno no quería que los hados se cumpliesen, y por eso, en cuanto tuvo la oportunidad logró que Eolo, dios de los vientos, y Neptuno, dios del mar, trabajaran para ella. Entre los dos desencadenaron una gran tempestad que apartó a los troyanos de su ruta y los hizo recalar en las costas del norte de África. El lugar al que llegaron fue el que actualmente ocupa Túnez. Allí reinaba Dido, procedente de Fenicia, que se había escapado de la matanza de su hermano y había fundado un nuevo reino. Se dice que su hermano había matado al marido de Dido, Siqueo, y la había expulsado de su país. Ésta había llegado al norte de África y había pedido asilo al rey Yarbas, que le regaló el terreno que ocupase una piel de toro extendida. En ese poco terreno no podría hacer nada, y, mucho menos, establecerse con sus leales. Sin embargo, la reina Dido tenía mucha perspicacia e inteligencia, y obró como no se esperaba menos: cortó cuidadosamente la piel de toro en tiras muy estrechas y con la tira resultante rodeó un terreno, que, si bien seguía siendo pequeño, era mucho más grande de lo que su dueño había pensado en un principio. A aquel lugar llegó Eneas con sus compañeros. La diosa Venus, madre de Eneas, quiso sacar partido de la situación y de la pelea que existía entre Júpiter y su esposa Juno. Trató de que su hijo consiguiera ser el rey de aquellos lugares. Para ello trabajó a conciencia. Primero hizo que Eneas se presentara ante Dido con un aspecto casi divino, para que la reina lo mirara con buenos ojos. Así fue. Cuando Eneas fue encontrado por los centinelas de la ciudad y presentado a la reina, ésta se quedó sin habla: la espléndida presencia del héroe troyano dejó al punto rendida a Dido. A continuación pensó que sería bueno que la reina se enamorase de Eneas. Para ello urdió un plan que le iba a proporcionar buenos resultados. Dido organizó un banquete y se interesó por todo lo que le había ocurrido a Eneas desde que Troya fue asediada por los Griegos; sobre todo estaba ansiosa de conocer su final. Eneas, triste al recordarlo, refirió todas sus vicisitudes: cómo los griegos habían rendido Troya por medio del engaño del caballo; cómo él había luchado por su patria; cómo había muerto la causante de todos los males de Troya, la bella Helena; cómo había perdido a su esposa Creusa; cómo, protegido por su madre, Venus, se había librado de los atacantes y había conseguido salir de Troya; cómo había muerto su padre; cómo había sido el viaje hasta la tempestad; y cómo se había presentado ante la reina. Durante el relato de Eneas, Venus había mandado a su otro hijo, Cupido, dios del amor, que tomase las facciones de Ascanio, el pequeño hijo de Eneas. Así, mientras Dido estaba absorta escuchándole, el pequeño, en el regazo de la reina, la hirió con las flechas del amor, de forma que, al terminar, Dido estaba perdidamente enamorada de Eneas. Sin embargo Dido había querido mucho a su marido Siqueo, y no se sentía con fuerzas para volver a enamorarse. Todos estos pensamientos se los contó a su hermana Anna, con quien tenía mucha confianza. Le presentó su corazón: ella seguía enamorada de su marido muerto, y no le parecía correcto enamorarse de un recién llegado; pero por otra parte, las flechas de Cupido estaban haciendo su efecto y la arrogancia, la hermosura, la dignidad y las desgracias de Eneas eran suficientes armas para doblegar el corazón más frío. Anna trató de que su hermana viviera el presente: su marido había sido estupendo, pero estaba muerto. Ahora se le presentaba la ocasión de renovar aquellos momentos, y, además, Eneas y sus hombres defenderían el reino de sus enemigos, sobre todo del rey Yarbas, su vecino, que también quería casarse con ella. A las diosas tampoco les pareció mal la situación: a Juno, porque de esa forma apartaba a Eneas de su destino de fundar una nueva Troya; a Venus, porque quería a su hijo, y no le importaba dónde estuviera, si era feliz y triunfante. Así entre las dos prepararon el escenario: Se organizaría una cacería, y en un momento determinado se desatarían las furias de los cielos con una gran tormenta. Dido y Eneas estarían separados del resto de los compañeros, y encontrarían una cueva a propósito. Lo demás que iba a pasar lo dejaban en las manos de la naturaleza, y por si no ocurría nada, Juno, la diosa del matrimonio, estaría presente para conseguirlo. Además ella sancionaría aquel matrimonio. Así fue, tal como lo habían planeado. Virgilio añade que este fue el comienzo de grandes males. Se refiere sobre todo a lo que le aconteció a Dido, y a la enemistad que surgió entre los Romanos y los Cartagineses que fue el motivo de tres grandes guerras. Porque las cosas no quedaron así. Júpiter, el padre y señor de los dioses, no estaba dispuesto a que los destinos de Troya no se cumplieran. Mandó al mensajero de los dioses, a Mercurio, a que recordase a Eneas la misión que le estaba reservada. Eneas, con todo lo que había vivido y lo a gusto que se sentía al lado de Dido, se había olvidado por completo de que había salido de Troya con el cometido determinado de resucitarla de nuevo. A pesar de que le costaba mucho, acató la orden de Júpiter, y preparó en secreto su marcha. Pero Dido se dio cuenta: “quis potest fallere amantem?” ¿Quién puede engañar a quien ama? Todo fueron lamentos, recuerdos de su marido muerto, remordimientos por lo que había hecho. Su hermana trataba de consolarla, pero en vano. Reunió en un gran montón todo lo que le podía recordar a Eneas, con el fin de prenderlo fuego y así, creían todos, poder desembarazarse de ese amor que todavía sentía por él. Pero los pensamientos de Dido eran otros. Ella misma estaría en la cúspide de aquella pira, ella misma se inmolaría en sacrificio por lo que había hecho, y en despecho por haber sido abandonada por su amante. Una de las cosas que había amontonado era la espada de Eneas. Ese fue el instrumento que empleó para quitarse la vida, al mismo tiempo que se quemaba todo lo que le había pertenecido, ella misma entre todas las demás cosas. Sin embargo, no estaba demasiado entrenada en las armas y el golpe que se dio no fue todo lo certero que hubiera sido necesario. Tardaba en exhalar el último suspiro. Júpiter se compadeció de ella y envió a la mensajera de los dioses, Iris, a que aliviara el último momento de la reina Dido. Iris, mientras volaba para llegar hasta donde estaba la reina Dido sufriendo, iba dejando la estela de los siete colores por todo el aire. Eneas, entre tanto, navegaba a toda vela para alejarse lo más rápidamente posible de aquellas tierras; miró hacia la costa y vio las llamas y el humo que se levantaba hacia el cielo. Entonces supo que, a pesar del sacrificio que le imponían los dioses, estaba llamado a más altas empresas. Unos siglos más tarde, los Cartagineses y los Romanos se enfrentaron con una rivalidad guerrera que llenó generaciones. Se trataba de saber cuál de los dos pueblos iba a ser el que mandase en el Mediterráneo occidental, si el del norte, Roma, o el del sur, Cartago. Después de tres sangrientas guerras entre los dos pueblos, los Romanos, mandados por un general de la familia de los Escipiones, en el año 176 a. C. destruyó Cartago, y romanizó toda la zona. Por esa victoria, definitiva, sobre los cartagineses, le dieron el apelativo de Africano, y así, su nombre completo fue: Publio Cornelio Escipión Africano. ¿No sería la enemistad entre Dido y Eneas la chispa que motivó las guerras entre los Cartagineses y los Romanos? ¿No quedaría en el pueblo Cartaginés un sentimiento contra los Romanos por haber abandonado así a su reina? Aníbal tenía en su corazón un odio para con los Romanos superior a todo otro sentimiento. Se decía que lo había recibido en herencia de su padre Asdrúbal. |
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127.- Quis? Quid? Cui? Ubi?, Quibus auxiliis? Cur? Quomodo? Quando? |
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Bernando de Claraval, Sermón I, in adventu Domini |
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¿Quién? ¿Qué? ¿A quién? ¿Dónde? ¿Con qué medios? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? |
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COMENTARIO Todas estas preguntas no son otra cosa que los detalles de una noticia. San Bernardo de Claraval, el fundador de la Orden del Cister, reformando la de Cluny, las refiere al nacimiento de Jesús, a la llegada del Hijo de Dios a la tierra. Sin embargo son muy útiles en todo momento cuando alguien quiere comenzar una empresa, cuando alguien quiere contar una noticia. Sería muy interesante y al mismo tiempo muy ilustrativo que los periodistas cuando quieren contar algo que ha ocurrido fueran respondiendo a cada una de esas preguntas: ¿Quién ha sido el protagonista de la noticia? ¿Cuál es el contenido de la misma? ¿Dónde ha ocurrido? ¿Con qué medios ha contado el protagonista? ¿Por qué, cuál ha sido la causa? ¿Cómo ha ocurrido? ¿En qué momento? Esta sería la mejor manera de decir una noticia, sin irse por las ramas y, al mismo tiempo, decirla de una manera completa. Todas estas cuestiones están explicadas en el libro de Marco Fabio Quintiliano Institutio oratoria. La mejor manera de que quede claro lo que un orador quiere que se sepa es dando respuesta a estas cuestiones. Sirve también para orientarse en un análisis lingüístico y literario. Nos hacemos esas preguntas y si sabemos contestarlas correctamente, sabremos analizar y entenderemos el texto. |
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128.- Quo vadis, Domine? |
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Hechos de los Apóstoles apócrifos: Martirio de S. Pedro, 6 |
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“Ut autem portam civitatis voluit egredi (Petrus), vidit sibi Christum occurrere, et adorans eum ait: `Domine, quo vadis?´ Respondit ei Christus: `Romam venio iterum crucifigi”. |
Cuando Pedro quiso salir por la puerta de la ciudad, vio cómo Cristo venía hacia él, y, postrándose ante Él, dijo: “Señor, ¿Adónde vas?” Cristo le respondió: Vengo a Roma para ser crucificado otra vez. |
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COMENTARIO Tal vez sea esta frase de los escritos antiguos que se refieren a los comienzos del cristianismo la que más conoce la gente. Será, probablemente, por el título de la película Quo vadis?, que a su vez está tomada de la novela histórica del mismo nombre de Henry Sienkievich. El contexto histórico de este hecho es el de la época de Nerón y su cruel persecución a los cristianos. El motivo de esta persecución, más bien el pretexto fue la acusación de que habían sido los autores del incendio de Roma. En la película "Quo vadis?" que trata del primitivo cristianismo y sus relaciones con el poder político de la Roma del siglo 1º de nuestra era, cuyo representante era el emperador Nerón, se narra el incendio de Roma, ocurrido el día decimocuarto de las Kalendas de Agosto del año 777 a.V.c. (19 de julio del año 64 d. C.) Nerón tenía aires de grandeza, y quería hacer de Roma una ciudad maravillosa, llena de construcciones nobles, con mármoles y metales preciosos. Incluso ya había encargado la maqueta de cómo iba a ser. Para ello le estorbaban muchos de los edificios romanos construidos sin ningún plan de urbanismo y con materiales poco nobles, que daban a la ciudad un aspecto miserable, sucio e insalubre. La solución fue incendiar la ciudad y dio la orden para que así se hiciera mientras él estaba en Ancio pasando el verano. Esta es la versión de la película. Otros dicen que mandó incendiar la ciudad para recibir emociones fuertes y poder componer unos versos y una música maravillosos, ya que se creía un gran actor y un gran poeta. Esta versión se hizo popular: hasta un romance español del siglo XVI trata de este tema:
Sin embargo, la versión más verosímil es la que dice que el incendio comenzó por un desgraciado azar. Ya había habido otros muchos incendios en Roma y no vamos a pensar que todos habían sido intencionados. Las casas de vecindad eran de madera y estaban muy amontonadas, de manera que apenas dejaban pasar el sol a las calles. La gente humilde vivía amontonada en unos pocos metros cuadrados donde tenían que apañárselas para caber todos los de la familia. Necesitaban hacer fuego para la comida y para tener luz. Un descuido sería suficiente, y el viento fuerte que soplaba por aquellos días hizo el resto. El echar la culpa a los cristianos es puramente episódico. Había que buscar culpables y pareció oportuno señalar a los cristianos, hombres que practicaban una religión que ponía en evidencia la gran podredumbre moral que existía en Roma, tanto a nivel público como privado. No se metían con nadie, pero tanto con su doctrina como con su vida estaban denunciando la vida y las costumbres romanas. Comenzó, como hemos dicho el 19 de julio del año 64 d. C. en las tiendas y almacenes que había en el ala sur del Circo Máximo. En aquella zona se encontraban almacenadas mercancías muy inflamables, y unido al fuerte viento, consiguió una propagación muy rápida. Además la disposición urbana de Roma no era la más adecuada para la no propagación de las llamas, ya que el viento se encajonaba, se enfilaba y cambiaba de dirección, de manera que muchos se encontraron rodeados en un momento. Incluso quienes se creían a salvo vieron cómo el fuego se les acercaba peligrosamente. Podemos imaginar el caos que presentarían aquellas callejuelas estrechas, llenas de gente asustada, mujeres y niños que chillaban, viejos que no se podían mover y que entorpecían las labores de extinción; las casas desplomándose sobre la multitud que no tenía salida; los traficantes con las desgracias ajenas; los que se dedicaban al pillaje; los que vengaban injurias personales, tomando la justicia por su mano; y los que no dejaban apagar el fuego, porque, según decían, tenían instrucciones de que se consumiera la mayor parte de Roma e, incluso, lanzaban teas encendidas donde parecía que no había llamas. El incendio comenzó en la parte baja de la ciudad, luego subió por las colinas del Celio y del Palatino, y volvió de nuevo a adueñarse de los lugares bajos, hasta del populoso barrio de la Suburra. Al mismo tiempo que los barrios de Roma, desaparecieron monumentos importantes de la historia y de la religión romana. Muchos templos y palacios hermosos y muy antiguos que se habían construido en tiempos de los reyes fueron pasto de las llamas. No digamos nada de la multitud de estatuas, cuadros, obras de arte griego y romano que pudieron desaparecer por obra del fuego. Hubo quienes hicieron notar que este incendio ocurrió el mismo día en que cinco siglos antes, Roma había sido incendiada por los Galos Senones. A los seis días, cuando el fuego había consumido todo lo que había y llegó a los cortafuegos practicados, se fue apagando poco a poco, favorecido por la calma del viento, que ya no reavivaba las llamas. Nerón, en cuanto se enteró, volvió corriendo a Roma para tomar decisiones de emergencia. Dos tercios de la ciudad estaban derruidos y había mucha gente que no tenía adónde acudir porque lo había perdido todo. Nerón abrió para la plebe el Campo de Marte, los monumentos de Agripa e incluso sus propios jardines, e instaló unos cobertizos donde pudieran acomodarse todos los que no tuvieran casa. Redujo el precio del trigo todo lo que pudo y visitó todas las instalaciones, preocupándose por el estado de las personas y los barrios de Roma. Sin embargo, la gente no le miraba bien, debido, sin duda, al rumor del supuesto espectáculo que había dado cantando al son de la lira. Después del incendio Nerón pudo reconstruir Roma teniendo en cuenta normas urbanísticas y de prevención de incendios, ya que éstos habían sido muy frecuentes en Roma. Con los escombros rellenó los pantanos que rodeaban la ciudad, y así ganó en salubridad. Prohibió las construcciones demasiado altas exclusivamente de madera y ensanchó las calles. Esta última medida no fue muy popular, ya que ahora, decían, en verano, apenas había sombra. Confiscó toda el agua de que las personas privadas se habían apoderado, de manera que pudiera correr más abundante y por más lugares, y puso guardianes para protegerla. También aprovechó para construirse un palacio en el lugar llamado "Horti Salustiani". El palacio, de mármoles y dorados, brillaba como el oro, y por eso la denominaron la "Domus Aurea", o sea, la "Casa de oro". Como se había divulgado que los causantes del incendio habían sido los cristianos, hubo que hacer un escarmiento a su costa. Se difundieron noticias de ritos asombrosos y atroces, se dijo que era una secta que conspiraba contra los dioses de Roma y el poder legítimamente establecido. Se hicieron múltiples redadas con el fin de que ninguno de los cristianos se pudiera escapar. Ya no se les acusaba tanto de haber provocado el incendio cuanto de crímenes políticos y religiosos, todavía más graves a ojos de cualquier romano. Parecía normal que se les diera tormento y que se los crucificara como a criminales. Pero además se añadieron burlas y crueldades inauditas. Para celebrar la inauguración de la "Domus aurea" y de sus jardines usaron como antorchas a los cristianos, a los que habían crucificado y colocado en filas a lo largo de los paseos y avenidas. Cuando oscureció se les cubrió con pez y se les prendió fuego. Tampoco fue vista esta crueldad gratuita con buenos ojos. Bien estaba que se les castigase, incluso con la muerte; pero añadir burla y crueldad parecía demasiado. |
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129.- Quod natura non dat Salmantica non praestat |
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Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo añade. |
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COMENTARIO Sobre este dicho hay muchos comentarios, pero en ningún sitio he encontrado la cita. No sabemos quién fue el primero que dijo la frase. Pero estoy seguro de que tenía en gran estima la enseñanza que se ofrecía en la Universidad de Salamanca, como está acreditado por multitud de testimonios. Es un refrán relativamente moderno; lo inventaría alguien que quería llamar tonto a otro, pero se lo dijo de una manera más fina, en latín y todo. Nuestro refrán “Aunque la mona se vista de seda, nunca deja de ser mona”, dice algo parecido a éste que comentamos, referido a la belleza exterior, no a la inteligencia. La “Enciclopedia universal ilustrada europeo americana”, vulgarmente llamado “El Espasa”, en su tomo nº 48, y en la página 1503, hace el siguiente comentario de este dicho:
Un libro que recomiendo es “El porqué de los dichos”, de José María Iribarren. También aquí aparece el comentario siguiente, aunque tampoco indica la cita.
Un refrán popular dice lo mismo de otra manera
Cervantes no era ajeno a la fama de los Estudios Salmanticenses. En la Segunda Parte del Quijote hace alusión a ello con diferentes expresiones, que explican nuestra frase:
Como diciendo que Salamanca es la cuna de la sabiduría, pero para aprender allí es necesario estar cuerdo y tener cualidades. Llama poderosamente la atención el empleo del nombre de la ciudad para indicar el de su Universidad: denomina a la parte por el todo.
¡La categoría que había adquirido Sansón Carrasco con su título de bachiller por Salamanca! Todo lo que hay que saber lo sabe un bachiller que ha estudiado en su Universidad.
Y no hay más que bachillear. Ya lo ha dicho el bachiller, y no hay más hablar. Los estudiantes y graduados por la Universidad salmantina conocen su valía, y hacen ostentación de ella.
Por eso el pobre Sancho no tenía la sabiduría suficiente para saber si las palabras que dice están bien o mal dichas, porque no había estudiado en Salamanca.
Pero para aprender en Salamanca hace falta discreción e inteligencia; Así sí que se aprende, hasta para poder llegar, incluso, a ser alcaldes. En el año 1998, el día 21 de septiembre, el Vicerrector de la Universidad de Salamanca, en la sede de la antigua universidad, pronunció un discurso en Latín, en el que hace alusión a este refrán:
Con toda seguridad se podrán encontrar en los escritores españoles de todas las épocas alabanzas hacia los estudios de Salamanca. En el escudo de la Universidad salmantina figura la siguiente expresión:
Es decir:
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| 130.- Quot homines tot sententiae |
| Terencio, Phormio, 454 |
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Hegion: “ego sedulo hunc dixisse credo; verum itast quot homines tot sententiae: |
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Hegión: Yo, francamente creo que éste lo ha dicho; y así es verdad: cuantos hombres tantas opiniones. |
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131.- Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? |
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Cicerón, In Catilinam, I, I, 1 |
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Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? Quam diu etiam furor iste nos eludet, quem ad finem sese effrenata iactabit audacia? |
¿Hasta cuándo, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia? Por cuánto tiempo se burlará de nosotros este furor tuyo? ¿Dónde estará el final adonde se lanzará tu audacia desenfrenada? |
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COMENTARIO El año 62 a. c. (691 a. V. c.) fue importante y trascendental para Roma. Se estaba tramando una conspiración, un golpe de estado, cuyo jefe o cabeza visible era un patricio de nombre L. Sergius Catilina. Parece ser que estaba apoyado por otras personas importantes, tanto del orden senatorial como del de los caballeros. Sobre todo eran los jóvenes nobles los principales implicados, ya que llevaban una vida más libertina, y necesitaban libertad y dinero para poder seguir viviendo de la misma forma. A éstos dirigió su atención Catilina, y los convenció de que tenían que participar en la conspiración. Quería hacer la revolución desde dentro. Para ello, se presentaría a las elecciones al consulado, y, cuando fuera elegido cónsul, transformaría la República cambiando de mano las riquezas, quitándoselas a los ricos y dándoselas a sus partidarios. Llegó el día de las elecciones, y no resultó como había esperado, pues salió elegido Cicerón. Hubo de modificar los planes, ya que no podía llevar a cabo el cambio prometido. La primera medida fue matar al cónsul. Irían a su casa como para hacerle una visita, y, cuando estuviera descuidado, le matarían. Esta segunda estratagema también resultó fallida. Un tal Curión se había enterado y se lo contó a Cicerón, que no abrió la puerta cuando llegaron los asesinos y se ocultó en lo más privado de su casa. Cicerón siguió investigando y encontró las pruebas que necesitaba para llevar el asunto al senado. De esta forma, a primeros de diciembre del año 63 a. C., como cónsul designado, convocó al senado en el edificio de la curia y se propuso revelar a los senadores todas sus investigaciones. Pero, cuál sería su sorpresa al encontrarse frente a frente en el senado al mismo Catilina, que burlando todas las normas del decoro se había presentado, para ejercer su papel de senador, pero sobre todo para enterarse de lo que se iba a decidir contra él y para tomar las medidas pertinentes. Ante esta presencia tan inesperada y tan desagradable de Catilina, cambió su actitud y pronunció un discurso que ha quedado como modelo de oratoria, y que comienza con esa famosísima frase:
Le trata de asesino, de sinvergüenza, que, a pesar de que todos saben lo que trama, tiene la desfachatez de presentarse en el senado. Esta situación es la que hace a Cicerón pronunciar estas expresiones:
Y fue desvelando a los senadores todos los pasos que habían dado y los que pensaban dar para llevar adelante la conjuración y el golpe de estado. Catilina, al verse descubierto, huyó hacia el norte, a Toscana, donde estaba su lugarteniente Manlio con el ejército. Todavía pronunció Cicerón otros tres discursos contra Catilina. En el último consiguió que se condenara a muerte a los conjurados que habían apresado y a los que se apresara en adelante. En esta sesión del senado encontramos la primera muestra del desacuerdo que iba a existir en adelante entre Cicerón y César. Mientras que Cicerón defendía la pena de muerte para unos reos de lesa república, César decía que la muerte no era el peor castigo, sino una liberación; por lo tanto, lo que se debía hacer era quitarles todo, libertad, pertenencias, compañía, etc., excepto la vida. Tal vez pensaba que como mientras hay vida hay esperanza, al cabo del tiempo, se les podría indultar y sacar de la prisión. Por eso hay quien piensa que Julio César no veía con malos ojos la conjuración, y que, incluso, estaba a favor de ella. Los conjurados presentaron batalla en la llanura de Pistoya, y allí murieron todos luchando, según dice Salustio, como unos valientes. Esta batalla tuvo lugar en Pistoya (Toscana) el año 61 a. C. (692 a. V. c.) Muchos años más tarde, Marcial, el epigramista bilbilitano, refiriéndose a las quejas de un tal Ceciliano, comparaba los tormentosos días de la conjuración de Catilina con los años de paz y tranquilidad que le tocó vivir, y lo decía de la siguiente manera.
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| 132.- Relata refero |
| Herodoto, Historias, 7, 152, 1 |
| No hago otra cosa que contar lo que se me ha contado. |
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| 133.- Rem tene, verba sequentur | |
| Catón, Ad Marcum filium | Horacio, Ars poetica |
| Conoce bien el asunto. Las palabras saldrán solas. | |
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134.- Res, non verba |
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Queremos hechos, no razones. |
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COMENTARIO "Obras son amores y no buenas razones", dice el refranero popular español. |
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| 135.- Res nullius, primi capientis |
| Del derecho |
| Cuando algo no es de nadie, es del primero que lo coge. |
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| 136.- Sed, quis custodiet ipsos custodes? |
| Juvenal, Sátiras, VI, 346 - 348 |
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Audio quid ueteres olim moneatis amici, 'pone seram, cohibe.' sed quis custodiet ipsos custodes? cauta est et ab illis incipit uxor. |
Oigo qué es lo que advertís como viejos amigos antaño: "Ponla a buen recaudo, escóndela" Pero ¿quién va a vigilar a los que la vigilan. La mujer ya se ha puesto en guardia y comienza por ellos. |
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137.- Si vis pacem para bellum |
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Vegetius, Epitome rei militaris, 3. Praef. |
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“Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum; qui victoriam cupit, milites imbuat diligenter; qui secundos optat eventus, dimicet arte, non casu. Nemo provocare, nemo audet offendere, quem intellegit superiorem esse pugnaturum”. |
Así pues, quien añora la paz, que prepare la guerra; quien desea la victoria, que instruya a los soldados con toda diligencia; quien quiere resultados favorables, que luche con estrategia, y no lo deje al azar. Nadie se atreve a provocar, nadie se atreve a ofender a quien entiende que es superior en la lucha. |
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COMENTARIO Esta frase latina significa literalmente “Si quieres la paz, prepara la guerra”, que es el equivalente al dicho español “la mejor defensa es un buen ataque”. Pero esta expresión procede de un escritor latino, un tal Flavius Vegetius Renatus, del que se conservan unos escritos con el título de FLAVI VEGETI RENATI VIRI INLUSTRIS COMITIS EPITOMA REI MILITARIS LIBRI IIII que en nuestro idioma quiere decir: Los cuatro libros de Flavio Vegecio Renato, varón ilustre, resúmenes del arte militar. En el prólogo del libro III, después de alabar a los Atenienses por su industria en todas las artes, alaba a los Espartanos, porque prácticamente se dedicaron en exclusiva al arte militar:
Indica cómo los más ilustres de entre los romanos aprendieron el arte militar de los Espartanos, y cita algunos episodios de la historia romana. Hasta Aníbal, el gran general cartaginés echó mano de las enseñanzas espartanas para tener en jaque a los ejércitos romanos, a pesar de que eran superiores en número. Y termina el prólogo con estas palabras: Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum; qui uictoriam cupit, milites inbuat diligenter; qui secundos optat euentus, dimicet arte, non casu. Nemo prouocare, nemo audet offendere quem intellegit superiorem esse, si pugnet. Que traducidas dicen: “Así pues, quien añora la paz, que prepare la guerra; quien desea la victoria, que instruya a los soldados con toda diligencia; quien quiere resultados favorables que luche con estrategia, y no lo deje al azar. Nadie se atreve a provocar, nadie se atreve a ofender a quien entiende que es superior en la lucha.” Es una manera muy triste de tener paz, entroncada con ese otro aforismo que dice "oderint dum metuant", es decir, "que me odien mientras me teman" que decía el emperador Calígula. En un imperio tan militarista como el Romano, que imponía su dominio, por la fuerza de las armas, tiene sentido este aforismo. Hoy día en este mundo nuestro, lleno de odios, venganzas, guerras, incluso de religión y en nombre de Dios, habría que cambiar este aforismo por este otro:
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138.- Sic transit gloria mundi |
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Tomás de Kempis? De imitatione Christi |
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Sic transit gloria mundi. O! Quam cita transit gloria mundi. |
Así pasa la gloria del mundo. ¡Oh! Qué rápida se pasa la gloria del mundo. |
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COMENTARIO En la ceremonia de la coronación de los Papas, que suele tener lugar en la Plaza de San Pedro, en Roma, una de sus partes es el recorrido, en silla gestatoria, por todo el recinto, saludando y bendiciendo a los fieles allí congregados. Durante este recorrido, va precedido de un fraile de una orden mendicante, con aspecto de pobre, que, con un trozo de estopa encendido que se va convirtiendo en humo, va repitiendo: "Sanctissime pater; sic transit gloria mundi". Quiere decir que todas las dignidades, por muy altas que sean, y por muy por encima de las demás que estén, pasan y se volatilizan como la estopa prendida que se convierte en humo, que va a perderse en el aire. |
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| 139.- Silent leges inter arma |
| Cicerón, Pro T. Annio Milone, 10 |
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“Est enim haec, iudices, non scripta sed nata lex… ut, si vita nostra in aliquas insidias… incidisset, omnis honesta ratio esset expediendae salutis. Silent enim leges inter arma. |
Existe, pues, jueces, una ley no escrita, sino innata, que dice que si nuestra vida hubiera caído en algunas emboscadas, sería honesto todo el interés de buscar la salvación. Que callen las leyes entre las armas |
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| 140.- Sit tibi terra levis (STTL) |
| Estelas funerarias; cfr. Marcial, V, 33; Tibulo, Elegías, 2, 4, 50 |
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“Hanc tibi, Fronto pater, genetrix Flaccilla, puellam oscula commendo deliciasque meas, parvola ne nigras horrescat Erotion umbras oraque Tartarei prodigiosa canis. Impletura fuit sextae modo frigora brumae, vixisset totidem ni minus illa dies. Inter tam veteres ludat lasciva patronos et nomen blaeso garriat ore meum. Mollia non rigidus caespes tegat ossa nec illi, terra, gravis fueris: non fuit illa tibi” |
Atque aliquis senior veteres veneratur amores annua constructo serta dabit tumulo et `bene´ discedens dicet `placideque quiescas, terraque securae sit super ossa levis”. |
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A vosotros, su padre Fronto, y su madre Faccilla os encomiendo esta niña, goce de mis labios y mis delicias, para que la pequeña Erotion no se aterrorice con las negras sombras ni con las monstruosas fauces del Cancerbero Tartáreo. Iba a terminar los fríos de su sexto invierno, con lo que hubiera vivido igual número de días. Que entre tan ancianos patronos juegue retozona y balbucee mi nombre con su boca ceceante. No cubra sus delicados huesos un seco césped ni a ella, tú, tierra le seas pesada: No lo fue ella para ti. |
Y alguna persona más vieja que recuerda con veneración los antiguos amores posará sobre el sepulcro construido una guirnalda cada año y marchándose dirá: que descanses bien y con tranquilidad y que la tierra te sea poco pesada sobre los huesos, a ti bien resguardada. |
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| 141.- Sol lucet omnibus |
| Petronio, Satiricón, 100, 1 |
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“Molestum est quod puer hospiti placet. Quid autem? Non commune est, quod natura optimum fecit? Sol omnibus lucet; luna innumerabilibus comitata sideribus etiam feras ducit ad pabulum. Quid aquis dici formosius potest? In publico tamen manat.” |
Es un fastidio que el muchacho guste tanto a nuestro huésped. Y ¿qué? No es de todos lo mejor que ha hecho la naturaleza? El sol luce para todos; la luna acompañada de innumerables estrellas lleva incluso a las fieras a sus pastos. ¿Qué se puede decir que haya más hermoso que las aguas? Y sin embargo también manan a la vista de todos. |
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| 142.- Stultorum numerus infinitus est |
| Ecclesiastés, 1, 15 |
| El número de los tontos es infinito |
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| 143.- Summum ius summa iniuria |
| Cicerón, De officiis, 1, 33 |
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“Existunt etiam saepe iniuriae calumnia quadam et nimis callida, sed malitiosa iuris interpretatione. Ex quo illud `summum ius summa iniuria´ factum est iam tritum sermone proverbium”. |
Muchas veces existen también las ofensas hechas con una especie de calumnia y demasiado astuta, pero con una interpretación maliciosa del derecho. De ahí que aquello de que "el mayor derecho es la mayor ofensa" ha sido empleado con frecuencia en las conversaciones como un proverbio |
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| 144.- Suum cuique (tribuere) | Definición de lo justo |
| Institutiones, I, 1, 3 | |
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“Iuris praecepta haec sunt: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere” |
Los preceptos del derecho son estos: vivir honestamente, no molestar a los demás, dar a cada uno lo suyo. |
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| 145.- Tamquam tabula rasa in que nihil est scriptum |
| Alberto Magno, (1200 - 1280), De anima, 3, 2, 17 |
| Como una tablilla rasa, en la que no hay nada escrito. |
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| 146.- Tacent, satis laudant |
| Terencio, Eunuco, 476 |
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Pármeno: “Quid ais, Gnatho? Num quid habes, quod contemnas? Quid tu autem, Thraso’ Tacent. Satis laudant”. |
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Pármeno: ¿Qué dices, Gnato? ¿Acaso tienes algo que tengas que condenar? Y tú Traso, ¿qué dices? Callan. Ya lo alaban suficientemente. |
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| 147.- Tantae molis erat romanam condere gentem |
| Virgilio, Eneida, I, 33 |
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His accensa super, iactatos aequore toto Troas, reliquias Danaum atque immitis Achilli, arcebat longe Latio, multosque per annos errabant, acti fatis, maria omnia circum. Tantae molis erat Romanam condere gentem! |
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Irritada contra estos, apartaba muy lejos del Latio a los Troyanos, arrojados en medio del mar, a los que quedaban de los ataques de los Dánaos y del cruel Aquiles. Andaba errantes durante muchos años cumpliendo los mandatos de los dioses alrededor de todos los mares. Tan gran empresa era fundar la raza Romana |
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| 148.- Testis unus, testis nullus (Aforismo judicial) |
| Codex iustinianus, 4, 20, 9 |
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“Et nunc manifeste sancimus ut unius omnino testis responsio non audiatur, etiamsi praeclarae curiae honore praefulgeat” |
Y ahora sancionamos de una manera clara que no se oiga en absoluto la respuesta de un solo testigo, aunque sea de los que brilla con el honor de la excelsa curia. |
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149.- Tu, quoque, fili mi? |
Kai su teknon |
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Suetonio, Julio César, 82 |
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“Assidentem conspirati, specie officii, circunsteterunt: illico Cimber Tillius, qui primas partes susceperat, quasi aliquid rogaturus, propius accessit; renuentique et gestu in aliud tempus differenti ab utroque humero togam apprehendit: deinde clamantem, “Ista quidem vis est”, alter e Cascis aversum vulnerat, paulum infra iugulum. Caesar Cascae bracchium arreptum graphio traiecit; conatus prosilire, alio vulnere tardatus est. Utque animadvertit, undique se strictis pugionibus peti, toga caput obvolvit: simul sinistra manu sinum ad ima crura deduxit, quo honestius caderet, etiam inferiore corporis parte velata. Atque ita tribus et viginti plagis confossus est, uno modo ad primum ictum gemitu sine voce edito. Etsi tradiderunt quidam, M. Bruto irruente dixisse, Kai su teknon; Exanimis, diffugientibus cunctis, aliquandiu iacuit, donec lecticae impositum, dependente bracchio, tres servuli domum retulerunt. Nec in tot vulneribus, ut Antistius medicus existimabat, letale ullum repertum est, nisi quod secundo loco in pectore acceperat.” |
Los conspiradores rodearon a César antes de que llegara a sentarse, y lo hicieron como si tuviesen algún tipo de obligación o deferencia para con él. Allí mismo Címber Tilio, que había recibido el encargo de ser el primero, se le acercó más que los otros, haciendo como que quería pedir algo a César; por los ademanes parecía que éste no aceptaba, y con el gesto lo dejaba para otro momento; por esto Címber le cogió la toga por los hombros. César gritó: ¡Esto es un atropello! Y uno de los Casca, a quien daba la espalda, le hirió un poco más abajo de la yugular. César cogió el brazo del Casca que tenía el estilete, y no pudo salir hacia adelante a pesar de que lo intentó, porque se lo impidió otra puñalada. Cuando se dio cuenta de que había muchos puñales que se dirigían hacia él amenazadoramente, se envolvió la cabeza con la toga, y, al mismo tiempo, con la mano izquierda llevó la parte hueca de la misma toga hacia la parte de abajo de las piernas, para que si caía, fuera de una manera más honesta con las parte inferior del cuerpo cubierta De esa manera fue herido con 23 puñaladas y sólo dio un gemido al primer golpe, pero sin decir una sola palabra. Aunque fueron muchos los que le traicionaron, se dirigió a Bruto que venía hacia él con estas palabras griegas: “kai su, teknon;”, que quiere decir: “¿Tú también, hijo mío? Cuando César murió, como todo el mundo huyó, quedó tendido durante algún tiempo, hasta que lo pusieron en una litera y tres esclavos lo llevaron a su casa. Uno de los brazos le colgaba por un lado. Entre todas las heridas no hubo ninguna que fuera mortal, como afirmaba el médico Antistio, a no ser la que había recibido en el pecho en segundo lugar. |
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COMENTARIO Los conspiradores rodearon a César antes de que llegara a sentarse, y lo hicieron como si tuviesen algún tipo de obligación o deferencia para con él. Allí mismo Címber Tilio, que había recibido el encargo de ser el primero, se le acercó más que los otros, haciendo como que quería pedir algo a César; por los ademanes parecía que éste no aceptaba, y con el gesto lo dejaba para otro momento; por esto Címber le cogió la toga por los hombros. César gritó: ¡Esto es un atropello! Y uno de los Casca, a quien daba la espalda, le hirió un poco más abajo de la yugular. César cogió el brazo del Casca que tenía el estilete, y no pudo salir hacia adelante a pesar de que lo intentó, porque se lo impidió otra puñalada. Cuando se dio cuenta de que había muchos puñales que se dirigían hacia él amenazadoramente, se envolvió la cabeza con la toga, y, al mismo tiempo, con la mano izquierda llevó la parte hueca de la misma toga hacia la parte de abajo de las piernas, para que si caía, fuera de una manera más honesta con las parte inferior del cuerpo cubierta. De esa manera fue herido con 23 puñaladas y sólo dio un gemido al primer golpe, pero sin decir una sola palabra. Aunque fueron muchos los que le traicionaron, se dirigió a Bruto que venía hacia él con estas palabras griegas: “kai su, teknon;”, que quiere decir: “¿Tú también, hijo mío?
Cuando César murió, como todo el mundo huyó, quedó tendido durante algún tiempo, hasta que lo pusieron en una litera y tres esclavos lo llevaron a su casa. Uno de los brazos le colgaba por un lado. Entre todas las heridas no hubo ninguna que fuera mortal, como afirmaba el médico Antistio, a no ser la que había recibido en el pecho en segundo lugar. Los conjurados habían pensado arrojar al Tíber el cuerpo muerto, confiscar sus bienes y anular sus disposiciones legales, pero, por miedo al cónsul Marco Antonio y al maestre de la caballería, Lépido, desistieron de hacerlo. |
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| 150.- Ubi solitudinem faciunt pacem appellant |
| Tácito, Agricola, 30 |
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Raptores orbis, postquam cuncta vastantibus defuere terrae, mare scrutantur: si locuples hostis est, avari, si pauper, ambitiosi, quos non Oriens, non Occidens satiaverit: soli omnium opes atque inopiam pari adfectu concupiscunt. Auferre trucidare rapere falsis nominibus imperium, atque ubi solitudinem faciunt, pacem appellant. |
Los ladrones del orbe, después que faltaron tierras a los que devastaban todas las cosas, escudriñan el mar: si el enemigo es rico, son avaros; si es pobre, son ambiciosos. A éstos no los sacia ni todo el Oriente ni todo el Occidente: ellos sólo desean con igual ambición las riquezas de todos y su indigencia. Destrozan, arruinan y hacen rapiña del imperio; y cuando llenan todo de soledad lo llaman paz. |
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